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Los libros siempre tienen algún lugar mágico, que te asombrara

José Javier Sánchez, Venezuela. Me encontré con Gabriel Jiménez Emán, la noche del martes 12 de noviembre y caminamos desde la Feria del Libro rumbo a la candelaria donde se hospedaba junto a otros escritores invitados. La luna llena y las luces de la ciudad sirvieron de antesala a una conversación que le debía Gabriel a sus lectores. Recientemente galardonado con el Premio Nacional de Literatura y con una producción literaria importante para las letras venezolanas y el mundo, Gabriel, escritor polifacético, lector voraz, editor acucioso y promotor del libro comprometido nos muestra su dimensión humana desde la experiencia significativa.

Cuáles son tus impresiones sobre esta edición de la feria del libro el resultado de sus actividades desarrolladas en la feria y que opinión te merece la feria en este momento en las condiciones económicos sociales y políticas en las que se encuentran el país.

Ante tantas dificultades sobretodo del dinero efectivo, transporte producto en medio de la guerra económica que sufre el país actualmente, creo que nos hemos sobrepuesto y desde un esfuerzo mancomunado hemos superado toda esa contingencia para que se imponga la cultura. A través del libro se conecta la realidad del país a cosas más profundas. Se conecta al espíritu del país, al alma del país.

Estamos en una experiencia extraordinaria porque en el centro histórico de caracas donde están las bibliotecas el concejo municipal la plaza bolívar los teatros, una vez más ha salido fortalecido el pueblo de caracas, de Venezuela y ha salido fortalecida la cultura del país.

Cómo llega Gabriel a la literatura ¿cuáles fueron los escenarios, espacios donde nace esa necesidad, esa pasión?

Yo nací en San Agustín del sur. Yo asistía a una escuelita en San Agustín la “Gabriela Mistral”. Desde El Calvario. Yo me crié en los bloques de El Silencio, en el bloque 1, donde viví de niño. En la adolescencia viví en San Felipe.

Desde que yo era un niño estuve muy rodeado de libros porque mi padre Elísio Jiménez Sierra que fue un escritor, ensayista y poeta muy importante, también fue un gran lector de la literatura clásica, greco-latina, europea, del romanticismo, del modernismo.

Siempre en la casa hubo libros, de modo que todos mis hermanos y mi familia nos construimos desde muchas lecturas, pero aprendimos también de la experiencia de la música, la plástica, el cine la radio. En casa siempre se daban veladas literarias, veladas musicales con nuestros amigos, los amigos de nuestro padre, se tejían siempre coartadas para que sucedieran grandes celebraciones.

¿Algún libro, algún autor que produjera experiencias significativas en ti de niño o de joven?

Yo me acuerdo de un volumen muy gordo muy grueso impresionante con tapa dura y solapas de lujo de Edgar Alan Poe, ese libro para mí era una cosa maravillosa porque tenía ilustraciones de los cuentos. Los libros de Julio Verne viaje al centro de la tierra, con ilustraciones extraordinarias, me abrieron la imaginación. Esa literatura fantástica de H G Wells. La literatura popular rusa, la literatura popular china, las fábulas griegas, Esopo, la Fontaine, Samaniego, esa ensalada maravillosa de imaginación desde que estaba adolescente. La ciencia ficción me tocó mucho. La literatura inglesa: Drácula, esa literatura que luego fue llevada al cine. Toda esa literatura macabra, gótica. Yo leía los libros, luego veía las películas, comparaba y eso me indujo a esa lectura de esas grandes aventuras. Para mí los escritores eran como unos héroes capaces de tejer universos. Sacaban tantas cosas de su imaginación.

¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la escritura?

Yo escribía cuentitos desde que estaba pequeñito, pero no se los mostraba a nadie. Luego cuando llegué a los veinte años comencé a escribir cuentos más realistas sobre cosas que me pasaban Después, con las lecturas fui creyendo que yo algún día podía convertirme en escritor de un libro esa me daba mucha ilusión poder escribir un libro. Fui coleccionando poco a poco cuenticos. Que publicaba en diarios regionales de san Felipe Carora Barquisimeto y Mérida. Yo estaba muy influenciado por las antologías que se hacían de la literatura fantástica que hicieron Jorge Luis Borges junto a Bioy Casares empecé a leer antología de cuentos breves y seguir escribiendo.

