Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Mujer en cuatro líneas

Reflexión en el Día de la Mujer

Marcia Collazo
¿Cuál es la importancia de practicar La igualdad y para quién la practicamos? Su importancia radica en su definición práctica, como “ausencia de total discriminación entre los seres humanos, en lo que respecta a sus derechos”. Pero no basta con esto, sino que la discriminación y el trato igualitario (en sus dos extremos) pueden, en muchos casos, llegar a determinar vidas. A la igualdad la practicamos para nosotros mismos, hombres y mujeres que hacemos uso de nuestro pedacito de vida sobre el planeta.

Desde el principio de los tiempos la desigualdad ha estado presente como una marca ardiente; en muy pocas ocasiones se consiguió siquiera que  los pueblos escucharan el mensaje de la igualdad propuesta; fue durante la Revolución Francesa cuando se comenzó a esbozar (tímida y parcialmente) su integridad como concepto. Después de la segunda guerra mundial empezó a ser un valor defendido globalmente por pueblos, etnias y comunidades, y por segmentos de población (los jóvenes, los viejos, los discapacitados, los pobres, las mujeres…).

En el línea del 8 de marzo, es muy importante que seamos más solidarios como seres humanos, entre hombres y mujeres, mujeres y mujeres, hombres y hombres, para darnos cuenta de que o nos salvamos todos, o no se salva nadie; no es suficiente con ser tolerantes, debemos amarnos a nosotros mismos (mujeres y hombres) para poder amar a nuestro prójimo, respetarnos a nosotros mismos (mujeres y hombres), para poder respetar a los demás, respetar nuestros derechos para poder respetar los derechos de los demás. Cumplir con nuestras obligaciones racionales, morales y naturales nos hará sentir mejor. Fomentemos valores con el ejemplo. Aplaudamos las buenas acciones de los demás. Déjemonos sorprender por la infinita gama de posibilidades de que el mundo sea un mundo mejor.

8 de marzo sinónimo de participación y luchas de las mujeres

Lucía Berbeo
Para la Vicepresidenta del INAMUJER, Judith López Guevara, la fecha constituye un homenaje a todas las mujeres del mundo, específicamente a esa constante lucha por ser cada día mejor y ser participe de las transformaciones que surgen en la sociedad, además es una reivindicación a ese trabajo incansable contra la discriminación social.

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, fecha en que se celebra la lucha por su participación igualitaria en el mundo del trabajo y en la sociedad en general. Su proclamación se dio luego de la propuesta de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, que propuso celebrar anualmente un día de acción universal por los derechos de paz y progreso social de todas las féminas.

Esta fecha comenzó a rememorarse a partir de 1911, pero su continuidad se interrumpió abruptamente por los acontecimientos mundiales de la época y fue retomada después de la II Guerra Mundial, bajo el impulso de la Federación Democrática Internacional de Mujeres.

Entre los antecedentes más emblemáticos está la participación femenina durante la Revolución Francesa en 1789; también la protesta de mujeres trabajadoras en la industria textil en Estados Unidos que ocuparon una fábrica en New York en 1908, pidiendo que la jornada de trabajo habitual fuera de 10 en lugar de 16 horas diarias, además se rebelaron por las inhumanas condiciones en que desempeñaban su labores y como respuesta los propietarios de la fábrica incendiaron el edificio, lo cual originó la calcinación de 140 obreras en su mayoría inmigrantes italianas y judías.

En Venezuela durante el Gobierno de Medina Angarita en 1944 se comenzó a conmemorar esta fecha en todo el país con la participación masiva de las mujeres, quienes llevan sus consignas, destacan sus metas de lucha, además de la igualdad de oportunidades y hacen un llamado para seguir trabajando todos juntos por una sociedad mejor y más justa.

