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Inmigración, muchos mitos y escasa realidad

Roberto Savio, IPS. Según las últimas estadísticas, en lo que va de 2018  el flujo de inmigrantes en Europa es de 50.000 personas, frente a 186.768 el año pasado, 1.259.955 el 2016 y 1.327.825 el 2015. Existe una diferencia tan asombrosa entre la realidad y las percepciones, que está claro que estamos ante una de las manipulaciones más notables de la historia.
La última encuesta, en la que participaron 23.000 ciudadanos de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Suecia y Estados Unidos, muestra una enorme desinformación. En cinco de estos países, la gente cree que los inmigrantes son tres veces más numerosos que en la realidad.
Los italianos piensan que son 30 por ciento de la población cuando son 10 por ciento, menos que el promedio de la Unión Europea. Los suecos se acercan más a la realidad: creen que los inmigrantes son 30 por ciento, cuando de hecho son 20 por ciento.
Los italianos creen que 50 por ciento de los inmigrantes son musulmanes, cuando de hecho son el 30 por ciento.
Por el contrario, 60 por ciento de los inmigrantes son cristianos, y los italianos creen que son el 30 por ciento y en los seis países, los ciudadanos piensan que los inmigrantes son pobres y carecen de educación o conocimientos, y que representan, por lo tanto, una pesada carga financiera.
Los italianos creen que el 40 por ciento de los inmigrantes están cesantes, pero en realidad no superan el 10 por ciento, el mismo porcentaje de paro de todo el país.
Luego, el séptimo informe sobre el impacto económico de la Inmigración, de la Fundación Leone Moressa, basado en datos del Instituto Italiano de Estadísticas, presentó algunos hechos totalmente ignorados.
Los 2,4 millones de inmigrantes en Italia han producido 130.000 millones de euros, es decir 8,9 por ciento del producto interno bruto (PIB): un monto mayor que el PIB de Hungría, Eslovaquia y Croacia.
En los últimos cinco años, las empresas fundadas por inmigrantes constituyen el  25,8 por ciento del total, con 570.000 empresas, 9.4 por ciento del total.
El director del sistema de pensiones italiano, Tito Boeri, dijo en el parlamento que los inmigrantes le aportan al sistema 11.500 millones de euros, más de lo que cuestan. También hizo hincapié en que Italia está viviendo una crisis demográfica, con siete nacimientos por cada 11 muertos.
Matteo Salvini, el emergente líder italiano que ha basado su éxito político en transformar a los inmigrantes en la mayor amenaza que enfrenta Italia, le respondió usando Twitter: “Boeri vive en Marte”. Y ahí se terminó la historia. Para más de 50 por ciento de los italianos, el tuit de Salvini fue más efectivo que las estadísticas reales.
Lo mismo ocurrió con hasta este mes director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), William Swing, quien citó un estudio realizado por esa agencia de las Naciones Unidas y el McKinsey Global Institute que señaló que “solo  3,5 por ciento  de la población mundial son migrantes, producen nueve por ciento de la riqueza global, medida en términos del PIB, que es más del cuatro por ciento que si se hubieran quedados en sus casas”.
Esto no tuvo ningún impacto en los electores del presidente estadounidense Donald Trump, los cuellos blancos, rurales y rojos, que están convencidos de que la inmigración es una amenaza para el país, un país donde todos son inmigrantes.
En otras palabras, los hechos son irrelevantes. Las percepciones subjetivas pesan más.
Consideremos el caso de Alemania, donde la canciller Angela Merkel se está debilitando por el tema de la inmigración, controlando al último minuto una rebelión de su Ministro del Interior, Horst Seehofer,  líder de la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), el partido hermano de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la jefa de gobierno.
El tímido y cohibido Trump se mostró feliz al acudir en ayuda de Seehofer, tuiteando que el pueblo de Alemania se está “volcando contra” su gobierno por el tema de la inmigración, lo que ha llevado a un aumento de la criminalidad.
El hecho de que en Alemania haya habido una fuerte disminución de la delincuencia, por supuesto, no tiene ninguna importancia para alguien que ha escrito más de 3.750 declaraciones falsas entre sus 38.187 tuits, con más de 53 millones de seguidores.
La circulación total, de los 1.331 diarios de Estados Unidos, es de aproximadamente 62 millones, pero el tiraje total de los 100 diarios más grandes está por debajo de los 10 millones de copias. Por lo tanto, todo lo que escriben está sumamente fustigado por los tuits de Trump.
Trump no está solo en su campaña… tiene aliados como el húngaro Viktor Orbán, el italiano Matteo Salvini, el polaco Jaroslaw Kazynscky, el austriaco Sebastián Kurz, el eslovaco Peter Pellegrini y el checo Milos Zeman, todos en el poder.
Luego, en los flancos tenemos Marine Le Pen en Francia, Nigel Farage en Gran Bretaña y así sucesivamente en casi todos los países europeos, con excepción de España y Portugal. Todos juntos, han utilizado la inmigración, el nacionalismo y la xenofobia como la herramienta del nuevo “derecho alternativo” para el éxito.
Volvamos al caso de Alemania. Baviera, que amenaza al gobierno de Berlín, es el Estado más rico de Alemania, con una población de 12,2 millones de personas. Múnich, con 1,4 millones de habitantes, es la tercera ciudad del país, después de Berlín y Hamburgo. La capital bávara  es el segundo mayor empleador del país, y ha atraído inmigrantes, que en conjunto son menos de 200.000. El diario local, Suddeutsche Zeitung, estima que los musulmanes son 32.000.
Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha que obtuvo 13 por ciento de los votos en las últimas elecciones, logrando 92 escaños en el parlamento, se basa esencialmente en una plataforma antiinmigrante.
En una encuesta realizada en marzo,  superó levemente a los socialdemócratas de centro izquierda. La encuesta encargada por el periódico Bild al instituto demoscópico INSA,  indicó un apoyo de 16 por ciento a AfD,  en comparación con 15,5 por ciento del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), un nuevo mínimo para el que tradicionalmente ha sido uno de los partidos más grandes del país.
En las últimas encuestas, AfD parece ganarle a la CSU en Baviera, donde los inmigrantes musulmanes son escasos. Sin embargo, la base principal de AfD se encuentra en la antigua Alemania Oriental, donde los inmigrantes representan un cuarto de los de Alemania Occidental. Por lo tanto, no existe un vínculo racional entre reaccionar a la presencia de inmigrantes y el sufragio. AfD saca más votos donde hay menos inmigrantes.
La CDU ahora está desplazándose agitadamente hacia posiciones xenófobas de extrema derecha para no perder electores con respecto al AfD. Probablemente perderá de todos modos ya que la historia muestra que los electores siempre prefieren el original a las copias. Pero se cree que los alemanes y los bávaros son personas racionales.
Las estadísticas son claras. Cada año hay 300.000 trabajadores menos. De los 80,6 millones de alemanes, solo el 61 por ciento  está en edad laboral. En 2050, se reducirá a 51 por ciento, y los mayores de 65 aumentarán de 21 por ciento  a 33 por ciento.
La tasa de natalidad en Alemania es de 1,5 hijos por mujer, mientras que sería necesaria una tasa de natalidad de 2,1 hijos por mujer, para que la población no disminuya. La gran afluencia de inmigrantes ha aumentado la tasa de natalidad a un modesto 1,59. Los inmigrantes tienden a imitar las tendencias locales y tampoco quieren tener  muchos hijos.
Por lo tanto, está claro para todos que dentro de dos décadas la productividad disminuirá drásticamente (algunos sostienen que en 30 por ciento) debido a la menor cantidad de personas trabajando y no habrá suficientes contribuyentes para mantener funcionando los sistemas de pensiones y de seguridad social. Será el fin de la locomotora alemana.
La misma consideración se aplica a toda Europa, que tiene una tasa de natalidad de 1,6 hijos por mujer, lo que significa que la población disminuirá aproximadamente en un millón de personas cada año.
La División de Población de la Organización de las Naciones Unidas  considera que Europa debería tener una afluencia de 20 millones de inmigrantes solo para mantener su población y su economía. Esto es claramente imposible en el sistema político de hoy.
En una muy acertada observación, la filósofa española Adela Cortina ha hecho notar que los jugadores de fútbol, ​​los artistas y los ricos -incluso los musulmanes, como los príncipes-,  son bienvenidos en Europa. Los que no son bienvenidos son los pobres.
Ella escribió un libro sobre por qué no nos enfrentamos a la xenofobia real. Lo que enfrentamos, escribió, es la aporofobia, un término que acuñó usando la palabra ‘apora’, el vocablo griego que significa pobre. De hecho, esta defensa de la civilización europea es una versión actualizada del colonialismo.
Se cuenta con muchos datos sobre el impacto positivo de la inmigración. El último es un estudio muy complejo que contempla más de 30 años de inmigración, llevado a cabo por el muy respetado Centro Nacional Francés de Investigación Científica (CNRS) y publicado por Science Advances.
Contempla los 15 países europeos que recibieron 89 por ciento de las solicitudes de asilo en 2015, el año de la gran afluencia desde Siria, Iraq y Afganistán.
Después de cuatro años, en parte debido a la duración del proceso burocrático, el PIB aumenta en 0.32 por ciento.
Los impactos en el sistema fiscal también son relevantes. El profesor Hippolyte D’Albis, uno de los autores, observa que inicialmente los inmigrantes, por supuesto que son un costo, pero este dinero público se reinvierte en la sociedad y durante diez años producen más riqueza que la población local. Después de 10 años se engloban en las estadísticas generales.
Es obvio que el sueño de las personas que vienen a Europa para escapar del hambre o la guerra es encontrar un trabajo lo antes posible, pagar impuestos y contribuciones, trabajar duro para garantizar su estabilidad y futuro. Al menos por una década.
Es interesante ver la diferencia entre la nueva y la vieja derecha. La vieja derecha no estaba contra los inmigrantes, entre otras cosas porque proporcionaban mano de obra barata. Era ligeramente nacionalista, pero nunca fue xenófoba (aparte de con los judíos). La nueva derecha alternativa no está interesada en las estadísticas ni en la economía. Solo le interesa fomentar el miedo para llegar al poder, y sostiene que la realidad es una noticia falsa fabricada.
Trump ha afirmado que los 250.000 manifestantes contrarios a su visita a Gran Bretaña, que lo mantuvieron fuera del centro de Londres, eran sus partidarios. No necesitas ser solo un narcisista, también necesitas revertir la realidad.
Por lo tanto hay que preguntarse ¿qué le ha pasado a la gente? El hecho de que Trump tergiversara la intención de 250.000 manifestantes normalmente habría caído en el ridículo.
Pero no: para los seguidores de Trump, sus tuits son una verdad indiscutible.
