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Visión y valoración de la poética Portorriqueña

Una manera de decir gracias a quienes hacen posible el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico.

Tito Alvarado
Creo que la poesía está hecha para ser leída en la quietud de un tiempo y espacio en que podamos estar solos. Asistir a un Festival de poesía es un poco para ver y un mucho para que lo vean, salvo que los poetas no siempre tienen las mejores armas para mostrar de viva voz sus creaciones ni la simple acción de escuchar nos permite formarnos una idea más o menos exacta de lo que tal o cual poeta es, entonces los Festivales han de servir para confrontar nuestros trabajos con un público y con otros poetas y esta confrontación debiera permitirnos crecer como poetas.

De Puerto Rico me traje dos visiones. Una es que hay poetas que no caminan, se desplazan en el aire, uno puede decir que los ha visto, que han estado con uno, pero nunca se les ve por mucho tiempo ni dejan rastro en la memoria ni se empapan tocando hasta el fondo algo; hay otros que se deslizan, que uno sabe donde están, pero no sabe (como sucede con las partículas) en qué están, uno puede escucharles prometiendo algo, pero una voz interior te dice que mañana será otro el cantar, de estos poetas uno tiene la sensación de lo imponderable, lo inalcanzable; hay otros que tocan algo y lo transforman, esta cualidad puede ser una virtud o puede ser un drama, pero en cualquiera de estos dos casos quien se encuentra con un poeta de los que transforman lo que tocan, sabe al poco andar, que algo nuevo está por ocurrir.

Esto que acabo de decir no es una valoración positiva ni negativa, es simplemente una visión, de quien en el IV Festival habló poco y tiene la facultad de recordar casi todo lo que ve o ha podido imaginar. Esta visión no es la del momento, es la visión que repaso cómodamente instalado en mi espacio tiempo al abrigo de los bichitos que enroncharon mis brazos.

La segunda visión es que hay una poesía de indudable valor, pero prisionera de aquello intangible que impone el imperio con su dominio y es a partir de esta visión que quiero hacer una valoración.

La valoración primera es hacia la generosidad de los portorriqueños. Generosidad que en mi caso valoro mucho más pues en mi país de adopción uno no puede cruzar una palabra con alguien desconocido sin conservar la distancia de la prudencia y preparados para una sorpresa desagradable. Esto habla de dos maneras de ver al otro y de acercarse a él. En Puerto Rico en todas partes uno encuentra amigos, en Canadá todos actúan como potenciales enemigos.

De Puerto Rico tengo ahora 35 libros, 29 son de poesía, yo compré cuatro libros, el resto me los regalaron, ya sea directamente o ya sea por estar en el albergue a disposición del que quisiera tomarlos. De los 29 libros de poesía 23 son de poetas portorriqueños, 2 son antologías, una contiene 13 y la otra 57 poetas, esta última intenta cubrir todas las épocas de la poesía que en Puerto Rico se ha producido, pero falta la homenajeada en el IV Festival, Clara Lair, de estos 23 libros 17 son autores individuales lo que significa que de 4 poetas tengo dos libros de cada uno.

Lo primero que ve quien se acerque a un libro es su portada, el grosor del libro, la modestia o no de su presentación, hay libros que da gusto tocar con la yema de los dedos, hay otros que son más toscos y se nota la falta de medios. Luego uno va a quien lo ha editado y se encuentra con que en la poesía también se ven los estragos de la lucha de clases. Un iniciador de muchas cosas, ahora Rector de una Universidad del norte tiene los libros de mejor presentación, en cambio un poeta que me dijo, al pasar que estaba sin trabajo hacía tres años, sus libros no alcanzan a ser considerados libros con los estándares de los burócratas, pero yo soy poeta y para mi son libros, de pocas páginas, de formato irregular, pero con la potencia de los mejores poetas.

Ya en la odisea de encontrarnos con la poesía que cada libro contiene y aparte que algunos editan modestamente y hasta se autoeditan, lo que nos permite intuir que en Puerto Rico también se cuecen habas, es decir no todos tienen acceso a la edición y otros tienen más del necesario, podemos ver que una cosa es ser poeta, otra distinta es ser poeta con los medios para publicar y otra es ser poeta con las garras para no perderse en los laberintos de la edición y el mercadeo.