Ante lo que significa la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, se consultó a la Vicepresidenta del INAMUJER, Judith López Guevara, quien manifestó que la fecha constituye un homenaje a todas las mujeres del mundo, específicamente a esa constante lucha por ser cada día mejor y ser participe de las transformaciones que surgen en la sociedad, además es una reivindicación a ese trabajo incansable contra la discriminación social. “El 8 de marzo tenemos que recordar lo que las mujeres sufrieron para lograr ese día, siempre hay que recordarlo ante el gran número de mujeres que fallecieron buscando ser reconocidos sus derechos”.

Hoy en día, se han dado progresos notables ya que en el siglo pasado tuvo lugar una ampliación sin precedentes de los derechos jurídicos de las mujeres, convirtiéndose sus avances en una de las revoluciones sociales más profundas que se hayan visto en el mundo. Un ejemplo de ello, es que las mujeres pueden votar, ya es un derecho prácticamente universal y ahora son elegidas para conducir gobiernos, de igual manera son parlamentarias, militares, ministras, embajadoras, además de ocupar cargos en profesiones que antes eran impensables para ser asumidas por ellas.

En Venezuela el rol protagónico de la mujer ha sido significativo, pues para la Vicepresidenta del INAMUJER, Judith López Guevara, desde la llegada del Comandante Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, se ha ido intensificando y profundizando avances significativos con el fin de consolidar la igualdad y equidad de género, visibilizándola a partir de la Carta Magna, dando pie a un auge en la protección de sus derechos.

“Hoy día el Proceso Bolivariano le ha dado visibilización, de hecho está constitucionalmente, ya tenemos la Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer, la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y actualmente tenemos tribunales de género, fiscalías, Casas de la Mujer, institutos estadales, municipales y está disponible el número telefónico 0800-MUJERES, las 24 horas del día, todo el año”.

Aunado a ello, se creó el Instituto Nacional de la Mujer, primer organismo que se encarga de ejecutar las políticas públicas y la defensa permanente de los derechos de la mujer, a fin de propiciar su acceso a la justicia e igualdad social sin discriminación.

Así mismo, recordó que el INAMUJER cumplirá trece años de fundado el próximo 25 de octubre, y es un ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, el cual es dirigido por la titular Nancy Pérez Sierra, quien también tiene a su cargo el Banco de la Mujer y la Misión Madres del Barrio, que se encargan de velar por el bienestar y la defensa de los derechos de la población femenina en todo el país.

Al ser consultada sobre el tributo que le rindió a las mujeres el MINMUJER, a través del INAMUJER con la publicación “Mujeres en Revolución”, expresó la Vicepresidenta Judith López Guevara, que se quiso rendir honor y gloria a las heroínas de Catia, a las guerrilleras caídas en las masacres de Cantaura, Yumare, a las estudiantes asesinadas el 27 de febrero de 1989 y el 4 de febrero de 1992, pues forjaron las bases de la Revolución Bolivariana y Socialista que hoy se lleva adelante en el país.

“Al dedicar esta publicación a estas encomiables mujeres, le estamos rindiendo un homenaje a las heroínas de todos los días, a esas valientes que están desarrollando un liderazgo social desde el seno de las organizaciones de base que conforman el Poder Popular y que han asumido la defensa de esta Revolución Bolivariana”.

Las mujeres son la vanguardia del proceso de cambios que se vive en Venezuela y que busca la justicia y la igualdad social. Bajo esa premisa el país se suma a la celebración del Día Internacional de la Mujer. Si en el pasado fueron anónimas para el sistema político, desde la llegada del presidente Hugo Chávez al poder en 1999, miles de ellas se levantaron y decidieron participar activamente en la defensa de sus derechos.

Durante estos trece años el Jefe de Estado ha instado a las féminas a participar de manera protagónica en todos estos procesos. “La mujer es vital en la construcción de la patria socialista. Les invito a seguir batallando por una patria libre, sigan ustedes asumiendo el papel de vanguardia y salven a la patria con su amor, pasión, inteligencia y agudeza”, expresó el mandatario en su oportunidad.