Su reunión con el líder norcoreano, Kim Jong-un, arrojó resultados muy vagos. Se retiró del acuerdo con Irán, que tenía varias páginas de concordancia, diciendo que no abordaba los problemas.
En la cumbre de este mes de julio de la OTAN en Bruselas, atacó a todos, y luego dijo que todos se habían comprometido a aumentar su presupuesto militar 4 por ciento (Estados Unidos se sitúa en 3,6 por ciento).
En su visita a Gran Bretaña, reprendió a la asediada primera ministra Theresa May, defendió un Brexit rígido y saludó al dimisionario ministro de Asuntos Exteriores, el pro Brexit duro Boris Johnson como su favorito. Le dijo a May que no había venido a negociar, sino a obtener lo que quería.
Luego se reunió con el presidente ruso, Vladimir Putin, y dijo que Estados Unidos era el responsable de las malas relaciones entre ambos países, que Putin era creíble cuando aseguró que no hubo injerencia rusa en las elecciones estadounidenses del 2016, y que las agencias de inteligencia y el Departamento de Justicia, con la investigación de esas elecciones por parte del asesor especial Robert Mueller, fueron una desgracia para Estados Unidos.
¿Cuándo en la historia de Estados Unidos un presidente que regaña a sus aliados y elogia a sus enemigos, ni siquiera hace fruncir el ceño al electorado republicano, que ahora es Trumpiano por encima de cualquier otra cosa?
Como indica una encuesta publicada en junio del año pasado por Varieties of Democracy (V-Dem), de hecho, el concepto de democracia en sí está en peligro.
La encuesta solicitó a más de 3.000 académicos y expertos nacionales que evaluaran a cada uno de 178 países sobre la calidad de las características principales de la democracia. A fines de 2016, la mayoría de la gente vivía en democracias.
Desde entonces, un tercio de la población mundial,  2.500 millones de personas, ha pasado por la “autocratización”, en la cual un líder o grupo de líderes comienza a limitar los atributos democráticos y a gobernar de manera más unilateral.
Cuatro de los países más poblados -India, Rusia, Brasil y Estados Unidos- se han visto afectados por la “autocratización”. Otros países grandes en declive democrático en los últimos 10 años son Congo, Turquía, Ucrania y Polonia.
Estados Unidos cayó de puesto siete al 13 en solo dos años. Al Congreso estadounidense no le gusta ponerle riendas al presidente, el partido opositor parece no tener ninguna influencia sobre el partido gobernante, y el Poder Judicial se está volviendo mucho más proselitista que equilibrado.
La Corte Suprema de Estados Unidos parecía un contrapeso al Ejecutivo, pero ahora su clasificación ha caído al 48 lugar.
Una encuesta realizada por el McKinsey Gobal Institute descubrió que en la actualidad,  41 por ciento de los estadounidenses no les importaría no vivir en democracia si el líder que les gusta siguiera en el poder más allá del plazo constitucional.
Es un hecho que las personas eligen a aquellos que les gusta, y por lo tanto cualquier país tiene el líder elegido por sus votantes, ya sea Putin, Erdogan, Orbán, Trump … y no hace siglos, Mussolini y Hitler.
Si quieren escuchar a los salvadores enviados por Dios, a quienes no les importa la realidad, ese es su derecho. Solo podemos deplorar el creciente sonambulismo de las personas.
El problema grave es que esta visión del mundo solo desatará un desastre en un futuro no muy lejano. Es realmente urgente, por ejemplo, crear una política de inmigración, establecer criterios para aquello que los países industrializados necesitan para poder permanecer en la competencia global.
Esto no sucederá, ya que todos los inmigrantes son presentados como una amenaza, en este camino descarado al poder, independientemente de la realidad.
La población de África se duplicará en las próximas décadas. Nigeria alcanzará los 400 millones. Sesenta por ciento de los habitantes de África ahora tienen menos de 25 años, en comparación con 32 por ciento en Estados Unidos y 27 por ciento en Europa.
¿Los europeos van a acribillar a los inmigrantes, como algunos xenófobos ya están pidiendo, convirtiéndose en una región de ancianos, con poca o ninguna pensión y un sistema social inexistente? ¿Perderá Europa su identidad original y los valores consagrados no solo en la constitución europea, sino también en las constituciones nacionales?
El parlamento francés ha eliminado el término “raza” de su constitución, y el gobierno luso otorgará la ciudadanía portuguesa a los inmigrantes que tengan un trabajo estable después de un año.
En cambio, el gobierno de los Países Bajos, con el apoyo del parlamento, ha decidido negar el permiso de regreso de los niños nacidos de padres holandeses inscritos en el ISIS,  con el argumento de que esos niños han nacido y se criaron en un clima de odio y la violencia,  por lo que constituyen un peligro para la sociedad neerlandesa.
Holanda fue una vez un símbolo de tolerancia, y durante siglos ha sido asilo de refugiados, huyendo de los conflictos religiosos o políticos. Hoy en día, ç tiene una población de 17,2 millones de personas, con un alto nivel de vida. ¿Cuántos de esos niños hay del Estado Islámico? ¡El asombroso número de 145!
¿No sería posible encontrar 145 familias para esos niños, que no tienen responsabilidad por su situación, dónde podrían olvidar los horrores que atravesaron y disfrutar de los beneficios de su nacionalidad que, según el derecho internacional, se considera irrevocable?
Mientras tanto, Estados Unidos ha estado separando a más de 5.000 niños de sus padres inmigrantes.
¿Es esta la nueva Europa y Estados Unidos que desean sus ciudadanos?
Roberto Savio. Periodista italo-argentino, cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”.

