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Propuesta cultural:Tipnis, riqueza histórica

René Aguilera Fierro *, Tarija, enviado por Luis Aguilera.

Ren_Aguilera_FierroLas caminatas, fruto del descontento y falta de justicia; las primeras marchas de que se tiene noticia vienen del Gran Chaco, datan de 1809 y 1810, cuando el Caique Curupá y su ayudante Atiguatá, comandaron marchas de indígenas en busca de reivindicación a sus penurias y maltratos, lo hicieron a Tarija, Salta y, finalmente a Buenos Aires, este recorrido de 2500 kilómetros era para entrevistarse con el Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Convencidos de la inutilidad de sus reclamos, optaron por abandonar Tariquia y asentarse en Cuyambuyu (mayo de 1911). Otros acontecimientos histórico fueron los de 1990, marcha por la dignidad y territorio y las subsiguientes caminatas indígenas que cambiaron el rumbo de la historia boliviana.

El Tipnis, Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Secure, como tal, se constituye en una reserva de la biodiversidad del continente y patrimonio de la humanidad, área que alberga una superficie rica en fauna, flora, suelo y aire. Es sin duda, parte de la naturaleza que los hombres deberíamos proteger y conservar a través del tiempo.

La principal exigencia indígena, era que no se construya una carretera que la penetre; pasando por el corazón de la reserva natural, con los consiguientes perjuicios de deterioro, destrucción y eliminación del hábitat, carretera que vertebraría al país, pero que también viabilizaría la extracción maderera, chaqueos, siembra de coca y otros vejámenes que por su naturaleza agreden la biodiversidad. Sin embargo, no fueron escuchados y minimizados sus reclamos, por ello se armó la caminata.

La epopeya genial de los indígenas, iniciada un 15 de agosto de 2011, culminó el 19 de octubre, luego de 65 días pisaban la plaza mayor de la ciudad de La Paz. En cuyo lapso, los marchistas tuvieron que pasar una serie de vicisitudes, contratiempos, minuto a minuto por falta de recursos e insumos que pudieran atenuar el cansancio y las heridas propias de una caminata tan extensa. Entre los marchistas, se contaban 30 aborígenes guaraníes del Gran Chaco tarijeño. El 25 de septiembre, en la comunidad de Yucumo, tuvieron que soportar una severa arremetida de inteligencia del Estado boliviano, en el ínterin previo a la brutal cacería de dirigentes, quiso que una alerta oportuna, producto de la infidencia de algunos policías patriotas se pudieran resguardar en la selva varios dirigentes e indígenas, no obstante la mayoría, se mantuvieron incrédulos y confiados en la palabra de no intervención a la marcha por parte de voceros del gobierno. Yucumo pasará a la historia como el sitio de la ignominia de hermanos contra hermanos, donde se les privó de agua y alimentos.

Aquel golpe artero y brutal contra ciudadanos en son de paz, unió a los bolivianos, la transmisión mediática que se hizo de la golpiza, captura y maltrato, colmó indignación a la población que había comprendido la santa cruzada indígena. Los conjurados por la defensa de la madre tierra, se  rearticularon y reiniciaron la marcha triunfal por el camino que quedaba desde Yucumo a la ciudad de La Paz, a su paso por comunidades, pueblos y ciudades fueron recibidos como verdaderos héroes, vencedores de la verdad y dueños de un hábitat usurpado. El arribo de los marchistas a la sede de gobierno fue apoteósico, monumental, extraordinario y, dramático, la población se congregó en un cordón humano a lo largo de la urbe, nadie se privó en brindarles a su paso aplausos, vítores y lágrimas de emoción. Los periódicos, radio, televisión y el internet se ocuparon de informar sobre los pormenores de lo que aconteció en el largo trayecto, sobre todo, durante las últimas horas previas a su arribo a la plaza Murillo. El torrente humano fue imparable, se posesionó de la plaza política y, luego de una ceremonia religiosa, se enalteció la marea con palabras sencillas pero con profundo mensaje amor a la tierra, la población se retiró, en la confusión, los marchistas no alcanzaban a entender que nuevamente estaban siendo cercados, aislados, no habría descanso a sus penurias y cansancio; la policía violando todo derecho a la vida, les prohibía ser auxiliados con vituallas, agua, alimentos, ropas que mitigaran su estadía en la intemperie, niños extenuados por la fatiga reposaban en el suelo húmedo, llovizna y frio de la noche. La presión popular, la prensa y temblor de niños y bebes en el suelo de la plaza Murillo pudo romper aquella valla inhumana que los separaba del mundo exterior. Es muy probable, que el calvario de los marchistas no haya culminado en la ciudad mayor de la ciudad de La Paz, es posible que allí empiece su nuevo tormento.

En homenaje a estos valientes y arrojados marchistas, es menester que el Museo etnográfico de la ciudad de La Paz, pueda recoger, recolectar y/o adquirir, objetos, utensilios, banderas, ropas, fotografías, videos, incluso ojotas, a fin de que se puedan exponer al mundo como testimonio de la proeza más extraordinaria realizada por indígenas en pro de la humanidad; representando así el valor del autóctono en defensa del medio ambiente y mejores días del planeta tierra. Fueron 65 días de sacrificio, dolor, luto y amor a su territorio. Los recursos históricos que se puedan acopiar, luego puedan ser distribuidos entre los demás museos de Bolivia. Los estudiosos, deberán dejar un legado de nombres de hombres, mujeres, niños y bebés que marcharon en defensa del Tipnis, nombres que deben ser recogidos por la historia como orgullo de la raza humana. En adelante, no será raro encontrar el nombre propio Tipnis, sea de hombre o mujer, como tampoco lo será escuchar cantos alusivos al Tipnis, danzas, admirar pinturas, esculturas y hasta monumentos en homenaje a la más grande hazaña de comienzos del siglo XXI, obra realizada por el indígena que se entregó a la causa de la naturaleza.

Esta epopeya jamás podrá ser olvidada, el tiempo se encargará de recordarla con blasones de orgullo, porque este evento espectacular se constituye en ejemplo para las generaciones presentes y futuras, puesto que en un tiempo no muy lejano, otros valientes hombres, mujeres y niños tendrán que estar preparados para luchar y marchar en defensa de lo que pueda quedar para entonces de la actual naturaleza.

Tarija (Bolivia), 20 de octubre de 2011

* René Aguilera Fierro, Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Tarija, autor de quince obras literarias, escultor, promotor y conductor radial de Programas culturales, catedrático universitario, Ingeniero Forestal, Consultor Ambiental y Periodista profesional; colabora con varios periódicos y revistas del país y el exterior.

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