Y es que la Vicepresidenta del INAMUJER, Judith López Guevara, reconoce que el Gobierno Revolucionario ha desarrollado múltiples políticas para reivindicar la importancia de las mujeres venezolanas en la construcción del país, al protegerlas y proveerles más oportunidades de desarrollo para que sigan consolidándose y sean reconocidas en cada una de las labores que desempeñan en la sociedad.

Finalmente, este 8 de marzo las mujeres trabajadoras, indígenas, milicianas, campesinas, y amas de casa, se reunirán para expresar sus consignas de lucha y para destacar sus logros a través de la Revolución Bolivariana con una marcha multitudinaria que saldrá desde la avenida San Martín y culminará en la Plaza Caracas de la ciudad capital.

La revolución y las mujeres: Una reflexión desde Guatemala

Patricia Castillo Huertas
Ana Silvia Monzón, en su escrito Entre Silencios y Olvidos afirma que “Recuperar, elaborar y difundir la memoria tiene un sentido vital y político que ha impulsado a las mujeres a superar el silencio y el olvido de las distintas memorias que hasta ahora conforman las culturas patriarcales y que generalmente, relegan el espacio para la expresión de esa memoria…..esta condición de retener, traer al presente y hacer permanente el recuerdo está indudablemente determinada por relaciones de poder que dictan quién recuerda, qué recuerda y qué se registra de esos recuerdos….y entonces tiene sentido la pregunta ¿se permite recordar a las mujeres? ¿se ha dado valor a los recuerdos de las mujeres?”.

La respuesta es clara y compleja. Clara porque ahora ya sabemos que la historia ha sido contada desde quienes ejercen el poder, por lo tanto las mujeres hemos sido excluidas sistemáticamente de ese recuerdo colectivo, que es la historia.

Sin embargo la respuesta se vuelve compleja cuando a partir de la vocación insumisa del feminismo militante, nos negamos a pedir permiso para recordar y perdemos el interés en que se nos valore desde la perspectiva patriarcal, oficial e institucionalizada, reconociéndonos sujetas de esa historia; con derecho a recordar e interpretar los procesos de los que hemos sido parte, desde la autonomía de nuestras propias vidas. Lo que implica el reto de reescribir la historia, articulando el pensamiento y la acción revolucionaria de las mujeres a lo largo de todas las épocas, en las distintas latitudes y desde las diversas culturas. Así la tarea se vuelve compleja, colectiva y permanente.

Es por ello que realizar esta actividad, es parte de un compromiso autoasumido que nos honra, reviviendo la memoria y aporte de Rosa Luxemburgo, quien junto con Clara Zetkin y Alejandra Kolontay se constituye en una de las más profundas pensadoras, activistas y organizadoras de la lucha revolucionaria, en los albores del Siglo XX.

Siglo que no sin razón se ha llamado el Siglo de las Mujeres, precisamente por la irrupción de las mujeres en la acción política, en la vida económica y en las transformaciones sociales, en las que las mujeres, especialmente las feministas radicales cuestionan de fondo las causas estructurales que sustentan la hegemonía patriarcal, racista y capitalista impuesta al conjunto de las sociedades y culturas.

Paradójicamente esta exclusión, nos ha posibilitado a las mujeres una extraordinaria libertad de pensamiento que hoy se traduce en la articulación de un amplio movimiento feminista que desde diversas experiencias y posiciones es parte de los movimientos sociales más radicales del Siglo XX y lo que va del Siglo XXI.

Tomo prestada la definición que hace Eli Bartra, quien precisa que el feminismo “es la lucha consciente y organizada de las mujeres contra el sistema opresor y explotador que vivimos: subvierte todas las esferas posibles, públicas y privadas de ese sistema que no solamente es clasista, sino también sexista y racista, que explota y oprime de múltiples maneras a todos los grupos fuera de las esferas de poder”.  Desde esta perspectiva, vamos descubriendo a través de los hechos, que la lucha de las mujeres y el avance con relación al ejercicio pleno de nuestros derechos y realización humana, está intrínsecamente ligada a los procesos revolucionarios.

