Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

México DF, último día

Arquitecto Ricardo Muela

MÉXICO D.F., ÚLTIMO DÍA (Junio 2012)

Aseguran que uno no se puede retirar de la capital de México, sin antes conocer el Museo Nacional de Antropología.
Museo Nacional de Antropología
A las 9:00 hrs. ya estábamos haciendo la cola para ingresar en este moderno edificio que se encuentra en los bosques de Chapultepec; diseñado por un equipo de profesionales comandado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez e inaugurado en el año 1964.
En un espacio de más de 9 has., un año y medio les demandó construir 45.000 m2. de superficie museológica y transformarla en una de las instalaciones, en la materia, más logradas del mundo.
Las salas de exhibición rodean un amplio patio, donde los visitantes se encuentran con un gran espejo de agua con plantas acuáticas y peces. Al ingresar a ese patio impacta el  gran paraguas, que se transformó en el ícono de la obra. La columna que sostiene el techo plano ligado con tensores, está recubierta con bronce amartillado y su decoración representa diferentes aspectos de la historia de México: el árbol mitológico de los indígenas prehispánicos, la nacionalidad mexicana, mezcla de indígenas y europeos y el águila y el jaguar que simbolizan los elementos contrarios del Universo.  .
Desde 1790 con el descubrimiento del monolito de la diosa Coaticue, y luego el de la  Piedra del Sol, que es el objeto arqueológico más conocido de México, también llamado Calendario Azteca por que describe el relato de los soles cosmogónicos y muestra múltiples signos calendarios, nace la tradición mexicana de proteger el patrimonio cultural. Se creó el primer museo llamado de la Universidad, luego en 1825 el Museo Nacional y a medida que se fueron dando nuevos descubrimientos y con el permanente avance de los estudios se llega al actual Museo Nacional de Antropología.
Piedra del Sol
Resuelto en dos plantas, la baja es ocupada por las culturas prehispánicas distribuida en doce salas, que se inician con dos introductorias: Mesoamérica e Introducción a la Prehistoria del país. Siguiendo la secuencia evolutiva y cronológica vimos las Salas del Preclásico, Teotihuacán y Tolteca, que muestran las diversas etapas del desarrollo de las culturas que vivieron en el Altiplano General de México antes de los mexicas, cuya Sala se ubica en el centro del Museo. A continuación están las otras cinco Salas, donde pudimos apreciar los testimonios artísticos y culturales de los habitantes de las otras regiones mesoamericanas: las salas de Oaxaca, de las culturas del golfo, Maya, Norte y Occidente de México.
Demás está decir, que para recorrer, observar y analizar todos los elementos que se encuentran, tanto interior como exteriormente, demandaría varios días completos. Nosotros disponíamos de una mañana, por lo que continuamos visitando la planta alta con sus diez Salas dedicadas a exhibir la cultura de los grupos indígenas contemporáneos de mayor presencia nacional: la Introducción a la Etnografía; coras y huicholes; purépechas; otomíes; Sierra Norte de Puebla; Oaxaca; huastecos y totonacos; mayas de las Tierras Altas y bajas, y grupos del Noroeste. Salimos con un montón de fotografías y la satisfacción de haber intentado bucear dentro de la vasta y compleja prehistoria mexicana y su correlato en los tiempos actuales.
Columna, fuente, paraguas
Volviendo hacia el centro de la ciudad y recordando las recomendaciones de viajeros que nos precedieron, decidimos recorrer la famosa Zona Rosa.
Ha sido parte de la Colonia Juárez con orígenes a finales del siglo XIX siendo en un principio una zona residencial caracterizada por grandes casonas y palacios eclécticos que fueron  morada de distinguidas personalidades de la sociedad de esa época. Estaba algo alejada del Centro Histórico, con pocos terrenos construidos y por el alto nivel económico  de los que la habitaban, fue un sector aislado del movimiento de la ciudad. Después de la Segunda Guerra Mundial, se comenzaron a edificar grandes hoteles en cercanías del Paseo de la Reforma. Esto originó que esta avenida y sus alrededores empezaran a ser frecuentados por turistas extranjeros lo que motivó cambios en el uso de suelo de la zona. De tal suerte algunos de los dueños venidos a menos de las antiguas casonas empezaron, primero, a rentar los garages para la instalación de boutiques y negocios, para después, debido al gran éxito que tuvieron, terminar vendiendo estas construcciones que fueron convertidas en lujosos restaurantes y exclusivos centros nocturnos.
