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Batalla cultural: ¿y si nos subimos al tren equivocado?

Ariel Petruccelli, Hemisferio izquierdo, tomado de Rebelion.org Desde hace poco más de una década, en nuestros países se ha popularizado bastante el término “batalla cultural”. Ha pasado a ser, de hecho, casi un término de sentido común. Lo usan los sectores progresistas, pero también la derecha y no está ausente en la izquierda roja. Sin embargo, los dos términos que forman la pareja son problemáticos en sí mismos; y es problemática su relación. Para hacer más compleja la situación, “batalla cultural” es una expresión demasiado ostensiblemente relacionada con otros tres conceptos como para que en algún momento debamos preguntarnos: ¿por qué hablar de batalla cultural, y no batalla de ideas, de ideología o de hegemonía?

Lo primero que destaca cuando nos sumergimos en el uso habitual que se hace del término “batalla cultural” es el sentido restringido de la cultura que predomina. En muchos casos se emplea indistintamente “batalla cultural” y “batalla de ideas”. Pero más allá de esta eventual sinonimia, el concepto subyacente es el de la cultura en su dimensión simbólica, antes que la cultura en su dimensión práctica o material. De tal cuenta, publicar en las redes sociales un texto o una imagen en favor (o en contra) del aborto sería parte de la batalla cultural, pero ir a una marcha o a una asamblea sería llanamente una acción política. Ya en este punto se observa lo borrosas que resultan las líneas divisorias, en este caso entre cultura y política. Es perfectamente válido, por supuesto, restringir el concepto de cultura a lo simbólico, ¿pero qué hacemos con lo que queda afuera? ¿Cómo catalogamos a las prácticas, las instituciones y las organizaciones no específicamente económicas ni exclusivamente políticas de la sociedad?

Entendida en un plano meramente simbólico, la “batalla cultural” se restringe a combate de ideas y sensibilidades. Se torna, por consiguiente, algo semejante, si no idéntico, a la ideología, o a la lucha ideológica. ¿Por qué hablar de cultura, pues, y no de ideología? Pueden ser meras formas de decir. Términos intercambiables sin demasiadas consecuencias. Pero, habiendo declarado Fukuyma hace treinta años al fin de las ideologías, la renuncia a emplear el término (cuando el objeto de referencia es básicamente el mismo) puede ser un indicio de la hegemonía conservadora en el plano intelectual.

Consolidado como nunca el poder económico del capital, es siempre una tentación buscar alternativas consoladoras. Si la economía es el reino casi exclusivo de las empresas y el empresariado, parece en cambio más factible desafiarlos en el campo cultural. Sin embargo, los límites entre economía y cultura se van tornando borrosos. La cultura misma tiende a convertirse cada vez más en una industria, en un negocio.

Más prosaicamente, cabe advertir un riesgo en el empleo actual de la noción de “batalla cultural”: el riesgo de confundir o reducir la confrontación cultural a eso que se puede llamar “militancia de redes sociales”. A veces el rótulo “batalla cultural” sirve como una tapadera para legitimar una militancia light: la ilusión que podemos militar perfectamente wi fi mediante, conectándonos unos minutos en los ratos libres, sin gran necesidad de tediosas reuniones, polémicas asambleas, agotadoras movilizaciones o peligrosos enfrentamientos con la policía. Es evidente la tentación, dentro de los círculos intelectuales, de emplear la representación “batalla cultural” como legitimación de una práctica en la que se compromete el pensar, pero mucho menos el actuar. En la que poco se “pone el cuerpo”.

Ahora bien, ¿qué sucede si ampliamos el sentido de cultura, si dejamos de restringirlo a lo simbólico e incorporamos las prácticas y las instituciones? Veamos por ejemplo lo que era la cultura obrera socialdemócrata en la Alemania de principios del siglo XX:

Literalmente: a comienzos del siglo XX un miembro de la SPD podía asesorarse acerca de cualquier problema legal -no necesariamente laboral- en los gabinetes jurídicos del partido, aprender las primeras letras en una escuela socialdemócrata, aprender las segundas y hasta las terceras letras en una universidad popular socialdemócrata, formarse como cuadro político o sindical en una academia socialdemócrata, no leer otra cosa que diarios, revistas y libros salidos de las excelentes imprentas socialdemócratas, discutir esas lecturas comunes con compañeros de partido o sindicato en cualquiera de los locales socialdemócratas, comer comida puntualmente distribuida por una cooperativa socialdemócrata, hacer ejercicio físico en los gimnasios o en las asociaciones ciclistas socialdemócratas, cantar en un coro socialdemócrata, tomar copas y jugar a cartas en una taberna socialdemócrata, cocinar según las recetas regularmente recomendadas en la oportuna sección hogareña de la revista socialdemócrata para mujeres de familias trabajadoras dirigida por Clara Zetkin. Y llegada la postrera hora, ser diligentemente enterrado gracias a los Servicios de la Sociedad Funeraria Socialdemócrata, con la música de la Internacional convenientemente interpretada por alguna banda socialdemócrata.” (Antoni Domenech, El eclipse de la fraternidad, Barcelona, Crítica, 2004, p. 149).

Sin duda se trata de un caso extremo, pero en modo alguno inusual. Sin ir más lejos, en Argentina y Uruguay también el movimiento obrero socialista y anarquista de esa época desarrolló su propio entramado contra-cultural, con grupos de teatro, clubes sociales, picnics recreativos, cooperativas de consumidores, orquestas filarmónicas, mutuales, equipos de fútbol, bibliotecas populares, etc. Todo esto conformaba un entramado cultural que, sin estar tajantemente separado de la lucha económica (encabezada sobre todo por los sindicatos) o de la lucha específicamente política (por ejemplo parlamentaria), evidentemente era irreductible a lo político o lo económico y, por ende, bien podemos denominar cultural.

Pues bien, basta un simple contraste temporal para notar cómo el capital ha colonizado antiguos espacios de autonomía y creatividad populares. Cómo ha mercantilizado actividades antes no mercantilizadas. Cómo ha convertido a casi todo en un negocio real o potencial.

Desde luego, a comienzos del siglo XX la “industria cultural” estaba apenas naciendo, y la ciudadanía era incluso en los países con algún barniz democrático mucho más restringida que en la actualidad. Ello hacía que las clases dominantes tuvieran por entonces menos necesidad de (y menos capacidad para) conquistar las corazones y las mentes en pos de mayorías electorales. La sorda compulsión de lo económico bastaba normalmente para asegurar pasividad y obediencia, en tanto que la política era de hecho y de derecho privilegio de elites. Sin embargo, aunque la ampliación de la democracia implica necesariamente la necesidad de “llegar” políticamente a sectores que, cuando no votaban, podían ser ignorados o considerados meramente desde una perspectiva policial, sería equivocado concebir la colonización cultural que desarrolla el capital como una simple estrategia política. Estrategia hay, desde luego. Pero opera también una causalidad más profunda, que excede largamente a la voluntad política de individuos u organizaciones con una gran conciencia de clase empresarial. Se trata ni más ni menos que de la dinámica puramente económica que surge de las dispersas y moleculares acciones de los capitales individuales en búsqueda de ganancia. A medida que los viejos nichos de negocio se saturan, el capital busca nuevos ámbitos de inversión. Así, gradualmente, la cultura se va convirtiendo en negocio. Hace ya mucho tiempo que el fútbol, por poner un ejemplo, sin dejar de ser un deporte, es básicamente un negocio. Y en el fútbol, cada vez más, las necesidades de la ganancia se imponen a la lógica del juego. Las tendencias privatizadoras en la educación de los últimos lustros van en el mismo sentido: convertir en un nuevo espacio rentable un ámbito, al menos en Argentina y Uruguay, tradicionalmente sustraído al mercado y que operaba con criterios diferentes que los de la lógica empresarial. Y así podríamos seguir. El capital tiende a colonizar la cultura incluso sin proponérselo de manera expresa por razones políticas. Lo empuja a ello su propia naturaleza económica.

Y aquí cobra especial relevancia la dimensión práctica, institucional incluso, de la cultura. Porque el capital ha expandido su dominio a áreas en las que los trabajadores solían poseer cierta auto-organización y autonomía. Y, anótese y subráyese, lo ha hecho sin que casi nos diéramos cuenta. Para muestra basta un botón: las familias ya no organizan colectivamente los cumpleaños infantiles; ahora le pagan a un pelotero. Pero si este ejemplo puede provocar una mueca irónica -como diciendo “es verdad, pero no es tan grave”- podemos traer a colación ejemplos más estimulantes. Pensemos por ejemplo en el mundo académico. No hay dudas de que está cada vez más mercantilizado. Y la mercantilización, además de convertir cuando menos algunas universidades en un nicho de inversiones en busca de ganancia, reproduce cada vez más el patrón cultural (no sólo la lógica económica) del capital. Y para agravar el panorama hay que decir que incluso en las universidades públicas se expanden los criterios mercantiles.

Ahora bien, no es infrecuente que se vea como una acción de “batalla cultural” el dictado de un seminario arancelado sobre alguna teoría sumamente crítica de la sociedad contemporánea en los marcos de nuestro meritocrático sistema universitario. Y pocas veces nos hacemos la incómoda pregunta: en tales casos, ¿qué pesa más? ¿El discurso crítico desarrollado? ¿O la reproducción de prácticas mercantiles y meritocráticas? ¿El decir o el hacer?