Ejemplo de ello fue el 8 de marzo de 1917, cuando en la barriada obrera de Viborg, en Rusia las mujeres obreras de las fábricas textiles iniciaron la huelga que encendería la chispa de la huelga general que desembocó en la revolución de 1917. Vale decir que la huelga fue autoconvocada por las mujeres, a pesar de que la dirigencia revolucionaria dudaba de su pertinencia.

En nuestro país en otro octubre, en 1944, las movilizaciones populares, entre ellas la marcha de las mujeres de luto, en las que la profesora María Chinchilla cayera abatida por la caballería del dictador Ubico, cambiaron la correlación de fuerzas y crearon condiciones para que el 20 de octubre fuera derrocada la dictadura y se diera paso a un profundo proceso de transformaciones revolucionarias, entre ellas la reforma agraria, la reforma educativa y la institucionalización de la seguridad social.

En medio de acalorados debates en el Congreso, fue aprobado el voto para las mujeres alfabetas, como resultado de la amplia organización y movilización de las mismas mujeres, a pesar de la oposición de muchos dirigentes políticos, que afirmaban que esta decisión podría poner en peligro a la misma revolución, atribuyendo a las mujeres una tendencia religiosa y conservadora por naturaleza, en argumentos esgrimidos por el Secretario General del Partido Guatemalteco del Trabajo. En la práctica mujeres como Consuelo Pereira, Esther de Urrutia, María Jerez, Dora Franco, Laura Pineda, Marta Delfina Vásquez, Otilia Ordóñez, Julia Urrutia, Atala Valenzuela y una lista interminable de mujeres demostraron que por el contrario, las feministas no sólo contribuyeron a profundizar los logros de la revolución, sino que más tarde, fueron capaces de estar en la primera línea de lucha, cuando la intervención norteamericana y la oligarquía impusieron de nuevo las dictaduras militares y los gobiernos antipopulares, en nuestro país.

Nuevas generaciones de mujeres estuvimos presentes en más de 40 años de lucha popular y revolucionaria; desde las calles, las huelgas y las ocupaciones de tierras hasta las montañas y selvas de nuestro país. Esta etapa de nuestra vivencia, individual y colectiva igual que la de nuestras ancestras del 44, está todavía poco visibilizada e insuficientemente reconocida por la sociedad, por las mismas mujeres e interesadamente ignorada por el poder patriarcal.

La firma de los Acuerdos de Paz, marca un parteaguas histórico para las mujeres en nuestro país. Particularmente el Acuerdo Socioeconómico y Situación Agraria, el de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Esclarecimiento Histórico, Reasentamiento de la Población Desarraigada y el de Incorporación de la URNG a la Legalidad, en los cuales se precisan compromisos específicos que de cumplirse íntegramente, tendrían importantes repercusiones con relación a la situación, posición y condición de las mujeres.

Para las mujeres revolucionarias también significó un antes y un después; que perfila de manera muy significativa las características de nuestra participación durante la guerra popular revolucionaria y las condiciones que vislumbramos en medio de la “nueva legalidad” a la cual nos incorporábamos.

Repetidas veces hemos señalado que la participación política de las mujeres dentro de las organizaciones revolucionarias y en general dentro del proceso revolucionario ha sido un derecho que hemos tenido que conquistar desafiando los obstáculos que nos imponía una sociedad patriarcal, profundamente conservadora y opresiva. Durante la guerra no hubo ninguna tarea que no pudiéramos realizar, en la militancia revolucionaria conocimos nuestros derechos y en la práctica fuimos construyendo relaciones más igualitarias y solidarias con nuestros compañeros. También vivimos expresiones de discriminación y violencia machista dentro de nuestras organizaciones; unas veces estas situaciones fueron abordadas, otras se asumieron como incidentes que se producen dentro de cualquier colectividad humana y otras quedaron ocultas en el silencio, como cosa privada o ignorada.

