Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Contra la Pobreza del Sentido de la Vida

La Cultura, Azio Gualva, Guanajuato, México

Pos-tradicionalidad o Alter-modernidad

I

¿Qué tipo de conciencia queremos, nos permitimos fundar? ¿Qué tipo de ser humano hemos de llegar a ser a partir del hacer? ¿Qué tipo de ser mexicano queremos ante el mundo, en el mundo? ¿Qué tipo de cultura queremos proponer y dejar en el devenir de las generaciones? Estas preguntas deben ser asumidas con la voluntad necesaria de establecer en lo posible un diálogo, un ahondar en búsquedas de fundamento y sentido, para establecer un curso en la distinción y en la claridad que todo evento existente requiere, que todo acto en el mundo necesita. Pero si este evento y este acto aparecen, se dan en el espacio de la cultura, deben hacerse las preguntas propias desde la cultura.

¿Qué tipo de cultura hacemos que nos lleve a ser el hombre que somos, el mexicano que somos? Después de todo, ¿qué hemos hecho y a dónde hemos llegado a través de la cultura? ¿Los mexicanos nos sabemos mirar, nos sabemos sentir, nos sabemos pensar? Saber en este sentido es tener el derecho a, arriesgarse a, atreverse a nombrar, a nombrar-se. Por ello, desde el espacio de la cultura ¿qué significa ser en éste lugar?

Hagamos una concesión y digamos que en la historia de México aparece una constante: el mito. Cultura es igual a una realidad mítica. En esta tierra hemos vivido y vivimos, nos reproducimos y morimos. La Independencia, La Revolución, Sor Juana Inés de la Cruz, Ramón López Velarde, La Zonas Arqueológicas, La Comida Mexicana, El Zócalo, La Provincia, Octavio Paz, La Escuela Mexicana de Pintura, El Nopal, La Virgen de Guadalupe, Los Héroes Nacionales que dieron Patria y Libertad, la Fe, el Fútbol, etc. etc. Hacemos del mito un culto, hay una tradición de cultivar y de crear mitos. Imaginamos no discurrimos. Creamos ilusiones, no se cultivan verdades. Y donde hay mito no existe razón, logos. ¿Qué han significado todos estos mitos para el ser mexicano? Si el paradigma es llegar a ser como Diego Rivera o como Pedro Infante u Octavio Paz o Las Señoras de Polanco o Narcotraficantes o vivir con la ética de Televisa o de los Periódicos o con la Fe religiosa disipada en la niebla del dinero, etc., es decir, convertirse en realidad mítica, ¿hay qué esperar? ¿Existe esperanza? Así, la tradición ha propuesto como un único camino la conversión de todo ciudadano en mito, en irrealidad. Esa es la forma de disipar el rostro y esa es la forma de felicidad que propone este devenir para hacer la historia cultural de los mexicanos. Todo ser humano que ha nacido y que nace en estas tierras para llegar a ser mito tiene dos caminos: La Censura y la Indiferencia. Tiene dos logros: su decisión y su obra. Toda realidad mítica nace de una debilidad, de una incomprensión, de un miedo. La debilidad de no saber mirar el mundo, la realidad. La incomprensión de no soportar que el otro se reconcilie con el mundo dándose la posibilidad de enfrentarse a él aunque tenga todo perdido. Y el miedo de no saber pensar por encontrarse con la verdad de no tener historia verdadera ni un digno destino.

La relación entre mito y cultura ha sido una relación de miedo e ilusión. Hemos creído que vivimos en un sólido fundamento cultural cuando en realidad sólo existe el desierto en la conciencia creadora de los mexicanos, snobismo puro y desfasado, hiriente por inauténtico. Los creadores que se han ido de México han huido de los mitos, los que se han quedado han sido enterrados por esos mitos. Sin embargo, ahora no existe riesgo, voluntad de poder, el valor de arrebatarle a las ideologías lo que han robado en indiferencia y silencio a los hombres pensantes y creadores, y que pertenece a los seres más sensibles y pensantes, es decir, el propio poder, sólo así se podría purificar y deshacer el nudo de la historia. Y si tenemos que ser críticos de nosotros mismos, nos tenemos que saber mirar desde fuera, sentirnos desde el otro, pensarnos en un devenir histórico creyendo siempre en nuestras palabras y hechos. Terminar con retóricas y dignificar el acto de creación, de única libertad posible. Actuar en Tiempo.