agosto 25, 2018   ningún comentario

The New York Times Entrevista imaginaria a Gabriel Jiménez Emán

New York Times –¿Cuál es su percepción del mundo actual?

Gabriel Jiménez Emán--Del mundo en general del que aspiramos los seres humanos tener el mando, digamos, la percepción que tengo es que estamos en un mundo amorfo, o por lo menos bastante absurdo tal y como lo hemos conducido nosotros los “humanos” hasta este momento. Aparentemente está montado sobre el dominio de una razón en el que la ciencia ha avanzado enormemente y su tecnología también, aunque esto no ha ayudado mucho a comprenderlo. Sabemos, a lo sumo, la manera en que funcionan ciertas cosas, pero no sus mecanismos internos ni sus fines últimos.

N.Y.T –¿Niega entonces los avances científicos alcanzados hasta ahora?

G.J.E.–No los niego, pero pongo en duda su relevancia cualitativa. Por un lado las cosas se facilitan en tiempo y velocidad, pero esos progresos no se traducen en una mejor calidad de vida para los ciudadanos. Estamos como inmersos en un espejismo de bonanza individual, de éxitos personales, pero al final hay una gran soledad, una gran carencia, sobre todo en el momento de comunicarnos cosas esenciales.

Gabriel Jiménez Emán, Cortesía del autor

N.Y.T –¿Cree usted que en siglos anteriores esa felicidad si existía?

G.J.E.–No lo sé, pero al menos había ideales, quimeras, sueños por alcanzar y una mayor profundidad psíquica en la naturaleza de los ideales humanos.

N.Y.T -Por ejemplo…

G.J.E.–Tome usted el caso del siglo diecinueve, por ejemplo. En ese siglo hubo un mayor desarrollo espiritual y mental que el que pudo o puede haber en los siglos XX y XXI. A través del ideal del romanticismo y de una visión profunda de la muerte se pudo dar vigor a los sueños sociales e individuales, también. En cambio en este siglo XXI la muerte no pasa de ser un asunto clínico, un problema físico, de dejar de existir en un momento dado, pero no hay una hondura metafísica en la muerte hoy por hoy, porque esta carece de peso específico para nuestra propia vida y no hay tampoco una reflexión seria sobre ella, sobre lo que ésta puede significar para nuestra existencia colectiva, eso que se ha dado en llamar sociedad, pero ya casi ni existe, es casi un eufemismo, una virtualidad…

N.Y.T –¿No significa entonces nada…?

G.J.E.–Si no se reflexiona sobre ella tampoco se puede entender sobre el por qué existimos, pues ella contiene buena parte de los dilemas que no hemos logrado resolver, éstos han sido aplazados y postergados indefinidamente. Se han hecho avances en materia de salud y medicina, por ejemplo, pero esos avances se han desviado hacia un mercantilismo desbocado, que se observa en el auge de la industria farmacéutica, pongamos por caso, una industria muy poderosa, porque pretende incluso controlar la salud mental de las personas. Por otro lado vemos cómo se juega con la muerte en las religiones monoteístas, donde se nos dice que la muerte tiene más trascendencia incluso que la vida misma, hay en este caso un enfrentamiento absurdo con la vida, y todo ello para justificar la existencia

de determinados dioses, o de un solo dios absurdo que nos espera en un reino eterno. El catolicismo ha sistematizado esta idea de la muerte, creando para ella determinadas atmósferas y hasta ciertos rangos burocráticos. Es algo muy curioso.

N.Y.T –Usted hablaba de los románticos…

G.J.E.–Bueno, el romanticismo en cierto modo reacciona contra la idea católica de la muerte, creo yo, creando un universo de sensaciones nuevas, sensaciones de liberación,para ir en busca de otras intuiciones, no para darle respuestas a problemas prácticos, sino para o romántica y la novela fantástica lograron ponernos por encima del mundo práctico de la razón que se imponía en las academias, una razón a la manera de Descartes, Kant o Hegel. Contra este tipo de razón reaccionaron Kierkegaard, Schopenhauer o Nietzsche, y por ello hoy aún tienen tremenda vigencia, justamente por su contenido espiritual y artístico de liberación que había en estos filósofos.

N.Y.T -Usted afirma que Nietzsche está vigente…

G.J.E.–Sí, creo que sí, es un filósofo inagotable precisamente porque es un artista que piensa… sus ideas perduran en otros filósofos y escritores como Kafka, Sartre Camus y Cioran que tienen vigencia hoy, creo yo…pero también perdura en la literatura, porque escribe con una prosa extraordinaria, es un poeta y un provocador… No olvide usted que Nietzsche siempre abogó por una filosofía del futuro, y “Más allá del bien y del mal” es un ejercicio de filosofía que todavía no ha sido superado justamente por el tremendo temor que se le tuvo y se le ha tenido siempre a las verdades de Nietzsche…

N.Y.T –¿Más que Marx?

G.J.E.–Sí, claro, porque el marxismo es una filosofía económica, una filosofía materialista de la realidad, que explora con mucha verdad una buena parte de los problemas económicos que sufrimos, sobre todo en lo referente a la explotación del trabajo en la sociedad industrial, pero no lo explica todo. El marxismo no contempla la fuerza metafísica, la fuerza interior humana, la fuerza cósmica del hombre. Además Marx casi no tiene humor, su capacidad de ironía es reducida, excepto cuando habla de la hipocresía y la crueldad burguesas, es justo cuando resulta muy irónico… es curioso pero hacia Marx se ha creado una especie de seudo religión, de culto ideológico que tiene algo de religioso…

N.Y.T -¿Y qué filosofía lo explica el mundo?

