Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Las aventuras de Rogaciano

 

al

Lucy Ortiz

un cuento para olvidar la amarga realidad

Entreabrió los ojos y sintió la boca amarga, el frío le calaba hasta los huesos, miró a su alrededor, los periódicos que usaba para cobijarse no estaban en su lugar. Un sobresalto producido por sus nervios terminó de despertarlo y exclamo: ¡Dios mío! me han robado, desplegó una mirada a todos lados, el cuerpo le temblaba solo de pensar que los ladrones quizás le habían puesto pistola en pecho, o en la cabeza y él ni cuenta se dio por estar pernoctando su borrachera en la esquina más concurrida por los perros de la vecindad. Qué triste, exclamó, no hay seguridad en ésta vecindad.


En otras ocasiones se había quedado a la orilla de las carreteras solitarias y por gracia de Dios nada malo le había ocurrido. Se sentó medio encorvado, con el presentimiento de haber perdido sus pertenencias, alargó el brazo, alcanzó la bolsa negra de plástico, metió la mano apresuradamente y suspiro tranquilo. Las colillas de cigarro que había recogido el día anterior allí estaban intactas, más los pedazos de pan duro que los pájaros le habían compartido. Al correr la mano hacia la derecha tropezó con el envase de la última cerveza que había saboreado la noche anterior y dijo bendito sea Dios. Le pidió perdón a su Dios por haber dudado de su protección ya que en su compañía, se quedaba en cualquier esquina donde lo sorprendía la noche, donde el efecto del alcohol ya no le permitía caminar. Esa noche para Rogaciano resultaba especial porque había alcanzado a llegar a la vecindad de su origen, lo extraño seguía siendo el que sus sabanas o sus periódicos estaban lejos de su cuerpo, además rasgados y arrastrados hasta la orilla del muro que hacia contención hacia la barranca. Entonces hizo memoria se arrulló con otros andrajos que colgaban del extremo del muro al cual estaba arrimado y siguió pensando ¡Será qué me asaltaron los malandros! ¡De milagro no me mataron! Dijo sintiendo una gran satisfacción que le dibujo una sonrisa en sus mellados labios, recordó que la noche anterior cuando pasó por casa de doña Carmen, estaban de fiesta y le había regalado un platito con sopa de pescado y entonces recordó todo: una gran parte de la sopa se había caído a su alrededor, mojando las hojas de periódico que usaba para cubrirse del frío. Suspiró contento porque dedujo que cuando los perros hacían su ronda de rutina siempre pasaban echándole sus narizazos y como ya lo conocían lo dejaban dormir tranquilo, pero esta vez el olor de la sopa les había llamado la atención y se llevaron los periódicos para olerlos profundamente y que el olor peculiar del pescado no se revolviera con el desagradable olor natural de Rogaciano. Esta última definición no le fue muy grata. Pensar que hasta los perros se sentían aludidos con su olor. Se le subió lo Rogaciano, haciendo un gesto de repudio, como diciendo ¡Que poca madre de estos pinches perros! cabrones, cada día los entiendo menos, son fichitas que huelen de todo, Y qué ondas conmigo? ¡Hijos de su puta! Satisfecho se paró con el fin de empezar la faena, la búsqueda de la vida. De nuevo el recuerdo de doña Carmen, llegó a su memoria y sin ningún esfuerzo se acordó que la noche anterior estaban tomando cervezas. Eran casi las diez de la mañana, se asomó por la ventana de la casa de Doña Carmen y vio que no había nadie hizo un gesto de tristeza mientras pensaba, a un lado de la mesa estaban los envases, tenía miedo primero porque aun borrachito él, era honrado. Echó un rondín por la otra salida, igual no había nadie, el problema era que necesitaba sacar la mercancía. Miró con recelo hacia todos lados y un mal pensamiento se le metió en el cerebro impregnado de la resaca del alcohol, subió al murito que daba hacia la ventana del baño, volvió a mirar hacia dentro donde se encontraba el objetivo y sentía que no era correcto robar, pero no había otra opción, su trabajo era un poco arriesgado después de la reflexión, salto decidido empujando cuidadosamente la ventana, hizo el espacio que necesitaba para colarse, hasta escuchó una voz que le gritó: Rogaciano Tijeraaaaaaaa. Se sintió pecador pero no desistió de la idea de entrar a robar los envases, murmurando: ¡Que Dios me perdone! entró, en la mesa estaba un fajo de dólares americanos, frente al espejo en un clavito colgaban dos cadenas de oro y allí tirados en el lavamanos unos lentes Ray Van y hasta una parcial con dos dientes de oro. Le echó una miradita furtiva a todo y rápidamente colocó los envases de cerveza en una bolsa plástica color negro y salió por el mismo lugar por dónde había entrado, desgraciadamente un perrito que dormía en la esquina de la acera abrió los ojos justo cuando Rogaciano colgaba de la ventana y ponía el pie sobre el muro para bajar ya con la mercancía en su poder. El perrito se dio cuenta que ese hombre había entrado a robar o pretendía entrar a la casa de su vecina, el perrito mixto de chihuahua o pequeñito por desnutrición se sentía responsable de cuidar en la vecindad. Y decidió ladrar con fuerza, era el acuerdo entre perros, cuando había algún problema de seguridad ladraban fuerte, significaba la voz de alarma o señal de emergencia para juntarse todos y hacerle frente a cualquier situación que afectara algún vecino. En segundos todos acudieron al llamado, llegaron corriendo como rayos saltaron hacia donde se encontraba Rogaciano. Esté al verse amenazado se tiró del murito y corrió en estampida, los perros se hicieron bola y formando una X, se dieron la vuelta y tomaron en dirección a donde Rogaciano corría para no ser atrapado, como por arte de magia cada segundo aparecían más perros que se sumaban a la persecución, hasta una perra flaca con dos perritos colgados en las tetas salió en chinga detrás del sujeto, que ya no sabía qué hacer. Corrió hacia la casa de don Sebastián, allí había un arbolito en el patio, se abrazó al arbolito y braseando logró subir un poco, los perros se arremolinaron al pie del árbol y empezaron a ladrar en forma desesperada ya ni ladraban, solo se escuchaba como una sirena. Aauuuuuuuu. Los perros más grandes saltaban rosando con sus filosos dientes los andrajos que colgaban del pantalón de Rogaciano, y como son astutos casi articulaban palabras. Un perro subió en la espalda del otro y alcanzaron su presa lo tomaron de los pantalones y se colgaron jalándole hacia abajo hasta que Rogaciano ya no pudo detenerse y cayó al suelo. Al caer se creyó hombre muerto, volvió a escuchar su nombre como si la muerte lo llamara, Rogaciano Tijeraaaaa. Los perros al darse cuenta que se trataba del borrachito de la vecindad solo lo babosearon y lo dejaron, pues ellos lo conocían bien que no era mala gente. Para ese momento ya venían todos los vecinos con machetes, hachas, cuchillos, pistolas, cacerolas, bates, ondillas, y todo lo que les fue posible, el comisario del pueblito aledaño que por desgracia andaba rondando por esa zona fue el que lo atrapó. Entre fuertes amenazas y hasta golpes, le exigió que entregara la bolsa, a lo que Rogaciano contesto: ¡Eso nunca!, La exigencia de que entregara la bolsa de plástico, se volvió una obsesión, todos gritaban: que entregue la bolsa. A lo que Rogaciano respondía: “Primero Muerto”.