En nuestro ámbito, ¿cuál es el sentido de ser culto? ¿Son más cultos los mexicano ahora que hace diez, veinte o treinta años? ¿Qué han hecho y qué hemos hecho del espíritu todos estos años? Sea uno de los objetivos modernizar estrategias sustentadas en los conceptos de cambio y avance. ¿Y esto ha dónde nos ha llevado? Ahora no se es más culto por el hecho de nacer en una sociedad avanzada o en una sociedad periférica. Y, ¿qué es tener cultura? Tener cultura es poseer una visión crítica de su propia Historia. Y quienes deben tener una visión crítica de su propia historia son la Nación, la Sociedad y el Ser individual de esa sociedad. Y es prioridad de un gobierno que asuma este Orizzonteh.

El hombre habita esta Tierra para conservarla y conservarse en ella, y para ello, sólo cuenta con su pensar y hacer, con su reflexión y su creatividad. Por ello es que se debe respetar y poner en el más alto de las prioridades la formación de la conciencia de un ser humano en la ciencia, las artes y la filosofía.

Todo sistema de gobierno debe respetar la actividad artística, científica y pensante, entendiendo por respetar no el dejar al artista o al intelectual como si nada hicieran y en la indiferencia tradicional, si no en el diálogo de responsabilidad de estar siempre en disposición de, dispuesto a, bajo las órdenes de. Y esto es un mandato, no propuesto por nadie, antes bien, por la dignidad de la propia necesidad histórica. Un sistema de gobierno debe asumir la total confianza en sus miembros más sensibles y pensantes, de lo contrario y tarde o temprano, estos sentarán un precedente de justicia y equidad ante un devenir que no les ha sido favorable, de injusticias sistemáticas. Y el atentar contra el espíritu ha sido y es, uno de los más grandes errores desde el poder, desde las decisiones unilaterales y desde la in- diferencia.

Al artista hay que dejarlo loquear, dicen los ideólogos del desencanto desde su cumbre de in-diferencia, in-diferencia que se convierte en ignorancia. Los emisarios del discurso en tema de cultura dejan de hablar porque ellos no tienen nada qué decir, no saben, el espíritu y el poder no saben dialogar, y si lo supieran nada recordarían. ¿Tener más carreteras o calles pavimentadas nos hace más cultos, tener créditos bancarios nos hace más cultos, tener una vida resuelta nos hace más cultos? No. Ni aún teniendo más centros educativos nos haríamos más cultos.

Pero el científico, el filósofo y el artista intuyen su cita con la historia y deben ser apoyados por su sociedad y su gobierno en un acto de credibilidad y entera confianza sustentadas en las diferencias y perspectivas que cada quien, en comunidad, satisfacen según sus talentos y dones por transformar la naturaleza y la historia, en suma, para que haya dignidad creadora.

II

Definitivamente, ¿qué es lo que debemos saber sobre cultura y cómo hay que saberlo? Debemos indagar en dos momentos de ella: los que la hacen y los que la dirigen. El discurso del primero es su obra y su sociología discursiva, quizá sea antropológica. El discurso del segundo es confuso y demasiado particular y su sociología discursiva, quizá sea política. ¿Qué director de cultura tiene un análisis filosófico-político sobre la evolución espiritual del arte en México? Ninguno. Entonces, ¿cómo saben lo que ordenan, distribuyen y dirigen? Intuición, pura intuición. ¿Queda la huida como exilio? ¿Cómo entender una cultura en su diversidad? ¿La identidad del ser errante?