Hasta que un buen día, en 1973 publiqué mi primer libro “Los dientes de Raquel” en Monte Ávila Editores, cuando tenía 23 años y fue un libro que gustó mucho. Con ese libro llegué a Mérida y recibí mucho estimulo de los estudiantes y profesores de la ULA. Pedro Parayma, Carlos Contramaestre y sobretodo Salvador Garmendia, también lo publiqué allá y me lo ilustró un gran amigo, Vladimir Puche. Después de la experiencia en la ULA quise viajar, seguir viajando, ya no quise seguir en la academia, no quise graduarme de nada sino seguir escribiendo y viajando que es lo que más me gustaba. Me vine a Caracas me fui a España y seguí escribiendo. Así poco a poco las editoriales fueron aceptando mis cuentos y yo seguí profundizando en la escritura.

¿Cómo te acercas a la poesía?

Con la poesía me ocurrió una cosa rara, fue una especie de rapto de la nocturnidad. Yo siempre ligué la poesía con la noche, con la alegría festiva de la noche y con los misterios de la noche. La noche siempre me pareció sumamente poética, quizá porque leía mucho a los poetas románticos, y porque las experiencias que se daban en la noche me parecían más enigmáticas que las del día. Hacer el amor con las mujeres en la noche, hablar con los amigos en la noche, tratar de descubrir los misterios de la noche a través de la poesía y mi poesía no la hice como una cosa preconcebida sino como una manera existencialista. La poesía para mi es una experiencia existencial no es una experiencia filosofía ni preconcebidamente estética. Es una cosa de mi propio yo interno. Todos mis amigos y mis padres vivieron una noche muy intensa y todo eso me impacto mucho. Todo lo que se hacía de noche. La amistad, los tragos, la bohemia, las mujeres. Pero nunca me quise imponer como poeta. Era una necesidad existencial, vital. Le escribía a la melancolía, a las cervezas a las ciudades en la noche era y es poesía nocturna.

Tu experiencia periodística tu encuentro con otros autores ese deseo periodístico

Siempre me gusto escribir sobre poesía y sobre narrativa. Comencé escribiendo pequeños artículos en el diario de Carora en una revista llamada talud, luego en Yaracuy fundamos la revista Rendija. El género de entrevista siempre me gustó pero no lo hacía como periodista sino como escritor. Me parece que si uno sabe abordar bien a los escritores puede extraer cosas muy reveladoras. No solo se debe hacer una entrevista para publicarla en un periódico sino hay que hacer que el escritor se sienta cómodo estimulado con buenas preguntas. Me parecía maravilloso poderme acercar a grandes escritores. Recuerdo que al primero que entrevisté fue a Salvador Garmendia para la revista Zona Tórrida de valencia. Yo era un muchacho y Salvador era un hombre de más de cuarenta años, formado como narrador.

¿Qué escritores te influenciaron?

Me influenciaron escritores como José Antonio Ramos Sucre, Don Julio Garmendia, autores mexicanos como juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, encontrarme con otros escritores cono Pablo Palacio de Ecuador, Augusto Monterroso de Guatemala, descubrir que hay una literatura extraordinaria en América latina que puede competir en buena lid con la literatura europea sin ningún complejo. Después conocí a García Márquez, a Cortázar, a Rulfo, a Lezama Lima, a Salvador Garmendia, que era como una especie de tío. Mi relación con dos personas que yo no sabía que se iban a convertir en grandes escritores como Ludovico Silva y Víctor Valera Mora, ellos eran amigos míos, pero después se convirtieron en grandes pensadores en grandes poetas en grandes filósofos

¿De la relación con los amigos de la construcción de la amistad, qué nos dice Gabriel?

No hay nada que superé la relación con una amiga o un amigo. Ese diálogo infinito de la amistad que se teje, es lo que te permite renovarte como persona. Cuando ya no tenemos amigos es que estamos agotados. Cuando no podemos dar afecto. Esa frase de Gautier Querer “Amar es admirar con el corazón” cuando uno no tiene amigos es porque uno ya está seco por dentro. Las amistades hay que alimentarlas y no es una cosa plana. Uno no puede buscarle defectos a los amigos todo el tiempo, todos estamos llenos de errores. La amistad y el amor son las que hacen la cosa más grande del mundo que yo creo que es la esperanza

¿Qué recuerda Gabriel de Salvador Garmendia?