Si ampliamos el sentido de cultura, la batalla cultural nos debe llevar a reflexionar no sólo sobre las ideas, sino sobre las prácticas. Perfectamente podemos reproducir prácticas fundamentalmente capitalistas odiando al capitalismo. En un punto esto es inevitable: el trabajo asalariado es inherente al capitalismo y sería imposible, sin romper con él, que el conjunto de los obreros dejara de ser asalariado. Pero no todo es blanco o negro. Dentro de los marcos del capitalismo, por ejemplo, se puede practicar deportes como parte de un negocio privado, o bajo formas auto-gestivas por parte de los interesados e interesadas. En fin, y sobreabundando: cultura no tiene que ver sólo con lo que pensamos, sino también con lo que hacemos. Si reducimos la batalla cultural a simple batalla de ideas, habremos perdido la mitad del campo sin siquiera haberlo disputado. Y desde esta perspectiva podemos ver cómo la mismísima expansión económica del capital -al convertirnos a todos y todas en frenéticos consumidores, en dóciles víctimas de la publicidad, en ingenuos usuarios de cuanto nuevo producto se nos ofrezca- genera su propia cultura como forma de vida.

Resumiendo, una confrontación real en el plano de la cultura implica disputar no sólo en torno a representaciones y sensibilidades, sino también en torno a prácticas sociales, estilos de vida y formas de organización colectiva de diverso tipo. Si hemos de contraponer la solidaridad a la competencia, el diálogo a la descalificación, lo colectivo a lo individual, lo común a lo privado, la auto-realización al consumo, los “fines en sí mismos” a los “medios instrumentales”, etc., deberemos tener presente que estas contraposiciones no son sólo intelectuales, sin muy fuertemente prácticas.

Batalla cultural”, se dice. ¿Pero no es acaso la cultura un campo de batalla? Las culturas no son homogéneas y siempre hay en ellas pujas y tensiones. Las sociedades contemporáneas son cada vez más multiculturales e incluso plurinacionales, lo reconozcan o no las autoridades de los estados nacionales empeñadas, contra toda evidencia, en afirmar que en su territorio sólo hay una nación. Buscar la homogeneidad cultural es un anhelo reaccionario. La cultura es, sin dudas, un campo de tensiones y de conflictos. Pero, ¿es un campo de batalla? Literalmente, no siempre lo es. “Batalla cultural” es un término metafórico. ¿Pero es una buena metáfora? No estoy del todo seguro. Como mínimo, habría que advertir sobre un peligro: concebir a la cultura como una guerra puede llevar a un uso puramente instrumental, en términos políticos, de los bienes culturales y de sus productores y productoras. Así por ejemplo, podríamos rechazar una gran obra literaria porque no simpatizamos con las ideas políticas de su autor. O podríamos tender a aplanar los conceptos para que sean más eficientes en la puja política, en la que hay que decidir para actuar, y ello lleva a polarizar, a simplificar, a perder matiz. O podríamos caer en la eterna tentación se acallar críticas para “no hacerle el juego al enemigo”, olvidando que el mejor servicio intelectual que se puede brindar a una causa política revolucionaria o al menos democrática (a diferencia de los proyectos autoritarios) es la autocrítica. La producción intelectual o artística suele perder potencia y originalidad cuando se auto-subordina a exigencias políticas. Y hay que tener en cuenta, como alguna ves recordara Perry Anderson, que a diferencia de lo que sucede en los campos político o militar -en los que siempre es recomendable golpear al adversario en sus flancos más débiles- en las controversias intelectuales sólo se vence cuando se ha sometido al adversario en su punto más fuerte.

La metáfora bélica, pues, tiene tanto de orientadora como de desorientadora. Con los recaudos del caso, con todo, podemos seguir pensando en términos de “batalla cultural”.

Batalla cultural”, pero, ¿de qué sirve ganar una batalla si se ha perdido la guerra? Tanto en sentido literal como metafórico la batalla remite a una parcialidad; la guerra a la totalidad. Desde luego, para el posmodernismo que niega por principio la idea de totalidad la distinción ni siquiera tiene sentido. Pero, en este terreno al menos, la actitud posmodernista, si se me permite la metáfora, se asemeja al avestruz que mete la cabeza bajo tierra ante un peligro. Querer enfrentar al sistema capitalista sólo con innúmeras, dispersas, discontinuas, diversas y descoordinadas batallas es, en el fondo, aceptar que no hay un más allá del capitalismo. Lo cual es una clara muestra de la hegemonía del capital. ¿Pero no estábamos hablando de cultura? Por supuesto. Pero así como las batallas son sólo una parte de la guerra, la cultura es sólo una parte de la hegemonía (mal que les pese a algunos teóricos contemporáneos).

Ambivalencias al margen (que no viene al caso explorar aquí), Gramsci no siempre consideraba a la hegemonía como el momento consensual, en oposición al momento de la violencia. Al menos tan importante como la anterior es su concepción de la hegemonía como combinación de fuerza y consentimiento. Como totalidad, la hegemonía para Gramsci incluía cuatro componentes: político, cultural, económico y militar. Esta visión amplia es lo que hacía que Gramsci pensara la hegemonía como una hegemonía de clase. Reducido a su mínima expresión el análisis era el siguiente: más allá de todas sus posibles variantes específicas, una moderna sociedad industrial sólo puede organizarse por medio de empresas privadas capitalistas o por medio de formas colectivistas de propiedad. La primer forma corresponde a la burguesía, la segunda al proletariado. La pequeña propiedad no puede ser el sustento principal del desarrollo económico moderno: siempre irá a la saga de la gran producción socializada. Por consiguiente, no encarna un modelo de organización social general, sino una situación residual. Puede marchar junto con la propiedad capitalista o con la propiedad estatal o cooperativa, pero nunca dominará la economía. Siendo imposible la hegemonía pequeñoburguesa (entiéndase: la hegemonía en su sentido total; no la hegemonía en cuanto un partido pequeñoburgués obtuviera una mayoría electoral), sólo el proletariado y la burguesía, el capitalismo y el socialismo, podían establecer hegemonía. Desde esta óptica, sin el proyecto de superar al capitalismo es imposible constituir otra hegemonía diferente a la capitalista. A lo sumo se puede socavarla profundizando una crisis social.

Ahora bien, una parte muy considerable de las teorías actuales de la hegemonía la reducen a lo político y lo cultural. Las cuatro patas sobre las que se sostenía el concepto de Gramsci se han reducido a sólo dos. Pero, como sucede con las mesas, resulta difícil que tal concepto se sostenga con firmeza apoyado únicamente sobre dos pies.

Por esta vía tambaleante, la aparición de la expresión “batalla cultural” viene asociada muchas veces a concepciones reduccionistas de la hegemonía (limitada a la política y la cultura), en el sobreentendido -implícito antes que explícito- que no resulta posible desafiar ni erradicar la economía capitalista, y que cuanto menos se hable del poder militar mejor. Reducciones de este tipo han proporcionado sustento intelectual a proyectos políticos con capacidad para constituir mayorías electorales “progresistas”. Pero la hegemonía del capital no está amenazada.

Por otra parte, es obvio, desaparecidas las amenazas revolucionarias, la presión que siente la clase dominante para hacer concesiones a las clases explotadas y oprimidas se reduce. Mitologías al margen, el poder de clase del capital se ha acentuado enormemente en las últimas décadas, en desmedro tanto de trabajadores y pequeños productores, como también del Estado en tanto que agente económico. Que hoy en día casi todos los estados del mundo posean deudas que superan el valor de sus activos nos habla a las claras de quiénes son los acreedores: no otros estados, sino individuos y grupos privados. En tanto al menos en el plano intelectual no se logre instalar una mirada condenatoria al capital como tal (antes que a sus formas más “salvajes” en particular”) y cierta expectativa en la posibilidad de una ordenación social alternativa, la hegemonía del capital está garantizada.

Quienes se lancen a la “batalla cultural” sin tener esto en cuenta corren el riesgo de marchar desarmados y desarmadas. O incluso peor: de combatir, sin darse cuenta, en el bando equivocado.

Ariel Petruccelli. Historiador, investigador y docente de la Universidad de Comahue, Neuquén, Argentina.

octubre 12, 2018   ningún comentario

VIII Congreso SUR, Atlántida, Canelones, Uruguay

del 16 al 20 de octubre, 2018

Un largo viaje se inicia con un paso, eso nos enseña un proverbio chino. Esto se relaciona con el hecho, no siempre distinguible, que uno cree saber exactamente cuando se inicia ese viaje, salvo que todo viaje se inicia mucho antes de comenzar la marcha.

En este antes, hay la confrontación con una realidad, la imaginación de otra, la resolución de ir a una realidad distinta, el vencer los miedos a lo desconocido y contar con los medios para hacer posible aquello que puede ser apenas un sueño. De ese periodo, anterior a la fecha en que ahora reconocemos se formó esta unidad en la diversidad, no tenemos mucha claridad, sabemos que había y hay necesidades, que hubo y hay diversidad de realidades y reacciones ante ella, que no siempre se busca lo mismo y que muchas veces no es tan claro lo que busca cada cual. Al comienzo era una necesidad y un deseo. Ahora hay un camino realizado con muchas voluntades. Si llegáramos hasta aquí, lo fundamental de lo emprendido en colectivo seguiría su propia marcha, hay logros de la acción guiada por una idea general, hay un saber acumulado producto de la acción y también hay lo viejo, que no termina de morir, junto a lo nuevo, que no acaba de nacer. Pudiéramos seguir como estamos, un poco en el limbo de lo posible sin que sea nítido para todos el quehacer y los objetivos o pudiéramos avanzar con paso más firme y mayor celeridad. La experiencia indica que a diario estamos en la disyuntiva de continuar en lo mismo o asumir nuestra cuota de esfuerzo para consolidar cambios profundos. Se viven momentos de crisis, y son las crisis lo que puede hacernos cambiar.

