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Crónica de una boda anunciada: O lo que es lo mismo, a la izquierda del colibrí

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Por Giaçin Tokkanul, enviada especial. (KANULANDIA PRESS).

En el “Cerro del Estribo” y alrededores sacros, como diría Edmundo Valadez, “La Boda tiene permiso”.

Tzintzuntzan anda por esos lares y se levanta enhiesta y circular como lunas en tierra contando los días de los seres terrenos, en cada piedra, en cada aro que fue fraguado para que se diera este espiritual evento.

El alba comenzó desde la tarde anterior. Había que ir a recibir al honorable Maharaj Radhanti Swammi, en su arribo interestelar a tierras purepechas y SUReñas. Un Sur espiritual en todas sus connotaciones inundó el evento y terminó por levantarnos a caminar en la madrugada, viajando al interior de la piedra de cantera moreliana y deleitándonos con su sabiduría una explicación inmesa sobre el arte neobarroco analizando el viacrucis de la magna catedral aún a oscuras.

Amanecía y había que subirse a la nave espacial que nos llevaría a la boda poética en Tzintzuntzan… HOMENAJE A LOS CINCO ELEMENTOS DE LA NATURALEZA.

Cuando menos nos dimos cuenta, Abraham y las ánimas de un colibrí empezaron a rondar el camposanto de las hijas de la luna. La isla de Janitzio en el lado oscuro de un Morelos a poniente septentrional nos mostraba una efigie de un Morelos Becqueriano. La progenie Holwin ni se la esperaba, y el dueto Saucedo-Pineda volaba lentamente hacia el proscenio…

Luego llegó el quinto elemento en FORMA DE COLIBRÍ.

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