Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Gabriel Impaglione / poeta

poesía es identidad porque

es raíz, memoria y futuro”

Entrevista realizada por Samir Delgado , tomada de El Perseguidor, Islas Canarias.

El hombre ha existido, desde sus albores, sin mercados globales, pero con poesía. ¿quién explicará entonces que los mercados globales no son necesarios para la subsistencia de la especie humana, pero sí la poesía? ¿quién les explicará a los consumidores que el agua es el agua y no la marca de la felicidad o el cuerpo exitoso o la salud asegurada?

El poeta y periodista Gabriel Impaglione (Argentina, 1958) es director de la prestigiosa Revista de poesía Isla Negra. Co- fundador del Festival Internacional de Poesía Palabra en el mundo y miembro del Comité Internacional del Movimiento Poético Mundial (WPM). Como autor ha publicado cerca de una veintena de libros entre poesía y narrativa traducidos a varios idiomas. Visita Canarias junto a la poeta sarda Giovanna Mulas para el intercambio cultural con escritores canarios y la formalización de un hermanamiento entre municipios de Canarias y Cerdeña

– Samir Delgado. En su primera visita a Canarias. ¿Qué parentesco tienen nuestras islas para la creación literaria y artística? ¿Se conoce la realidad cultural canaria en Cerdeña?

Gabriel Impaglione. A veces creo que la conciencia sobre la realidad cultural es una especie de Eldorado. Se desconoce la producción literaria que se desarrolla en la propia localidad. Creo que ciertas realidades culturales solo son conocidas entre aquellos que protagonizan la tarea cultural en un pequeño círculo. ¿Por qué subsiste en “la era de la comunicación” este problema de difusión e integración de las expresiones culturales en nuestras ciudades?

La respuesta debe buscarse en el papel de los medios de comunicación en relación con la cultura, y en las políticas culturales que se desarrollan desde los gobiernos de todos los niveles.

Creo que todo el sistema sufre una crisis cuasi terminal, un “no cambio” desde cuyo quiebre no resulta sino una mayor indiferencia. Y por ende, el único desarrollo posible que da como resultado la pauperización cultural, del conocimiento, que sufren nuestras comunidades. Con solo una sencilla evaluación de los intereses de lectura se puede obtener la clave del resultado catastrófico que ha bestializado nuestras sociedades. No es una cuestión de fondos, no se trata de presupuesto, hablamos de programación y realización con sentido político. O sea, por objetivos concretos que se comprometan en un desarrollo hacia el bienestar de la cultura. Dicho esto, tal vez se conozca la realidad cultural canaria en Cerdeña en diminutos círculos que, a través del estudio o el contacto directo con el archipiélago, hayan iniciado un circuito de correspondencia de tipo cultural, de retroalimentación con la cultura canaria. La barrera de los idiomas, la falta de políticas de integración, la ausencia de capacidades para promover en las comunidades la diversidad cultural, el desinterés en la cultura provocado por los intereses que promueven el consumo, en suma, la victimización que se ejerce sobre el universo creativo hace desconocido inclusive lo propio. La ruptura con el vínculo identitario propio es uno de los blancos estratégicos preferidos por la Orden del Canon, que nos plantea la compra y no el acceso fluido a las fuentes del gozo artístico y el conocimiento. Imagino que el carácter isleño nos une, la distancia de la “metrópoli” nos reviste de cierta comunión de visiones y sentimientos. Una larga historia de vaivenes sociales nos otorga idénticas preocupaciones.

La naturaleza adquiere una dimensión estratégica y el sentido de solidaridad propio de las comunidades pequeñas o aisladas sufre todavía más el rigor de los embates sobre su identidad, que son sus raíces, su profundo patrimonio cultural. Comenzamos por la iniciativa de invitar al hermanamiento entre las comunidades de Artenara y Elini. Este municipio sardo nos ha conferido el alto honor de representar a su comunidad y gobierno en esta iniciativa y nos sentimos orgullosos y agradecidos por ello.