Somos personas exponentes de distintas culturas, con capacidades y características individuales diversas, con aspiraciones no siempre alejadas de lo que más abunda, el lucro, el ego, la desvalorización, los miedos, los límites a la creatividad. Una circunstancia ficticia nos plantea el problema: Ser o no ser, antes debemos saber: qué queremos ser.

Hemos avanzado en estos laberintos un lapsus de casi 28 años. Bosquejar un resumen, se puede hacer tomando en cuenta los logros o poniendo el acento en las dificultades, ni uno ni otro daría cuenta exacta de lo logrado ni cuan difícil ha sido llegar a este punto. Siempre hay la posibilidad de que cada nuevo día sea nuestro último día, así como también en los movimientos sociales siempre hay la posibilidad de que se desarrollen hasta su máximo o comiencen su declive. En esta diversidad cada cual está en esa disyuntiva, en cambio el movimiento en sí, puede seguir sin nuestra participación.

En este ser y hacer Sur, algunos han llegado guiados por la creencia que aquí está la solución casi mágica para su consagración. Decía Martí que hay muchos hombres sin decoro y hay algunos que reúnen en sí el decoro de todos. Se trata de reunir el decoro de todos y ampliarlo en logros que no terminen en nosotros mismos. Lo sencillo a veces cuesta explicarlo y lo que parece complejo generalmente es mucho más simple.

La esencia de cada uno de nosotros es ser creadores, desde esta creatividad modificamos nuestro entorno, exponemos nuestros latidos. El Arte, el Trabajo cultural parten de una realidad colectiva, asimilada por una individualidad que a su vez dirige sus creaciones hacia un público mayor, influyendo en la realidad que ha influido en ella o él. Nuestra relación con el mundo puede ser parasitaria, comensal o simbiótica, no es un asunto de elección consciente, es un asunto de que somos producto de nuestras circunstancias. Hemos aprendido en este bregar por una cultura acorde a los más altos valores y necesidades humanas, que perfectamente podemos hacer con nuestras circunstancias algo distinto. En este caso la forma de relacionarnos con el otro, social o individualmente, la forma de relacionarnos con la naturaleza, puede ser elección, eso sería un acto dictado por el saber. Podemos no estar de acuerdo en que es primero si el saber o el hacer, en este Movimiento SUR se trata de personas que tienen una sensibilidad mayor al promedio, tienen un saber y tienen una forma de reaccionar a su medio, es decir una forma de relacionarse y aquí nuestra mejor forma de establecer relación con la sociedad y con la naturaleza puede y debiera ser simbiótica.

Es algo simple de decir y complicado de hacer, pues estamos en un mundo donde se imponen el lucro como única forma de sobre vivencia, con esta forma dominante convive la forma solidaria y se manifiesta en toda su creatividad cuando nos azota un desastre. El detalle funesto es que estamos inmersos en un desastre mayor, pero no es perceptible por todos en su trágica magnitud. ¿Cuánto tiempo le queda a la vida en la tierra? El planeta tiene un estimado de cuatro mil quinientos millones de años, la vida pudo haber comenzado a existir alrededor de los 700 millones de años, según este cálculo la vida en la tierra tendría unos tres mil ochocientos millones de años. Los seres humanos hemos aparecido hace relativamente poco, pero hemos desarrollado una forma vertiginosa de modificar el entorno, no estamos hablando de inteligencia ni de capacidades superiores. Estamos hablando que las capacidades de los seres antropomórficos en vías de humanización a lo largo de toda su existencia han modificado su entorno. Así como ahora sabemos que las estrellas se alejan unas de otros y lo hacen aceleradamente, los seres humanos nos alejamos de lo racional, impera la ideología de la ganancia inmediata, sin medir consecuencias futuras. Esta es una forma de actuar, es decir, cultura en sentido amplio, que puede y debe cambiar.

El asunto trágico es que si antes el futuro era algo lejano, ahora es algo que está a la vuelta de la esquina, en los últimos cincuenta años el conocimiento, el dominio de la ciencia y la técnica se ha multiplicado, pero esto no ha significado que se hayan resuelto los problemas que confrontamos como individuos necesitados de resolver tres asuntos básicos: la comida, la vestimenta y un techo para guarecernos y como sociedad: la educación, la salud, la seguridad. Ahora confrontamos una tragedia mayor; Ciudad del Cabo se queda sin agua, en El salvador varios ríos se han secado, cambia la dirección de los vientos, sube el nivel del mar, hay sequías prolongadas o inundaciones terribles, el factor tiempo se vuelve impredecible, etc. ¿qué tiene esto que ver con el trabajo cultural? Todo y nada, pues a cada paso estamos ante un dilema, ser o no ser, somos seres conscientes que aportan arte y con su arte aportan capacidad de ver más allá o somos simples personas buscando un espacio para mostrar nuestros latidos, actuamos para modificar de mejor manera nuestro entorno o miramos para otro lado.

Una cosa es el decir o el sentir y expresarnos en una reunión de amigos, otra es la manifestación del ser hacia una sociedad que prioriza lo inmediato en una parafernalia, un momento de intensa luz en los ojos, que no nos deja movernos hacia lo humano necesario, el definitiva el dilema es: somos actores o somos espectadores.

Esto se ha dicho más de una vez, pero no resulta suficiente decirlo. Así como creadores no basta tener una obra de cierta calidad, eso efímero que no siempre podemos definir. Ante la crisis de sistema, acercándose peligrosamente al punto del no retorno ¿qué valor tendrían nuestras obras ante un público inexistente? En este sentido el arte en sí no basta, pero sin una perspectiva de trabajo cultural los cambios sociales se vuelven sal y agua. Así lo comienzan a entender y se ha manifestado en el último Foro Social Mundial, realizado en La Habana. Una organización puede hacer mucho y de hecho así lo demuestran cientos de organizaciones con trabajo cultural encomiable. Hace algunos años dijimos en una entrevista como Festival Palabra en el mundo que nuestro objetivo era la realización de más lecturas de poesía que bases militares, solo que el imperio tiene presencia militar en 179 países, nosotros hemos logrado respuesta en 54. Las guerras convencionales en este momento se estiman en cuarenta, pero el imperio tiene otras forma de manifestar su nefasta presencia, hay guerras no convencionales como la comercial cuyo resultado será que las mercancías aumenten su precio, sin aumentar su valor. Así mismo hay otra guerra cuyo escenario es el planeta todo, la guerra mediática, los poderes del mundo han encontrado la forma de modificar nuestra percepción de la realidad, nos atosigan con información, poco importa que sea falsa y nos hacen ver enemigos donde no los hay y ver amigos en quienes nos llevan al muere. En este contexto de constante deshumanización, de la economía, de las relaciones humanas, de la educación, de las comunicaciones, etc., hay quienes priorizan las relaciones parasitarias, aprovechan cada oportunidad para subir sin aportar a nadie un valor extra, hay quienes solo están para ser vistos, no hacen daño, pero nada aportan a la fiesta, son comensales sin su botella de vino. Y estamos quienes vemos el mundo como la mayor posibilidad de hacer posible aquello que demora un poco más, lo imposible.

Se trata de eso y todo aquello probable cuando logremos el desarrollo pleno del potencial creador del género humano.

Quisiéramos entregar una panorámica de una organización, solo que somos más bien una idea en constante construcción, algo no del todo definido, una “organización difusa”. Hay presencia Sur en 23 países: Mozambique, Suecia, España, Portugal, Canadá, México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile. En algunos casos la presencia Sur se remite a uno o más contactos que han dado su aprobación para ser parte del movimiento, luego se quedan esperando algo que no acontece, pues en esencia aquí a nadie se le dice que debe hacer, esto es la suma del hacer de muchos con sus visiones, formas de acción, capacidades y prioridades. La mayoría tiene un buen comienzo y luego se apagan, lo cual sumado a otros que no responden nunca, nos hace estar en el limbo de saber que somos como las partículas, siempre hay algo que se nos escapa. Pocas veces nos enteramos de las acciones locales, en su mayoría quienes actúan, lo hacen sin ruido o la idea no toma fuerza propia. En todos los casos los asuntos que se emprenden resultan gracias al trabajo enconado de algunas personas imprescindibles. Todo este esfuerzo se financia con aportes voluntarios o las cosas se hacen sin pasar por el dinero.

En cifras redondas estamos hablando de 130 Sures; algunos son núcleos de trabajo, otras son organizaciones ya formadas y hay muchos que actúan solos. Por la forma operativa somos más un movimiento en vías de consolidación. Nos movemos, pero a los tambaleos. El asunto es lograr trascender con nuestras acciones y no movernos solo para alimentar el ego. En definitiva la prioridad es encontrar otra manera de hacer cultura. Necesario es definir a quienes queremos llegar y como lo lograremos. Se trata en buen romance de superar en calidad nuestro trabajo creativo y hacerlo llegar a los más amplio sectores con la visión de generar una cultura nueva, pero para ello es imprescindible definir con quienes contamos, a la vez que nos atrevamos a encontrar soluciones duraderas, para financiar a mayor escala nuestros eventos, hacer el máximo de difusión y promoción, antes durante y después de cada evento.

