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La nueva estrategia de EE.UU: el último intento por mantener el dominio global

Alberto Cruz    15/2/2012  La Haine Parece que EEUU ha apostado por sustituir la agresión militar clásica directa e impulsar a la misma a sus socios y subalternos de la OTAN y de la Liga  Árabe

El declive del poder de EEUU es imparable.  Esta constatación, ya poco cuestionable, se confirma cuando se analizan  decisiones de la Administración Obama como la que se ha puesto en  práctica el mes de enero de 2012: una nueva concepción de la defensa que desarrolla la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, obsoleta en  algunos de sus planteamientos por la rapidez con que se ha movido la  geopolítica en estos dos últimos años (de hecho, ahora se reconoce así  cuando se afirma que una de las razones que ha llevado a EEUU a adoptar  esta medida es la constatación de que “no podemos predecir cómo va a  evolucionar el entorno estratégico con absoluta certeza” en los años  venideros). EEUU falló en sus predicciones hace dos años y ahora se cura en salud en una sorprendente, por lo atípica, actitud casi autocrítica.

A la hora de hablar de la política exterior de EEUU, cuya base es la  ESN, hay que partir de una premisa: el afán de seguir la estrategia  diseñada a comienzos de la década de 1950 por Hans Morgentahu, el  teórico del llamado “realismo político” en las relaciones  internacionales, quien afirmaba que “la política de EEUU, en su lucha  constante y perpetua por el poder mundial, tiene que desarrollarse en  tres formas: la política de statu quo, la política de prestigio y la  política imperialista” (1). Asumida como tal por EEUU después de la II  Guerra Mundial se ha mantenido inalterable durante seis decenios,  desarrollándose con mayor o menor intensidad una u otra de estas formas  tanto durante la etapa de confrontación con la URSS en la guerra fría  como los dos decenios en los que EEUU ha ejercido como la única  superpotencia mundial tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.

Sin entrar en consideraciones académicas, sí cabe mencionar que estos tres ejes de la política exterior estadounidense se han venido poniendo en práctica de forma individual y/o en conjunto siempre que EEUU lo ha  estimado necesario, con independencia del inquilino de la Casa Blanca, y con el objetivo explícito de afirmar sus “intereses nacionales vitales” en todo el planeta.

Sin embargo, ahora la situación mundial hace inviable esta histórica  aplicación de la política exterior estadounidense. El surgimiento del  eje BRICS –especialmente China- y el rechazo a EEUU que se ha hecho  visible en las revueltas árabes –por matizado que sea en función de los  países-, así como el despertar regional latinoamericano -con iniciativas que aún tienen que cuajar como la CELAC o la UNASUR, pero que  demuestran una voluntad de alejarse de su vecino del norte-, deja como  único eje sobre el que pivota la dominación mundial de EEUU la política  imperialista basada en su superioridad militar. Pero esta, a su vez, se  tiene que enfrentar a un declive económico que afectará a medio plazo a  la presencia militar estadounidense en todo el mundo, razón por la que  ahora EEUU se vuelve un ferviente partidario de la “multilateralidad” y  un defensor a ultranza de los organismos multinacionales como la ONU,  así como la búsqueda de aliados que secunden su política (bien los  países de la OTAN o, ahora, la Liga Árabe).

Enfrentar este declive es lo que pretende la nueva concepción de la  defensa que adelantó Obama el 5 de enero y que se ha conocido con  detalle en la presentación oficial de la misma el 26 de ese mismo mes.  El documento que la recoge no puede tener un título más explícito: “Sustentando el liderazgo global de EEUU: prioridades de la Defensa para el siglo XXI” (2). Pero no es más que un desesperado intento, puede que el último, de mantener el dominio mundial.

Es tradición en EEUU que con cada presidente se impulse una ESN. Eso  no quiere decir que se rompa con la de su predecesor puesto que, en  muchas ocasiones, no ha sido más que una simple continuidad. Es lo que  hizo Obama al llegar a la presidencia. Su primera ESN se promulgó en  2010 (3) aunque se decía claramente que era una ESN “de transición” puesto que la Administración Obama se obligaba a ocuparse “de los  problemas y retos contraídos con anterioridad” (es decir, las guerras de ocupación en Irak y Afganistán) antes que a afrontar “los nuevos retos” que aparecían en el horizonte de EEUU. Esos “nuevos retos” eran Rusia,  China e Indonesia (por este orden); Oriente Próximo se consideraba “seguro” –la atención preferente se centraba en Irán-, y aparecía una  mención algo preocupante a Brasil –como el eje sobre el que iba a  pivotar una política latinoamericana más autónoma respecto de EEUU-.

