Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Desde México bajo el terremoto, 19 de septiembre, 2017

En respuesta a una carta expresando nuestra solidaridad con el reciente terremoto que azotó México Central.

Tito y todo el Festival: agradezco su consideración y debido al poco tiempo con que cuento para expresar un poco lo que me-nos pasa, transcribo la contestación que le envié a otro amigo lejano preocupado por la tragedia que nos acontece:

no tengo mucha cabeza desde ayer para pensar, por eso copio y pego esperando darles un pequeño panorama de nuestro acontecer en estos momentos y que no deja de ser una mínima parte de lo que sucede:

“Querido amigo, la tragedia nos tiene devastados pero como habrás visto, la gente de a pie está volcada sin esperar a que las autoridades o las instituciones hagan algo, el pueblo tiene memoria y en situaciones catastróficas o de necesidad, nadie lo piensa y se presenta a ayudar con lo que tenga y si no tiene nada, con sus manos.

Somos un pueblo que canta el Cielito Lindo con un nudo en la garganta, aplaudiendo, cada vez que se rescata a alguien atrapado para intentar animarlo.

En lo personal tuve horas de angustia como tantos otros porque las comunicaciones no funcionaban y supe de Mauricio sólo hasta ya tarde, lo mismo que de un hermano mío y una sobrina, que afortunadamente están bien. Todos apoyando, un sobrino traslada paramédicos en su grupo de motociclistas, mi sobrina prepara comida para los voluntarios, Mauricio mi hijo ha estado llevando material de donación y así “cada mexicano extiende su mano”, como digo.

Lo que nos tiene conmocionados es la escuela de 4 pisos que se cayó, donde han muerto 30 criaturas y algunos adultos y donde todavía hay atrapados.

Las poblaciones que sufrieron tremendos daños no han sido cubiertas todavía por los medios debido alas dificultades para llegar, pero Jojutla, en el estado de Morelos ha de haber quedado sólo en diez por ciento en pie, por lo que he visto, y hay puentes y carreteras destruidos. Ya el sismo anterior tenía en el piso muchas construcciones en Oaxaca y Chiapas, así que de verdad nos toca reconstruir para mucho rato, las ayudas no se han hecho esperar pero entre nosotros no hacemos donaciones a ninguna institución sino a personas que entregan cuentas y que dan la ayuda directamente donde se requiere.

Falta todavía lo que sigue, terminar los rescates para iniciar la etapa de reconstrucción, algo doloroso porque implica abandonar la búsqueda de personas considerando que no están vivas, algo a lo que mucha gente se resiste pero que las autoridades se empeñan en hacer.

Yo me siento fatal porque al menos en el 85 estuve de voluntaria en albergues y trabajando en Palacio Nacional, ahora sólo puedo mirar, escuchar y llorar con todos nuestras pérdidas pero también con esperanza y fe en la humanidad, cosa prácticamente perdida antes de esto. Ver cómo nos unimos en la tragedia, con cuánto desinterés y entrega sin cansancio, es alentador. La UNAM, mi universidad, hizo un llamado a voluntarios y sólo pudo admitir a 1,500 de los miles que acudieron al llamado. Fueron trasladados en unidades que puso gente, con choferes y gasolina a la disposición para traslados.

En fin, la solidaridad está al tamaño de la tragedia. Los diputados no quieren donar sus dietas para la desgracia, espero que se empachen con lo que les dan, o que sigan lavando de ese modo sus conciencias, no nos ocupamos de esas vilezas porque hay cosas importantes que atender.

Perdona, creo que me he desahogado un poco, espero haberte dado un panorama de estas horas, ando com o zombie, no puedo pensar en las actividades de la escuela, me parece, por le silencio que hay en la ciudad, que todos estamos así”.

Gracias a todos por su abrazo

Liz Durand Goytia

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