S. D. Desde hace años participa como director de la reconocida revista Isla Negra y forma parte activa del Movimiento Poético Mundial. ¿Que ofrece Internet para la difusión literaria en la sociedad contemporánea?

G. I. Una de las riquezas de Internet es el carácter horizontal que permite la iniciativa de índole literaria. Son innumerables los grupos que construyen redes de interacción. Es un universo heterogéneo, y muy dinámico. Ha cambiado radicalmente los paradigmas. Recuerdo que en los primeros años de Internet, cuando — al menos en Argentina– se desarrollaba de modo experimental en los ámbitos universitarios y lentamente se expandía su utilización, una de las iniciativas pioneras fueron los grupos literarios, que vieron en esta tecnología el vehículo ideal para la socialización de contenidos. El acceso a la publicación en papel y, todavía más, las posibilidades de difusión de autores y títulos por parte de los medios tradicionales ya operaban duramente de manera selectiva y con los perfiles de la lógica comercial, cuestión que cercenaba todos los horizontes.

Entonces Internet fue liberador, en este sentido. La revista Isla Negra es una especie de disparador. Propone obras y autores de manera constante, como una especie de abierta muestra poética. Así se posibilita el acceso al conocimiento de poetas que de otra manera resultaría trabajoso o directamente imposible. Este es el valor prioritario, y creo que es el mismo valor que la esencia del trabajo literario en Internet nos permite. Si esta herramienta fuera debidamente promovida para integrarla a un mecanismo que, junto a mass media, bibliotecas y centros pedagógicos, sirviera de soporte para políticas culturales masivas, planes de lectura e incluso programas pedagógicos, el futuro inmediato de nuestras comunidades sería muy distinto al que nos espera de no mediar profundos cambios. Y este sea tal vez uno de los desafíos que desde Internet se planteen para el mundo de la gestión cultural. La sociedad contemporánea padece la artillería constante del marketing, el mandato compulsivo del consumo, la insistencia del individualismo como vehículo para alcanzar el éxito personal. La poesía nos convoca a tareas de resistencia y transformación de esta realidad. Pero depositar toda la energía en Internet puede resultar peligroso. Este medio debe ser lo que es, un medio. La comunicación humana y todo el resultado de la interacción a través de Internet deben encontrar su correlación multiplicadora en los espacios físicos compartidos. La poesía debe regresar a su nido, casa por casa, calle por calle. De allí viene. El Movimiento Poético Mundial (fundado en Medellín en 2011 por un nutrido grupo de representantes de festivales internacionales de poesía) se propone unificar la acción poética mundial.

S. D. Igualmente, ha sido co-fundador del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo.

G. I. Hablamos de poesía. Ella alienta el pensamiento crítico, alarga horizontes, pone al alcance de la mano revelaciones impensadas.

Ella, madre del idioma, llega a explicarnos y se explica. En el amor y en la guerra ella revela y rebela. El hombre ha existido, desde sus albores, sin mercados globales, pero con poesía. ¿Quién explicará entonces que los mercados globales no son necesarios para la subsistencia de la especie humana, pero sí la poesía? ¿Quién les explicará a los consumidores que el agua es el agua y no la marca de la felicidad o el cuerpo exitoso o la salud asegurada? La poesía puede transformar al hombre. Es este su desafío. Y Palabra en el mundo es festival autogestionario y horizontal que se desarrolla en diversos países contemporáneamente en cada mes de mayo, y del que islas Canarias es activísimo partícipe, persigue estos objetivos. La Gran Alianza de las Fraternidades Universales. Contra los valores de la frivolidad y el lucro, anteponemos la solidaridad y el arte, el amor y la paz como valores constructores de futuro.

