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La última obsesión

 Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Augusto:
Esta es la última carta que te escribo.Te lo juro. He esperado  una noticia tuya durante estos meses y nada Ahora se que lo del viaje era una  mentira imperdonable. Imperdonable. Vos sabes que te he amado de la única forma  que  puedo obsesionadamente. Así también te he odiado, quizás mucho más. Lo  único que me queda claro es que nos unió el deseo, un deseo animal Ahora lo que  siento (y por eso que me decidí a escribirte) es una rabia sorda que me carcome,  que la siento en las vísceras sube por mis piernas y se aloja en mi pecho. Me da ganas de romper todo destrozar el mundo de gritar y gritar   pero  me paralizo me quedo quieta  me clavo las uñas me muerdo la boca  y esto no lo aguanto si sigo así voy a volverme loca. Ayer salí como una  cabra loca extraviada por el viento de norte no sé cuanto anduve y por donde  anduve, no se quien me trajo a casa lo único que se es que cuando desperté tenía  un sabor amargo en la boca y la cabeza se me partía tenía  una sensación de  angustia, de premonición, intolerable Mi cama amaneció mojada de sangre  menos mal porque si hubiera continuado el  embarazo te juro que lo aborto  no quiero un hijo que puede ser una mierda como su padre. Quiero cortar con todo  lo que me acerque a vos  mutilarme si es necesario hacerme una  lobotomía  borrarte de mi vida, no pensar no soñar no respirar. Te imagino pidiéndome cordura ¿Qué derecho tienes, hijo de puta para  pedirme cordura? ¿Donde te llevó tu serenidad, tu Dios, tus putas ideas de paz?  ¿Como podés pedirme cordura si sos un cabrón cobarde?  Juzgabas lo que vos  llamabas mis excesos. ¿De que te sirvió tu orden, tu equilibrio? Mira aun debes  estar agradecido que yo conseguía sacar el animal que tan negado que había en  vos. Nunca te lo perdonaré Nunca. Primero no te perdono tu silencio Debiste  decírmelo No tenes el derecho de elegir por mi vida. Sos un egoísta siempre lo  fuiste decías querer cuidarme pero lo que buscabas era tu propia tranquilidad  ¿Por qué no compartir conmigo? ¿Porque, porque? Me lo pregunto mil veces y no lo  entiendo. ¿Qué hago yo ahora, me queres decir que hago? Tengo clavada en  mis retinas las miradas de las viejas harpías cuando me dieron la noticia, no me  importa la mirada de censura de tu madre ni la sorpresa de la mía  lo que  no me aguanté es esa puta mirada de lástima. ¿Cómo crees que reaccione  cuando me entere de tu muerte? ¿Con dolor, tristeza, llanto? No fue así .lamente  no tener tu cuerpo muerto a mi lado para patearte la cabeza, si hasta me imaginé  tus sesos desparramados por el piso. ¿Crees que con una carta ibas a solucionar  esta traición, esta infamia, esta cabronada que no tiene nombre? ¿Sabes que hice  con la carta? La quemé sin abrirla por lo tanto jamás tendrás la satisfacción de  reparar el daño: aún no he aprendido a leer las cenizas. Si estás en  algún lugar aunque sea como polvo no te me acerques, aléjate de mi déjame sola  con esta rabia que es lo única fuerza  que me queda y me permite seguir  viviendo porque si no tomo una resolución drástica es porque aun me queda un  resabio de duda ante tu certeza de otra vida y no quiero volver a verte ni en  esta vida ni en otra Carmen
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