Las revueltas árabes demostraron la errónea apreciación de esa ESN  respecto a Oriente Próximo, tal y como se viene a reconocer ahora. Al  haberlo considerado “seguro”, EEUU fue pillado claramente a contrapié y  tuvo que ir a remolque de lo que le dictaban socios menores –como  Turquía y Arabia Saudita (4)- que supieron aprovechar el desconcierto  estadounidense y afianzarse como potencias regionales hasta el punto que EEUU aún no ha podido recuperar su papel en esa zona y no es probable  que lo haga en los términos en los que había ejercido su poder hasta  ahora. Un ejemplo es que por la crisis económica se ve constreñido a  reducir de forma significativa la asistencia económica a los nuevos  gobiernos (al Egipto de la junta militar sólo le ha podido ofrecer 1.000 millones de dólares). Por el contrario, Arabia Saudita es quien ha  tomado el relevo económico en la zona y comprado voluntades con ello  (Túnez es el caso más evidente).

De una forma simple, se puede decir que en las relaciones  internacionales la riqueza fortalece el poder de una nación y el poder  es un medio para incrementar esa riqueza. EEUU no tiene en estos  momentos ni una ni otro. La pregunta que se hace casi la totalidad del  establishment estadounidense es ¿puede EEUU seguir siendo la mayor  potencia mundial, pero sin ejercer la misma influencia que antes  disfrutaba? (5). Como ese es el caso, entonces EEUU debe diseñar una  estrategia global que reconozca esta nueva realidad. Eso es, ni más ni  menos, lo que se intenta con la nueva concepción de la defensa que  pretende “adecuar” la ESN de 2010 a los nuevos tiempos. El que se  presente en un año electoral como es este 2012 –en noviembre habrá  elecciones presidenciales- indica o bien una confianza en la relección  de Obama o bien que, al igual que hizo Bush con él, va a hipotecar los  primeros años de la administración republicana. Por el momento, e  inmersos en una lucha interna por ver quién va ser el contrincante de  Obama en las presidenciales de noviembre, los republicanos se han  referido a la “nueva” ESN con una ligera protesta al considerar, lisa y  llanamente, que no sólo supone una “desinversión” en la industria  militar sino una “retirada [del papel] de EEUU en el mundo”.

Europa y Oriente Próximo

Para empezar, la nueva concepción de defensa que desarrolla la ESN de 2010 reconoce la crisis económica por la que atraviesa el país y  establece una reducción de 487.000 millones de dólares en el presupuesto destinado a defensa hasta el 2020 y una reducción de 100.000 soldados  (80.000 del Ejército de Tierra y 20.000 de la Marina). Al mismo tiempo,  se plantea una reducción de gastos en la compra de algunos aviones (a  solventar con la modernización de otros como los C-130) o en la partida  referente a los “contratistas” y la retirada del servicio operacional de una parte del material bélico, especialmente aviones (100 aparatos C-5A Galaxy y C-130 Hércules). También reducirá (sin cuantificar) el número  de armas nucleares estratégicas en lo que parece un guiño a Rusia, que  en esta nueva concepción de la defensa aparece ya como el segundo país  del que preocuparse y no como el primero, puesto que ahora se otorga a  China.