Podemos consolidarnos como movimiento en unos doce países y avanzar hacia unos treinta más, para lograrlo es imprescindible vernos en la necesidad de un esfuerzo mayor y mejor coordinado. Perspectivas hay tantas como personas haciendo un trabajo desde y hacia la cultura, cientos de millones. El problema de fondo es encontrar esas personas, estén o no organizadas y lograr que sumen su acción. Es un trabajo de búsqueda incansable, de mucha paciencia para explicar las veces que sea necesario, y sobre todo, multiplicar capacidades de comunicación. Debiéramos resolver lo de contar con material impreso breve, explicando el ser y estar de Sur, llamando a sumar visiones y acciones en un movimiento que logre trascender en una revolución cultural.

Para que surjan otros Sur se requiere un trabajo constante en tres direcciones:

uno, consolidar lo ya logrado en cada lugar, esto pasa por una mayor toma de conciencia, en cuanto creadores individuales y en tanto acción colectiva, un mayor conocimiento de la realidad y plantearse metas de envergadura que redunden en avances significativos;

dos, buscar en otros países contactos para fundar Sur allí, hasta la fecha esta ha sido una preocupación personal de solo tres personas, lo cual a todas luces es insuficiente, en este caso pudiéramos aprovechar cada evento, como una constante, para promover la idea Sur y llamar a sumar, otra variante es que cada Sur busque alianzas con organizaciones susceptibles de llegar a forma parte del movimiento;

tres, promocionar lo que hacemos, a la fecha nuestro mejor medio es el Muro Sur en Facebook, pero a todas luces es insuficiente, se trata de darle mayor dinamismo y fuerza, utilizar más y mejor las tecnologías modernas. En este punto chocamos con el asunto recursos financieros para pagar el trabajo a tiempo pleno de algunas personas. En lo inmediato la solución pudiera ser contar con unas cinco personas que atiendan y promuevan la participación plena.

Propuestas

Definir si somos un movimiento o una organización. De ser lo primero, cambiar el nombre de Proyecto Cultural Sur por Movimiento Cultural Sur.

La participación en el movimiento se puede dar mediante Núcleos de Trabajo Sur, organizaciones con identidad propia y personas con capacidades diversas.

Redefinir la participación plena en el movimiento cumpliendo cinco parámetros: estar de acuerdo con la declaración de principios, sumar su acción y visión, participar activamente, informar de acciones y resultados, definirse en todo momento como parte del movimiento.

Elegir una comisión de no más de tres personas para que, en un plazo de seis meses, propongan un estatuto y una nueva declaración de principios.

Darnos un periodo de dos años para definir quienes son miembros del movimiento. Periodo en el cual se debe avanzar con mayor presencia en América, África y Europa.

Elegir un Consejo Directivo Internacional compuesto por tres personas con un mandato de dos años. Este consejo no tendrá poder resolutivo, su papel es apoyar en todo instante la labor local, deben vivir en la misma ciudad, reunirse a lo menos una vez al mes, emitir una carta informativa con cierta regularidad. Al cumplir su periodo, se elige otro Consejo, con residencia en otra ciudad, así muchos tendrán la responsabilidad directa de velar por los intereses colectivos.

Tomar resoluciones, en este congreso y todos los venideros, nombrando responsables de su cumplimiento.

En dos años más realizar congresos nacionales en los países donde existan condiciones, de momento estos pudieran ser: Cuba, República Dominicana, México, Canadá, El Salvador, Venezuela, Colombia, Perú, Argentina, Uruguay, Brasil, procediendo en cada congreso nacional a elegir un Consejo directivo nacional con los mismos parámetros que el Consejo Directivo Internacional.

El Noveno Congreso realizarlo en cuatro años más en Venezuela, República Dominicana o cualquier otro país que reúna las condiciones óptimas.

Retomar la idea de Fuerza Moral, actualizando a lo menos unos siete temas sobre los cuales elaborar una ponencia y publicarlo en forma de libro digital.

En el mes de mayo priorizar el Festival Palabra en el mundo. Se requiere un trabajo serio para buscar y encontrar más organizadoras y organizadores de lecturas en diversos lugares y condiciones.

Socializar las experiencias con resultado positivo, tales como La Sopa SUR (Vancouver, Canadá), la declaración de Santuarios poéticos, la plantación del Árbol de la Paz y la poesía en cada evento local (México), contar con un logotipo para la Campaña verde Esperanza: Parques para la Paz, poemas para la Vida, buscar aliados y apoyo institucional para la misma (Cali, Colombia).

Integrarnos todos en el Muro SUR, ampliar la participación en él, teniendo como meta la cantidad de Cinco mil participantes. Dejar la Página web solo para los documentos de análisis.

Dar forma a eventos de envergadura internacional, más un foro virtual sobre cultura: uno, Justicia social; dos, Mujer, Madre tierra; tres, Pueblos Originarios; cuatro, Exposición simultanea en, a lo menos, cuatro ciudades. Lo cual sumado al Aniversario Sur en abril y al Festival Palabra en el mundo en mayo, pudiéramos tener un calendario de eventos con las siguientes fechas:

marzo: Mujer, Madre tierra,

abril: Aniversario y Premio SUR,

mayo: Palabra en el mundo,

agosto: Pueblos Originarios,

septiembre: Foro virtual sobre cultura,

octubre: Exposición simultanea,

noviembre: Justicia Social.

No basta que nos demos un calendario posible, por cada uno de estos temas podemos elegir un responsable y que proponga una metodología. Salvo Palabra en el mundo, el Aniversario y el Premio Sur, que ya hay un trabajo realizado, en los otros temas se requiere comenzar, poco importa si son uno, dos o tres lugares. El próximo años serán más si logramos constancia.

Cada Congreso ha sido un paso más hacia contar hoy con un trabajo y un saber acumulado. El VIII Congreso debiera ser el de la consagración, es ahora que podemos ser un aporte mayor a los cambios que la vida reclama, es ahora que podemos romper la indiferencia, es ahora que debemos y podemos superar todos nuestros logros, multiplicándonos en la acción de cientos de millones de personas por lograr un buen y bien vivir.

Agosto, 2018

 

agosto 26, 2018   ningún comentario

Copihues en Santiago

Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado, Rancagua. El copihue es la flor nacional de Chile. La enredadera y flor copihue es una planta delicada, frágil. En 1971, el gobierno por medio de una disposición legal declaró a la especie en serio riesgo de extinción, y prohibió la extracción de su ambiente natural, así como su exhibición y venta.

Abunda en el territorio sureño el color rojo, también existe el blanco, este último no tan fácil de hallar. Hoy por intervención genética se ven algunos ejemplares de color negro. El aspecto de sus pétalos es algo así como del terciopelo, solo con la fragancia del aire puro de la australidad.

Crece en zonas de clima templado húmedo, en regiones de ambiente o hábitat boscoso, umbrío.

La planta es de raíz profunda y su tallo es quebradizo. Se desarrolla de preferencia – es trepadora – en las alturas de los coigües.

Posee un fruto comestible dulce, similar a una vaina parecida en su forma y tamaño al ají verde. La vaina en su madurez durante el período de los meses de abril-mayo se torna amarilla, y en su interior se encuentran las múltiples simientes parecidas al grano de trigo.

Me llamó la atención que en la ciudad de Santiago, como se sabe, de ambiente tan polucionado, en la casa de un educador de esa urbe haya una espectacular planta ( en la imagen ), con la hermosa plenitud de sus flores.

Si hay rigor en el cuidado, si las semillas se siembran en un suelo apto, o bien, si se trasplantan con respeto, las ornamentales flores de seguro aparecen.

agosto 8, 2018   ningún comentario

Ferrocarriles del Estado para Chile

Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado, Rancagua. No se comprende que un país con un extenso territorio longitudinal como Chile, carezca de un sistema ferroviario no de calidad, sino de excelencia. Hasta hace unos años… sí había de Santiago a Puerto Montt ese servicio, también numerosos ramales.  Todo lo eliminaron, lo destruyeron, lo saquearon. Descarrilaron … el patrimonio de la nación. Solamente un dato histórico: En 1851 en el país había 81 kilómetros de vías férreas; en 1913, 8.883 kilómetros. El tren era un vehículo de integración social y cultural.

Contar con ferrocarriles es estratégico en cualquier país del mundo. Tanto que se pregona desde aquí que estamos ‘ en el umbral del desarrollo ‘… ¡ naranjas ! Es asunto de ver cómo están las cosas : educación, salud, Sename, pensiones, seguridad; estafas, injusticias, corruptelas, decadencia es lo que prevalece. 

Si se mira los países de verdad desarrollados, se observará que en ellos el sistema de transporte es estatal-público, considerado el  tren. De tanto copiar desde acá, que alguna vez se copie lo útil, lo bueno, lo ejemplar. Algunos en Chile ven el tren como asunto del pretérito, en Europa es realidad veloz del presente y del futuro.

En la región central del país existe un caso que raya en lo insólito, en verdad patético. Es la situación del ya mítico tren ‘ exprés ‘ Santiago-Rancagua – que ahora llaman Metrotren -. Desde el proyecto inicial ya cursan irritantes años. Hace un tiempo desde las esferas directivas del proyecto se dijo que ‘ faltaban recursos ‘ ( ¡ qué manera de proyectar los presupuestos ! ). Seguramente por Angostura ya el dinero no era el mismo… Con certeza los vagones adquiridos están oxidados.

