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Reflexiones desde El Salvador (que son útiles para todos)

Dagoberto Gutiérrez, Domingo 18 de diciembre de 2011 *

La realidad siempre es una presa muy huidiza para la inteligencia humana por mucho que resulte necesario su ubicación porque nuestro trabajo subversivo busca, justamente, negar esa realidad por otra realidad alternativa y resulta que es la realidad histórica la que nos permite encontrar al ser humano como sujeto de esa historia y por supuesto que es dentro de la historia o en ella que ubicamos nuestras luchas políticas y estas, eslabonadas una a otra construyen procesos dentro de los que seguirnos las pistas, los olores, los humores, los colores de los acontecimientos y en la actual coyuntura de El Salvador el acontecimiento del que partimos resulta ser el fin de la guerra de 20 años.

Al terminar esta guerra fue sepultada la post guerra y en lugar de ella se levantó la bandera de la paz, en todo caso una paz de papel de china y de confeti porque nunca, o casi nunca, una guerra es seguida por la paz porque siempre requiere un período histórico de post guerra donde se restaña, restauran o reparan las consecuencias del enfrentamiento.

En lugar de la post guerra, repito, vino la paz y así la guerra civil que terminó con acuerdos políticos llamados acuerdos de paz, se convirtió durante 20 años en guerra social, esta es justamente la que actualmente asola al país y lo convierte en el escenario de esta guerra cuya cabeza más visible es la delincuencia pero cuyo cuerpo y estructura no visible es la descomposición de la sociedad, el rompimiento de la cohesión política mínima y la conjunción de una crisis social, económica y política.

A esta crisis le hemos llamado crisis histórica porque concentra en su corazón una crisis propia del país más la del capitalismo planetario, sobre todo la del imperio estadounidense y pone a El Salvador en la condición de ser el país más vulnerable del mundo y el más violento del planeta. Si nos damos cuenta que esto ocurre en un país de 20 mil kilómetros cuadrados y 7 millones de habitantes podremos entender lo que esto significa en términos de dispersión y tensión social. Pues bien, resulta que el diseño político construido después de la guerra comprendía el papel de la paz como aglutinante y factor adormecedor de la conciencia y la acción social y el papel de un partido político que llevando el nombre del FMLN, tal como la heroica organización guerrillera de la guerra de 20 años, construiría en la subjetividad del pueblo la idea de que se estaba en el gobierno y muy cerca del poder y que la guerra no había sido en vano.

Tenemos aquí las dos piezas mágicas, por un lado la paz que había que cuidar y conservar portándose bien, sin protestas ni sobresaltos para no despertar el peligro de una guerra que podía aparecer de nuevo y por otro un partido que estaba gobernando, la economía de este paraíso a la manera de Alicia en el país de la maravilla era garantizado por los Estados Unidos y por la remesa de los inmigrantes, pues bien, esto se derrumbó desde sus cimientos a lo largo de 20 años y en El Salvador no existe a estas alturas del día, una persona tan solo que piense que estamos viviendo la paz que tanto nos anunciaron y justamente el actual gobierno de Mauricio Funes es la mejor escuela para entender que el partido FMLN es un partido gubernamental tal como ARENA, como lo fue el PCN o el PDC pero además en la actual coyuntura resulta claro que la cúpula de ese partido es tan de derecha como las otras cúpulas de los otros partidos pero además con tanta capacidad empresarial como las otras cúpulas empresariales, esta metamorfosis se ha desarrollado durante el día y no en la noche como en el cuento kafquiano en el que Gregorio Semser amanece, de repente, convertido en un insecto.

Aquí nos encontramos ante una mutación política operada adentro del ejercicio de funciones gubernamentales en donde el poder ajeno hizo de gente buena y hasta de izquierda y hasta revolucionarios simples funcionarios que en un proceso como el de Fausto entregaron su alma a cambio de los encantos y olores de lo que ellos llaman poder. Por otro lado la crisis del capitalismo estadounidense impide que de ahí venga la ayuda económica y al mismo tiempo quiebra la lógica de la remesa como la garantía económica.