Aunque es real, la reducción en el presupuesto tiene algo de trampa  puesto que a raíz de la guerra contra Yugoslavia (1999), más luego las  de Afganistán e Irak, el presupuesto de defensa en 2010 prácticamente  era el doble que el de 1998. Y es precisamente en la retirada de las  tropas de Irak y de Afganistán donde la Administración Obama justifica  la reducción: “la pregunta que tenemos que hacernos es qué tipo de  estrategia militar necesitamos mucho tiempo después de que las guerras  de la última década se hayan terminado”, dijo Obama el 5 de enero. Y  añadió: “debemos tener unas Fuerzas Armadas ágiles, flexibles y listas  para toda la gama de contingencias y amenazas” (6). Para afrontar estas “contingencias y amenazas” se establecen tres áreas fundamentales para  el desarrollo de la nueva estrategia: 1) reducción de las fuerzas  convencionales de EEUU en Europa; 2) consolidación de su presencia en  Oriente Próximo, y 3) reorientación hacia la zona Asia-Pacífico.  Veámoslo con algo más de detenimiento.

1.- La reducción de las fuerzas estadounidenses en Europa es  consecuencia de la confirmación oficial del fin de la guerra fría con  Rusia. Para EEUU el peligro ya no viene de Rusia en primer lugar (como  sí se hacía en la ESN de 2010), sino de China y –en menor medida- de  Irán, por lo que hay que reacomodar sus tropas en zonas próximas a estos países. La amenaza principal ya es China -Rusia está rodeada de países  de la OTAN y a quien se apunta con el “escudo antimisiles”- por lo que  es así como hay que interpretar el establecimiento de una base militar  en Darwin (Australia), las negociaciones para reabrir la de Subic Bay en Filipinas, conversaciones en el mismo sentido con Vietnam y Tailandia y el reposicionamiento de gran parte de la flota naval tanto en aguas del Golfo Pérsico como en el Mar Meridional de China y toda la zona próxima a Japón. El pasado 5 de febrero se anunció la modificación del acuerdo  vigente con Japón para el “reacomodo” de parte de los 50.000 soldados  estadounidenses acantonados en la base de Futenma (Okinawa) en la isla  de Guam (7).

Además, el documento menciona en varias ocasiones la importancia que  adquiere la OTAN como “ancla de esperanza” de la estrategia global de  EEUU en el siglo XXI. Es un hecho desde hace tiempo que el papel de la  OTAN ya no está circunscrito a los límites territoriales establecidos en el Atlántico Norte. Su presencia en Afganistán o Libia son una muestra  evidente de ello y, también, el acuerdo alcanzado en 2008 al margen de  las estructuras de la ONU (directamente con su secretario general, el  dócil y sumiso Ban Ki-moon, lo que fue criticado con dureza por Rusia)  para que la OTAN asuma el papel que ahora tienen los “cascos azules”. Esta es la razón por la que EEUU se ampara cada vez más en ella para sus intervenciones militares en el extranjero buscando más un sistema de  alianzas que imponiendo su clásica actitud unilateralista.

Pero reducción de tropas no es retirada. EEUU está lejos de retirarse de Europa. La reducción es obligada puesto que en Alemania está  surgiendo un fuerte componente nacionalista que ve más como un  inconveniente que como una ventaja para su papel como potencia regional  la presencia militar estadounidense en su suelo. Alemania no participó  en la agresión a Libia, por ejemplo. No lo refleja el documento, pero la prensa estadounidense ha justificado la nueva estrategia de defensa en  que es conveniente la reducción prevista “porque Alemania quiere ser  ella misma” y porque “hay que hacer un gran esfuerzo de imaginación para pensar que Rusia es una amenaza para Europa occidental” (8). Lo que se  va a retirar de Europa son sólo dos brigadas de combate, unos 7.000  soldados, todos de Alemania. Y es que en este país hay 54.000 efectivos  militares estadounidenses, 11.000 en Italia, 9.400 en Gran Bretaña,  1.500 en España y 68 en Francia, por mencionar sólo a unos cuantos  países. EEUU tiene en Europa 80.000 soldados, por lo que la reducción no llega siquiera al 10% del total.

Por lo tanto, y como dice el documento, lo que se propone Washington  con esta ESN revisada es “aprovechar una oportunidad estratégica para  equilibrar la inversión militar de EEUU en Europa” para que pueda  centrarse en el desarrollo de “capacidades de futuro” que son adecuadas  para “una época de recursos limitados”. El nuevo mantra es “defensa  inteligente”. Por supuesto, “los compromisos de los Estados Unidos con  el artículo 5 de la Carta Atlántica”, es decir, el acudir en ayuda de  cualquier país de la OTAN si es atacado, “se mantendrán firmes”.