Se dijo hace unos años que habría tren Santiago-Puerto Montt, que se contaba con 3 mil millones de dólares para tal inversión. Debates y estudios hubo en el parlamento, el resultado : ni toros ni arena; ni durmientes ni rieles ; y un ministro fue a la cárcel por unos días… 

Este país con una bella geografía y gigantesco potencial no ha estado en buenas manos, y carente de fértil imaginación. Todo subastado, sus riquezas, su patrimonio.¡ Pobre Patria ! Tenemos tanto y, sin embargo, tan poco tenemos.

De tantas marchas y protestas que a diario surgen, que una alguna vez sea para demandar ¡ Ferrocarriles del Estado de y para Chile !

agosto 8, 2018   ningún comentario

La dialéctica de las hojas

Carlos Poblete Avila, Profesor de Estado, Rancagua. En distintas épocas, poetas y multitud de artistas y otros pensadores, han tenido como tema de sus obras la naturaleza, principalmente destacando su belleza, su exuberancia. Hoy muchos de ellos postulan su defensa, la protección del medio ambiente, convocan a amar la Tierra.

Antes…, en períodos más pretéritos, la luna embrujaba a todos los creadores, el astro selenita hacía imaginar, también enamorar a infinidad de habitantes telúricos. Entonces…” estar en la luna ” era nada menor. Hoy la ciencia ha cambiado las cosas.

Recuerdo que el jefe indio Seattle, en 1855, escribió un bello y pedagógico poema en prosa, en respuesta al presidente de Estados Unidos que pretendía comprar las tierras de los Suwamish. Ese jefe hizo una categórica defensa del patrimonio territorial de esa tribu. Ha sido esa la postura histórica de los pueblos originarios.

Hace tres años el Papa Francisco ha lanzado al mundo su Encíclica ” Laudato Si, mi Signore “, un texto indispensable de conocer y estudiar, por la invocación ecuménica que hace a la sociedad humana para la defensa de la Tierra, devastada de manera irracional. Este planeta es nuestra única casa.

Poetas chilenos como los Premios Nobel Gabriela Mistral y Pablo Neruda, y otros notables como ellos, en sus universales obras convocaron también al respeto por la naturaleza.

Nada más hermoso, natural y apropiado que observar en nuestro hemisferio este inicial otoño-invierno que se vive : el ciclo de la caída o vuelo de las hojas en la suprema levedad de su sueño, y reposar finalmente sobre los prados. Pero a la vez resulta contranatural presenciar la antiecológica actitud de algunos de barrerlas y, más aún incinerarlas. Ellas no son basura, son los esenciales nutrientes de la tierra, de los árboles y plantas. Hay que comprender la biología de los procesos. Las hojas no se pudren, se transforman, así cumplen con la suprema ley de la naturaleza : la dialéctica, máxima doctrina del desarrollo, del movimiento de la vida. La dialéctica fue descubierta por el pensador griego Heráclito hace 2500 años, seguido después por el alemán Hegel; y finalmente por los fundadores del socialismo y comunismo científicos : Marx y Engels. Así, el sueño de las hojas debe completar su curso vital.

 

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Los árboles nos enseñan

Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado, Rancagua. Los seres humanos no somos los únicos residentes de nuestro planeta Tierra, tampoco sabemos si los únicos en el vasto cosmos, existe la sospecha o presunción de la existencia de otros seres en diversas latitudes del universo.

De una inmensa cantidad de especies ignoramos su existencia, sus nombres y su función biológica. Muchas ya desparecieron sin saber nada de ellas, principalmente vegetales, animales, y también del mundo mineral. Tal vez cumplieron su natural ciclo vital o, fueron objeto del exterminio por acción humana. 

Del llamado mundo vegetal que habita junto con nosotros algo sabemos, en particular de nuestros hermanos árboles : elaboran la pureza del aire que respiramos, embellecen, prodigan sombra y sus frutos.

Se dice que en general los árboles son solidarios entre sí, que comparten la fundamental luz solar, la ventilación y la indispensable humedad aérea y subterránea.

Científicos noruegos hace un tiempo señalaron como resultado de sus investigaciones que los vegetales son seres sensibles, que experimentan dolor y otras sensaciones. Si son seres vivos, dentro de la llamada lógica, cabe que así sea. La exploración científica no concluye. Tal vez los árboles y otras especies de la rama vegetal se comuniquen, emitan sonidos, tengan sus códigos; la investigación es todavía inicial.

Los árboles también enferman, los atacan plagas, los afectan calamidades. Sufren de soledad, de abandono y de agresiones de parte de la especie humana. Todavía no somos plenamente conscientes del daño causado, de la devastación provocada.

Se han hallado ejemplares vivos de edades milenarias, verdaderos monumentos de la vegetación, verdes testigos de la aurora humana.

La llamada ciencia ecológica moderna es de reciente data. Pero existen documentos históricos, y manifestaciones de nuestros ancestros que constituyen claras señales de que los pueblos originarios han tenido conductas y una cultura de respeto, de valoración e identidad con los seres vivos del mundo vegetal, animal y con el agua.

Expresión de lo afirmado es aquella Carta del Jefe indio Seattle, al Presidente de los Estados Unidos, en 1855, que responde al mandatario a la petición de comprar las tierras de la tribu de los Suwamish. La Carta es un verdadero Manifiesto, un hermoso poema en prosa en defensa de la Tierra, del aire, del agua y de todo lo viviente. Es un canto a la vida. Algunas palabras de ese texto : ” ¿ Cómo podéis comprar o vender el cielo, el color de la tierra ?”  (….) ” La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja “. (…) ” El ruido de la ciudad parece insultar los oídos “. (…) ” Los indios preferimos el suave sonido del viento “. (… ) ” La Tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la Tierra “.

agosto 8, 2018   ningún comentario

La Paz como forma de vida

Tito Alvarado, publicado en inglés y francés en Utopía Roja. De los más de seis mil idiomas existentes en el mundo, tres mil tienen muy pocas posibilidades de continuar usándose el próximo siglo. Este dato trágico es algo terrible, perderemos tres mil formas de acercarnos a la vida, perderemos humanidad desde la perspectiva de otros en su relación con el medio que les circunda. Sin embargo, siendo un asunto de muerte de las personas que usan esos idiomas, es percibido, por quienes no están en esos dilemas, como un dato anecdótico, lo cual pudiera remitirnos a un fatalismo, el de dejar hacer a otros lo que es de nuestra incumbencia. Salvar un idioma es salvar una forma de relacionarse con el mundo, una herramienta de cultura. Pero hay muchos otros temas de tanta relevancia como este de los idiomas en vías de extinción. La vida misma está en peligro, los próximos 25 años son decisivos en cuanto a continuar en lo mismo o cambiar de modo de vida.

Creo haber leído en algún documento, de cuya referencia exacta no dispongo, que en el mundo existe alrededor de un millón de iniciativas y organizaciones que tienen como tema la Paz mundial, pero estas no se coordinan en nada. ¿Es el condicionamiento de creer que somos islas? ¿es la ley del menor esfuerzo? ¿o es algo peor, como una moral fuera de la realidad? Cada cual actúa de buena fe, sin embargo esta buena fe no basta para que cesen las guerras en el mundo. Guerras que son creadas por razones de control de recursos, bajo la argucia de levantar amenazas ficticias. Estamos ante las puertas de un dilema, el mayor dilema que haya tenido nunca la especie humana: asegurar la supervivencia de todos o perecer.

Es algo cuya gravedad no es percibida en su magnitud. Las preocupaciones diarias por la sobre vivencia, no nos permiten vernos en el drama que es la vida, con los días contados, si seguimos actuando como hasta hoy. Desde los poderes manipulan nuestra capacidad de respuesta y nos encaminan a pensar y actuar acorde a intereses ajenos al bienestar de todos y cada uno. Por mucho que trabajen, millones de personas, en pro de la vida, la balanza se inclina hacia el fin de la civilización, pues quienes actúan buscando una ganancia inmediata, solo piensan en su propio beneficio, siempre en contradicción con el bienestar colectivo.

La Paz no deja de ser solo un tema, fácil de manejar, pero difícil de alcanzar. No pienso en la Paz como un asunto imperioso en los más de cuarenta conflictos armados ni en los cientos de miles de conflictos que impiden la convivencia pacífica, de las naciones y de las personas. Basta ver cualquier noticiero para constatar que: no se nos dice toda la verdad, la verdad es siempre entregada de acuerdo a beneficios inmediatos y futuros de quienes ejercen el control (no hablo de personas, hablo del sistema con su maquinaria siempre trabajando para asegurar que el poder siga donde está), se prioriza el crimen, el escandalo, las buenas acciones son un relleno. El negocio de dar noticias no es comunicar lo que acontece, es dar cuenta de lo que acontece priorizando lo morboso, mostrando hechos funestos, repitiéndolos hasta el cansancio. Se cuentan medias verdades, que también son medias mentiras, se falsea la verdad, adornando, edulcorando los hechos noticiosos, y a veces se cuentan mentiras completas. Nos movemos en un mundo hecho a imagen y semejanza de los poderes detrás del poder. Así nunca tendremos Paz como un medio para desarrollar todo nuestro potencial creador. Esto debe y puede cambiar.