Continuaron las importantes inversiones especialmente dirigidas al sector turismo, pero en la década del 80, especialmente después del terremoto de 1985, en la zona decayó la demanda de los espacios comerciales por lo que otros grupos sociales vieron oportunidades, como la comunidad coreana y especialmente la comunidad gay que ha establecido un gran número de negocios que van desde sex shops y boutiques hasta famosos centros nocturnos, lo que ha llevado a la Zona Rosa, sin ser un barrio gay, a convertirse en uno de los primeros lugares de respeto abierto a los derechos de esta comunidad.
Zona Rosa
Al parecer de Vicente Leñero, literato mexicano, la zona es “demasiado tímida para ser roja y demasiado atrevida para ser blanca”. 
Nosotros hemos recorrido sus calles, llenas de espacios verdes y bien arboladas, al estilo Palermo de Buenos Aires, con modernos edificios y profusión de locales comerciales: lo hicimos a media tarde y por lo que pudimos observar nos imaginamos que por la noche y madrugada de cualquier día de la semana, la zona bien puede calificarse de roja. Razón ésta que la llevó a su fama actual. Quedaría un tanto desprolijo, contar algunas anécdotas de hechos acaecidos.
Casi en el atardecer, aprovechamos para conocer la Torre Latinoamericana, ubicada en el centro de la ciudad, Eje Central Lázaro Cárdenas esquina con la Peatonal Francisco J. Madero. Un edifico del cual están muy orgullosos los mexicanos ya que se construyó con tecnología netamente local, en zona sísmica, superando los terremotos de 1957 y1985 sin daño alguno. Es una de las obras más emblemáticas del D.F.
Se comenzó a construir en 1949 y se terminó en 1956. Este rascacielos cuenta con 43 pisos de oficinas, con 187 metros de altura, y una antena desde donde se transmiten señales de radio y televisión. Esta torre nos ofrece un mirador en los tres últimos pisos de su estructura, desde donde pudimos obtener excelentes vistas de la ciudad. El sol ya se había ocultado tras las montañas, las luces de la interminable ciudad estaban encendidas y todavía se podían ver las líneas que perfilaban los edificios, con sus planos teñidos de un tinte rojizo; un momento único para apreciar desde la altura, la enorme obra del hombre en uno de los conglomeramos más grandes del mundo.
Desde lo alto pudimos apreciar el Palacio de Bellas Artes, que es la casa máxima de la expresión de la cultura del país, considerado el teatro lírico más importante de México y el centro más destacado dedicado a las bellas artes en sus diversas manifestaciones.
Fue declarado por la Unesco, Monumento Artístico en 1987.
Comenzó su construcción en 1904, con un diseño ecléctico mezclando los estilos Art nouveau y Art decó. Se emplearon mármol blanco de Carrara en sus fachadas y de diversos tonos en su interior, que cuenta con obras de los grandes muralistas mexicanos.
Después de varias interrupciones en su construcción se inauguró en 1934. Este imponente edificio alberga diversos escenarios y salas para la práctica y exposición de obras de arte, destacándose la gran sala de espectáculos.
Antes de ir a cenar, a modo de despedida de esta gran capital pasamos por Sanborns  a tomar un aperitivo.
El recinto que la alberga, es en realidad, el Palacio Azul como lo llamaban en el siglo XVI cambiando su nombre, tiempo después, por el de Casa de los Azulejos.
Palacio de Bellas Artes desde Torre Latinoamericana
Fue construido en estilo churrigueresco y se dice que los azulejos que revisten el exterior, fueron fabricados en Puebla, en una alfarería de talavera de frailes Dominicos, en 1653.
Los barandales de bronce de corredores y balcones fueron traídos de China. El patio interior del palacio luce sus altas columnas de piedra con vigas y tirantes de madera de grandes dimensiones. Su fuente de piedra que es única, constituye uno de sus mayores atractivos.
Una riquísima historia acompaña esta morada desde mediados del siglo XVI a nuestros días, habiendo presenciado no solo felicidad, regocijo y hechos sobrenaturales, sino también, como contrapunto, crímenes y hasta terremotos, según cuentan varias leyendas.
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