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La Paz en Colombia

 

Jesús María Dapena Botero

Querido amigo:
Aunque sé que no te haces responsable de los contenidos de los correos, que pones a circular con palabras de otros, el hacerlo te hace acreedor de los comentarios que surjan, a partir de lo que uno u otro diga acerca de la realidad.
Ahora te hago una crítica de esta joyita que me mandaste:
Cuando se inició el proceso 8000, por allá, en la década de 1990, un joven abogado, economista y político conservador colombiano, me sorprendió con su discurso, que parecía ser el de la ética misma y no me perdía discurso que lanzase por los medios de comunicación de masas.
¡El hombre me resultaba brillante! Pero, poco a poco, se me fue destiñendo, al descubrir en él la mera retórica del denominado estilo grecocaldense y observar las posturas superreaccionarias, hasta el punto de llegar a considerarlo un verdadero sofista, que aunque hable desde su Hora de la Verdad, ésta con mayúscula, más valdría que, en el ágora ateniense, se las viera con el viejo Sócrates, quien odiaba a los sofistas, tanto como Cristo odiaba a los fariseos.
Es de ahí, que me molestó bastante el discurso que Fernando Londoño Hoyos lanzó al mundo en relación con que Colombia estaba siendo entregada a las FARC, por medio de la gestión santista, quien, bien sabes, tampoco es santo de mi devoción, pero me alegra que tras su responsabilidad con el caso de los falsos positivos y la invasión a Ecuador, sus lecturas de Franklin Delano Roosevelt hayan aplacado al que esperábamos que no fuera sino un continuador de la política uribista, dado su parecido con Chucky, el muñeco sanguinario.
Siempre he sido un convencido de la teoría de la acción comunicativa del gran filósofo alemán Jürgen Habermas y de su concepto de la Razón Dialogada, desde que oí que planteaba que si pudiéramos dialogar cinco minutos antes de la catástrofe final, quizás la evitaríamos, sin tenernos que someter al horror del día siguiente en un planeta arrasado por las megabombas.
Te resalto la palabra Verdad, con mayúscula, porque creo que en el léxico de Fernando Londoño Hoyos, este significante dista mucho de tener el significado que tenía para mi dilecto Antonio Machado, cuando nos enseñaba, en sus poemitas didácticos.
¿Tu Verdad?
¡No! La verdad…
Y ven conmigo a buscarla.
Empezaré por cuestionar al sofista.
El manizalita denuncia a sus “queridos” compatriotas que nos negociaron, cuando apenas se empieza a hablar de unos posibles diálogos de paz, que aún no han sido llevados a cabo, con lo cual la retórica nos predispone desde el discurso de un sofisma paranoico, que no tiene otra intencionalidad que hacer que cunda el pánico.
Realmente, todavía, nada está negociado, ni pasado, ni presente, ni futuro.
Tampoco creo que el Gobierno colombiano tenga a las FARC, como partes, altamente contratantes.
Por más que neoconservadores o neoliberales del tipo de Uribe lo nieguen, yo considero que la guerrilla es una fuerza insurgente, que no tiene los ideales de un Ché Guevara, que se ha corrompido y ha llevado a cabo actos demenciales, pero ¿no es también demencial la inequidad y la injusticia social en Colombia?
Desde el siglo XIX, la disidencia política se ha considerado terrorista, basta leer la novela de Julio Verne, Matías Sandorf, acerca de un noble húngaro que conspira contra el yugo austríaco, de donde esa obra se consideraría la más revolucionaria del novelista francés, que tanto nos acompañó en nuestras primeras lecturas juveniles, o si no valdría la pena recurrir al gran relato de Fiodor Dostoiewski, Los demonios pero si, en aquellos años, eran satanizados, ahora sí que más con la posición de un Bush y de lacayos de él, como el propio Avarito Corleone.
Yo creo que Fernando Londoño, sí que está haciendo exageraciones cuando maldice las cláusulas de un posible acuerdo.