La Paz como tema se vuelve lugar común, palabra desprovista de significado. Si nos remitimos a la historia vemos que la Paz ha sido siempre una utopía, la más larga utopía jamas alcanzada, poco importa que muchos países no estén en guerra, pues en esa calma relativa, a diario se ven los estragos de una forma de vida construida a los garrotazos. Hemos llegado a este teórico sitial de dominio científico y técnico apachurrando personas que piensan y actúan distinto. En sitial de honor tenemos a personajes que han sido, vistos desde una ética de Paz, asesinos en estado natural. Mantener los ejércitos con toda su faramalla, cuestan un ojo de la cara y poco, casi nada, entregan al país que les paga por servicios virtuales. Son un gasto inútil, más aportan trabajadores mal pagados como los profesores, los obreros, los artistas, los artesanos. Ante la creciente distancia entre los pocos que tienen mucho y las mayorías que tienen poco, casi nada o simplemente nada, ante los desastres causados por los cambios climáticos, ante la alarmante certeza de que los recursos hídricos se acaban, ante la escandalosa cantidad de plásticos en el mar, suficientes como para fundar la mayor de las islas de cualquier océano, ante el despilfarro que supone producir bienes y productos alimenticios que se tiran intactos a la basura, ante la deshonrosa cifra de dos mil millones de personas que sobreviven con el equivalente e dos dólares al día, ante estos y más dramas en código secreto, toda acción será insuficiente si no logramos que sea en los más diversos frentes y cuente con la participación heroica de varios miles de millones de personas.

Podemos continuar levantando la bandera de la Paz y con seguridad no pasará nada distinto, pues nuestro método para lograr la paz no de cuanta de lo profundo, lo colosal que es la brecha entre la necesidad y la posibilidad. Hoy cuando el desastre final es inminente, es cuando menos capacidad hay para mover conciencia.

Si buscamos una definición que le de valor a la palabra Paz, nos encontramos con la sorpresa de que esta se define acorde a una ideología expresada en el idioma, lo que nos remite a las ideas y valores en boga, que son la visión de la clase dominante, no da cuenta exactamente del significado que le asignamos quienes creemos que otro orden social es posible y necesario.

Cualquier experto en cuestiones de semántica nos dirá: La palabra paz refiere a un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad. Es un estado de armonía que está libre de guerras, conflictos y contratiempos. Esta definición está en el limbo de la ambigüedad, por más que quiera ser categórica. En toda la historia humana no hay un solo momento en que podamos decir que la vida ha transcurrido en un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad. Es más bienestar nos remite a un cierto nivel de riqueza, lo que más abunda en el mundo es pobreza, ya estamos en el periodo del pasmo absoluto: el 1% de la población mundial tiene bajo su control el 50% de los recursos mundiales; tranquilidad hace referencia a certezas que no podemos asumir, a diario nos invaden las noticias de desmanes mayores producidos por razones menores, la tranquilidad se vuelve olas azotando contra las rocas; estabilidad es algo muy relativo, en realidad son periodos en los cuales se desarrollan todo tipo de estrategias “ganadoras” para sumirnos en un nuevo periodo de inestabilidad; lo de seguridad es un chiste cruel, algo que no existe en ningún lado, basta ver el trato que se le brinda a los pasajeros en los aeropuertos y aviones o la proliferación de compañías de seguridad o los entrenamientos, arsenales y vestimentas de combate con que cuenta la policía.

La citada definición de paz es simplemente un eufemismo, nos remite a lo superficial, en lo profundo es casi un imposible pues la esencia del orden social en que vivimos está basado en la ganancia que obtienen unos en constante lucha contra los otros. Esta es la fuente de todo conflicto. Se vive para ganar y con lo ganado vivir, parece un juego de palabras, pero es una verdad consagrada como una moral. Los bancos, las compañías de seguros, las compañías constructoras, en esencia, son asaltantes de camino. Sus ganancias suben en proporción mayor al costo de la vida, mientras los salarios de las personas que viven de su trabajo, se mantienen estables o aumenta muy poco, así se pierde poder adquisitivo, el salario se va diluyendo peligrosamente.

Vivimos la pesadilla de que los recursos del planeta alcanzan para que todos los seres humanos vivan en pleno goce de sus facultades, sin embargo aumenta la brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco. Esto terrible no es visto como una injusticia. La ciencia y la técnica tienen respuestas a la mayoría de los problemas humanos, pero la falta de recursos, los intereses de las transnacionales, la “ética” del mercado impide que la humanidad pueda implementar estas soluciones, muy por el contrario, las reglas del mercado imponen sus condiciones de desprecio y desperdicio, una regla de absoluta inmoralidad: miles de toneladas de productos no vendidos, se tiran en vertederos secretos.

Paz seguirá siendo una palabra de buena intención y escaso asidero en la vida diaria mientras no enfrentemos una solución radical, que vaya al fondo del asunto. Hay que eliminar las reglas del juego que posibilitan vivir en constantes guerras, empobrecimiento y trato despreciable hacia las personas. Necesitamos con urgencia un cambio radical de cultura, una revolución cultural que ponga como prioridad al bienestar de todos los seres humanos, sin distinción de razas, credos religiosos, nacionalidades ni otras barreras divisorias de la humanidad. El drama de hoy es la vida, de seguir sin cambios profundos, todo irá a peor y llegaremos en esta generación a superar el límite admisible, al punto del no retorno. Una vez cruzado ese umbral ya no habrá vuelta atrás, el daño será irrecuperable. Los cambios necesarios son para ahora mismo y van en dos líneas centrales: cambiar la forma de relacionarnos entre nosotros, cambiar la forma de relacionarnos con la naturaleza. La causa del deterioro de la vida en todo el planeta tierra es una: la búsqueda de la ganancia. Las relaciones entre nosotros y con la naturaleza pueden y deben priorizar la solidaridad, ese sentido fraterno que nos humaniza y nos eleva como personas.

Un orden social distinto no solo es posible, es tremendamente necesario, los recursos del planeta pueden perfectamente satisfacer las necesidades de todos los seres humanos. Proponemos doce razones de paz, que son a la vez razones de cambio cultural, es decir una nueva forma de ver el mundo y vernos en él, asumiendo nuestra cuota de conciencia, participación, información y decisión:

Compartir el planeta como el único hogar común a todos los habitantes de La Tierra.

Distribuir los bienes en proporción a las necesidades.

Invertir en educación, investigación, ciencia y tecnología con conciencia social.

Asegurar un sueldo mínimo ético y un sueldo máximo que no sea superior en cinco veces el mínimo. Transparentar sueldos, ganancias y beneficios.

Legalizar la tierra, el agua, el aire como bienes sociales no comercializables.

Disolver los ejércitos.

Instituir una moneda de intercambio equitativo.

Establecer la libre circulación de las personas.

La salud, la educación, la vivienda, las pensiones no pueden ser un negocio.

El transporte colectivo debe ser gratuito en toda ciudad o pueblo que cuente con servicio de transporte.

Todo proyecto de desarrollo debe considerar en primer lugar su impacto ecológico.

Las voces de la cordura obsecuente dirán que esto es imposible, como imposible fue en su tiempo la aventura de abrirse a la mar para llegar, por una ruta desconocida, al otro lado del mundo; imposible era llevar agua de manantial a varios kilómetros de distancia, y ahí está el acueducto de Segovia resistiendo dos mil años; imposible era salir al espacio y llegar a la luna, eso ya es historia, ahora asistimos al desarrollo de las comunicaciones, gracias, en parte, a ese imposible cumplido; la ciencia y técnica actual no pueden construir de nuevo las pirámides de Egipto, pero ahí están asombrándonos durante varios milenios; imposible es aquello que demora un poco más. Ahora tenemos la urgencia de la necesidad, es hora de pasar a la acción por un mundo mejor en todo el planeta tierra.

Cuando estos 12 puntos se cumplan, recién estaremos entrando en la era del pleno desarrollo del potencial creador de los seres humanos. Podremos vivir en paz utilizando de manera humana los recursos, la técnica, la ciencia. Ese imposible será realidad o no será posible la vida, he ahí el dilema.

agosto 7, 2018   ningún comentario

La Humanidad escapa de sí misma

Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado, Rancagua. Suele decirse en nuestro medio social que aquello que se suelta o zafa de control ” se escapa de las manos “. La frase es una figura, una metáfora que bien dice de una situación que se hace inmanejable, ésta puede ser personal-familiar, económico-social, o de otro tipo.

Que la Humanidad que somos cruza estados complejos, que vivimos situaciones difíciles en los más diversos planos ya no hay quien lo niegue. Decirlo, señalarlo, diagnosticarlo es un aspecto. Las raíces, las causas de la ocurrencia de las mencionadas situaciones representan otro plano. Las soluciones, si es que las hay…, constituyen otra esfera.

Los estados de crisis de las personas, de estabilidad – hablando de nuestro medio chileno – son reflejo de lo señalado. Un dato que ilustra la situación es el que hace un tiempo ha entregado un facultativo – médico psiquiatra de la Universidad de Chile – que señala que integrantes de la población chilena consumen millones de cajas de tranquilizantes, de antidepresivos, de ansiolíticos por año para poder dormir, y así funcionar en sus diversas actividades. Se requieren paliativos no para vivir…, sino para sobrevivir. Este es el resultado, el producto, el efecto de algo …

Déjense por ahora… los altos consumos de otras diversas sustancias, obviamente nocivas, automedicadas… por muchas personas, entre ellas alcohol, drogas, tabaco.

Se dice que en la sociedad de los países desarrollados el consumo de todo lo señalado es sideral, pero no es nada menor en nuestros países llamados de Tercer mundo. En ese fenómeno la riqueza y la miseria se igualan, no se diferencian.

El escapismo no es solución ante ningún problema, ni personal ni social. Se debe escapar del escapismo, de la evasión. Hacer que la Humanidad sea portadora, generosa de humanismo es lo que corresponde.