El debate de la cultura en la actualidad presenta dos caminos: contra la posmodernidad y en defensa de la posmodernidad. Quien critica la posmodernidad sustenta una pérdida y dispersión de sentido en todo y esto conduce cada vez más a los espacios y vivencias de la banalidad dando como resultado una hermenéutica confusa en lo filosófico, histórico, político, artístico y cultural, dando como resultado la disolución de la cultura, es decir, la destrucción del pensamiento. Quien defiende a la posmodernidad sustenta el valor de lo multicultural, de la diversidad como sustento fundamental de toda interpretación y conversión de lo filosófico, histórico, político, artístico y cultural, dando como resultado el surgimiento de otra cultura, es decir, la generación de pensamiento, de otra mentalidad. La pregunta es, ¿nosotros como mexicanos estamos inmersos en estos planteamientos teóricos? Sospecho que sí y sospecho que no. Si el sentido es que el debate está ahí como lo está la piedra o un hecho como un atentado en Israel o en USA o en España, entonces sí nos compete. Pero, ¿cómo influye la piedra, ese atentado en Israel o en USA en los mexicanos? Habitamos el espacio de la subjetividad. Estar ahí es tener acceso a lo que está ahí pero su praxis es confusa e imposible.

Pues en México no sabemos, sustentados en la tradición, si hemos llegado a la modernidad, para luego asumir valores de la posmodernidad, éste desfasamiento hace sospechar que no es nuestro debate. Tenemos que crear, discurrir nuestro propio debate, saber mirarnos a los ojos y definirnos el rostro. Y lo que se ha vivido en dado caso en México es la Pos- tradicionalidad.

Gianni Vattimo devela el fin de la modernidad y con ello el advenimiento de la posmodernidad. A partir de Nietzsche y Heidegger. A partir de la desvalorización de los valores y de la suspensión de la metafísica, estos conceptos cuestionaron la herencia del pensar entendido como una progresiva iluminación teniendo como fundamento lo racional. Jean Francois Lyotard cuestiona la creencia en la emancipación progresiva de la razón y de la libertad como proyecto de la modernidad, este cambio de conciencia creo una nueva mentalidad a la cual llamó: Condición Posmoderna. Esto quiere decir, la incredulidad por los metarrelatos como son el progreso y la razón misma, el futuro. Ahora bien, ¿qué tienen que ver los mexicanos en todo este planteamiento teórico? Si digo: la posmodernidad es la crítica a los metarrelatos de la modernidad, ¿qué quiero decir con esto? ¿De qué me sirve saber esto y para qué? “La modernidad difiere con lo antiguo, a partir de una jerarquía de discursos ideológicos y a contra luz de los discursos míticos, convierte los usos de la razón humana en un vasto culto a las ideologías. Así, la posmodernidad pone en entre dicho la veracidad de las ideologías.” ¿Y esto quien lo dijo?

Para Gilles Lipovetsky la posmodernidad es la democratización del hedonismo. En este sentido, todos los logros humanos estarían al servicio de las sociedades democráticamente avanzadas. Agnes Heller propone, << que el posmodernismo como movimiento cultural tenía un mensaje lo suficientemente sencillo: “todo vale”…el posmodernismo permite todo tipo de rebelión…esto es así no porque el posmodernismo sea apolítico o antipolítico, sino porque el posmodernismo no presenta ningún tipo de política. El relativismo cultural ha triunfado. >>

Si todo este discurso se dirige a explicar el mundo, me he dado cuenta que ellos, todo ese discurso no explica mi mundo, mi pasado y mi ahora, no me definen. Es obvio que en México existen especialistas en estos autores, que los dominan y que los hacen suyos, pero, ¿por qué entonces poner nuestra cultura en el camino de la tradición, de la realidad mítica? ¿Por qué no existe una argumentación sobre nuestra cultura, entandemos, sobre nuestra existencia? ¿El mexicano en qué participa de la posmodernidad? ¿En qué nos afecta o nos modifica? Sin embargo, tenemos que definir nuestra sociedad y saber en qué sociedad vivimos, y quizá hasta morimos. Alain Finkielkraut en su crítica a los pseudoposmodernos recuerda que “estos no aprecian las culturas como tales sino su visión edulcorada, la parte de ellas que pueden probar, saborear y arrojar después de uso. Todas las culturas son igualmente legítimas y todo es cultura. Afirman al unísono los niños mimados de las sociedades de la abundancia.”

