Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Mujer

Nos enseñaron, ver en ti
una piedra tallada en su esencia
una imagen caprichosa y volátil
un diamante de placeres
una escultura cincelada,
con supuestos finos sentimientos
sin derechos ni pensamientos
total, la primera experiencia
de orquídeas y alhajas de oropel.

De cuando en vez un destello
hecho neón, desvistió al desierto
y de repente se desprendió el oasis
para guardar un espacio histórico,
la inmolación de heroínas
a corazón abierto, enfrentaron
al abuso, la fuerza y la estupidez
la dantesca e infame decisión
cometida sin virtud ni piedad.

Tus entrañas claman libert ad,
turgente e innata libertad.
Mujer, una voz y señal ausente
aún… en estos sinuosos tiempos
atrapada sin diáfanas respuestas
¿sexo débil?
en el tablero misterioso de la vida
en general una pieza de ajedrez
utilizada burdamente al azar
con o sin tu consentimiento.

Sin embargo…
eres flor encendida sin tiempo
sin sosiego, sin aspaviento.
Son tus manos tiernas, lozanas, eternas
profiadas sojuzgan al destino del adiós.

Aún sostienes tu raíz encadenada
un eslabón de soterrada prisionera
ensayas a diario una sonrisa de maniquí
a pesar de la bellaca pareja hostil
retomas en apariencia, azarosos días.
Sólo en el candil de tus recuerdos
los primeros episodios, cuando…
Venus, musa, beldad, inspiración
musitaron a tus oídos… después qué.

Acaso en vano el sacrificio universal
hasta cuándo… hasta cuándo
el letal silencio del Himno de la Alegría
por obsidiana y piedra azul en el crepúsculo
bajo el peso de la simbiosis coloquial
la justicia no tiene sexo
te invoco, juntos caminar y ofrecer
la luz etérea en medio de este laberinto
lacerante rambla que aún falta recorrer.

 

Juan Benavente / Lima, marzo 1990

 

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