Obsérvese que se menciona la parte occidental de Europa, no la  oriental como zona exenta de la “amenaza” rusa. El documento cita a  Rusia como el país con el que EEUU seguirá enfrentándose de forma  selectiva puesto que señala la “determinación de EEUU de involucrarse en los problemas de seguridad y los conflictos no resueltos en Eurasia”. Es decir, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán  son países que a partir de ahora pasan a ser determinantes para EEUU.  Con ello EEUU pretende debilitar el proyecto ruso-chino de crear la  Unión Euroasiática, decidido el pasado mes de octubre tras una visita de Putin a Beijing en la que se firmó un acuerdo estratégico entre los dos países que pone fin al poder de Occidente (9). Consciente de esto,  Rusia ha decidido no quedarse quieta y el 6 de febrero anunció el  reforzamiento de sus bases militares en las repúblicas caucásicas de  Abjasia y Osetia del Sur (10).

2.- Siguiendo este hilo argumental sobre Eurasia, la nueva estrategia estima que Al-Qaeda se ha vuelto “menos capaz”, pero no obstante, es  una organización que se mantiene activa y seguirá siendo una amenaza  para los intereses de EEUU y para el “futuro inmediato” dado que tendría “grupos durmientes en Asia y Medio Oriente”. En concreto, el documento  menciona a Pakistán, Afganistán, Yemen, Somalia “y otros lugares”, que  no especifica, en los que Al-Qaeda estaría presente.

EEUU justifica así su presencia en estas dos regiones del mundo  siguiendo la estrategia de Bush de “guerra contra el terrorismo”. El eje entre las dos zonas es Afganistán. En este país la nueva ESN contempla “una mezcla de la acción directa y la asistencia a las fuerzas de  seguridad”. Por lo tanto, una importante presencia de las tropas de  combate de EEUU y las fuerzas especiales se mantendrán en Afganistán  durante un largo tiempo –por lo que hay que relativizar la supuesta  retirada de este país- y la amenaza de Al-Qaeda se espera que  proporcione la coartada necesaria para que el gobierno colaboracionista  de Kabul acepte el establecimiento de bases permanentes de militares de  EEUU.

Dado que las revueltas árabes pillaron por sorpresa a EEUU que, hay  que reiterar, en 2010 consideraba la zona “segura” para sus intereses,  ahora se menciona Oriente Próximo como una zona en la que EEUU se  enfrenta tanto a “oportunidades estratégicas como a desafíos”. En las  oportunidades están los nuevos gobiernos surgidos tras ellas, a quienes  dice apoyar por compartir “los anhelos de los pueblos”; en los desafíos  aparecen los “extremistas violentos” y la posibilidad de que se hagan  con armas de destrucción masiva. O sea, la misma y burda excusa de Irak o ahora el tema nuclear de Irán. Es por ello por lo que EEUU reforzará la seguridad del Golfo Pérsico “en colaboración con los países del Consejo de Cooperación del Golfo” con una finalidad claramente expresada: “evitar que Irán tenga el arma nuclear y contrarrestar sus políticas de  desestabilización”. Aquí no va a mover un solo soldado y, por el  contrario, se muestra partidario de aumentar sus bases. Y todo ello se  hará al mismo tiempo que mantiene su “firme” compromiso con la defensa  de Israel.

Pero dado que en Oriente Próximo hay “agentes no estatales” capaces  de desarrollar una “guerra irregular” –una denominación que ha empezado a tomar cuerpo dentro del Pentágono tras la derrota de Israel en la  guerra contra Hizbulá en 2006- hay que fortalecer una Fuerza Conjunta  capaz de actuar tanto “contra el terrorismo como en una guerra irregular aprendiendo de las lecciones aprendidas en la década pasada”. Y es muy  significativo que en todo el documento sólo se mencione uno de esos “agentes no estatales”: el movimiento político-militar libanés Hizbulá,  al que se califica de “organización terrorista”.

En todo momento “las fuerzas estadounidenses van a operar, cuando sea posible, con aliados y fuerzas de coalición”. Esta es una de las  principales novedades de la nueva estrategia de defensa y ya se está  poniendo en práctica con la Liga Árabe.