Decir, “todas las culturas son igualmente legítimas y todo es cultura.” Es una forma ingeniosa de lavar errores históricos y actuales a través de la cultura. Lo que está en juego no es su aparición en el mundo como cultura, pues eso equivale a su propia existencia, en ese sentido, toda existencia es legítima. Lo que está en juego es su relación y su sentido. Decir que el pasado de los Estados Unidos es tan legítimo como el pasado de México, esto es cierto, pero en el discurrir de la subjetividad. México se fundamenta y sustenta en una civilización. Los Estados Unidos están haciendo su civilización. Es obvio que el pasado de México es infinitamente más esencial y poderoso que el pasado de los Estados Unidos. Su legitimidad es que fueron, son, pero su sentido es totalmente otro. ¿Legitimar la fuerza es hacer cultura? ¿Legitimar la violencia es hacer cultura? ¿legitimar la pobreza es hacer cultura? ¿Legitimar la ignorancia es hacer cultura? Por ello, ¿de dónde viene la ambigüedad y la tibieza en la cultura mexicana? ¿Del mito? ¿Qué debemos hacer? Si en algo ha de participar la cultura mexicana en este debate ideológico a de ser en una aceptación de asumir, no la posmodernidad, sino la Pos-tradicionalidad. Y si fuera más crítico, el concepto digno que propongo sería el de Alter- modernidad. Hemos realizado y hecho una cultura en el al lado del debate. Entre la Pos-tradicionalidad y la Alter-modernidad está la realidad cultural de los mexicanos. Y sin embargo, ¿qué significa la Pos-tradicionalidad? ¿La Alter-modernidad? La primera es la continuación de la realidad mítica en miedo y dictadura. La segunda es el nacimiento de la crítica en el al lado del devenir de lo actual.

III

Al estar perdiendo el sentido de ser en la sociedad mexicana, esto es, aquello que da a cada ser humano la facultad de encontrarle verdad a su existencia, es determinante el desarrollo de la actividad cultural para su recuperación, dignificación y desarrollo.

¿Cómo se presenta la actividad cotidiana en términos de cultura? ¿Qué se ha hecho desde las administraciones de cultura en el país? La actualidad social propone trabajo y producción. Consumir. Comprar. Este es el único horizonte que hace vivir a cada ser en el mundo de hoy. Periódicos, radio, televisión, tarjetas de crédito, telmex, televisa, tener un cuerpo ideal, hablar en el caló del momento, el teléfono celular como un ser ahí sin lugar (pues quien existe es la voz no el ser), representan la sonoridad y las imágenes de ese horizonte como único camino para existir en su conjunto y desde ahí edificar una relación edificante, amorosa y perpetua. ¿Acaso perpetua?

La realización de los ideales humanos. Una relación existencial auténtica, plena. El concepto fundamental de estos “medios de comunicación” es el de entretenimiento, haciendo de la vida “un producto” para ser desechado y que sea hundido en la banalidad del confort ingenuo y de un prestigio que pronto se disipa. Una vida para divertirse en la vida. Entretener la vida como burlar la vida, como ocultarle la verdad, como dejarse llevar por la frivolidad de una inmediatez fácil. Por otro lado, el desgaste de la experiencia burocrática agota la voluntad de crear, de hacer, de vivir. Atados a una cadena sin nombre. Estos atentados silenciosos contra la sociedad, contra la conciencia son los verdaderos terrorismos desde el gobierno, son el sigilo de amainar lentamente el poderío del grito, ir cansando despacio y sistemáticamente la voluntad de crear, de amar, de hacer, de vivir. ¿Y quién fue el primer asesino que dijo: “Esto es mío”? ¿Y quién fue el último?

