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El Rescate

Un relato de la vida real

Manuel Teyper

Son las dos de la mañana del viernes 28 de diciembre del año 2012, es decir, faltan tan solo tres días para que finalice el año, y las familias se alistan a celebrarlo con toda la parafernalia acostumbrada.

A pesar de la hora, en una humilde vivienda ubicada en la cuadra trece de la Avenida Alfonzo Ugarte, del Distrito de La Perla, en el Callao, todavía están despiertos dos de los tres niños con que cuenta la familia.

El padre, el vendedor ambulante Johnny Peláez, más conocido como ‘’el payasito’’, ya que se coloca globos inflados a modo de glúteos y senos prominentes, un gorro multicolor y una nariz de payaso, ha salido, pues desea pasar un rato en compañía de uno de sus hermanos que vive en Venezuela, y que ha venido a pasar las festividades de fin de año.

La familia está constituida por los padres Victoria y Johnny, y los niños Johnny de nueve años de edad, Humberto de seis, y Valentina de tan solo dos.

Mientras la señora Victoria y la niña Valentina duermen, Johnny y Humberto juegan con un aparato electrónico que su padre les ha comprado por navidad.

En medio de la risa que los pequeños intentan apagar con sus manos para no despertar a su madre y hermana, se escucha un estallido parecido al que produce un cohetón. Los niños no le prestan mayor atención debido a que piensan que es un artefacto pirotécnico -muy usado en estas fechas a cualquier hora del día o de la noche-, y siguen jugando.

Un instante después suenan más explosiones, haciendo que la señora Victoria abra los ojos desconcertada, tratando de saber qué pasa. Sale de su habitación, pero un humo espeso empieza a llenar los ambientes de la casa, haciendo el aire irrespirable. Ella, presa de la desesperación corre en busca de sus hijos, y entra casi a tientas al cuarto de los niños, que están tan angustiados como ella. Saca a Humberto, mientras Johnny, el mayor, se agarra de su falda como puede.

El humo da paso al fuego que impide que alguien salga o entre de la casa… Pero Valentina, la más pequeña de todos, aún continúa adentro. El pánico de la señora Victoria se refleja en sus ojos. Se recrimina a gritos por no haber agarrado primero a su pequeña, e intenta ingresar para sacar a la niña, pero algunos vecinos la agarran para que no cometa la locura de entrar a la casa, que arde descontroladamente, ya que está fabricada con materiales inflamables, como casi todas las de la cuadra.

El desconsuelo se puede ver entre los vecinos que corren en busca de agua para sofocar el fuego, y llamar a los bomberos.

La señora Victoria logra zafarse de los brazos que la aprisionan, y corre en dirección a la casa con la intención de entrar a rescatar a su hija… Pero en esos momentos, atravesando el fuego, sale de la casa un hombre vestido de blanco que nadie ha visto antes, llevando en brazos a la pequeña Valentina que parece dormir; pensando lo peor, la señora Victoria cae desmayada.

El hombre de blanco entrega la pequeña a una de las vecinas. La niña abre los ojos sin sospechar que se acaba de quedar sin casa, sin los juguetes que sus padres le regalaron por navidad, y sin la ropa que le iban a poner para que recibiera el año nuevo.

La señora Victoria vuelve en sí, y se abraza a su hija llorando desconsoladamente como si hubiera fallecido; no cree que la hayan rescatado de entre las llamas.

Varios vecinos llegan para animarla, pero ninguno da razón del extraño hombre que vestía de blanco. Solo recuerdan que tenía bigote blanco, como su vestimenta.

Lo único que pudo salvarse de las llamas fue el pesebre que se encontraba en una esquina.

Una hora después aparece Johnny, el padre de familia que ve con desesperación su casa quemada, al igual que todos los aparatos domésticos que logró comprar con mucho esfuerzo. Solo se siente mejor al comprobar que ninguno de sus seres queridos resultó herido.

Representantes de la Región Callao llegan también, trayendo una carpa donde en adelante dormirá la familia, y le ofrecen ayuda para reconstruir su casa… Ayuda que hasta ahora están esperando.

MANUEL TEYPER mteyper@hotmail.com

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4 comentarios

1 Jesús Cañada Paz { 28 enero 2013 - 14:27 }

Uuufff. Impresionante.
No hay palabras para definir lo q entre lineas, se transmite.
Si todos pudieramos aportar aunq sea algo desde donde nos encontramos…
Otra historia sería.
Quien conoce más de cerca esta historia q organice una colecta y yo me sumo a ella. De alguna forma donando ventas de mi primer libro
“entre brazas y cenizas ó entre abrazos y sonrisas”
Recientemente me incorporé, a proyecto cultural sur.
Estoy tratando de dejar un pequeño aporte para q las palabras no mueran.

Facebook-Jesús Cañada
E-mail
inmobiliariaprocasa@hotmail.com

Escritor
Organizador del primer encuentro de escritores, lectores y artistas.
“palabras del alma”
Uruapan, Michoacán de Ocámpo,México.
16 y 17 de febrero del 2013

Ojalá podamos hacer algo por ésta familia.
A quienes Dios, dió una segunda oportunidad.
Buen día a todos 🙂
Sinceramente.
Jesús Cañada Paz…
“el vaquero”
28-enero-2013.

2 Manuel Teyper { 23 febrero 2013 - 06:42 }

Estimados amigos:
Escribí la historia de la familia, y la desgracia de su casa quemada, para que las personas conozcan lo sucedido, y desde lo poco que tengan, puedan dar una mano a esta familia. Si lo desean, comuníquense conmigo a mi correo mteyper@hotmail.com para ver la forma como podemos aunar nuestros esfuerzos.

3 leonardo cordova moya { 9 octubre 2014 - 00:27 }

lo felicito por dos lecturas que me dio en el jr. la mar las dos muy interesantes me encanto ojala pudiera conseguir mas cuentos suyos lo felicito tommy

4 Manuel Teyper { 27 octubre 2014 - 17:39 }

Gracias, Leonardo, eres muy amable por tus comentarios. Si deseas otros cuentos, solo debes escribir a mi correo.
Un abrazo.
Manuel.

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