Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Los nahuales en la cultura mesoamericana

Por Gustavo Pineda (*)

Vista aérea de las líneas de Nazca en Perú

SAN SALVADOR. Los artistas-sacerdotes que dibujaron las figuras de Nazca, tenían una cosmovisión totalmente diferente a la nuestra. Ellos con sus instrumentos de cálculo, sabían perfectamente qué habían dibujado sin necesidad de ver lo que habían hecho desde “arriba”; ya lo sabían, no necesitaban verlo, porque su ojo es tan diferente al nuestro, era un ojo de matemáticas rituales, la mente de esos artistas tenía representadas las imágenes exactas, pues con ese cosmos habían crecido, por ese cosmos vivían, con ese cosmos se vestían y hasta quizá lo transitaban en sus sueños, lo celebraban en sus danzas, ese cosmos era con ellos y lo sabían extenso, inmenso, entonces ¿qué necesidad de abarcar la inmensidad con el ojo? simplemente ya lo sabían y eso les bastaba. Pero nosotros los occidentales, dependientes del hedonismo más superficial, de nuestro materialismo más tosco, no comprendemos esto; y este rompimiento de esquemas nos lleva al absurdo de hablar de milenarios aeropuertos de extraterrestres y platillos voladores.

A lo mejor las figuras de Nazca son constelaciones, al igual que el poeta y escritor Ricardo Lindo refiere que los petrograbados del lago de Güija en nuestro país son constelaciones, un mapa del cielo, vale decir, un mapa del universo. Ese universo mesoamericano representado en rocas, nos habla de esa cosmovisión. ¿Y cómo comenzó? dice el Pop Wuj y los toltecas narran el origen a partir de una dualidad para los mayas era Tzacol y Bitol, el Hacedor y el Formador, era, Ah Rax Lak y Aj Rax Tzel, el plato hermoso o verde (la tierra) y el cuenco hermoso o verde-azulado (el cielo) o U Kux Kaj y U Kux Ulew, el Corazón de la Tierra y el Corazón del Cielo imágenes poéticas para referirse a este universo que se nos olvida porque los occidentales sólo pensamos en el supermercado los lunes, pensamos que nuestro alimento surge de los estantes y que somos merecedores de ellos porque somos gladiadores ganadores en este “sálvese quien pueda patear al otro”.

<a title=”Petrograbado Igualtepec Lago de Guija Santa Ana. – Seismasuno” href=”http://www.seismasuno.com/images/articles/arte-cultura/08/nahuales/petrograbados1.jpg” rel=”lightbox.sig1″>Petrograbado Igualtepec Lago de Guija Santa Ana. Los toltecas sintetizaban el universo en el “Omeyocan” o lugar de la Dualidad, el lugar de origen y fin de la creación. Los Mayas del Pop Wuj narran que esta dualidad platicó[1], unieron sus pensamientos y se amaron, de este amor surgió el universo. La dualidad funciona en todo, en los seres vivos especialmente es evidente. Como lo he dicho en varias ocasiones, con el sístole y diástole, con la aspiración y expiración, con la vida y la muerte de nuestras células. Pero las Abuelas y los Abuelos descubrieron que esta dualidad tiene 20 dinámicas, 20 colores, 20 formas de ver la vida, 20 energías. Advierto que al igual que los artistas-sacerdotes de Nazca, es ésta una matemática ritual, simbólica, no es en absoluto, el concepto de los números fríos desprovistos de significado, es la matemática poética que busca en su transcurrir y dinámica, la clave del universo. Así, las 20 energías, que vienen de los 20 dedos del ser humano, encontraron su símbolo en animales u objetos. La primera imagen fue de una especie de reptil, el cocodrilo, símbolo del espíritu originario, del agua subterránea, del vientre materno y del feto en formación que como reptil acuático, nada en el líquido amniótico. Es el espíritu primigenio. La segunda energía es el Aliento Vital, el Ik para los mayas, o el Ejécat para los nawat. Es el aire que llena nuestros pulmones, el espíritu del Ahau (Dios) que nos da vida. La tercera es el paso de la oscuridad a la luz, el Akabal para los mayas, cuyos colores son el negro y el rojo (del amanecer) así que se trata de la energía del sol que surge del horizonte como una mano teniendo por rayos los dedos.

Es la mano que trabaja, que “hace” cosas buenas o malas. Así se fueron definiendo cada una de las energías o nahuales. Hay nahuales que son controversiales como el nahual de la muerte (kemé en maya) que es el fin de un ciclo vital, pero también es el inicio de la vida, es la energía necesaria para iniciar el diálogo de la vida, que es entre el Ik, el aliento vital y el Kemé, el final de la vida. De esta cuenta, cuando se interrumpe ese ritmo de sístole y diástole, es cuando se termina el diálogo, es el predominio de la muerte. Como se puede ver, esta cosmovisión trasciende con creces, la teoría occidental que los “primitivos” buscaban en los fenómenos naturales, deidades porque no sabían explicarse el rayo, la lluvia o las erupciones. Se trata de seres humanos muy cerca de ese transcurrir del universo, muy entendidos de estas claves que supieron sintetizar en números simbólicos. Tanto así, que supieron bajo ésta ciencia, transformar el maíz, recrearlo a partir de una pequeña mazorca de 7 mm. Hasta obtener la que hoy conocemos y contar la aventura de ese proceso por los miles de kilómetros que en su amanecer, con sus manos, también transformaron. Estamos hablando de una unidad cultural que abarca desde el centro de México hasta la provincia de Guanacaste en Costa Rica.

Comparte esta entrada:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Digg
  • StumbleUpon
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Add to favorites
  • email
  • PDF
  • Print

ningún comentario

Aun no hay comentarios...

Llene el siguiente formulario.

Deje su comentario