El acuerdo entre la industria cultural y los medios de comunicación, advierten y exponen espacios que sustentan como “proyectos artísticos”, “programas populares”, “espacios para programas en noticiarios”, “política cultural” que se convierte en “disipación-cultural”. Se diría: que el humanismo calculador que proponen no ha amansado al propio humanismo. Aun existen otros discursos. Y esto es lo que pasa en México y en casi toda Latinoamérica. Los sacerdotes de la comunicación en cuadro, en realidad lo que proponen es llenar un inmenso vacío que nace de las palabras: “entretenimiento”, “distracción”. Es un matrimonio, una posición que se cruza y que tarde o temprano se ha de ahorcar a sí misma. ¿Qué oportunidad tiene el hombre mexicano de hoy de incorporar su historia en el devenir de la historia nacional o mundial? En una “in-diferencia cultural”, ninguna, eso hay que saberlo y asumirlo.

El hombre de la inmediatez piensa en satisfacer sus aspectos de orden físico, advierte solamente el fluir de su sangre, vive desde su hambre y grita desde su vacío, así se pierde de la espiritualidad de su ser. Vive, no se vive, no se apropia de su devenir vida en sí misma. Carece de vida interna. No se vive en sí mismo. Lo viven. ¿Para cuántos mexicanos les son extraños los espacios culturales sólo por el hecho de no tener ropa para ir a un evento, o los modales de comportamiento que se imponen en ellos? En la inmediatez de la cultura habita el miedo. Esto todos lo sabemos. Y cuando existe el miedo no puede haber comunión. ¿Y dónde encontrar los logros de la esencia de una cultura-integral? ¿En el miedo? Es obvio que este miedo es creación de una “indiferencia cultural”. La Pos-tradicionalidad como miedo e injusticia.

No por el hecho de que el hombre de hoy viva más años es mejor y por ello, tener más claridad sobre los acontecimientos. No es así, la verdad es que no sabemos para qué queremos vivir más y durar más en la vida, ¿para consumir más?, ¿para seguir en el entretenimiento de lo mismo? ¿Distrayendo la inteligencia y dejando en la mentira nuestros sentimientos más puros? ¿Ubicados en un sofá para orar al dios del aburrimiento ante la imagen del poder? ¿Para que la televisión a través de sus oficiantes noticieros den la orden de quemar la libertad?

Es éste preciso avance el que nos da un espacio para darnos cuenta por qué no se ha avanzado en esa misma medida en los espacios del espíritu. ¿Se imaginan una neo-inquisición en la ciencia, en el arte? No sería ciencia, no sería arte. Las ideas dignificantes de hombres justos como eliminar el sufrimiento en la idea de Epicuro. Mitigar el esfuerzo del trabajo en la idea de Marcuse. Expandir los bienes en igualdad y llevarlos a la praxis en la idea de Marx. Relacionarse con la naturaleza como si fuera un otro como Francisco de Asis o difundir el saber y la dignidad como ha sido el ideal de todo filósofo, llevan de inmediato a una necesidad de presentarnos como semejantes y equitativos ante el devenir humano. Ya no se cree en la igualdad entre los semejantes, pues se ha presentado la diferencia, pero esa petición de igualdad aun es sustentable desde otra perspectiva, en la naturaleza y frente a la historia. Se apetece la igualdad de vida frente a la naturaleza e igualdad de vida frente a la historia. Esto quiere decir, respeto y equidad entre lo existente. Y el respeto y la equidad no lo puede proporcionar una “in- diferencia cultural” a las sociedades contemporáneas y en especial, a la sociedad mexicana. Es decir, proponemos partir desde el concepto de Alter-modernidad y desde ahí dignificar nuestro encuentro con nuestro propio espíritu. La Alter modernidad como el nacimiento de la crítica en el al lado del devenir de lo actual.