Nosotras cambiamos, pero la sociedad y el entorno político al que nos incorporamos por el contrario, no sólo había fortalecido su naturaleza patriarcal, sino además había incorporado las concepciones y prácticas contrainsurgentes, militares y antidemocráticas; exacerbando las expresiones machistas más violentas contra las mujeres.

Para las mujeres revolucionarias nuestra participación política en las nuevas condiciones era un reto, no siempre compartido por nuestros compañeros. En estas nuevas condiciones, muy pronto experimentamos que también dentro de la izquierda partidaria prevalecía la desigualdad, la exclusión, la discriminación y la violencia de género. Unas veces expresadas abiertamente, otras de manera más sutil pero siempre de manera institucionalizada; es decir a través de estructuras, mecanismos de funcionamiento, disposiciones y decisiones orgánicas.

Esta situación nos ha llevado a cuestionar de fondo el sistema político patriarcal y redefinir los términos de nuestra participación como mujeres, reconstituyendo la autonomía de nuestro pensamiento, organización y acción, para encontrarnos como parte del movimiento feminista y de mujeres en nuestra diversidad, ratificando que nuestra lucha es una lucha antisistémica, frente al sistema patriarcal, racista y neoliberal.

Mujer

Tito Alvarado *
Una palabra de cinco letras y cuatro mil millones de significados, pues cada mujer es un significado. Decir mujer sin incluirlas a todas es decir nada y sin embargo en esta grandeza hay un mundo a lograr todavía.

Existe en Canadá una oficina gubernamental que reparte dinero para exportar su sentido de democracia, allí no se elige al primer ministro en votación universal, lo elige el partido que gana la elección, en esta democracia las mujeres reciben menor salario que los hombres por igual trabajo. El asunto es con qué cristal se mira el mundo y con qué intereses se trabaja por el mundo. El como se trate y el como se vea a la mujer habla del grado de desarrollo socio-moral de una sociedad. En Chile hubo una presidente que al inicio de su mandato puso la misma cantidad de ministras que de ministros, pero no bajó el nivel de violencia contra la mujer, no cambió el sentido de símbolo sexual que se le da a la mujer en la televisión ni dio poder real a la mujer, sí logró que la vieran a ella como una madre caritativa.

Si miramos hacia atrás algo se ha avanzado en cuanto al trato igualitario hacia la mujer, distinto es el trato socialmente aceptable hacia la mujer. Hay unas leyes que no se cumplen, hay violencia hacia la mujer, hay… pero lo de fondo sigue siendo el modelo social en el cual vivimos, basado en una profunda injusticia e inmoralidad. No puede ser moral la aceptación de la mucha riqueza en unos pocos y la mucha pobreza en unos muchos.

En realidad nada avanzamos si no logramos avanzar moralmente, un derecho se vuelve sal y agua si no se logra que esté en el alma de la gente. Y es aquí donde aún falta un mundo a conquistar. Al avanzar moralmente avanzamos todos, al avanzar en la igualdad de genero, avanzamos hacia la justicia social completa y esta debe ser la meta para un mundo de paz, un mundo de creatividad y desarrollo de todo el potencial humano. La Justicia Social Completa es imposible en el actual orden socio-económico. Quienes toman las decisiones que nos afectan son en un 99% hombres y es que el poder del sistema es el hombre y es este poder el que nos amenaza hoy, con la crisis y con el fin de la vida en el planeta tierra, por lo mismo hablar de igualdad de género es hablar de justicia social y de lucha por la vida. Está meta a lograr será posible solamente con un cambio de sistema, en el que el poder sea lo humano moral al servicio de la vida.

En este 8 de marzo del año 2012 que sea la mujer quien indique el camino y que en los futuros 8 de marzo el resultado sea de avances morales hacia la meta de la felicidad humana.

Desde Montreal un abrazo emocionado

Tito Alvarado* Presidente honorario de Proyecto Cultural SUR Internacional, Miembro del Equipo Festival Palabra en el mundo.

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