Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Sucedió en un lugar remoto

Tito Alvarado

Si fuera carismático de alguna de las muchas religiones, invocaría el nombre del altísimo para asegurar que cuanto digo fue y es verdad. Esta misma certeza me indica que lo que aquí consigno no aconteció en la realidad de este mundo en el que ahora me encuentro. El conocimiento actual nos permite vislumbrar la posibilidad de que existan universos paralelos, de ser así, muchos tendrían los mismos componentes con ligeras variantes en su devenir. No sería improbable que en esos mundos paralelos los otros yo de cada cual vivieran circunstancias parecidas, pero con finales disimiles.

Yo, un día de verano, sentado en una piedra me puse a examinar los pequeños detalles que no encajaban en mi diario vivir y me sorprendió la certeza de que he visitado en varias oportunidades esos mundos paralelos. En una de esa realidades me tocó la mala fortuna de coincidir en mi oficio pero no estar en el estrellato, sino en los rincones de quienes nacieron estrellados. Creo haber vivido esa pesadilla por espacio de dos años. Ahora se me traspapelan los roles y las circunstancias. Sucede que creo conocer personas que no me conocen y de otras, que dicen conocerme, yo no guardo recuerdo alguno. Estoy en el limbo de no saber si el que era allá es el que soy aquí o si el que soy aquí es solo una pretensión de ser el que era allá, No me queda otra opción que ir con cuidado rehaciendo mi vida, a veces a los estrellones y otras a fuerza de pura sonrisa. Si expongo mi drama pasaría por loco, así es que lo sufro con la resignación del viajero que debe adaptarse a las sorpresas del viaje.

Estoy seguro de haber leído en Educación y Lucha de clases, de Anibal Ponce, un pasaje donde él dice que en la Grecia antigua, esclavos libertos se ganaban la vida enseñando a los hijos de los esclavistas, en esa forma de ganarse el sustento eran llamados cátedras, en mi realidad actual este pasaje no existe, como tampoco existe el pasaje de La Biblia donde se asegura que la Gloria de Jehová se alejaba en la noches y diezmaba las tribus situadas en los lugares por donde pasarían los judíos al día siguiente ni tampoco existe el pasaje donde Lenin decía, al poco tiempo de tomar el poder los bolcheviques, que la única solución para salir del atraso de siglos en que se encontraba la Rusia de 1917 era la cultura, lo decía en el sentido de ampliar los horizontes culturales de la gente.

Confieso que lo que a continuación relataré puede parecer dudoso, sin embargo esto no impide que tenga al pleno convencimiento que ha sido verdad. Sucedió hace no menos de dos años en un lugar al que fui por razones de animar el trabajo cultural, pensado desde la visión del SUR, la visión de quienes no toman las decisiones que empantanan el mundo. El lugar era Guanajuato. En los detalles de la planificación de esta visita, el Dr. Demetrio Apolinar, que era el alma del asunto, sugirió, y lo tomé como una orden, que era el momento de editar un libro mío. Pero somos escritores de a pie, sin los contactos en el mundo de la edición, así es que debimos recurrir a una editorial de buró postizo y editor un tanto fru-fru. El señor de amarras se comprometía, bajo el nombre de Ediciones El Viaje, de Guadalajara, a editar un libro que tiene mi nombre, pero no recuerdo haber escrito, su nombre habla de fulgores y destellos que se desvanecen casi en el acto de ser emitidos: Reverbereos. La edición sería en una cifra no despreciable de 600 ejemplares, la mitad serían para el supuesto editor, la otra mitad para mi por intermedio de SUReditores Guajanuato. Por supuesto este trabajo era a cambio de una remuneración, que ahora se ha desvanecido. El señor editor prometió enviar los libros a la fecha en que presentaríamos Reverbereos en la ciudad hermana de Guanajuato, León de los Lares. El libro no llegó a su propia presentación, ni el editor dio señales de inteligencia. A fuerza de porfía y unos cuantos mates animando las tardes, logramos que se comprometiera a enviar cuarenta libros al hotel donde estaba yo hospedado en la ciudad Capital de Los Estados Unidos Mexicanos, el editor, ya sospechoso de otra cosa, envió cincuenta, dos años más tarde recuerda que envió cien ejemplares, el detalle que lo muestra en su pequeña dimensión de editorcillo es que los libros no tenían el ISBN, es decir no eran libros en el correcto sentido del término que nos remite a un negocio respetable. Este detalle funesto muestra que el Señor editor, un tal Marco Antonio Gabriel Vinagre, no era tal sino un simple parásito de la edición. No sería justo si no dijera que al darme cuenta de la falta del ISBN me di la tarea de revisar que tan cuidadosa era la edición. La portada no estaba mal en cuanto a calidad del cartón, pero la foto era algo difusa, lo que a mi juicio predispone al lector a leer algo que puede ser pantanoso. El libro habla de destellos, es de efectos pasajeros que dejan una huella profunda. Los versos eran largos, el editor no achicó el texto o cortó los versos como se estila en estos casos, dejó que el computador hiciera el trabajo. El resultado fue otra chambonada.