Es un hecho de la realidad que el estado de felicidad no es permanente, existe a fragmentos, es de vida efímera. Recuérdese el verso del poeta Fray Luis de León (1527 – 1591) : “Un día puro, alegre, libre quiero”. Obsérvese que el vate en su canto “A la vida retirada” anhela sólo un día, y no la vida entera.

Parece que el medio, el hábitat construido por el ser humano, sus formas, sus costumbres, sus estados no han sido lo buenos que se hubiese querido. Se ha pavimentado el planeta, la Tierra ya no respira. Se convive con las tóxicas fumarolas de las industrias, las ciudades han colapsado con los millones de vehículos que apenas circulan. Súmense las estridencias, los basurales, y las expresiones de violencia de todo carácter y, entonces, ahora, casi 500 años después de aquel poeta, tan sólo, tal vez… tengamos que pedir no un día…, sino un minuto… de pureza, de alegría, de libertad.

Que esto último así no suceda dependerá de la inteligencia, de la sabiduría, de la sensibilidad, del respeto, y de la conciencia de la propia Humanidad.

Chile, septiembre 4 de 2017

octubre 3, 2017   ningún comentario

Hoy te espera un universo de verdad

Reflexion al sur

María Isabel Burgon, Santa Fe. Hoy quiero caminar, sentarme bajo de un árbol y escribirte para decirte que en algún momento de nuestro camino, en algún lugar de nuestra vida hemos olvidado algo.
Hemos olvidado quienes somos, olvidamos amarnos unos a los otros, también dejamos de lado nuestra verdadera vocación para correr detrás de una quimera, No nos detenemos a pensar cuál es el verdadero motivo por el cual estamos en este mundo.
Dejamos escapar un proyecto importante para nuestras vidas cual frágil mariposa que sale volando de entre nuestras manos, porque otras personas nos manipulan a diario haciéndonos creer que no vale la pena lo que queremos emprender, que sigamos en lo nuestro, sin darnos cuenta que nos mienten vilmente escudándose en la palabra experiencia. Personas que dicen trabajar por la paz y enarbolan desde sus letras las banderas de la violencia incitando a adultos, jóvenes y niños a tomar las calles en manifestaciones sin respetar al otro que cumple con su trabajo.
Permitimos que nos roben nuestros sueños, los deseos de ser alguien, volar libremente sin cadenas, todo esto va creando generaciones de seres humanos frustrados, de mal humor, enojados con la vida misma, todo esto nos conlleva simplemente a fracasos por vivir eternamente nuestra propia mentira. Cada ser humano tiene su camino trazado, que lo encontremos queda en nosotros, ser feliz es hacer lo que nos gusta, buscar como podemos hacer de nuestros proyectos un trabajo de armonía, paz, amor, tranquilidad.
No permitir nunca que personas disfrazadas de cordero nos destruyan a diario con mentiras.
Empieza ya, hoy, justamente es hoy que debes empezar a transitar los caminos de tus propias decisiones …

octubre 3, 2017   ningún comentario

Entrevista al poeta dominicano Rafael Pineda

Érico Pratz 8 Julio, 2017

Sublimes y cuantiosas palabras de amor, desasosiego, templanza y naturaleza viva, se ciernen en el libro de poesía “No siempre el café está caliente”, del escritor Rafael Pineda.

No siempre el café está caliente” indica con esas mismas voces arcanas, los misterios más profundos del ser humano. El frío y el calor. La muerte y la vida. Los pasajes ignominiosos del testimonio propio y hasta los avatares del destino petrificado en una tumba o un sol.

Érico Pratz (EP), conversa con el poeta dominicano Rafael Pineda, sobre su último libro antedicho, publicado por la Editorial Antítesis, en Montevideo – Uruguay.

EP: Si me lo permite, hagamos repaso de su vida. ¿Quién es Rafael Pineda?

Dominicano. Nací en El Corozo, una aldea de ciento cincuenta habitantes. Siempre he vivido en San Juan de la Maguana. Soy sanjuanero de San Juan. Mi primera profesión fue ser nieto de María Belén Sención. A los 10 años me gradué de poeta. A los 23 quise conocer a Pablo Neruda y estuve en Chile; a los 25 en Cuba y a los 35 en la Unión Soviética; adoré Moscú e hice mi primer viaje en tren, siendo una de mis experiencias inolvidables haber recorrido la Siberia a través de campos de girasoles compartiendo un vagón con Luis Días y Chío Villalona. Quedé con las ganas de conocer San Petersburgo, la ciudad donde fueron derrotados los alemanes y donde se filmó la película “Cuando vuelan las Grullas”. Soy diplomático, resido en Uruguay y cada vez que regreso a mi ciudad natal mi primera acción es visitar las tumbas donde descansan mi madre María de la Paz Reyes y mi abuela. He publicado 8 libros de poesía, ensayo, testimonio y novela.

EP: ¿Qué pasó a los diez años, momento en que se graduó como poeta?

Mi amor por la poesía empezó en la observación y en la sensibilidad que me generaron las cosas que formaban parte de mi entorno, eso que luego se convirtió en mi mundo poético. La primera lectura donde me concentré fue el libro “Historia gráfica de la República Dominicana”, escrito e ilustrado por José Ramón Estrella y José Alloza Villagrasa, llegados a mi país como refugiados políticos tras la guerra civil española. Ese libro apareció en mi casa en el campo como por arte de magia; vengo de un hogar donde la lectura era un hábito desconocido: me criaron mi madre y mi abuela, ambas eran analfabetas y con el correr de los años me decían que dejara de leer porque los libros ponen loco a las personas. Pero ya había contraído la enfermedad que mató al Quijote y a través Pablo Neruda amé la poesía y conocí el mundo y sus cosas. Las obras que leía me impactaban muchísimo, “Las ruinas de Palmira”, “El Conde de Montecristo”, “Adiós a las Armas”, “Por quién doblan las campanas”. Se pusieron a mi alcance los poemas de Federico García Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, hasta que llegaron esas dos obras monumentales de Pedro Mir, “Hay un país en el mundo” y “Contracanto a Walt Witman”. Esas lecturas ofrecían un retrato de los sentimientos sociales que se estaban gestando en mí. A los 15 años empecé a militar en la izquierda; entonces teníamos una biblioteca clandestina, porque Joaquín Balaguer prohibía la lectura de ciertos libros; en esa biblioteca que iba de barrio en barrio en una caja de madera, conocí La Madre, de Gorki; Así se templó el acero, de Ostrovski y toda la literatura clásica rusa y de la época de la revolución de octubre. A la orilla del río San Juan hacía ya 5 años o más que habían nacido mis primeros versos. Me estaba graduando de poeta, aunque fue a la edad de 24 años tras mi regreso de chile que publiqué por primera vez; fue en el suplemento cultural Aquí, dirigido por Mateo Morrison en el diario La Noticia.

EP: Usted habla con elocuencia de Pablo Neruda. ¿Cuáles son los versos de Neruda que calan hondo en su testimonio?

Preguntaréis por qué su poesía/no nos habla del sueño, de las hojas/ de los grandes volcanes de su país natal?” …

… “Yo toqué con mis manos la camisa/del crepúsculo azul y derrotado: / ahora toco el alba de la vida…”

… “Yo pongo el alma mía donde quiero/ y no me nutro del papel cansado…”

Son citas de Explico algunas cosas y de Nuevo canto de amor a Stalingrado. 20 Poemas de Amor y una canción Desesperada no me influenciaron. El sentimiento de rebeldía se hacía fuerte por la exclusión que vi en el campo donde nací y en los barrios marginados de la ciudad donde crecí; la gente era sencilla y buena pero analfabeta, desposeída, sin posibilidad de acceder a la salud, a la educación, a la cultura ni a otros bienes de consumo. Vi que a la gente la mantenían sin acceso al conocimiento para explotarla mejor induciéndole el pietismo religioso para asegurarse así el vasallaje del hombre, la sumisión. Por eso lo que verdaderamente impactó mi alma fueron los versos de la Tercera Residencia en la Tierra; la Canción de Gesta y el Canto General. Escribía con desenfreno. Tuve deseos de conocer a ese poeta gigante y con mis poemas escritos a mano, discretamente marché al Chile de Pablo Neruda para conocerlo y pedirle a ese habitante de Isla Negra una opinión sobre los escritos de este novel caribeño.

EP: Su libro empieza y continúa con un amor profundo por América Latina cuando escribe:

De nuestra América heroica

digna

victoriosa

buscándote en sus templos

¿Qué es América Latina en el corazón del poeta?

Conocí América leyendo la historia, dominicana, americana y universal; admiré a los héroes por sus hazañas, a Juan Pablo Duarte, Artigas, Martí, Luperón. Quise estar allí cuando el cacique Caonabo destruía el Fuerte de la Navidad construido con los restos de la nao Santa María y quise ayudar a Bolívar a pelear contra los españoles que habían robado el patrimonio y matado a los tainos de mi isla; a Simón Bolívar a los 47 años de edad peleando en 472 batallas contra los opresores de los pueblos y quise pelear y cabalgar con él los 123 mil kilómetros que cabalgó para liberar América. Vi que el Che Guevara estaba muriendo acompañado de un grupo de valientes y que la única muerte semejante a la de Cristo fue la del Che, un hombre que amó inmensamente a la humanidad y murió por ella; un ejemplo de hombre, de ser humano.

