Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Los Hijos de la Inmigración

Christian Zárate. acanoticias.org.

Foto ACA: Daysi Avalos, ecuatoriana vive desde hace mucho tiempo en EU

Foto ACA: Daysi Avalos, ecuatoriana vive desde hace mucho tiempo en EU

Estados Unidos, New York. Sus padres son inmigrantes. Ellos no; han nacido o han crecido en ciudades de los Estados Unidos. Cuando hablan, lo subrayan: sus costumbres cotidianas “son de aquí”. Sin embargo, pertenecen a familias extranjeras (salvadoreños, dominicanos, chinos). Muchos de ellos son bilingües, han visitado el país de origen de sus padres o algunos mantienen vivas las raíces familiares. Los hijos de la inmigración son crisoles culturales que viven haciendo equilibrio en la frontera de la identidad. Por eso les llaman “extranjeros de segunda generación”, aunque no hayan emigrado nunca.

Se les conoce como “inmigrantes de segunda generación”, pero se sienten incómodos con esa etiqueta. “Es falsa y errónea “, argumentan. Aunque sus padres si son extranjeros, ellos han nacido en Estados Unidos o han venido aquí tan pequeños que no pueden recordar ese viaje. La experiencia migratoria, la decisión de volver a empezar, la noción de ser diferente e, incluso, la nostalgia por lo que quedo atrás no forman parte de sus preocupaciones cotidianas.

Sus inquietudes son diferentes. Están relacionadas con la herencia cultural y con la identidad. “Te percibes a ti mismo como un Estadounidense, hasta que alguien te hace ver que tu nombre y tu apellido son diferentes a los demás- comenta Antonio Rivera, un neoyorquino de padres salvadoreños que nació y vivió casi 20 años en Queens- . El año pasado, mis padres regresaron a El Salvador y ahora el inmigrante soy yo. A la gente ya no le llama la atención mi nombre, pero si mi manera de hablar. “El caso de Antonio va un paso más allá porque implica el retorno de su familia al país de origen y su adaptación a un entorno diferente.

HERENCIA ECUATORIANA EN QUEENS

Daysi Avalos tiene 29 años. Nació en Ecuador, como sus padres, pero lleva tiempo viviendo en Estados Unidos. Aún habla español en casa, aunque aprendió ingles en pocos meses, tiene amigos estadounidense y latinoamericanos y se adaptado con rapidez a la cultura local. La última vez que viajo a ecuador por 16 días, echo de menos Queens y quiso regresar lo más pronto posible.

Herederos de una cultura diferente y estadounidense de nacimiento o crianza, los hijos de los inmigrantes viven a diario una curiosa paradoja.

Pero… ¿Tú de dónde eres?- Tal como contaba Antonio, los hijos de los inmigrantes no se siente extranjeros ni distintos hasta que algo o alguien fuera les hace notar que hay distancias. Los rasgos físicos, el color de la piel, la vestimenta, los nombres de pila o incluso, conocer a los padres son los disparadores habituales de la “pregunta del millón”: ¿De dónde eres tú?

“¿Cómo que de dónde soy? Soy de Estados Unidos, ¿no? Eso es lo primero que te sale, pero la verdad es que te quedas súper confundido y sin saber cómo seguir la conversación. Necesitas algo de tiempo y de edad para comprender que la sociedad, al ver que eres latino, da por hecho que has nacido en México, relata Adán de la Vega, un neoyorquino de origen Mexicano.

Ser cuestionado sobre la procedencia genera dudas. Pero asumir que un niño es inmigrante sólo porque sus padres lo son genera malestar; no tanto en los muchachos sino en los padres, que como adultos perciben claramente los prejuicios y las situaciones de discriminación.

“Los maestros son los primeros en discriminar “expone una madre dominicana que reside en Brooklyn y prefiere mantener el anonimato para “evitar problemas” en el colegio. “ Mi hijo nació aquí hace nueve años y es tan norteamericano como cualquiera, cuando hay que formar grupos en la escuela siempre lo coloca con los niños que acaban de llegar (inmigrantes)- A mí no me importa que se relacione con ellos, al contrario, creo que mucho en la riqueza de la diversidad. Pero lo poden en el “bloque latino”. Cuando no es latino.

Las diversas investigaciones que se han hecho (y se seguirán haciendo) sobre la mal llamada “segunda generación” recopilan datos cuantitativos útiles y valiosos, especialmente lo que atañe a la relación de estos chicos con la sociedad estadounidense “de toda la vida” y con su entorno.

COSTUMBRES SALVADOREÑAS EN BROOKLYN

David y Omar son hijos de salvadoreños y son estadounidense, porque nacieron en Brooklyn. Omar empezó la escuela primaria este año. Habla ingles con la maestra, pero en casa come pupusas como sus padres

“Ser hija de inmigrantes no es especialmente importante. Lo que sí es importante es cómo te ve el resto, la sociedad estadounidense me ve como extranjera –apunta Yuka kok.-. Pero si vamos a China, los chinos también nos ven como extranjeros, porque vestimos diferente, por el idioma más limitado que hablamos… Lo que yo no quiero es que mi hija siga siendo percibida como nieta de inmigrantes”, añade.

Para Rolando, un estadounidense de origen puertorriqueño, el “ajuste cultural tiene dos direcciones simultáneas”: hacia la sociedad gringa y hacia los padres, en casa. Él, que ya tiene 32 años, recuerda cómo su madre le “escondía lechón y arroz con gandules en la mochila del colegio para que pudiera comer”. Pero también recuerda las enormes diferencias que tuvo al crecer, con sus padres, ya que “todo cambia, desde el idioma, las referencias y la comida hasta el modo de ver el mundo y la estructura del pensamiento”, enfatiza.

El contrapunto lo marcan los padres, los tíos, los primos o los abuelos; los inmigrantes “de verdad”, que intentan transmitir sus valores, sus costumbres y su cultura a sus descendientes, pero ven que una parte del legado se les escurre como arena entre los dedos.

Omar, padre de David y Omar, procura siempre contarles a sus hijos cosas de su país  (El Salvador), aunque ha tenido que adaptarse a que los niños haga los deberes en ingles y sean aficionados al futbol americano “El consumismo es mayor aquí que en El Salvador -tercia Raquel, madre de los menores salvadoreños, yo les hablo de la pobreza que vivimos con su padre en El Salvador, pero eso no les impide que ellos quieran ropa de marca, como sus amigos”. Finaliza.

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