Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Tres poemas de Marcia Collazo (Grupo Cultural La tertulia, Uruguay)

memoria de la risa I

no muerto sino apenas ferozmente dormido

así te halló la luna, así tejió la luna su capa de ceniza

debajo de tu lengua

exploró los contornos de tu vieja alegría agazapada

(le preguntó el temblor

la veleidad de aquella lasciva carcajada

ondulación de viento pecho arriba

como si te rieras hasta siempre

después fue tu silencio, caracolear de estambres

aceitosa penumbra te rondaba

nadie sabe, nadie verá al durmiente ni al cazador nocturno

que baja por la hiedra

con el enjambre blanco de tu risa a la espalda

( en la ciudad del sueño abrías una puerta:

del otro lado el mundo

la ligera virtud de haber nacido

y un resplandor doliente de luciérnaga

pero cuando este día desperece sus plumas

habrá que reinventar toda certeza

buscar si quedan rastros

de esa risa tentáculo euforia del jadeo

(bostezarás, tomarás tu café

ensayarás tu mueca ante el espejo

y no sabrás jamás lo que ha pasado

como un soplo de polvo de planetas

sobre la tempestad de la garganta

 

mburucuyá

la bruja, dedo sacro, le designó un color como de ausencia -señorita de blanco desplegando la enagua como tibio tentáculo de cadenciosa lengua, un cierto olor a sueño sepultado, raíces venenosas de otra tierra-, era de flor y fruto su palabra, morbidez de la aurora en la raya del monte, caracoleo de estambre, pegajoso ritual de mejillas de niña o los labios abiertos, peligrosa

(aparición de nadie tocada con la piel de todas las memorias y de ninguna madre, parecida a si misma por lo tanto (bruja india masticó los sonidos, los meció en la hondonada de la lengua y escupió la palabra como una salamandra: dijo mburucuyá / de esa boca mitad filo de piedra, cavernosa corambre de acechar en lo oscuro, salió el fruto prohibido / dijo mburucuyá y ya era nombre una extensión de sí por el aire aletazo, desfloración de piel los pétalos abiertos, la promesa (para el ritual el padre preparaba las tazas en el costado de un gran barco de niebla / infusión de las hojas, barro que lo acunaba le entibiaba las manos, decía su secreto / el barco orilla el monte / bruja lengua de pasto lame el viento

 

retratos en carbonilla

ninguno se pregunta por qué vienen tan locas

maquiavélicas

por qué mueren de risa

sobre su viejo raso amarillento

niñas que se deslizan por el borde aceitoso

de gargantas prestadas

por otoños de harina

aromas de azafrán entre las piernas

y se arrancan con cera de difuntos

el color de la piel de sus nombres antiguos

virginales (la piel queda punteada de corazones rotos, sangre de comunión y la marca del látigo de padre, el cinturón de padre, la baba cornamenta que te raspa

colocan de cabeza el mapamundi

para tapar la mancha de humedad

la pared de pensión estira un ojo

de adelgazado hierro

cabeza de dragón que las celaba

ninguno se pregunta por qué dibujan tajos

procesiones de almizcle

sobre los cuatro labios de su cuerpo

con un lápiz azul ondularon de gozo la saliva

las ganas de orinar de pie bajo la lluvia

ninguno se pregunta por qué vienen tan lánguidas

inocentes sembradas de primera simiente

en la raya dorada de la aurora

si por debajo el mundo y por encima el juego

de no poder huir hacia las luces

y la mano del sueño deslizándose rumbo a la arena húmeda

donde todo era blanco

y había ruido de fiesta

y entonces se reían

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