Por ello, por el camino del consumir, entretenimiento y bienestar ingenuo y amansamiento del hombre como sistematización cultural sólo se experimenta El Miedo y la In-diferencia. El Vacío Espiritual de un pueblo. Lo que tratan de salvar, lo matan. Esta es la paradoja del amansamiento del hombre y su no acceso a su integración espiritual. Y su peligro.

Pero ahora no es la naturaleza, sino el espíritu, nuestra historia, nuestra manera de ser, el ahora en México y en su sociedad. Cómo recuerdo al Meister Eckhard: “la santidad no se busca en las cosas y en los actos de los hombres. Es el hombre, el ser del hombre concreto y no las instituciones quien conserva el sentido de lo humano y su permanencia en la Tierra”. Esto hay que aprenderlo de memoria. Encarnarlo.

Ahora bien, lo que preocupa es la nula voluntad de incorporar a cada ser, a cada mexicano a la formación de una estructura histórica, real, posible, y sostener su vida en su ser que les reditúe serenidad, equidad y realización en lo práctico y espiritual humano. Aparecen la angustia y la desdicha de vivir siempre separados de la naturaleza y de las cosas de este devenir histórico, divididos los actos, desechos, corruptos, inestables.

Entonces, ¿para qué vivir y morir en éste país? ¿Cuál es nuestro sentido? ¿Qué sentido tiene soportar una in-diferencia cultural? ¿A dónde va el espíritu cultural de los mexicanos? Digámoslo directamente: ¿cuál es nuestro destino en la cultura como mexicanos? Si todos contestamos esta pregunta nos haría ser mundo, nos haría sentir una civilización auténtica, crearíamos una cultura fiel en la identidad y verdadera. Nos miraríamos a los ojos.

Pero en el espacio de una in-diferencia cultural la pregunta por “el destino” es un dulce que provoca náusea a quien lo invoca. Estando así las cosas, su único destino es no tener destino. Aparece el consumir, el entretenimiento, lo fugaz. ¡Todo me da igual! ¡Siempre me da igual! El ser mexicano habla. ¡Todo me da igual! ¡Todo es cultura! ¡Todas las culturas son igualmente legítimas y todo es cultura! ¡Basta! Y creo que esta perspectiva a ningún artista que se considere debe halagarle, satisfacerle, su voluntad de creación se ve humillada y nunca tomada en cuenta.

Pero el destino ya está hecho, es por eso que todo da igual y todo es cultura, los pensamientos y deseos ya están hechos y envueltos en papel de oro, y se les pueden comprar en cualquier supermercado, en las pobres y sucias y engañosas relaciones humanas que han hecho del amor una moneda falsa… y en la in-diferencia cultural. Este divorcio entre destino y actualidad es el que hace que nos matemos los unos a los otros, nos robemos, nos violemos y nos agotemos de ignorancia. Un cuadro a cuatro manos entre El Bosco y Goya. A falta de un destino, todo lo llena el objeto de consumo, el entretenimiento, la in-diferencia cultural.

Toda in-diferencia cultural oculta las evidencias de sus errores, por ello su desarrollo es muy lento, porque todo tiene que pasar por una sola mente, un solo hombre, una sola opinión, una sola decisión, un solo organismo, una sola institución. Y donde todo es todo queda la nada. No dar información y construir desinformación son dos cualidades de un sistema de esta naturaleza. Y todo esto no es más que un argumento contra el espíritu. Y todos sabemos quiénes sustentan esta Dictadura Cultural, este Miedo.

¿De dónde partir para hacer, construir o crear cultura? Los mexicanos no somos dueños de nuestra propia cultura porque no se han creado, formado, construido los fundamentos que legitimen conceptualmente los productos y las vivencias artísticas y culturales. No existe un discurso artístico ni tampoco sobre cultura que sean centros de una búsqueda esencial de esta forma de vida, de ser, al menos, yo no lo siento.

Por este motivo, y quien tenga un mínimo de sensibilidad lo entenderá a la perfección. Lo expuesto es una propuesta general de un posible proyecto teniendo en cuenta esta perspectiva conceptual de la cultura. Nuestra Cultura.

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