No cabe duda, que la guerrilla colombiana ha sido asesina pero sus crímenes de guerra, como los de los gobiernos de derecha, ambos deberían ir a la Corte Penal Internacional, para rendir cuentas y recibir sanciones.
La guerra en sí misma está al servicio de la muerte.
En lo que sí, Londoño y yo estamos de acuerdo, es en que aún no sabemos cuál sea la fecha final del acuerdo, que nuestro presidente sostuvo que puede estar a un largo tiempo de distancia, según vi en el Noticiero 24 Horas español, que en la era de Rajoy no se caracteriza por ser ni el más crítico ni el más liberal, dada la censura que ha impuesto nuestro “democrático” presidente de España.
No me importa que en los diálogos asistan como veedores, más que garantes, Fidel Castro, Hugo Chaves ni el Gobierno de Noruega, creo que eso hace parte del protocolo de los asuntos diplomáticos y nuestro conflicto armado no es cosa de poca monta.
Y que no venga Londoño a acusar a Fidel Castro de asesino de Gaitán, porque bien sabemos que el asesino fue linchado por la masa doliente, al considerarlo enviado por las fuerzas oscuras que desencadenaron, en Colombia, la famosa Violencia de 1948.
Basta leer las biografías de García Márquez para comprender que el barbudo cubano estaba en Santafé de Bogotá ese día porque iba a un encuentro de juventudes estudiantiles, propiciadas por Juan Domingo Perón.
Cuando estuve en Cuba, en el Congreso Latinoamericano de Psiquiatría, que allí se celebraba, no me alegré mucho de la situación del pueblo cubano pero tampoco pensaría que Fidel ha sido el esclavizador de su pueblo, ya bastante subyugado desde antaño por mis compatriotas españoles y por los estadounidenses, que decidieron condenarlo a un horroroso bloqueo económico, simplemente, por el hecho de pensar y hacer una política distinta y contraria a la del Tío Sam.
Yo sí soy parte de esa población que clama por la paz en Colombia, por irónico que se ponga el grecocaldense, pues como la Teresa Batista de Jorge Amado, estoy cansado de tanta y tanta guerra y no tengo dudas de que un proyecto por la paz implica a toda la población en su conjunto, pues no estoy de acuerdo con la violación de los Derechos Humanos, ni por los gobiernos de ultraderecha ni los movimientos de ultraizquierda; por eso, simpatizo tanto con Amnistía Internacional pero considero que para hacerlos respetar hay que celebrar un nuevo contrato social.
El desarrollo económico, con justicia social y en armonía con el medio ambiente es garantía de paz y progreso, es otra cosa que no pongo en duda.
Eso sí sería lo que nos permitiría crecer como país, al preocuparnos cada vez más por la educación – cosa que Rajoy recorta para un mayor embrutecimiento del pueblo español -. La salud y la vivienda, son otros derechos, en las que todo el país debería pensar, otros temas de los que se olvida Rajoy.
Y todo eso sí que debería ser globalizado, un poco a la manera de los Marx y Engels que invitaban a los proletarios del mundo a unirse, más que a esa globalización chimba que nos ha propuesto la ideología neoconservadora/neoliberal, así se ponga sarcástico el locutor del Eje Cafetero.
¡Ojalá se lograra que esa paz duradera y estable estallara en Colombia, esa que perezosos y corruptos congresistas no han sabido construir!
Desde Lleras Restrepo, para mí, el mejor estadista colombiano hasta Santos, que me parece que pinta bien como tal, siempre he sido partidario de una reforma agraria, idea que se ha reforzado ante lo maravillado que me deja el sistema minifundista gallego, tan distinto al latifundismo andaluz!
Por eso, desde mis años estudiantiles, se me ponían los pelos de punta cuando oía esta bella canción de Víctor Jara, el cantautor chileno, quien fuera torturado y asesinado por las fuerzas represivas de la dictadura de Augusto Pinochet, del que espero que en paz no descanse:

Argenpress Cultural

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