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¿De qué se ríe Papá Noel?

(respuesta a pregunta formulada por los compañeros de Argenpress Cultural)

Nechi Dorado
Sabemos que el pobre Papá Noel lleva una vida condenada al trabajo casi forzado. Pobre tipo, cumplidor de tarea itinerante, surcador de cielos, intrépido saltador de océanos, ríos, lagos, lagunas, montañas y cuanto accidente topográfico fuera creado por un señor que dicen que es barbado aunque no hay foto que lo muestre, (y que no es lo mismo que decirle señor barbudo dado que no liberó nada, como hicieron en Cuba, sino todo lo contrario)

Sale, vaya a saber desde dónde ya que siempre tuvo domicilio desconocido y no hubo servicio de inteligencia capaz de descubrir su guarida, tampoco que lo intente ya que el tipo no es peligroso, dicen. Carga sobre sus abrigados hombros bolsas con regalitos para repartir en cada casa del planeta, quedando exceptuadas la gran mayoría. Las demasiado pobres. Eso de por sí refleja un alivio para su trajinar ya que sabido es, los hogares pobres son mayoría.

Todo me indica que más que pagano como lo pintan, el tipo es duro. Casi como los que apuntan a la tolerancia cero, evidentemente no cumple con el mandato bíblico que enseña lo contraproducente que es juzgar las acciones de los otros. Entonces, salió a girar demostrando quién sí y quién no, es merecedor de su visita. Y no le importa que queden niños llorando, mucho menos si son morenos.

Si no hay divisa, nada de Papá Noel.

Si no comen, no viene Papá Noel.

Si los padres se portaron mal y reclamaron algo, tampoco se hará ver. No le gusta la gente conflictiva que se queja de todo.

Sectario como pocos, bah, no como pocos, más bien y en honor a la verdad digamos que es sectario como muchos. Demasiado, tanto que creo que de esos, nacieron las arcadas.

En la fotografía adjunta podremos verlo reír pero se sabe que desde hace rato lo viene haciendo (lo de reír, digo) sobre todo cuando se detiene a ver la bolsa pero no de regalos, sino la del mercado, que a veces desciende pero que en general cotiza en alza para él y sus patrones.

Creo que su sonrisa se remonta al momento en que fue conchabado por la mayor empresa de bebidas gaseosas, la que “refresca mejor”, la que “da más vida”, la qué “es así” , la que te muestra cuál es la “sensación de vivir”, ¿la cazaste? No la quiero mencionar para no hacer marketing.

La que desde 1886 te invita a “disfrutar el placer de vivir” y a hacer “la pausa que refresca” y que al bonachón personaje le calzó un uniforme roji-blanco sin tener en cuenta que al pasar por Latinoamérica, por ejemplo, las altas temperaturas de los diciembre podrían haberle producido un golpe de calor con los efectos nocivos que ello representa y sin tener en cuenta que el pobre perdería abruptamente varios kilos de tejido adiposo.

Tejido fácilmente reconstituíble luego de la ingestión de la pócima en su presentación tradicional, motivo por el cual nunca se lo vio delgado. Si se cambia la imagen se cambia el símbolo y eso no se ajusta al parámetro establecido.

Por supuesto y gracias al consumo excesivo de la bebida en sus diferentes presentaciones: cola, frutada, dulzona, amarga, no fuera cosa que se la perdieran los diabéticos, público numeroso en el planeta pegajosamente azucarado, su labor fue mucho menos agotadora. Digamos que la fue piloteando más livianamente.

El panzudo visitante se mete por las chimeneas hogareñas cada vez que se conmemora el nacimiento de un Niño que por razones persecutorias abrió sus ojos a la vida entre los animales de un pesebre y que por esas cuestiones que vuelven a las cosas más finas, más presentables, más políticamente correctas, alguien se encargó de depositarlo en iglesias y catedrales.

Hoy al Niñito lo ves entre oro, esmeraldas, diamantes cuidadosamente lavados para que no se vea la sangre que chorrean, brotada de las manos de los negros del África que algún día alguien asegurará con sorpresa, que también tienen alma. (esto no tiene nada que ver con el viejito regalón. ¿O sí?)

Redondeando la pregunta de los compañeros, el símbolo del capitalismo, arquitecto constructor de las bases de la sociedad de consumo exacerbado. El símbolo de ingeniería perversa que dio forma a la marginalidad, a la pobreza extrema, al individualismo, anda por el mundo riendo. Motivos le sobran, hay muchos más y sería interminable querer detallar.

Cuando pasa por Colombia me contaron que ríe más fuerte, es una de las zonas más seguras de su recorrido. Dicen que grandes columnas paramilitares custodian su paso, no fuera cosa que los que persiguen el sueño de liberación y equidad pudieran atentar contra un personaje que de tan aséptico que parece, contamina mucho más de lo pensado.

Ríe Papá Noel, motivos le sobran, representa la victoria (aunque momentánea) del triunfo del gran monstruo que extendió sus tentáculos sobre un planeta que algún día sabrá crear sus propios símbolos y será libre para siempre.

O eso espero aunque muera esperando…

 

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