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OTRA VEZ LA GUERRA… ¡Más respeto para la Madre!

Luis Escobedo
La ocupación militar de Santa Cruz Barillas,  Huehuetenango, es  el acto seguido a la repulsa del pueblo por el asesinato de un guatemalteco que se negó a vender sus tierras  a una empresa extranjera que pretende construir una hidroeléctrica donde nadie la demanda,  quiere o necesita.  Los soldados que comanda Otto Pérez han procedido al allanamiento de casas y a la violación de mujeres;  hay una veintena de hombres desaparecidos; se vive un estado de sitio y amparados en esta excepción legal se procede a expresiones de violencia contra gente desarmada…  Todo nos dice que ha vuelto realmente el viejo modo de atender las cuestiones políticas y el disenso  democrático por medio de la fuerza… A eso se le llama guerra…  sea que el bando opuesto  dispare o  no… una fuerza armada ha llegado para imponer con brutalidad una  voluntad económica por sobre las razones políticas…

La gente no quiere proyectos hidroeléctricos ni minas, sea con 1% o con 5% por  ciento de regalías para el Estado, simplemente no quieren que la  tierra sea manipulada así, que los  ríos sean trastocados en su líquido, cauce y corriente…  Simplemente se ha dicho no…  En el cien por ciento de las  consultas populares que en estos años se han llevado a cabo la gente ha  dicho no a la minería o a proyectos hidroeléctricos y cementeros.  Los gobiernos han  desoído el  clamor,  y se han puesto al  lado del minero por sobre los campesinos.  El pretexto es la recaudación fiscal.  El tributo de los canadienses no lo paga Canadá… lo pagamos nosotros.  La ley de minería que está vigente desde hace décadas llegó redactada  en inglés y fue puesta en vigencia en tiempos de Ubico con el  uno por ciento de “ganancia” para Guatemala, y así siguió hasta  que Otto Pérez  y sus  diputados y aliados llegaron a posar la  cifra en un 5%, cuando que lo que convenía era rescindir esos convenios lesivos a la patria política y todavía más a la Madre Tierra… pero no tienen madre  los mineros ni sus sirvientes de acá adentro.  Les urge más el pisto que la entraña nuestra.

Celebro haber declinado una invitación a unirme a equipos culturales de este régimen.  Qué difícil sería tener que estar adentro y no poder decir.

Lo que está pasando en Huehuetenango, tierra de mis abuelas y abuelos paternos, duele hasta el tuétano del cardio.  Lo que pasa ahí hoy día es una evidencia clara de que la mano  dura significa intolerancia a cualquier manifestación opuesta a los intereses reinantes…  Vamos  a poner orden,  dijo hace un par de meses el Ministro de Gobernación Mauricio López Bonilla.  Ya se ve cómo es el orden…

Han sido suspendidos los programas sociales; fueron recortados los aportes a los asilos de ancianos; varios funcionarios actuales están implicados en ilícitos como compras fuera de norma o favores a familiares y amigos.  No hubo el tal cambio anunciado, sólo un relevo de demonios…  más de lo mismo, pero más a la derecha… es decir, menos  para el pobre y mucho más  para el rico…

La reforma fiscal  con su acento a favor de los más poderosos, carga en la clase media y los microempresarios la recaudación tributaria, y para apagar la discusión sobre un tema toral  como  ése, el Presidente se lanza por los cuatro vientos a intentar abrir un debate sobre el tema de drogas: despenalización y tráfico lícito de los llamados estupefacientes… En realidad creo que no hay mucho interés en llevar la  cuestión a fondo,  sólo de tender un velo de humo sobre los asuntos que realmente esquilman o duelen: la cuestión económica del pueblo y el uso irrespetuoso de los recursos naturales en detrimento de la soberanía nacional, y más triste aún, en franca y  dolosa afrente a la Madre Tierra y a la Cosmovisión Maya.  Todo esto en el marco del Último Katún, signo cósmico que en vez de valorarse en lo que es y manda, se vende como mercancía para ayudar a hoteleros y comerciantes.  Cualquier mandatario con cordura se ocuparía de atender a un cambio de era u obedecer a una profecía que nos llama a revisar hondamente quiénes somos, por qué estamos, de dónde venimos y para dónde  vamos.

Si las cosas siguen así, no sería extraño que tarde o temprano el otro bando, el que recibe  las patadas de soldados y policías, devuelva las bofetadas y se acabe la esperanza de hacer duradera una paz que fue firmada apenas hace tres lustros…  Los acuerdos no se cumplieron y vuelven las botas a triturar el pecho de los pobres… ¿Dónde estás,  Juan de  la Cruz?…  ¡Aaaayyyy mis hijos!

Guatemala de la Asunción, 10 de mayo de 2012

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