Asia-Pacífico

3.- La forma de actuación será tanto la clásica -“una campaña de  armas combinada en todos los dominios, terrestre, aéreo y marítimo”- como la guerra cibernética. Aquí es donde entra el principal enemigo,  China, y el secundario, Irán, a quien por lo que se deduce del documento se le otorga un poder en este campo mucho mayor del que se creía. No en vano, parece haberle hecho mucho daño a EEUU la captura por Irán del  avión espía no tripulado de última generación RQ-170 el pasado diciembre cuando recopilaba información en territorio iraní.

Para EEUU hay zonas que pueden serle vetadas a corto y medio plazo.  El documento habla de “desafíos” a los que se enfrenta EEUU por parte de “adversarios que utilizan la guerra asimétrica, incluyendo la guerra  cibernética y electrónica, balística, misiles de crucero, avanzados  sistemas de defensa antiaérea, minería y otros métodos para complicar  nuestros cálculos operativos”. Y menciona a dos de esos adversarios: “estados como China e Irán seguirán persiguiendo los medios asimétricos  para hacer frente a nuestras capacidades y nuestro poder”.

La mención a la minería como amenaza sólo se entiende si te tiene en  cuenta que China es el principal exportador de las denominadas “tierras  raras” (controla el 95% del comercio mundial) en las que se han  descubierto minerales imprescindibles para la industria más sofisticada. En estos momentos, China mantiene un contencioso legal con la  Organización Mundial de Comercio porque este organismo, a instancias de  EEUU, la prohibido a China limitar sus exportaciones de estas materias  primas en nombre del “libre comercio”. China ha contestado a esta  prohibición con una frase lapidaria, “obtener la aprobación de Occidente no es nuestra principal preocupación”, al tiempo que ha hecho una  petición expresa para que se renueven las normas bajo las que se rige la OMC: “la OMC no sólo debe defender el libre comercio, sino también  permitir a sus miembros a tomar las medidas necesarias para proteger el  medio ambiente y los recursos naturales”, dice un comunicado oficial del Ministerio de Comercio (11).

Esto es lo que hace que EEUU establezca “la necesidad de requilibrar  [su presencia] hacia la región de Asia-Pacífico”. Esta se ha convertido  en la prioridad para EEUU, que siente una necesidad de la que depende su hegemonía como superpotencia, la de hacer frente al desafío que le  plantea el creciente poder regional y mundial de China. Ya lo dijo Obama en su discurso del 5 de enero: “vamos a fortalecer nuestra presencia en la región de Asia-Pacífico, y las reducciones de presupuesto no serán a costa de esta región crítica”. Por lo tanto, y dado que se reconocen  dificultades financieras, si no se va a reducir aquí hay que hacerlo en  otro sitio. Esta es la razón del por qué se actúa ahora con Europa como  se hace, se deja fuera de juego material militar algo viejo y costoso de modernizar y se hacen guiños a Rusia con el arsenal nuclear.

El documento sobre la nueva estrategia de defensa lo deja bien claro: “los intereses de EEUU están inextricablemente ligados a la evolución  del arco que se extiende desde el Pacífico Occidental al Este de Asia en el Océano Índico y el Pacífico Sur”. Y no quedan dudas cuando se lee  más abajo que “a largo plazo, el surgimiento de China como potencia  regional [no se le reconoce la categoría de superpotencia, aunque ya  para el 2018 será la primera economía del mundo, ocho años antes de lo  que había predicho Goldman Sachs el año pasado] tendrá el potencial de  afectar la economía de EEUU y nuestra seguridad en una gran variedad de  formas”. Curiosamente, en paralelo a este documento EEUU anunció que  para el año 2018 va a disponer de una base permanente de aviones no  tripulados en la zona de Asia. Por una parte, se reduce la parte  obsoleta de la fuerza aérea; por otra, se apuesta por las nuevas  tecnologías y el uso de aviones no tripulados.