S. D. ¿Y sobre la cuestión del compromiso político en los escritores actuales?

G. I. Hay un no lugar para los poetas y escritores que se ubica exactamente en medio de ese país que conocemos como lo políticamente correcto. Tal vez haya sido siempre así, pero hoy por hoy – en este presente que nos toca – esa “moderación” no significa otra cosa que complicidad suicida. Por ignorancia o por complacencia, por codicia o perversidad, ser indiferente a los desmanes que el capitalismo propina al mundo significa contribuir a la barbarie (que conducirá al fin de la especie). Hay poetas y escritores que fueron críticos con la perversidad del sistema. Esto no los exime hoy de sus responsabilidades actuales. Hay quienes continúan siendo críticos. Es desde la construcción de esta unidad fraterna que debemos abordar cada desafío. Estamos ante definiciones categóricas que signarán el futuro del mundo.

Las posiciones éticas desde donde se lucha contra la prepotencia, los asesinatos y saqueos no pueden sujetarse a las reglas de mercado. El nuevo orden mundial, que no es otra cosa que un eufemismo que intenta maquillar la vieja fórmula del dominio imperialista, nos remite a los mismos padecimientos y oscurantismos que han signado los momentos más dramáticos de la humanidad.

La caída del Muro de Berlín, que no significó la desaparición del comunismo sino la ocupación de nuevos espacios por el consumismo, creó tanta confusión en el mundo progresista que muchos valores esenciales de la humanidad se confundieron en esa polvareda. El universo literario no fue ajeno a esta crisis. De los cantos colectivos, la épica libertaria y la temática social se pasaron, sin transiciones, a la introspección existencial. Para muchos, una fuga hacia adentro para resistir y sobrevivir, para otros un lugar mucho más cómodo y seguro para figurar. De la mano de aquellos cambios políticos se produjeron importantes fenómenos en la actividad económica: la creciente monopolización de las editoriales, por ejemplo. Aparecen masivamente los best sellers y la autoayuda. Se banaliza la literatura y la poesía prácticamente se convierte en objeto arqueológico. Como era de suponer la resistencia creció. Al ritmo de las desigualdades. Se multiplicaron las pequeñas editoriales y las publicaciones alternativas que debían servir como válvula de escape ante tanta presión canónica. Los que no habían perdido su compromiso pudieron multiplicar su voz, generar puentes, construir pequeñas alternativas, generar alianzas. Esto, todo esto ofrece la poesía a la izquierda para enfrentar el régimen unipolar: la resistencia desde lo alternativo, la lucha en el canto colectivo. La recreación de una épica que no ha desaparecido del hombre, porque no han desaparecido las contradicciones y la lucha de clases no es un viejo cuento démodé.

Todo lo contrario: se acentúa. No hacen falta complejas explicaciones para que se entienda el significado de la paranoica industria bélica, el guerrerismo invasor y la obsesión por las fauces de los bancos. Si la izquierda, sus organizaciones, digo, comprendiese que la cultura es la proa que romperá la niebla que nos ciega, daría mayor protagonismo a la expresión artística y a las actividades creativas en su seno.

S. D. Una parte de su obra literaria ha sido traducida a múltiples idiomas. ¿La literatura también puede valer para la reivindicación de las identidades y la solidaridad entre los pueblos?

G. I. La poesía es fraternidad universal, más allá de las lenguas y los horizontes. Viene a enriquecernos de semejantes. La solidaridad respira en ella como la belleza y la verdad. No se puede concebir poesía racista, homófoba, explotadora, poesía del saqueo o poesía esclavista. No hay poesía de bolsas de valores. Poesía reivindica al hombre, es entidad y es identidad porque es raíz, memoria y futuro. Voz del pueblo. Nace en los pueblos, los explica y nos explica. Somos en ella y ella es en nosotros. No puede falsearse, canonizarse, no se puede inventar la poesía expresionista, como fue inventada la pintura expresionista. Esas fórmulas de laboratorio de espías. Desde los versos fundacionales que nos narraron a Gilgamesh, la poesía es épica, memoria colectiva, verdad y buen sueño desde abajo. Por eso nos reivindica y nos enseña el abrazo que en realidad somos.

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