G.J.E.—Hay intentos, por supuesto, siempre son intentos. Pero tenemos hoy un problema mayor: las ideologías han devorado todos los discursos: el discurso de la historia, el de la cultura y el discurso de la verdadera política, todos han sido absorbidos, o más bien tragados y escupidos por el discurso ideológico, que en el fondo es una apariencia, una máscara… El discurso postmoderno también intentó explicar las cosas, haciendo la crítica de la modernidad. Pero la posmodernidad no es sino otra modernidad disfrazada, contiene ella misma el germen que la destruye. Pero hay un lado bueno de la modernidad, el que incorpora al legado popular, incorpora a la cultura de la calle e incorpora el azar. Y es en la calle y en el azar donde se encuentran las verdades, y no en los lugares confortables del conformismo pequeño burgués. Hasta el mismo romanticismo es moderno por esta razón, porque sigue vigente, como aquel monstruo creado por Víctor Frankenstein en la novela de Mary Shelley, un monstruo creado por el hombre paradestruir al hombre. Baudelaire creó unas flores del mal; Poe creó una poesía espectral y Lovecraft creó el horror cósmico del siglo XX desde la cultura popular. Pero está también la modernidad democrática de Whitman, que es una utopía moderna, una utopía que ya había sido atisbada por los prerrafaelitas en Inglaterra, por William Morris y Dante Gabriel Rossetti; luego están la modernidad vampírica de Bram Stoker y la modernidad dandysta de Oscar Wilde; la modernidad es como un monstruo de mil cabezas que puede morir aquí hoy, y renacer mañana más allá.

N.Y.T –¿Y lo moderno dónde está hoy?

G.J.E.–Pues no lo sé, puede que esté oculto tras el poder tecnológico, escondido dentro de la maquinaria bélica o de la maquinaria mediática como una especie de Leviatán, no lo sé. Allí la modernidad tiene a la humanidad en vilo, convertida en un nuevo monstruo invisible.

N.Y.T –¿Y la filosofía hoy cómo anda?

G.J.E.–Hay una filosofía académica que se reduce el ámbito exclusivamente universitario, y no tiene casi contacto con la calle; pero por otro lado vemos a un filósofo como el esloveno Slajov Zizek, muy interesante, que dispone del cine como relato de análisis y del psicoanálisis como método para mostrarnos ejemplos claros de cómo opera la ideología, y en esto acierta, creo yo, pues desmonta con tino los espejismos del poder, usa a veces al cine, que es quizá el relato principal y más complejo de los relatos contemporáneos. Zizek desnuda la realidad política y social con ejemplos tomados de películas y emplea también elementos del marxismo. Lo que me gusta de él es que lo hace con desenfado, con naturalidad, se desborda, no hace concesiones. Así lo hizo Nietzsche, lo hizo Marx y lo hizo Cioran. El tipo se las trae.

N.Y.T –¿Y en América latina?

G.J.E.–Bueno, América es nueva en esto, pero también desde aquí se ha intentado comprender, sobre todo a través de la obra de estadistas y luchadores tácticos como Miranda y Bolívar. Después tenemos pensadores como Simón Rodríguez y José Martí; tenemos a José Enrique Rodó, en ellos comienza a tejerse un pensamiento propiamente americano, que se fragua cuando se comienza a pensar en nuestras propias naciones, naciones nuevas, y por eso se dice que es una filosofía de urgencias, una filosofía que se teje mientras se lucha en los campos de batalla para lograr una independencia. Pero ya todo eso ha desaparecido, lamentablemente. Después tenemos tendencias como el humanismo, el positivismo, el marxismo y el cientificismo –que darían algunas de ellas origen al americanismo–; incluso tenemos también a un nuevo escepticismo, que es muy importante. Pero de todos modos aquí no ha podido formarse un pensamiento propio, porque aun dependemos de los parámetros europeos, sobre todo de Francia y España, y eso es natural. Aquí se ha hablado incluso de una “raza cósmica”, –creo que fueVasconcelos, no recuerdo ahora– ha habido rebeliones de todo tipo, rebeliones importantes que han sido sesgadas por la historia oficial, son revueltas sociales de distinta naturaleza, rebeliones de indios, de negros, de campesinos, de mestizos, y hasta de mantuanos, donde queda expresada una filosofía de la vida, pero han pasado inadvertidas precisamente debido a la supremacía del discurso occidental.

N.Y.T –En cada país americano hay por lo menos un pensador o un artista que se

distinguen…

G.J.E.–Sí, claro, tenemos a Bello, a Miranda, a Bolívar, Martí, a José Carlos Mariátegui, a Eugenio María de Hostos, a Juan Bautista Alberdi, a Darcy Ribeyro…, ha habido una constelación de filósofos americanos de mucha importancia en cada época, incluso algunos de mayor relieve que en Europa…pero ya nadie quiere acordarse de ellos.

N.Y.T –Sin embargo, las cosas en América Latina no mejoran….

G.J.E.–Sí, lo que quizá ocurre con América Latina es que le ha tocado una clase dirigente muy mediocre, una peor dirigencia política no puede haber; los políticos aquí surgen de la nada, de meras campañas electorales y publicitarias, son improvisados, no estudian, no tienen capacidad suficiente, ni amor por lo que hacen… El modo más sencillo de enriquecerse hoy es a través de la política oportunista, casi todos trepadores, financiados por consorcios, manipulados por terceros. Es raro ver en nuestros países a gobernantes capacitados. Pero claro, este no es un fenómeno exclusivo de América Latina, aunque aquí sea más acentuado. En las últimas décadas usted ha visto cuál ha sido la dimensión de esta debacle política a escala mundial, donde los partidos son débiles, sin solidez de ideas ni convicciones humanistas. Y esto se agrava con los problemas de la droga y de la violencia institucionalizada, los asesinatos de líderes populares, los paramilitares. Además contamos una tremenda tradición improvisación para hacer las cosas, casi no se planifica nada, no se toman previsiones a tiempo, no se mira a futuro, sino siempre a un inmediatismo que nos está haciendo mucho daño.

N.Y.T –¿Por qué ocurre esto?

G.J.E.–Las razones son muchas; pero lo cierto es que los Estados y sus burocracias han estado creciendo desproporcionadamente, se han desligado de las ideas generadoras del pueblo, de los aportes de las comunidades raigales; entonces tenemos a un puñado de políticos profesionales que no saben nada de política, pero son expertos en negocios turbios, hijos de una maquinaria de pura propaganda e intereses creados…

N.Y.T –¿Puede darnos ejemplos?