Está clara, por lo tanto, la intención de EEUU de mantener –e  incrementar- su presencia militar tanto en el Golfo Pérsico como en el  Mar Meridional de China, aunque lo hace arropado con el discurso del  libre comercio y de la libertad de navegación: “EEUU continuará  ejerciendo su papel global como superpotencia para proteger la libertad  de acceso al patrimonio mundial en las áreas que no están dentro de la  jurisdicción nacional y que constituyen el tejido conjuntivo fundamental del sistema internacional”. Es decir, el petróleo. El caso del Golfo  Pérsico es conocido y no hay que olvidar que en el Mar Meridional hay un contencioso –que está alentando EEUU- entre China y Vietnam por las  islas conocidas como Spratly (Truong Sa para los vietnamitas, Nansha  para los chinos), bajo cuyas aguas se estima hay ingentes cantidades de  petróleo y gas. La idea que subyace de la nueva estrategia de defensa es muy similar a la aplicada durante la guerra fría con la URSS: presencia global y alguna demostración de fuerza para frenar el avance de China.

Además, se permite el lujo de recriminar a China su política militar: “el crecimiento del poder militar de China debe ir acompañado de una  mayor claridad de sus intenciones estratégicas con el fin de no causar  un enfrentamiento en la región”. Desde luego, las intenciones de EEUU  son bastante claras puesto que quiere controlar rutas marítimas vitales y enormes cantidades de petróleo y gas sin explotar aún. Pero los chinos  son duros de roer. El Ejército Popular de Liberación ha dicho que “toma  nota” de la actitud de EEUU y le ha advertido que se abstenga de  continuar por esa línea (12).

El contralmirante Yang Li, geoestratega de la Universidad de Defensa  Nacional, ha dicho que lo que pretende EEUU es “socavar la modernización militar de China”. Que no diga un militar es normal, pero cuando ese es el sentimiento general –como se expresa de forma palmaria en un  editorial del diario Global Times- y se pide al gobierno chino que “guarde algunas iniciativas estratégicas contra EEUU para contrarrestar  su política de contención”, la cosa indica que se está a punto de cruzar la línea roja de lo que puede aguantar China. Pero, por si fuese poco,  se pide al gobierno “reforzar las capacidades ofensivas de largo alcance con mayor persuasión militar contra EEUU para que se percate [EEUU] de  que no puede detener el ascenso de China y que le convenga más ser su  amigo” (13).

Es obvio que China lleva una gran ventaja a EEUU en el ámbito  económico (en diciembre el renmimbi (yuan) ha marcado un hito histórico  en el cambio respecto al dólar y ya se están realizando transacciones  económicas en las que se prescinde del dólar en el comercio exterior  chino), pero aún no está en condiciones de alcanzar la prioridad  estratégica militar a corto plazo. Sí se está preparando para ello y, en concreto, para asegurar las rutas marítimas para su comercio. Ya cuenta con bases militares en el extranjero (Sri Lanka y Scheylles), ha  desarrollado su primer portaviones y el super avión J-20 –el  cazabombardero más avanzado del mundo hasta ahora (14)- ya realiza  vuelos de prueba a total satisfacción y tiene muy preocupados a los  militares estadounidenses porque cuando sea operativo ya no tendrían la  aplastante superioridad aérea que tienen ahora.

Alguna reflexión final

El impacto de la nueva estrategia de defensa en los conflictos  regionales y la política mundial sólo puede ser evaluado a medio y largo plazo. Hay que ver si la afirmación sobre que la intención de EEUU de “renunciar a la doctrina de contrainsurgencia, invasiones sobre el  terreno y operaciones en tierra” que recoge el documento es real o no.  Por el acontecer sirio, parece que el estilo de intervención miliar en  Irak puede ser descartado al menos mientras dure la crisis económica.  Por lo ocurrido en Libia, parece que EEUU ha apostado por sustituir la  agresión militar clásica directa e impulsar a la misma a sus socios y  subalternos de la OTAN y de la Liga Árabe.

Por lo tanto, si el expediente de Siria sirve como modelo de  análisis, aunque se mantenga la presión contra Irán va a ser imposible  el cambio de gobierno que alienta EEUU –y sus aliados del Consejo de  Cooperación del Golfo- sólo con bombardeos. Si las guerras de Irak y  Afganistán han ido muy mal, no es difícil imaginar lo que ocurrirá en un país con una larga historia de resistencia y revolución cuyo sistema de gobierno, además, cuenta con una base social importante por mucho que  en Occidente se magnifiquen las expresiones de descontento.