Uruguay figuró en mi imaginario de adolescente cuando escuchaba que este país era la Suiza de América y yo leía Tabaré, de Juan Zorrilla de San Martín; Ariel, de José Enrique Rodó; y Cuentos de Amor y Locura, de Horacio Quiroga. Entonces se puso de moda el Boom latinoamericano cuando El Nacional de Ahora tenía de director a un intelectual sorprendido de la estatura de Freddy Gatón Arce quien creó un suplemento literario y ahí se recogían las opiniones de esa generación, se publican artículos de Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Carlos Quijano, Juan Carlos Onetti, Carlos Real de Azúa. La casualidad me colocó en este maravilloso país de Idea Vilariño, Mario Benedetti, Juana de Ibarbourou, Daniel Viglietti, Eduardo Galeano, Alfredo Zitarrosa y conocí a Pepe Mujica.

Mi relación con Chile y lo que Pablo Neruda nos contaba acerca de las heridas a nuestras democracias encarnadas en lo que representaron Jacobo Árbenz en Guatemala, Juan Bosch y Francis Caamaño, en Dominicana; Omar Torrijos, en Panamá; Salvador Allende, en Chile; Joao Goulart, en Brasil; Julio César Sandino; tres presidentes asesinados y una invasión militar a la República Dominicana en 1965. Fueron hechos injustificados que se siguen repitiendo, que no me gustan, y yo sigo soñando un mundo como lo soñaron Gandhi, el Che, Bosch. Sigo soñando, quizás por eso me gusta tanto la figura del Quijote.

EP: Una faceta de Pineda – si es que no es un equívoco – es su faceta pacifista. Otro de sus versos más encomiables afirma:

Yo, partidario de la paz

quería ser uno de ellos

y quedé largo tiempo viviendo bajo una bruma de tristeza

Y en otro verso elogia a la paz del siguiente modo:

La guerra para las personas que se aman es un desastre

lo único que se salva de ella es el amor

que nunca muere

que nada lo destruye

EP: En este mismo sentido, de incomparable belleza es también su poema “Oda a la paz”

¿Cuál es su opinión sobre ese elemento común de la paz?.

El silencio de la gente es el mayor cómplice de las guerras. Quien guarda silencio es cómplice voluntaria o involuntariamente. Las guerras, aun cuando su escenario sean lugares lejanos, de alguna manera se vuelven contra nosotros. De ahí que Ernest Hemingway reivindicare el poema de John Donne: “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

Las potencias imperiales se vuelven cada día más agresivas contra los países pequeños; lo sufrí en Chile y ahora desde la distancia lo veo en Venezuela. Con las riquezas acumuladas, con voluminosos negocios, con el saqueo, muchas veces tolerado por el saqueado, se fabrican armas y tecnologías. ¿Para qué sirven las armas? Para el exterminio de la vida del ser humano y de la naturaleza. Después de miles de años de civilización es como si estuviéramos regresando a los orígenes de una vida que no nació de la costilla de Adán sino de la transformación del mono en hombre, como científicamente está demostrado.

A mí me aniquila ver soldados extranjeros pisoteando la soberanía de otro país. Contra eso, contra la minería a cielo abierto, contra toda forma de depredación de la naturaleza, debemos alzar nuestras voces los poetas. Dejar de decir “yo” y asumir el “nosotros”, nosotros los habitantes del planeta y lanzarnos a conquistar esa paz que tantas lágrimas, sudor y sangre han costado a la humanidad.

EP: Sin lugar a dudas, la faceta política y social también está presente en otros versos, por ejemplo, en el intitulado “El 9-11”, dónde alude a Salvador Allende, a Pablo Neruda y concluye:

Vamos a recordar

no siempre el café está caliente

y a veces falta el pan

¿Cuéntenos algo más acerca de esa faceta?

Así es. El 11 de setiembre fue un día nefasto para la historia de América Latina. Ese día mataron a un presidente democrático, murieron miles de personas en Chile, y fue el inicio de una ola terrorista que aniquiló a 30 mil chilenos. Un millón de personas fueron a campos de concentración sin motivo. El de la paz es un problema de urgencia global que me mortifica. Yo quiero que haya paz en el mundo. Los hombres no debemos defraudar a nuestros hijos y nietos guardando un silencio cómplice de la barbarie. En atención a ello uno mi voz de poeta a las de León Felipe, Pedro Mir, Pablo Neruda; a las de John Donne y Ernest Hemingway y digo “adiós a las armas”, no más guerras, no más aniquilamiento de niños en el mediano oriente, en Palestina ni en ninguna otra parte.

EP: El amor del gran poeta Pineda también está presente en el poema “Una pequeñísima historia”, donde se puede leer:

Tiene razón la vendedora de flores

estoy loco de amor

quiero robar tu corazón…

abre ya ese corazón

mira que es fría la noche y no siempre el café está caliente.

EP: ¿El café caliente representa de algún modo el amor en todas sus variantes?

Si. El libro No Siempre el café está caliente es un libro de amor, conectado desde el principio por un hilo común que es el café. Me conecta con los afectos familiares, con el amor de mis dos madres y con uno de los poetas que marcaron mi camino literario, Nazim Hikmet; cuando estuve preso en Chile decía de memoria sus poemas en el Estadio Nacional, especialmente este: …”El pan alcanza para todos/menos para la inmensa humanidad”.

Y este otro: “El pan no siempre es fresco/no siempre el café está caliente/a veces falta el azúcar”.

Quise hacerle un homenaje a ese poeta turco amigo de Pablo Neruda por lo que significó en mi toma de conciencia. Y es un dialogo, una conversación con una mujer que escucha; el poeta dice sus verdades y la mujer escucha sin contestar, observa.

EP: El poema “La poesía” es de caudales universales y titánicos, una celebración de enorme belleza, cuando se lee, por ejemplo:

Los que no creen ni en Dios

dicen que la poesía no sirve para nada.

pero ¿cómo no va a servir

si con ella me alimento todos los días?…

EP: ¿La poesía podrá cambiar algún momento el mundo y transformarlo más humano y solidario?

No, la poesía es tan útil como el pan, la sal y el agua, pero no cambia el orden establecido. Lo cambian los pueblos cuando se dan las condiciones históricas. La poesía es una ayuda, eso sí, pero hay que dejarla expresarse. Por eso los poetas debemos romper las mordazas y llevar nuestra poesía al pueblo, no esperar que el pueblo venga a nuestra poesía. Los poetas durante años en américa Latina hemos esperado que el Estado nos patrocine; eso no va a ocurrir porque los poderes dentro y fuera del Estado quieren mantener las cosas como están para preservar sus privilegios; no aceptan un orden nuevo. No, la poesía es conocimiento, es ciencia, es amor y es rebelión; trae un mensaje nuevo y ese es el peligro, proponer una conciencia nueva basada en valores revolucionarios. Yo esto lo aprendí con los poetas de la generación de Post Guerra en República Dominicana, con las voces de Mateo Morrison, Andrés L. Mateo, Tony Rafúl, Miguel Alfonseca, René del Risco, Juan José Ayuso; Manuel del Cabral en “La isla ofendida”…y un compañero, Danilo Pérez, que me llevaba de la mano a la poesía universal. Esos poetas tiraron la poesía a la calle, a las universidades, liceos, a los barrios donde vivían los obreros; y son estos, los obreros, los únicos que pueden hacer variar el curso de la historia. La poesía funciona como herramienta de consciencia.

EP: ¿Quién mató a Narcisazo esconde quizás un desencanto del poeta a este mundo avasallado por medios informativos que sólo responden al poder?

Ese poema es un desahogo; nació para hacer salir la indignación por el silencio y por el monopolio que cobija a los medios de comunicación; dos o tres individuos, o compañías, son los dueños absolutos de los medios; los otros medios están en manos de las iglesias; para la cultura no hay medios, las ondas hertzianas están ya congestionadas y las maquinarias de impresión muy costosas; “la cultura no nos importa”.

Los opinantes y los noticiarios se pautan a partir de lo que piensan CNN y otros medios de gran alcance filtrados según el interés de los que mueven los hilos. Ante ello encuentras que la sociedad, las comunidades, los estudiantes, los obreros, el pueblo, no tienen quien represente la puesta en escena de la verdad sin tapujos ni temores. Cuando la humanidad está sometida y humillada el poeta no puede…no debe, voltear la cara y cantar la belleza de la hoja verde del verano; el mismo Nazim Hikmet dijo: “Un poeta ligado al progreso de la humanidad debe crear obras de arte verdaderamente dignas de ese nombre. Sus poemas deben ser, por una parte, comprensibles para el pueblo, incluso si es analfabeto…”

Una noche Narcisazo, profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, afamado autor de décimas políticas, dramaturgo, periodista y poeta, salió del Aula Magna tras pronunciar un discurso en el que dijo que “Joaquín Balaguer era el político más corrupto y perverso de América Latina” y nunca más regresó a su casa, fue el 26 de mayo del 1994, todavía lo están buscando. Un supuesto amigo dijo que se había suicidado pero el cadáver no apareció. Los medios de comunicación olvidaron el caso. La Corte Interamericana de los Derechos Humanos emitió una sentencia contra el Estado dominicano; en el momento del hecho el jefe del Estado era Joaquín Balaguer a quien posteriormente el Congreso Nacional condecoró declarándolo “padre de la democracia dominicana”. Y lo demás es silencio. A eso alude esta elegía que es como un grito. No hay desencanto en mi poema porque soy hombre de convicción, creo en el futuro y digo con Salvador Allende: …se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre digno para construir una sociedad mejor.

julio 15, 2017   ningún comentario