Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Una vida sin canto ni alas

 Eduardo Coiro

 

El criadero de gallinas queda a unos 300 metros de la estación Ortiz de Rozas. Cuando se viene viajando ya a lo lejos se distinguen los enormes galpones. En Ortiz de Rozas hay poco para ver más allá de la estación: casas dispersas, un almacén de campo donde se puede conseguir casi de todo. Y la granja. Este criadero es una parte en la división de trabajo de la gran industria. De la gran fábrica traen los pequeños pollitos. Aquí se le cortan los picos a los pollitos para que no se lastimen entre sí. Se les administran vacunas, Vitaminas, un alimento balanceado especial para el engorde. Permanecen bajo estos galpones donde no hay diferencia entre la noche y el día hasta que tienen el peso suficiente para ser sacrificados y refrigerados. Desde que trabajo en el criadero pude vivenciar de cerca lo que es el sufrimiento animal. Hasta deje de comer pollo industrializado.

 

 

Al principio el piar de las aves era enloquecedor, después a fuerza de costumbre y necesidad fuí transformando ese ruido que llegaba desde los galpones en un sonido lejano del mar. El mar yendo y viniendo. Golpeando la indiferencia eterna de las arenas.   El horario de trabajo es de 7 a 19 horas. El nuevo ferrocarril Midland es rápido y puntual. Mi casa queda a casi dos horas de viaje en tren. Con 16 horas fuera de casa es lógico que mi casa funcione como dormitorio. Ni siquiera cocino de lunes a sábado. Al mediodía tengo media hora para el almuerzo, salgo a caminar para ver el sol hasta el barcito de la estación, como. Cuando regreso del trabajo voy a la casa de comidas y compro la cena de ese día. Los lunes llevo canelones o ravioles, el martes estofado, los miércoles porciones de tarta, el jueves milanesas con papas fritas. Los viernes son de empanadas o pizza. Los sábados a la noche el menú puede variar según si voy a cenar en soledad o viene María José a quedarse hasta el domingo a la noche en casa. El domingo es el único día que en los hechos dispongo para tener “una vida”. La frase se la debo a María José, cuando la conocí en su trabajo me impacto cuando la oí decir “además de esto, tengo una vida”. Enseguida sentí el deseo de ser parte de su vida. Lo logré. Las horas de viaje en tren me espacio para compartir charla con conocidos o leer o simplemente entregarme a la compañía de ese alter o mellizo que es la voz interna que acompaña a cada cual en su viaje extendido por la vida. A veces son estallidos de imágenes internas las que veo. Durante un tiempo no podía dejar de ver la imagen de mi padre -ya anciano- picando cascotes debajo del nogal que el mismo plantó. En uno de los viajes hice amistad con el arquitecto Jerome Ricardo Klepka que viajaba hacia la estación Corbett, donde tenía el encargo de la obra de reconstrucción de la estación y su entorno con una enorme libertad para intervenir en todo el proyecto con su visión de artista. En uno de los viajes compartidos me recomendó la lectura de “Donde mejor canta un pájaro” de Alejandro Jodorowsky, que le resultó iluminador para pensar la historia de su vida. Klepka era hijo de un inmigrante polaco que llegó a la Argentina -al igual que mi padre italiano- después de la segunda guerra mundial. Su padre nunca quiso volver a su patria y si le preguntaban tenía una respuesta invariable: “Polonia es dolor”. Una persona puede tener muchas conversaciones con otra pero alguna  queda imborrable en la memoria, ocurrió cuando Jerome dijo: un día de mí vida se encontraron la imagen de mi padre en sus momentos de sufrimiento y la descripción del Cristo sangrante, crucificado, derrotado, que cuestiona tan bien Jodorowsky en su libro. Si hay algo a los que los seres humanos deberíamos temer es a estar derrotados en la vida.   Cuando el arquitecto terminó su obra en Corbett no volví a verlo.

***

Hace unos días que mis noches están atravesadas por sueños raros. En uno de ellos hablaba con Pablo -gerente creativo y mi jefe-. Pablo es inflexible con sus empleados. Aunque lo diga de modos diferentes, su mensaje es siempre el mismo: “problema tuyo”. Es un hombre frontón, su trabajo es que las cosas marchen sin que nadie le lleve problemas y si alguien le lleva problemas los devuelve. Sin embargo, Pablo era extrañamente contemplativo conmigo. Me sorprendí cuando oí mi voz diciendo “No tengo nada más que hacer aquí”. Ahí me desperté.

A la mañana siguiente mientras viajaba en tren leí ese aviso clasificado. Sentí un sobresalto inexplicable. Hace días que voy al trabajo con una sensación de angustia sin palabras. Hasta recorté el aviso:

“Sereno para criadero de gallinas. Horario de 7 a 19 horas. Hasta 55 años. Presentarse en granja MaxiRozas. Estación Ortiz de Rozas. FC Midland”     *De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

tomado de INVENTREN (Inventiva Social)

 

 

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