Así pues, no es tan fácil un ataque a Irán aunque el comportamiento  de EEUU se parezca cada vez más al de un animal herido y, por lo tanto,  se vuelve mucho más peligroso. Primero, porque sea Israel el brazo  ejecutor o no, para EEUU sería como morir matando puesto que las  consecuencias serían catastróficas no sólo en la zona, sino en todo  Oriente Próximo. Segundo, porque tanto Rusia como China están  demostrando en el caso sirio que se acabó el mundo unipolar y que la  antigua superpotencia y la superpotencia en ciernes tienen mucho que  decir en el tablero geoestratégico. Tanto Siria como Irán son sus líneas rojas, Siria para Rusia e Irán para China. Y Siria es la antesala de  Irán para Occidente y las monarquías del Golfo. Rusia y China no van a  dejar que caigan porque si así fuese estarían tirando piedras contra su  propio tejado. Y tras la aprobación de la nueva estrategia de defensa de EEUU tienen muy claro que no hay que hacer ninguna concesión a un  enemigo cada vez más débil.

Es tanto en Siria como en Irán donde Rusia y China han decidido  escenificar claramente el fin del mundo unipolar y el surgimiento de una nueva era geoestratégica. Vienen a decir que por mucha nueva estrategia de defensa, y por mucho se les amenace, la situación nunca será la  misma que antes. El doble veto –por segunda vez- en el Consejo de  Seguridad de la ONU marca un hito. Si la primera (octubre) pretendía  dejar claro que ni iba a haber otra Libia, la segunda (febrero) muestra  una decidida postura geopolítica sobre el futuro de Irán, el control del petróleo en la zona y el combate conjunto por el declive de Occidente a nivel mundial. A EEUU y a sus satélites sólo les queda violar, de  nuevo, el derecho internacional. Con la apuesta que se hace, por  necesidad, con la “multilateralidad” y la ONU es muy improbable. Hay,  por lo tanto, un nuevo equilibrio en la estructura de poder  internacional.

La nueva estrategia de defensa de EEUU ya ha provocado un primer  efecto: reforzar el acuerdo de cooperación estratégica alcanzado en  octubre por Rusia y China. Hasta ahora ambos países se habían mostrado  muy comedidos y moderados respecto a Occidente. Pero la expansión de la  OTAN y el escudo antimisiles han hecho enfurecer a Rusia y el giro hacia Asia y el Pacífico de EEUU ha tenido el mismo efecto en China. A poco  que se mantengan en sus posiciones actuales, muchos asuntos mundiales  comenzarán a cambiar. Ya lo están haciendo.


Notas:

(1) Hans Morgentahu: “In defense of the National Interest”, American Political Science Review, vol. 66, Nueva York 1952.

(2) http://www.defense.gov/news/Defense_Strategic_Guidance.pdf

(3) www.whitehouse.gov/sites/default/files/rss_viewer/national_security_strategy.pdf

(4) Alberto Cruz, “EEUU en declive en Oriente Próximo: potencias medias ponen en duda su supremacía (I, II y III)

(5) Benjamin Friedman, uno de los principales dirigentes del think tank Cato Institute, 27 de enero de 2012.

(6) BBC, 5 de enero de 1012.

(7) Reuters, 5 de febrero de 2012.

(8) The New York Times, 4 de febrero de 2012.

(9) Alberto Cruz, “La cooperación entre Rusia y China: el nuevo enfoque geoestratégico que pone fin al poder de Occidente”, http://www.lahaine.org/index.php?p=57539

(10) Ria Novosti, 6 de febrero de 2012.

(11) Diario del Pueblo, 1 de febrero de 2012.

(12) Xinhua, 1 de febrero de 2012.

(13) Global Times, 5 de enero de 2012.

(14) Alberto Cruz, “China: Ejército, geopolítica y el retorno a Mao”, http://www.lahaine.org/index.php?p=55123

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro es “La violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi””, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID. Los pedidos se  pueden hacer a libros@lacaida.info o bien a ceprid@nodo50.org. albercruz@eresmas.com
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