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Chile: Ministerio de Cultura, un fracaso más del gobierno derechista

Arturo Alejandro Muñoz, tomado de Kaos en la red

El ‘sonrisal’ ministro de cultura –al igual que su antecesora concertacionista- cruza sin dejar sombra, habla sin regalar ideas y mantiene a la cultura real tan en el sótano como en tiempos del ‘apagón’

HACE CINCO AÑOS, o más, escribí un artículo en el que comentaba, con la simpleza de los que no tienen compromisos con tienda política alguna (dije ‘tienda’, no ideología), que la novel ministra de cultura de ese entonces, designada por Bachelet en aquel cargo –la actriz Paulina Urrutia-, llegó a la cartera ministerial no solamente con las manos vacías, sino, también, con cero claridad respecto de lo que millones de chilenos esperan de un ministerio de esa índole.

Hoy, nada ha cambiado. El ministro es ahora un hombre, también actor –Luciano Cruz-Coke- y las falencias, resquebrajaduras y carencias de ese Ministerio siguen siendo las mismas, y tal vez peores, de antaño.. y tal vez peores. Por ello, me ha bastado cambiar el nombre del personaje para que el artículo de hace un lustro tenga la misma vigencia de ayer. ¡¡Así han sido de innovadores –en materia cultural- los gobiernos del duopolio!! Lea usted este artículo sabiendo que fue escrito el año 2007, pero con una fresca actualidad que preocupa.

En palabras más entendibles, el actual ministro asumió su cargo sin proyectos, sin programas serios, sin ideas claras y sin convicción alguna respecto de lo que debería ser el establishment cultural chileno.

Durante veinticuatro meses, Luciano Cruz-Coke ha deambulado por los pasillos escriturales, pictóricos, teatrales y artísticos con el paso que es propio de los que no tienen horizonte ni meta distinguible.

A lo largo de la gestión de Cruz-Coke ha sido posible certificar la pobreza de ideas que caracteriza a los gobiernos del duopolio binominal (y en especial a este, derechista sin méritos), quienes continuaron la torpe y deshuesada línea que trazaron los alimentadores de la dictadura con el financiamiento de obras pertenecientes a los ‘mismos de siempre’, tal cual si en el país no existiesen talentos nuevos (que, a pesar de los pesares, los hay a toneladas).

Don Luciano, con su sonrisita ‘picassiana’ perenne, cruza sin dejar sombra, habla sin regalar ideas y decide sin lograr metas, así como propone sin saber lo que propone ni para qué lo propone.

Desconoce –tal vez a propósito y voluntariamente- el arduo y fértil trabajo de cientos de artistas sitos en provincias, quienes crean y producen magníficas obras que engalanarán, más temprano que tarde, a la cultura nacional y a sus patrias láricas, esas que hoy siguen siendo tan lejanas al reconocimiento de la gran urbe santiaguina que es el lugar donde se cuecen las habas intelectualmente coprolálicas, pero políticamente convenientes para cancelar favores electorales y/o parlamentarios. Y es en esa enorme metrópolis donde el aporte provinciano se enmaraña, se difumina, y se pierde debido a intereses partidistas que privilegian a quienes sirven obsecuentemente de soporte a los dueños de la férula.

El Ministerio de la Cultura nada ha hecho (ni propuesto) en beneficio del arte provinciano y de la creación regional, pese a que en el fuero interno de sus mandamases subyace la convicción de que es en las ciudades y pueblos distantes de la capital del reino donde la creación cobra forma y volumen. Don Luciano, seguramente, retrucará diciendo que el Fondo para las Artes y la Cultura –el nunca bien ponderado Fondart- es la palanca incentivadora, pero a decir verdad esa ‘palanca’ continúa siendo esclava de veleidades politicastras cuyos perfiles son nutridos por programas televisivos de huesos escasos y tonteras oficiales.

Señor Ministro: el Fondart –tal como está concebido y administrado- no sirve. Es un despropósito basar en él toda la estructura cultural chilena. Más aún; es una bofetada a la dignidad de los provincianos.