Le envíe una nota reclamándole por el asunto del no número, me dio una explicación que nada explica y me prometió los libros en regla para más adelante. Pasó el tiempo, más de un año. Sin recurrir a la desesperación ni al camino fácil del insulto le comunico que estaré en la Capital, lo invito a presentar el libro al Congreso SUR. No da señales de vida. Le envío todas las coordenadas para que esté allí y nada. No hay respuesta. Cambiando el tono, en un enésimo intento de respuesta, le digo que me debe el monto cobrado por un trabajo de chapucería y para colmo sin cumplir o mis trescientos libros en regla.

Aquí viene lo sorprendente, que me deja en el despoblado de estar frente a un inconsciente, un mentiroso profesional o un asaltante de caminos, me dice que envió los libros, supongo que los nuevos libros con el respectivo ISBN, al hotel donde él sabía estuve hospedado. Por suerte tengo una amiga, que por asuntos de su trabajo, tiene como saber si esto fue verdad o no. Radha Govinda Lila llama al hotel y averigua que allí no hay registro de nada que haya sido enviado a mi nombre. El mentado editor, que ya no es tal sino mucho menos que un simple imprentero, me dice que irá a recuperar los libros, le pido que en ese caso se comunique con mi amiga, de la cual le doy todos los datos necesarios, previo averiguar con ella si puede guardarme la invisible y errante paquete de libros.

Y ahí murió el asunto hasta que le vuelvo a enviar copia de la carta que le había enviado antes reclamándole el monto pagado por un trabajo no hecho o los libros. A todo esto, logré averiguar que el compromiso, de imprimir 300 libros para él, no fue cumplido, pues no está el libro en su catálogo de ventas. En suma el libro no existe más que en una realidad virtual. Su respuesta a mi carta ha sido un insulto a la inteligencia, con descaro asegura que no tiene por qué prometerme nada ¿significará esto que no respeta la palabra empeñada o es de las nefastas especies que dicen una cosa y hacen otra distinta? A mi, su descaro me suena como un preludio a la amenaza. Para mis adentros he dicho: Pobre tipo. Él no sabe es que en esa realidad de un mundo paralelo, en la ciudad de la mentada editorial hay parientes míos por una rama lejana, que están en el negocio de arreglar entuertos y producir otros. Si sabe que no es bueno para su salud seguir por el camino que ha seguido, sin embargo, contra toda lógica, persiste. No seré yo quien de la orden de darle un madrazo, pero de alguna parte le caerá la teja que lo deje en un hueco o en un estado cercano al vegetal. Esto tampoco lo sabe, soy de una estirpe de gente que tiene pocos amigos, pues estos perecen en extrañas circunstancias, a cambio de esta condena a la soledad, no tengo enemigos pues estos se entrampan en sus propios esfínteres. Como punto final he decidido borrarlo de mi recuerdo, ya los libros no interesan, el dinero lo doy por perdido, lo que él no sabe es que cada dinero que he dado por perdido se multiplica y aparece en mis arcas en un monto superior a diez, cien, mil o más veces. Yo tendré de nuevo ese dinero, él no tendrá otra oportunidad, despreció las tres que le di. Ya no hay tiempo para perderlo con la gente de la mala leche que dice una cosa y hace otra.

Pobre señorito este Marco Antonio Gabriel Vinagre, sus Ediciones El Viaje en realidad no viajan a ninguna parte, tendría que cambiarle nombre por Ediciones El Pantano o Ediciones La Trampa. Para mi consuelo me digo que en esta realidad de todos los días, no existen Marcos tan desmarcados ni ediciones tan sin la gracia plena de hacer honor a la palabra empeñada. Duro oficio el de ser escritor desconocido y más duro el confrontar parásitos, que para alimentarse, como lobos hambrientos, muerden la mano de quien los alimenta. Yo seguiré escribiendo mis fantasías y análisis de lo concreto, que se deshace en el aire, él en cambio, seguirá en su pequeño mundito de fantasía, donde lo único que está bien es lo que él hace. Aquí yo con mis ahoras y porvenires, allá él con sus lastres de querer tapar el sol con una mano. Aquí yo en las seguridades de la Luz, allá él en sus sombrías artimañas de ganarse el pan a fuerza de mentiras. Creo que lo postulan a diputado por un partido metido en la corrupción, a mi en cambio nadie me postula a nada que no sea ser la mejor versión de mi mismo.

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