Todo. Sobre todo, su humor verbal. La manera que tenía salvador de narrar sus cosas humanamente, muy gracioso. Él tenía un humor negro permanente, una sátira muy sabrosa y su sencillez humana

¿Qué recuerda Gabriel Víctor Valera Mora?

Su capacidad de enamorar mujeres. Admire su desenfado, la rebeldía con la que libraba sus batallas

¿Gabriel Jiménez Emán y el amor?

El amor es lo que construye a uno, el amor filial, por la familia, por los hijos, por los amigos. El amor pasional, el amor para una mujer. No hay nada que supere la imagen de una mujer frente al mar en traje de baño, mirando hacia el mar, un mediodía, esa imagen es insuperable para un hombre. Eso es algo sublime. Ver a una mujer bailando eso es algo inspirador. Hacer el amor con una mujer eso es un acto al que no le gana nada.

Soy un hombre enamoradizo me enamoré todo el tiempo, me enamoro de la sonrisa, de los ojos, de la oreja, de los dientes. Es que si uno no se enamora uno está muerto

¿Y los hijos para Gabriel?

Son la cosa más tierna. La ternura que inspiran los hijos y los nietos no la inspira nada. Hoy recibí una carta de mi nieta Alma, que ella le dictó a su mamá, le dijo mamá yo no sé escribir pero yo te la dicto y tú se la dices a mi abuelo. Allí la tengo. La ternura de los hijos y los nietos es la gran compensación que uno tiene en la vida

¿Los amigos y la Fiesta para Gabriel?

Soy un hombre dionisiaco, pero no dionisiaco superficial, de la bohemia por la bohemia, la parranda por la parranda. Yo creo que esos momentos que uno pasa con los amigos en medio de una fiesta cuando uno celebra canta, cuando hay una exaltación espiritual, la exaltación del eros del gusto por la amistad, yo creo que esa es otra cosa grande de la vida, que te compensa, que te salva. Que al final te salva si es que tenemos que salvarnos de algo

Una persona sin espiritualidad, sin mitos, sin ritos, sin alegorías, sin metáforas, sin una utopía, sin un más allá, sin un ideal, sin amigos, está seca, estéril muerta

Tenemos que ampliar la utopía de un país de un territorio, pero también la utopía de un ser humano más completo. Por eso es que la experiencia metafísica del ser humano es ..

¿En qué momento se encuentra nuestro país y sus habitantes y hacia dónde vamos?

Los venezolanos estamos pasando por una gran prueba histórica. Estructural porque hemos desperdiciado mucho tiempo en banalidades, en mediocridades, en acumular dinero, tonterías y hemos desperdiciado la mayor parte de nuestras energías en cosas superfluas. Estamos en un momento histórico muy especial, en una coyuntura muy difícil que requiere de esfuerzos titánicos para sobrepasarlas y si salimos ilesos de esta prueba que no resta poniendo la historia podemos dar pasos agigantados pasa salir de una vez por todas de los atolladeros sociales y económicos que estamos y yo le apuesto a la esperanza a la solución colectiva porque así como estamos planteándonos utopías individuales también debemos plantearnos soluciones colectivas por que el hombre individualmente solo no resuelve nada debe haber un ideal de superación colectivo.

¿Qué significa recibir el premio nacional de literatura?

Es un estímulo extraordinario porque verme al lado de grandes escritores como Salvador Garmendia, Adriano González León Briceño Iragorry Picón salas son tantos me siento muy estimulado muy bien y creo tratándose de un premio tan relevante lo menos que puedo agradecer es a la vida al país al pueblo venezolano y a los lectores ese premio.

¿Por qué territorios de la escritura transita Gabriel Jiménez Emán hoy?

Estoy empeñado en seguir escribiendo novelas cortas, cuentos breves estoy abocado a eso y también estoy escribiendo sobre cine y músico deseo homenajear a grandes músicos y cineastas a Felini y a Chopin. Sigo insistiendo en realizar antologías. Creo que merece la pena seguir investigando profundizando en la literatura venezolana. Seguir sabiendo del país y hacerlo visible.

¿Cuáles son tus palabras para el público que se avoca a la feria del libro?

Siempre hay un lugar para el asombro. La literatura siempre te va a sorprender. La poesía siempre va sorprender. Nunca son suficientes los libros. Hay que leer todo tipo de libros. Estoy convencido de que los libros siempre tienen algún lugar mágico, que te asombrará.

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