G.J.E.–Serían demasiados y muy cambiantes, pero en todos está presentes la burocracia, corrupción, costo social, economías paralelas, mafias, ineficacia, empresas fantasmas,complicidades automáticas, especulación inmobiliaria, concentración de capital privado o capitalismo de estado, etcétera, lo demás usted lo sabe.

N.Y.T –¿Y dónde quedan el arte y la filosofía?

G.J.E.–En ninguna parte, casi. Como meros adornos académicos o elementos extraños de unos cuantos locos que se dedican a hacer cultura… o algo así.

N.Y.T –¿Entonces no hay salida?

G.J.E.–Sí, quizá la de seguir reinventando la vida personal, alimentándola siempre con nuevas obras y maneras distintas de ser. Aquí la poesía sería un elemento fundamental; pero no la poesía considerada sólo como un puñado de versos hermosos y elevados, sino la poesía como una herramienta espiritual y mental de primera magnitud.

N.Y.T –¿Y la filosofía?

G.J.E.–En la mayoría de nuestras escuelas superiores se piensa que la filosofía se reduce a impartir clases sobre historia de los sistemas filosóficos o sobre grandes pensadores occidentales, o a tener una relativa erudición acerca de estos temas; pero el verdadero filósofo siempre está interpretando el presente, debe ubicarse en el presente y desde ahí originar una reflexión que nos ayude a comprender el mundo.

N.Y.T –¿Y el arte?

G.J.E.–La reflexión del arte es sensible. Es más completa porque implica comprender el mundo desde la sensibilidad, desde la armonía y desde la unidad, y también desde la crisis o la fractura de esa belleza o de esa armonía, lo cual implica una reflexión sensible más completa. Ahí tienes, por ejemplo, a Shakespeare, que es un dramaturgo que reflexiona desde diálogos que son poesía, desde unos personajes que proyectan sus conflictos, pero a la vez nos hacen conocer diversas épocas y los dilemas y sentimientos de determinada época. Shakespeare es un ejemplo de cómo puede un artista comprender el mundo desde los sentimientos, y éstos comportan una filosofía y una poética a la vez. En cada época tenemos genios como éstos ya sea en novela, en cuento o en poesía, teatro o ensayo, tenemos a Cervantes y a Montaigne y tenemos a Joyce, y en América Latina tenemos a Carpentier, a Asturias, Cortázar, Fuentes, Gallegos, Borges. En la pintura ocurre lo mismo, y en la música. Mientras oímos música reflexionamos sobre la vida y el mundo, aun cuando no lo deseemos, eso va mucho más allá del pensar puro al que aspira la filosofía tradicional, creo.

N.Y.T –¿Y la religión?

G.J.E.–La religión es otro proceso, es un asunto de fe o de creencia en una deidad superior, en algo que rebasa lo humano y lo animal y se coloca por encima, o más allá de nosotros. Casi todas las sociedades han tenido sus dioses, unos dioses que se expresan a través delas fuerzas originarias de la naturaleza, o a través de acontecimientos históricos protagonizados por hombres y mujeres, y esos acontecimientos suelen tener una conexión con las fuerzas naturales y con los animales, son fenómenos que están en conexión permanente. Creo que hoy por hoy esa conexión se está perdiendo, sobre todo porque los seres humanos nos hemos organizado de tal modo que estamos asesinando el planeta, estamos minando su ecología. Antes no existía esta noción de destrucción del planeta, esto no apareció sino hasta el capitalismo avanzado, cuando la sociedad industrial avanzó hasta un punto tan acelerado de crecimiento, que su producción material y serial contaminó aguas, aire y tierra y entonces ha aparecido este flagelo del ecocidio del planeta, que según parece es indetenible.

N.Y.T –Usted ha estado motivado por la literatura de ciencia-ficción.

G.J.E.–Sí, es una literatura que me atrae. Sin embargo, creo que hoy ya no es necesario escribir ciencia ficción porque la estamos viviendo, estamos sembrados en un momento en que la realidad ha superado a la ficción, y la tecnología se ha sembrado en la mente humana como nunca antes, para alienarla y limitarla, aunque parezca lo contrario.

N.Y.T –¿De veras cree eso?

G.J.E.–Sí, me siento incapaz de escribir ciencia ficción…tenía por allí un nuevo proyecto de novela, pero lo he abandonado… en el fondo, la ciencia no ha servido para mejorar las condiciones de vida de la población, porque la avaricia del desarrollismo material ha acelerado el proceso de destrucción del planeta; poco se puede hacer al respecto para detener esto; mientras mantengamos este modelo de crecimiento y de desarrollismo material indetenible, a toda costa, que se identifica con el progreso.

N.Y.T –¿Tan grave lo ve?

G.J.E.–La política profesional se niega a tratar estos asuntos en profundidad, se les posterga indefinidamente. No hace falta ser un experto en catástrofes para darse cuenta del desastre que estamos viviendo, una cosa consecuencia de la otra: la catástrofe política y la catástrofe ecológica. Tampoco soy ingenuo: siempre ha habido guerras y siempre las habrá. Pero antes las guerras se libraban con honor, había reglas de juego y códigos de ética que se respetaban de lado y lado, cosa que no existe hoy. Lo que existen hoy son ventajas ideológicas provenientes de las finanzas y de la acumulación de dinero en las nuevas arcas: los bancos. Es absurdo que ahora los bancos y los grandes trusts y corporaciones manejen el honor de los estados y de las naciones como si se tratase de juguetes, de marionetas. A esto me refiero. Pero estoy seguro que algún día el arte y la literatura se regenerarán, lo harán en un futuro no muy lejano, y recobrarán el lustre y el honor que han perdido. A veces el arte se considera una especie de mercancía sofisticada, mercancía intelectual para justificar un determinado status. Nos hacemos llamar personas “cultas” sólo por tener colecciones de libros o cuadros que no son más que marcas deprestigio, que le hacen el juego a una estructura de poder cimentada en alianzas tácitas entre instituciones amorales.