Así las cosas, el régimen político basado en el control partidario de todo el aparato del Estado se viene abajo porque en El Salvador y en estos momentos no hay nada más desprestigiado y con menos autoridad que los partidos políticos, tanto aquellos que son la izquierda de la derecha como los que son la derecha de la derecha, los sectores oligárquicos también pierden peso porque al aprobar los Tratados de Libre Comercio (TLC) y al abrir la economía del país a las empresas extranjeras perdieron el antiguo monopolio que seguían y en una muestra de esto que afirmo El Salvador es un país en donde la banca es controlada por empresas extranjeras en su totalidad y el mercado por transnacionales. Los antiguos y poderosos sectores oligárquicos hoy se mueven con una cohesión reducida, con una capacidad de producción y exportación tan menguada que es la menor de Centroamérica y con una pequeña capacidad de dar empleo.

En este marco es en el que se crean las condiciones para que el movimiento social asuma un papel protagónico y se convierta en el sujeto político de la coyuntura. Las coyundas de acero de los partidos no pueden atenazar, como lo han hecho siempre la psicología de las personas y por eso cuando la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) abre el camino para las candidaturas independientes de los partidos políticos para optar a diputación en la Asamblea Legislativa, se ganaron el respaldo total de la población y los partidos políticos, con el partido FMLN a la cabeza hicieron todo lo que está a su alcance para impedir estas candidaturas, estalla así una guerra de guerrillas entre la Sala de la Constitucional de la CSJ, los partidos políticos de la Asamblea Legislativa y los partidos políticos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), en definitiva el régimen político pierde su cohesión, su funcionamiento normal y todo esto aligera el impresionante peso ideológico que presiona la subjetividad del pueblo. Se trata de un escenario político que avanza en medio del mayor empobrecimiento de la sociedad que hayamos conocido nunca y con las mayores dificultades para montar las próximas elecciones de alcaldes y diputados del próximo mes de marzo del 2012.

Por supuesto que la confrontación histórica enfrenta dos tipos de salidas a la crisis: por un lado la salida popular expresada por el movimiento social en donde se levanta la bandera de la construcción de un nuevo Estado con una democracia participativa, que supere al viejo Estado oligárquico que con cambios viene funcionando desde el siglo XIX, este Estado comprende una nueva relación con la economía, una nueva relación con la naturaleza, una nueva democracia que democratice a la democracia, una nueva relación con el género, un nuevo poder político, una nueva relación con la cultura, una nueva relación con nuestra historia y un nuevo encuentro con los seres humanos, una nueva relación con Centroamérica, una nueva relación con el mundo, una nueva relación con el imperio estadounidense y una nueva relación con el pueblo como sujeto de la historia.

Esta salida que es la del movimiento popular se enfrenta a la salida imperial que es la de los partidos políticos, que establece la relación entre la guerra social y la guerra del narcotráfico, que eleva el papel de las fuerzas armadas en la vida política del país y que construye una candidatura presidencial para el 2014 basada en un jefe militar con el respaldo estadounidense y de los partidos políticos.

Por supuesto que en este panorama los sectores dominantes no construyen aún una visión del mundo única para todas sus fracciones y el movimiento popular aún tiene deudas en la construcción de esa visión, esto quiere decir que los tiempos que corren están preñados de tensión y de posibilidades porque cuando se vive y se cruza el momento más oscuro de la historia de un pueblo, como el que está viviendo El Salvador en este momento, es precisamente cuando se siente el olor, el sabor y el color de la luz que está al final, como nunca antes la construcción de un movimiento social que sea movimiento popular y movimiento político resulta ser la tarea determinante de la coyuntura y esta es la labor que cruza los plazos políticos fatales que tenemos. Como nunca antes el encuentro con los movimientos populares del mundo entero resulta cardinal para nosotros porque el capitalismo en su control del mercado planetario uniformizó las cosas y hoy los seres humanos enfrentamos los mismos enemigos y hasta compartimos los mismos temores y las mismas madrugadas oscuras y podemos también aspirar a los mismos amaneceres, necesitamos acercarnos, compartir las ideas y darles luz con las ideas de todos para abrir los caminos que aseguren la supervivencia de nuestros países y de nuestros pueblos.

* Revista Pueblos

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