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Las armas de Camila

Camila Vallejo

Por Eduardo Contreras

Son su inteligencia, su consecuencia política, su lealtad al colectivo, su sencillez, su amplitud y su voluntad y valentía para luchar. Esas son sus armas verdaderas, y en ellas radica el encanto y la belleza que desespera a los momios y a los políticos de medias tintas.

Por eso tratan de golpearla donde creen que se puede, no importa el pretexto. Por eso las movidas que se conoce para evitar su relección como presidente de la FECH. Por eso la tergiversación de sus dichos y por eso, finalmente, las brutales amenazas de violencia en su contra.

Fachos y cercanos saben además que Camila es símbolo de los tiempos, que no es una estrella solitaria y que la inmensa mayoría de la juventud chilena de hoy siente que todas y todos son Camila.

Uno de los ataques recientes tuvo que ver con su respuesta a la corresponsal del diario “El País” de España acerca del tema de la lucha armada.

En rigor, fue la periodista la que, con todo derecho, al formular su pregunta recuerda que el PC no descartó esa forma de lucha en tiempos de la dictadura y la dirigente contesta – hago la síntesis – que en efecto las formas de lucha del pueblo responden al momento histórico concreto que se viva en una sociedad dada, pero que eso no es lo de hoy en Chile.

Su afirmación es absolutamente correcta y sólo ignorantes o mal intencionados pueden deformarla.

¿O se olvida que la propia Iglesia Católica reconoce el derecho a rebelarse contra el tirano?

¿O pretende la derecha, la misma que gobernó con Pinochet y ahora con Piñera, que a la brutalidad represiva se le respondiera sólo con declaraciones acordadas en cómodos salones como hizo buena parte de la llamada “clase política”?

No está en discusión la justeza de la política de rebelión popular, sin la cual las FFAA y Carabineros habrían continuado muchos años más en el gobierno, violaciones, torturas y degollamientos incluidos.

Fue precisamente el temor del gobierno norteamericano a una salida realmente popular en nuestro país, lo que aceleró la presencia de sus representantes en Santiago, las reuniones en la embajada y la claudicación final del centro político para pactar una vía de escape a Pinochet y esta transición inacabada.

Camila agregó que no llamaría a votar por Michelle Bachelet. Tiene toda la razón, desde luego porque la ex mandataria no es candidata y aparece como más probable que no lo sea. Enhorabuena.

Pero es que además la izquierda, captando el poderoso mensaje de las movilizaciones del 2011, concluye que ya no más de lo mismo, que no se puede seguir jugando con el pueblo, que basta del monólogo de la alianza y la concertación y que urge un nuevo referente capaz de hacer realidad las aspiraciones mayoritarias de chilenas y chilenos que exigen nueva constitución, reforma tributaria, renacionalización del cobre, como camino para lograr su derecho pleno a la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, la previsión social.

El diputado Guillermo Teillier, máxima autoridad del PC, respaldó públicamente los dichos de Camila.

Otros en cambio han tratado de llevar agua a su molino.

Desde luego la derecha y los sectores más conservadores de la desconcertada concertación.

Se ha llegado a decir que se ve “una reflexión muy precaria y confusa en Camila Vallejo” y que se reconoce “elementos del viejo Partido Comunista chileno en el actual” para concluir que la dirigente de la FECH “tiene un libreto tradicional en un mundo donde éste no existe”.

Hay que recordar también que más de alguno de los que ayer llamaron a avanzar sin transar y que luego transaron sin avanzar, también se molestaron y deformaron los dichos de Camila.

Se ha dicho que hasta una figura pública del propio PC habría tratado de dar lecciones a la dirigente; desconozco realmente el hecho pero si así fuera, con su pan se lo coma.

Pasaron pocos días para que los temas de la consecuencia y las inconsecuencias quedaran más claro. Me refiero al acuerdo RN – DC y los abrazos entre Larraín, Walker y Zaldívar.

Buena foto de la realidad chilena. Esta vez los detractores de Camila callaron. No tienen sus armas.

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