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Un ciudadano chileno de tres siglos

Carlos Poblete Avila, Profesor de Estado, Director Centro de Estudios Conciencia Crítica. Por estos días recientes se ha sabido por diversos medios de información, que un ciudadano chileno nacido y residente en el sur del territorio, ha cumplido 120 años de edad. El señor Celino Villanueva Jaramillo ha sido testigo en su vida hasta hoy, de tres siglos desde su nacimiento ocurrido el 25 de julio de 1896.

El caso ha sido noticia en diversas latitudes de nuestro orbe. Ello porque el sureño habitante además mantiene en plenitud sus facultades esenciales, esto es, motoras e intelectuales. Se comunica perfectamente con su entorno familiar y social. Una verdadera proeza.

La experiencia conocida señala que es posible alcanzar por la especie humana plazos de vida tan prolongados, sin dejar de considerar que se trata de un caso excepcional de longevidad en nuestro país. También se ha sabido de otros ejemplos a nivel mundial que han superado el siglo de existencia.

Al respecto existen preguntas, razones y explicaciones sobre un caso tan particular, referidas a las condiciones biológicas, genéticas, sociales y culturales que harían posible una existencia tan longeva. Nuestro residente del sur está superando en casi 40 años el promedio de esperanza de vida de un ser humano en buenas o aceptables condiciones de existencia a nivel mundial.

En la sociedad actual muchas personas abrigan la esperanza de vivir por largo tiempo, es un legítimo anhelo. Es muy cierto que en el mundo en curso la especie humana vive -o sobrevive- plazos algo mayores que en siglos pasados cuando los registros etarios en algunas latitudes no se extendían más allá de los 40 años, entonces se moría por causas naturales, por epidemias sin cura, y otras catástrofes.

Se conoció hace unos años la experiencia de habitantes también muy longevos -la mayoría sobre los 100 años- en una aldea de India. La explicación, de algún modo científica, fue que los buenos o saludables hábitos de vida de dichos seres humanos eran determinantes para lograr esas óptimas condiciones vitales. En rigor, se trataba de una aldea de campesinos, dedicados estos a diversos cultivos para su alimentación. Pero, sobre todo, tenían hábitos que consistían en recogerse al descanso en tanto la luz solar dejaba que el manto sombrío cayera sobre la faz de la tierra, e iniciaban sus diarias faenas al amanecer del nuevo día. Su alimentación principal era sobre la base del consumo de frutos secos, especialmente albaricoques, cereales y también agua.

Ojalá que tan extraordinaria y excepcional circunstancia vital de don Celino Villanueva Jaramillo acaecida en Chile no sea considerada por las Administradoras de Fondos de Pensiones, las funestas AFPs, como una justificación para prolongar por más tiempo el pago de capitalización individual y el cobro de otras leoninas comisiones en pos de las miserables pensiones que hoy se perciben.

Chile, agosto 8 de 2016.

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