Otros gritaban hay que torturarlo; póngale un torniquete, dijo una señora que quizás había sido policía. La capucha; dijo un señor mal encarado. Una bolsa con cal, gritó otro, hay que colgarlo de los testículos, decían. Mientras tanto otro grupo investigaba en que casa se había metido a robar Rogaciano. La ventana del baño de la casa de Doña Carmen, estaba abierta entonces definieron que de allí extrajo el botín. Doña Carmen en ese momento regresaba de hacer sus compras. Todos gritaron Doña Carmen, en su honorable casa se introdujo un individuo sospechoso que por su apariencia es ladrón y extrajo una extraña bolsa negra que se niega a entregarla al comisario. Todos trataban de hacerse sentir como los más habilidosos y educados para que los aglutinados en el zafarrancho los respetaran. 
Doña Carmen recordó el dinero, las cadenas de oro de su hijo, los lentes; en fin todas las cosas de valor, jadeante entró y buscó desesperadamente. Todo estaba en su lugar excepto los envases de cerveza. Doña Carmen sospechó que Rogaciano era el que había entrado para recoger los envases de cerveza que ella siempre le daba después de las fiestas, al darse cuenta que se rumoraba que lo iban a ejecutar, salió corriendo porque se decía que lo iban a colgar de los testículos, en efecto, Rogaciano ya tenía una soga al cuello y una cuerda que pendía de los testículos, su bolsita negra muy bien agarrada en su mano derecha, solo se esperaba la voz de mando de doña Carmen para ejecutarlo. Doña Carmen gritó, aterrorizada porque se iba a perpetrar una muerte injusta como tantas ¡Lo que tiene Rogaciano en la bolsa son envases de cerveza!

Comparte esta entrada:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Digg
  • StumbleUpon
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Add to favorites
  • email
  • PDF
  • Print

1 comentario

1 Manuel Teyper { 18 agosto 2015 - 01:08 }

Excelente cuento, compañera Lucy, felicitaciones. Un abrazo fraternal.

Deje su comentario