N.Y.T –Las religiones hablan de la esperanza…

G.J.E.–Sí, claro, esa es la función de las religiones: generar esperanza a través de la fe. Pero a menudo esa esperanza está ubicada en otro mundo, más allá de la vida conocida. Por cómo van las cosas, me parece que tienen razón.

N.Y.T –¿Cómo percibe a la literatura en la actualidad?

G.J.E.–Me considero un escritor del siglo XX y no del XXI, porque me formé en el XX y así me siento. Creo que los dos últimos grandes escritores europeos del siglo XX fueron Ítalo Calvino y José Saramago, quienes sintetizaron lo mejor al final de ese siglo. En América Latina tenemos a Carpentier, Borges, García Márquez, y grandes poetas: Darío, Neruda, Vallejo, Huidobro, que marcaron épocas completas. Nací en plena mitad del siglo XX y viví plenamente la segunda mitad, en medio de las vanguardias históricas y los movimientos contraculturales, el jazz y el rock, el surrealismo, la anti-poesía y todo eso, lo cual para mí fue algo muy grande, me marcó para siempre. Aquí en Venezuela, mi país, hay grandes escritores también. Me considero afortunado de haber conocido tantos escritores extraordinarios, de quienes recibí lecciones de vida y de poesía, que me han nutrido toda la vida. Desde mi propio padre Elisio Jiménez Sierra, que fue poeta y ensayista, hasta un sinfín de escritores que conocí en Caracas, en Mérida y Barquisimeto, ya idos la mayoría de ellos, como Salvador Garmendia, Adriano González León, Orlando Araujo, Vicente Gerbasi, Francisco Pérez Perdomo, Hernando Track, y Pedro Francisco Lizardo, Víctor Valera Mora y Caupolicán Ovalles, Eleazar León, Reynaldo Pérez So, Luis Alberto Angulo, Elí Galindo y Luis Sutherland, Orlando Pichardo, Álvaro Montero, Gabriel Mantilla Chaparro, Ramón Palomares y Gustavo Pereira, Juan Calzadilla; a todos ellos he hecho un reconocimiento a mi manera. Me he nutrido de su amistad y de su palabra y también he tenido ocasión de reconocerles en la medida de mis posibilidades con ensayos, antologías, selecciones. También en otros países he hecho amigos que me honran con su afecto y su recuerdo, y son mi tesoro más preciado: Borges, Rulfo, Monterroso, Lezama Lima, Galeano, García Márquez, Cortázar. Después conocí a Vila Matas, a Rossi, a Piglia, a Pitol. En Cuba, Argentina y España he hecho grandes amigos, y también en Chile. Tuve grandes amigos por correspondencia, como Antonio Fernández Molina. Me hubiera gustado conocer a Octavio Paz. Los releo permanentemente. También me gusta mantenerme cerca de los jóvenes, pues siempre aprendo de ellos cosas nuevas, cosas sorprendentes.

Gabriel Jiménez Emán (Caracas, 1950) es un narrador y poeta venezolano. Algunas obras suyas serán editadas en los Estados Unidos por la Editorial Faber and Faber.

agosto 8, 2018   ningún comentario

De riesgos, desastres, amuletos y otros cuentos de terror

Ante la fuerza de la naturaleza, todos somos vulnerables, y por eso, todos somos uno cuando se trata de salvar vidas o ayudar a una víctima.
                           
Enrique Peña Nieto

Es de sobra conocido que no existen desastres naturales, sino desastres socialmente construidos; son producto de una exposición vulnerable [de la sociedad] ante una amenaza natural.
                        
Sergio Puente, El Colegio de México.

Rosario Herrera, Michoacán. La tragedia, ya lo advertía el gran Aristóteles en su “Poética”, en el siglo iv a.e., sigue una curva infalible: 1) el destino, con su carga de herencia de los ancestros, el hilo de la vida y la muerte que hilan las Moiras griegas, las Parcas romanas y las Nornas nórdicas; 2) el reconocimiento, la anagnórisis, que exige leer los signos del camino para evitar la tragedia y 3) la Hamartía, el error fatal en el que se puede incurrir por desconocimiento (que no es ignorancia), pues se conoce pero se desconoce para poder caer en el error trágico. Todos estos momentos se cumplen en el siniestro terremoto del 19 de septiembre. No es increíble la repetición, ¡otra vez el 19 de septiembre!, sino la ceguera que no permite captar la herencia del pasado terremoto S19/1985, leer los signos del camino, por irresponsabilidad, cinismo, ambición, corrupción e impunidad, y cometer los mismos errores, por falta de memoria trágica e histórica.

Lorenzo Meyer, el prestigiado historiador y agudo analista político, ante los huracanes y terremotos recientes denunció y alertó sobre los “desastres anunciados”, que pueden ser no sólo previsibles sino hasta mitigables. Pero, en el trágico horizonte de este 19 de septiembre, como salió a luz pública y saldrán muchas más oscuridades, complicidades y trapacerías de los políticos que nos mal gobiernan, los soberanos y los medios de incomunicación que los justifican, para librar de responsabilidades a instituciones y funcionarios, pretenden aferrarse como siempre a calificar este terremoto de “desastre natural”, para echar un negro manto sobre todas las tareas que el gobierno debía haber realizado y no lo hizo, antes de decretar tres días de luto nacional y aplicar un plan de gobierno en tres etapas: dar apoyo a la población damnificada “salvar vidas”, elaborar un censo exhaustivo de los daños materiales y realizar la restauración y reconstrucción. Tres etapas en las que la primera está a cargo de la ya despojada ciudadanía; la segunda, en la que seguramente va haber manipulación electoral y la tercera que consiste en el negocio más grande imaginado: la “cuca boruca” de la ayuda internacional, el fondo para desastres y los depósitos bancarios de la ciudadanía a los dudosos bancos.