Una vez en la lectura nos damos cuenta de hay una poesía de calidad, hay muchas voces de diverso tono y calibre y que se ocupan de variados temas, pero no logran ser lo que pueden ser, creo que esto se produce en primer lugar, por ser Puerto Rico un Estado Libre Asociado, es decir el país no es un país independiente, depende en todo del imperio y es en mucho copia del modo de vida del imperio, pero sin haber perdido la autenticidad y capacidad de comunicarse con sus iguales, eso explica en parte la enorme cantidad de autos y el pobre sistema de movilización colectiva. En realidad Puerto Rico no es un estado en el sentido de estado como un aparato para que una clase imponga su “orden” y voluntad a las otras ni es un estado en el sentido de Estados que se le da a las provincias en Estados Unidos, por lo mismo no es libre, nada puede hacer Puerto Rico que no pase por lo que es conveniente al “socio” mayor, lo de asociado o es una figura para no decir lo obvio, colonia, o es un mal chiste gringo, como puede ser asociado, en igualdad de condiciones, un país pequeño, que nunca ha sido país, con otro grande que, aunque esté en crisis, todavía es el último imperio que conoce el mundo.

Aunque haya poetas que siempre están en el aire y otros que siempre se deslicen, hay una realidad que de alguna manera les toca y en la medida de su dedicación al arte, ellos tocan esa realidad. En una breve carta enviada a Vilma, la presidente del Festival le decía: “Hay mucha fuerza en lo que he leído, sin embargo se nota un temor o una auto desvalorización, quizá sea lo natural en un país colonizado, de ser así mayor importancia del Festival para ayudar a la descolonización. Creo que este es el momento en que podemos hacer realidad todas las utopías, pero también cada año que pasa nos acercamos más al punto del no retorno.”

Este temor o auto desvalorización se manifiesta en lo descuidado de la edición, la mayoría de los libros contienen descuidos de edición ya sea en los tipos de letras, algunos no ayudan a la lectura, ya sea en los cortes de los versos, en los espacios entre líneas y otros descuidos que no ayudan a que el lector continué leyendo hasta el final. En este sentido los editores no facilitan la comunicación entre el poeta y sus potenciales lectores.

Del contenido, no pretendemos hacer un estudio ni dar cátedra, simplemente es una valoración a partir de mi visión de la poesía. Hay poetas situados en otra época; hay poetas cuyos poemas son más construcciones verbales con algún sentido poético que poemas en todo el sentido de la palabra; hay poetas que estilísticamente hablando lo hacen bien, pero no ven lo que se puede ver en esta realidad de múltiples caras, sin estar centrados absolutamente en si mismos hablan desde un yo que lo abarca todo, pero que no le da universalidad a su discurso, lo que ese poeta logra continua siendo lo que él ve y/o dice y no puede ser asumido como un cantar por otro, pues ese sentimiento es el suyo, el poeta no logra salirse de su piel y cantar el sentimiento del otro; hay poetas que logran versos y poemas de una altura encomiable y hay quienes son un indudable aporte a la poesía universal, el drama es que son los menos y son los menos vistos.

La pregunta que me asalta en este momento es: ¿qué falta para que la poesía portorriqueña de frutos de valor universal? Como no pretendo dar cátedra no me atreveré a una respuesta, pero ya plantearnos la pregunta es una valoración de lo alcanzado, pues sin haber llegado a un nivel de calidad no podemos plantearnos el nivel de la universalidad desde lo propio. En un mundo en crisis múltiples y continuas o nos sumimos todos en la crisis y cada cual se dedica a salvarse a si mismo o nos une algo superior y nos salvamos todos con todos. Pienso en el destino del río más corto del mundo, al ritmo en que se derriten los polos, en unos treinta a cincuenta años puede el mar llegar a sumergirlo, Aguadilla se haría inhabitable. Puerto Rico todo perdería gran parte de sus ciudades y pueblos a la orilla del mar. En esta realidad que nos asalta, ¿qué valor puede tener un libro de magnifica edición si este habla, desde la comodidad del poeta, de un amor profundo, pero efímero como el tiempo de vida humana? ¿es qué se puede ir más allá y proyectarnos, desde nuestros dolores, hacia un mundo que necesita algo más que la contemplación?

Quizá aprendemos a avanzar con los tiempos y asumimos la tarea de ir delante, quizá la poesía está tocando fondo y de ese fondo vuelva a surgir con más fuerza que nunca, para que esto suceda es indudable que debemos aprender a hacer las cosas de otra manera.

Una de ellas es valorar lo que se logra para imponernos la tarea de lograr un paso mayor, otra forma es apoyarnos en nuestro empeños no de brillo personal sino de sembrar humanidad para hacer vivible la vida.

En Montreal un 8 de abril del año 12 del tercer milenio.

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