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La poesía en los bares

Manlio Argueta

SAN SALVADOR. Cuando llegué a Buenos Aires, en mi única visita en el 2006, lo primero que me llamó la atención fue que en el hotel donde me hospedé sonaba Mozart como música ambiental. De inmediato hice una comparación con nuestras depreciaciones del gusto estético.

Hace dos años, en una fiesta anual de nuestra máxima entidad cultural en El Salvador, mientras se esperaba el inicio de la fiesta de fin de año, sonaba para nuestros oídos la música del reguetón, como sonido ambiente. Quise pararme para indicar a los organizadores si acaso no tenían otra música (aunque nadie ponía atención y eso es un alivio, todos esperaban conversando que llegaran los regalos de navidad; pero a mí me estorbaba porque mientras esperaba el inicio del acto leía un libro). Preferí obviar el problema. Pero lo comenté otro día, a mi amigo, a mi superior burocrático. Él lo recordará si lee estas líneas.

No era posible, le dije con la mayor serenidad, que cuando se tenía reunido a todos los empleados de la entidad cultural que sobrepasaba las 1200 personas, incluyendo contables, financieros, secretarias, y funcionarios medios de la cultura, se tuviera la música que se escucha en los microbuses y en los tristemente célebres destartalados buses urbanos. Mi jefe y amigo me entendió, aunque ya no se podía hacer nada. La reunión de fin de año había sido un día antes.

El párrafo anterior me da pie para comentar una noticia: la obra del poeta Jorge Luis Borges está disponible en algunos bares de Buenos Aires. Esto responde a un programa del ministerio de Cultura: “Yo leo en el bar”. Esto significa que ciertos bares escogidos tendrán una biblioteca con la obra del poeta sudamericano.

La idea es fomentar la lectura en lugares menos esperados, dijo el Ministro Hernán Lombardi en compañía de la viuda y heredera del poeta, María Kodama, lo cual indica el respaldo moral de la iniciativa.

En anteriores trabajos indicaba que podemos leer en el sanitario, en la cama, haciendo filas en los bancos u otras instituciones donde se hace cola hasta por más de dos horas para cumplir una gestión. He observado y creo que el rechazo a la lectura es tal que no veo a nadie leyendo, como si leer fuera una vergüenza. Me da tristeza verlos aburridos e impotentes en las largas esperas.

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