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El teatro debe hacerse cargo de los problemas de su tiempo

César de Vicente Hernando, Diagonal

Presentamos algunas reflexiones sobre el potencial transformador del teatro y la performance a través de la mirada de Patricia Artés, activista, directora teatral y actriz de la compañía chilena Teatro Público.

¿Dónde se ubica la compañía Teatro Público en el panorama chileno actual?

En el teatro chileno no comercial hay, sintetizando, tres amplios grupos. El primero contiene las representaciones que se suscriben a la esfera burguesa, se preocupa de poner en juego sus problemáticas de existencia y –con mayor o menor eficacia– profundiza en las formas propias de la teatralidad hegemónica y legitimada.

 

El segundo, el más amplio según mi percepción, es el que intenta hacerse cargo de la realidad social en Chile. Digo “intenta” porque a pesar de las buenas intenciones estas prácticas no logran romper con el discurso escénico dominante y han sido cooptadas por los fondos concursables de Estado. Se presenta como un “arte correcto” que deambula entre la nula y la excesiva preocupación por la forma, y que aborda situaciones relacionadas con la miseria o con lo marginal, generando peligrosamente una especie de estetización de la pobreza que se aleja del problema político y de la urgencia de modificar esa condición. Utiliza un discurso ambiguo, disfrazando de político cualquier tema social que muchas veces se acerca a la moralina social cristiana.

El tercer grupo, donde sitúo las prácticas de Teatro Público, se configura por colectivos teatrales que conciben la práctica escénica como un ejercicio político. Después de un largo período de hegemonía teatral en la que la palabra ‘política’ se relacionaba con el panfleto, se levanta un quehacer teatral que la reivindica. Aparece con otra manera de abordar los procesos de creación más democrática y colectiva, se preocupa de instalar problemas políticos que desmantelen las relaciones de dominación buscando procedimientos artísticos efectivos para alcanzar ese objetivo, preocupándose también de los públicos que recibirán las propuestas, orientado a fortalecer un tejido social que permita descentralizar y deselitizar la actividad teatral.

Participáis en la organización del encuentro de artistas por una Asamblea constituyente, nueva Constitución…

Nuestra participación radica en la urgente necesidad que pensamos y sentimos de cambiar las políticas que hacen que los pueblos de Chile vivamos en una agobiante precariedad.

El teatro político se configura, entonces, como arte en microtesis e hipótesis sensibles que cuestionan lo hegemónico artístico y político. Interpela desde su propia materialidad la representación artística y cultural burguesa. Su política es, directamente, la del movimiento social que integra. Desde aquí, además de hacerse cargo de su problema artístico- político, desde su quehacer específico, debiera proponer actividades que se integren en la vida social y política de su tiempo, generar encuentros con otras propuestas artísticas y abrirlas a la comunidad, plantear discusión sobre las prácticas de arte político y políticas culturales. Todo ello se nos presenta prioritario cuando el horizonte es rearticular el tejido social para alcanzar un objetivo político de vital importancia para el Chile de hoy: una Asamblea constituyente, una nueva Constitución.

Consideráis que el teatro tiene que estar en el lugar del conflicto social o representarlo…

Ambas cosas. Pienso que el teatro, las acciones, los actos performativos deben hacerse cargo de los problemas de su tiempo. Por un lado, las intervenciones que se producen en las mismas manifestaciones y protestas intentan resignificar “la marcha”. Esto se produce sobre la nueva significación que alcanza la calle. El espacio público adquiere otras dimensiones cuando suspende su tiempo cotidiano y se recupera como lugar común donde convergen los deseos populares de emancipación. Otras son las acciones que se insertan en el mismo cotidiano, pretendiendo fisurar a través de la acción artística-política la inmediatez transitoria en que se ha convertido el espacio público.

 

Por otro lado, las representaciones teatrales, sea cual sea su espacio de acción (salas de teatro, plazas, calles, la cancha de fútbol de un barrio), se plantean desde un acuerdo, desde la comunión de escena y espectadores, desde la voluntad de acceder al intercambio de saberes mediante la acción y no el texto. Esto, en las prácticas de teatro político se proyecta en la desmantelación de las relaciones de poder y en la perspectiva de la construcción de un nuevo orden. En cualquier caso, todas estas experiencias son necesarias, puesto que imaginan un nuevo mundo y se proponen provocar una grieta en el imaginario dominante.

¿La compañía Teatro Público se plantea responder a los hechos más inmediatos?

La elección de las obras tiene relación directa con los problemas políticos de fondo de la sociedad chilena para contribuir al fortalecimiento del movimiento popular. Nuestro primer montaje, Desdicha obrera, de Luis Emilio Recabarren (2007), se genera a partir de la necesidad de instalar en un Chile neoliberal el aparentemente resuelto problema de las clases, evidenciando su vigencia a travésde un ejercicio de desplazamiento de un texto de 1921 a 2007, no para hacer un rescate histórico y nostálgico de la figura de Recabarren (un líder del movimiento obrero chileno revolucionario a principios del siglo XX), sino para mostrar que la relación opresor/ oprimido –a pesar de las diferencias con que ésta se presenta– existe aún. El segundo montaje, Mericrismas Peñi (2008), surge de la necesidad de materializar teatralmente nuestramirada sobre el conflicto del Estado chileno con el pueblo mapuche, además de hacer patente una herida que no se presenta sólo como deuda histórica, sino que está viva y se manifiesta de manera brutal en cada represión a la legítima demanda de autonomía y recuperación de territorio mapuche. Al tercer montaje, Celebración (2010), llegamos por la necesidad de generar una opinión sobre los festejos de los 200 años de independencia de la Corona española. El trazado no fue construir la otra historia deChile, sino desmantelar la linealidad con que se presenta e instalar al movimiento popular como sujeto histórico.

Cómo sobrevivir en el Chile del liberalismo radical

En dos ocasiones la compañía Teatro Público ha tenido financiación estatal, que —por cierto— se genera mediante mecanismos muy excluyentes. Tenemos una posición crítica frente a las políticas culturales de este Gobierno y de los anteriores, y la manera de administrar los recursos no son la excepción. Pero esos recursos son de todos los que vivimos en el territorio chileno y si contamos con ellos eventualmente no los rechazamos. Ahora bien, la mayoría de nuestros montajes y presentaciones se sustentan en el tejido social, generando lazos, además de encontrarnos desde la base social con otros grupos que trabajan en la desarticulación de un sistema perverso”, resume Patricia Artés.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/El-teatro-debe-hacerse-cargo-de.html

 

 

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