Fondo inútil, espurio, irrelevante, que sólo sirve cual pensión alimenticia para los gañanes de la cultura, esos que son incondicionales de la autoridad coyuntural y que por lo tanto nada aportan al escenario de la creatividad. Y se lo dice alguien que durante dos años fue, precisamente, jurado de ese Fondo.

No soy un desopilante ermitaño en estas apreciaciones, me acompañan cientos de creadores, artistas, escritores, escultores, actores y pintores, cuenta-cuentos y agentes culturales de trece regiones. Ellos reclaman al Estado la posibilidad de aportar al andamiaje de la cultura nacida en el seno de las mayorías.

Usted lo sabe, ministro, pero opta por seguir sonriendo cual ‘Gioconda’ ignota, lejana y ausente, negándole a esa enorme cohorte de artistas ‘no santiaguinos’ la justa y necesaria ayuda que el país verdadero –ese que palpita y produce más allá de las contaminadas fronteras capitalinas- viene reclamando desde el momento mismo en que Salvador Allende se inmoló en defensa del pueblo. ¿O de ello nunca se enteró en su oficina cuando era coordinador de la Comisión Cultura de los Grupos Tantauco que encabezaba Sebastián Piñera?

Seguramente alguien le soplará al oído lo expuesto en este humilde artículo (dudo que usted lea actualmente algo diferente a una estampilla oficial o a un memorando del Ejecutivo), y a objeto de que no pierda tiempo procurando identificarme –luego de lanzar la típica pregunta que ustedes, los mandamases, acostumbran: ¿quién es este ‘gallo’?- le aconsejo declinar asistir a uno de los tantos e inicuos eventos mediáticos-parafernálicos que le agendan sus asesores y acercarse en cada región a los grupos culturales y literarios que sobreviven gracias a sus ingentes esfuerzos y a sus amores sin límites por el arte.

Ellos le demostrarán que de cultura popular y verdadera usted sabe poco y nada, pues desconoce todo e ingenuamente sigue apostando a esos caballos cojos que le son recomendados desde los salones del oficialismo.

No por nada, artistas regionales de la talla de Juan Cameron, Luis Agoni, Alejandro Latorre y Hernán Montecinos, han manifestado su esperanza de contar  con un verdadero gestor cultural en ese cargo, el cual hasta hoy parece quedarle grande.

Sumo mi voz a la de ellos. ¿Qué quiere que le diga? Las regiones siguen atenazadas por su desprolija tarea ministerial, por su desinterés y por su anuencia a dictámenes emitidos interesadamente por quienes, desde siempre y a través del familisterio que los cobija, se han apropiado de la vida y anhelos de los dieciséis millones de chilenos en las materias que nos convocan.

Rancagua, señor ministro (y es tan sólo un ejemplo de lo que se anhela más allá de los bordes ribereños del Mapocho), sigue esperando que el Estado docente y cultural pueda birlarle al ministro de Hacienda, mister Larraín, algunos escuálidos dólares del voluminoso excedente de la venta de cobre y la venta de Chile para –por fin- financiar editoriales regionales, co-administradas por el propio Consejo de la Cultura junto a la Sociedad de Escritores de Chile y representantes de los principales grupos literarios regionales.

Algo que, sin duda, debería replicarse desde Arica a Punta Arenas aunque, conociéndole, ministro, ello sería demasiado pedir según los arbitrios de aquellos que la han obnubilado con preces y artificios palaciegos.

Después de todo, usted es esencialmente un actor de teatro, y como tal, insanablemente, se rinde con facilidad ante el aplauso. Y, créame don Luciano, los vástagos de la dictadura –que usted admira y sigue- junto a los reconvertidos a la fe neoliberal son maestros en los aplausos fáciles. Más aún si la ovación se prodiga a personas de veleidad pronta, como la suya. Reflexione y retome sus tránsitos culturales de antaño, esos que recorrió cuando muy joven aún luchaba por insertarse en el mundo del teatro y del espectáculo.

¿O ya olvidó todo aquello por obra y gracia del aceite fenicio que destila el poder? Es que en el ámbito de la (des)cultura oficial, se observa nítidamente la hermandad del duopolio.

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