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Cuadernos de New York: Miedo y esperanza de un viaje

Foto ACA: Christian Zárate

Foto ACA: Christian Zárate

Christian Zárate acanoticias.org, SAn SAlvador. Cuando Iván, abría los ojos cada mañana veía un futuro negro. Sin trabajo, sin dinero y sin novia. Estaba enamorado de una joven del barrio que se fue para Estados Unidos. Ella le regaló un teléfono celular para poder hablar por la noche.

“Yo estaba sin trabajo, llevaba más de dos años y se me acumularon muchas deudas y no tenía dinero para pagarlas”, dice Iván Pérez, salvadoreño de 35 años.

Llegó hace diez años (2001) a New York. Lleva ocho anillos entre sus dedos y un gafete en su camisa que se lee “jefe ” su sobrenombre en el restaurante donde trabaja como mesero desde hace cuatro años. Le costó hablar inglés, sin embargo lo aprendió y ahora se hace entender perfectamente.

Las pocas cosas que cuenta sobre su travesía por tierra para llegar a los Estados Unidos, dejan claro que es mejor no embarcarse en ese viaje. “No good, no good“, (no bueno, no bueno) repite. “te pasa de todo (en el trayecto) te asaltan, te secuestran, te abandonan, te matan, caminas días enteros, aguantas hambre en fin…”. Tiene la mirada cansada, triste, casi de un anciano, porque a veces con solo ver desgracias se envejece. “Todo el trayecto para llegar acá (E.E.U.U) fue una pesadilla” dice.

Su primer trabajo fue de lavar platos, le pagaban cinco dólares la hora. Empezaba desde las 10 de la mañana y finalizaba a las 11 de la noche, de lunes a sábado. “Los primeros días fueron difíciles me dolían las manos y las piernas, estaba parado más de nueve horas.

Al principió tuvo problemas para aprenderse las calles, tomar el metro y el autobús.

“Aquí es diferente a El Salvador en todo aspecto, uno se acostumbra a vivir así”. Es fanático de Alex Rodríguez, tercera base de los Yanquis de Nueva York, equipo de las grandes ligas de béisbol y de los Red Bull, equipo de la MLS (Fútbol).

Después de lavar platos se fue a una carpintería donde le enseñaron hacer puertas, closet, molduras, entre otras cosas. “Un amigo me llevó a la carpintería y desde que comencé me gustó mucho ese oficio. Pero tenía muy lastimadas mis manos con grandes rajaduras y tuve que dejarlo”. Sus manos delatan una vida de escasez, que cuando lo esencial no llega, el paso del tiempo es otro y deja huellas y cicatrices.

Iván es el mayor de tres hermanos y les gira a sus padres 300 dólares mensuales para los gatos de la casa. “aquí la situación esta difícil la crisis vino a afectar mucho a la economía y entre los gastos de acá y allá se va el dinero”.

Le gusta la canción “Me voy para el Norte ” de calle 13 y es devoto de la virgen de Guadalupe. Siete meses después de su último empleo, llegó al restaurante donde actualmente trabaja en Manhattan.

“Una amiga de mi esposa Nuria (la joven del barrio allá en El Salvador) me consiguió este trabajo. Es algo pesado pero es mejor que los otros“.

Osmar, hermano menor de Iván, siguió el mismo camino quiso cruzar la frontera pero no pasó. Un grupo de jóvenes lo secuestraron, golpearon y lo dejaron en la frontera de Guatemala con México, querían un número de teléfono en E.E.U.U, para cobrar el rescate.

“Se están viendo muchos casos que secuestran a un familiar y te hablan por teléfono para que pagues por su rescate”. A Osmar ya se le quitó el pensamiento “del sueño americano”.

Iván observa y ríe, sabe que entender la vida no es fácil y a falta de tiempos mejores y de un futuro que no llega, le sirve al menos saber qué su hermano está con vida.

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