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Plutón en Izalco

 Por Rafael Lara-Martínez (*)

El árbol de Buda

NUEVO MEXICO. Si Plutón significa “el que ve en la sombra”. “El que guarda los tesoros ocultos bajo la tierra”, me pegunto si hacia los confines del trópico no existe una figura semejante.

Supongo que las fortunas escondidas no se hallan sólo en el Mediterráneo. Los erarios lustrosos también proliferan bajo la superficie terrestre, bajo el taltikpak salvadoreño. Como piedra verde, chalchíut, o con el nombre poco atractivo de teukuikat, “oro o mierda de Dios”, las riquezas enterradas abundan en los bosques y en las cuevas.

Nutren las raíces de los árboles más frondosos. Hacia los mares remotos del Pacífico, hay yacimientos soñados que atraen a multitudes de inmigrantes. El mundo subterráneo se abre como un recinto en alambique. Bajo tierra existe un laberinto de recámaras y de callejones que las conectan. Hay “árboles adentro” cuyas copas se alzan para formar el cono de los volcanes y de los cerros. Su madera quemada alimenta las fumarolas del Izalco.

Ventana de Mariposas

Ventana de Mariposas – Seismasuno/Obra Gráfica de David Méndez”

Perfuma los bosques. En esas habitaciones encerradas viven los ancestros y los Dioses, acaso sin mucha distinción. Constituidos de la misma sustancia Divina y alimentados de los mismos cadáveres humanos que a diario ingresan. Los muertos que penetran de las fauces abiertas de la tierra hasta su vientre nutricio. El regente supremo se llama el Viejo. Ne Xulet, Ne Chulet. Su poderío lo expresa la multitud de siluetas que adopta.

Es un simple octogenario. Es el Dueño, Tekuyu, de los animales y de las plantas. Es la Tierra misma bajo su faz femenina. Es el doble animal, la Serpiente cuyo movimiento helicoidal conduce de la superficie terrestre al inframundo, viceversa.

Es el árbol cósmico que en espiral conecta también los diferentes mundos paralelos. Antes de toda idea posmoderna del umbral, de lo transgenérico, del cambio de identidad, Ne Xulet anticipa su florecimiento desde las cuevas de Izalco. Como verdadero Plutón pipil, en su cripta guarda todos los tesoros que hoy se consideran logros de la civilización. En crasa paradoja, el olvido recuerda que la vanguardia actual la manifiesta el pensamiento náhuat-pipil que los contemporáneos tildan de antiguo. El Plutón de Izalco sigue vivo en las redes sociales que disemina desde Comala.

(*) Rafael Lara Martínez, Premio Nacional de Cultura 2011 y colaborador de Seismasuno.

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