Sin embargo, este siniestro 19 de septiembre, marcado por el calendario azteca, cual poema de piedra, con su tiempo circular y mítico, su eterno retorno de lo mismo, expresa desde el fondo de la tierra madre (la siniestra Coatlicue, la de la falda de serpientes), lo que siempre está sucediendo: la megalópolis de 20 millones de habitantes es engañada por los amos de la ciudad, con alarmas que funcionan sólo como amuletos para dormir, pues suenan cuando comienza el sismo o los edificios se están derrumbando; a los empresarios inmobiliarios se les otorgan todos los permisos para comerciar con edificios sin ser calificados por profesionales sistemas de riesgo, que no debían de habitarse menos construirse más pisos sobre edificios ya dañados, que necesariamente se tenían que desplomar.

Estamos más preparados que en 1985, dicen todos los funcionarios del Peñato, y claro, con organizaciones especializadas que se dedican a desviar recursos, como Sinaproc, Conapren, Fonden, Fipreden, Fopreden, todas al parecer, para poder presupuestar y destinar recursos para la causa y echar mano de ellos, pero no para destinarlos a una política y cultura del riesgo, sin corrupción e impunidad. Vamos a ver cuántas responsabilidades se van a fincar después de este Desastre Anunciado. Tal vez ninguna, como en 1985. Que al cabo ya verán los amos cómo se las van a arreglar para poner un Fiscal a Modo, ahora que va a ser más necesario que nunca, pues hay que tapar ¡otra vez! hasta el magnicidio de las costureras, a las que sus amos no dejaron ni siquiera ensayar el simulacro del sismo de S19/1985, para no perder sus mezquinas ganancias.

Como dejó ver este siniestro segundo terremoto de septiembre 19, ni a Miguel Ángel Mancera ni a Enrique Peña Nieto les ha interesado evaluar riesgos, que ya estaban enfrente de ellos: edificios viejos, mal construidos, dañados o sensibles desde 1985; edificios nuevos mal construidos para multiplicar ganancias; alarmas que suenan cuando ya está el sismo e incluso al momento del desplome del inmueble, que fueron vendidas por Mancera a los capitalinos para que tuvieran dulces sueños. Pero, ¿acaso ignoraba que desde 1985 había muchos edificios con fallas y que no habían sido desalojados ni demolidos? Claro que no. Pero en la agenda de todos los gobiernos y de todos los colores nunca hay lugar para la cultura del riesgo y menos para políticas públicas, programas y presupuesto para dictaminar el riesgo y realizar las acciones necesarias y las obras pertinentes para evitar la tragedia.

Y, para colmo, además de concebir esta tragedia como un desastre natural, Enrique Peña Nieto no entiende que no entiende y por eso no aprende y deja a cargo de la milicia las tareas propias de los expertos y los topos populares, que sí salvan vidas por todo el mundo. No se ilustra ni en las películas hollywoodenses, como “El dormilón de Woody Allen, USA, 1973, donde la milicia a cargo del orden público o de cualquier desastre, destruye todo lo que toca, igual que en el “Enjambre”, de Irwin Allen, USA, 1978 (con Michael Caine), en la que el General del US Army, encargado de liberar a la población de una plaga de abejas africanas, no concibe una idea más inteligente su neurona militar que bombardear la ciudad de Houston, para exterminar el mortal enjambre y salvar América.

octubre 3, 2017   ningún comentario

Tala en Argentina, Crisis en cámara lenta

Juan Funes, tomado de Página 12. Casi la mitad del desmonte en Argentina se realiza en zonas prohibidas donde pasa no crece más el verde. Un informe de Greenpeace denuncia que la mitad del área de desmonte avanzó sobre territorios prohibidos para realizarlo.

Chaco es la provincia con mayor cantidad de hectáreas con desmonte. La superficie de bosques desmontada entre enero y junio de este año en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Formosa y Chaco superó la superficie de 45 mil hectáreas, de las cuales un 42 por ciento se produjo en regiones protegidas por la Ley de Bosques, según reveló ayer Greenpeace a través de un informe. La normativa sancionada a fines de 2007 protege a las regiones que forman parte de Parques Nacionales y Provinciales, zonas de bosques ribereños, lugares en los que habitan animales en peligro de extinción y áreas en donde viven comunidades, sobre las cuales continúa el avance del desmonte. “Lo más grave es que en ningún caso se está reforestando, por lo cual el bosque no vuelve a crecer. Se está avanzando de una manera muy alta”, advirtió en diálogo con PáginaI12 Noemí Cruz, vocera de la Campaña de Bosques de Greenpeace. Cruz aseguró, además, que desde el Estado nacional se impulsó un proyecto de ganadería que atenta contra la conservación de los bosques en la provincia de Chaco. Por todos estos motivos, según afirmó la activista, Greenpeace va a llevar al Congreso de la Nación una Ley de Delitos Forestales para frenar el desmonte.

En Chaco fueron desmontadas 17 mil hectáreas, de las cuales 10.718 mil eran bosques protegidos; en Santiago del Estero el total fue de 13.707, con 8.083 mil prohibidas; en Formosa de 7.754 hectáreas deforestadas, en 136 no estaba permitido; en tanto en Salta, de 7.009 hectáreas, 678 se desmontaron ilegalmente. Esos fueron los datos obtenidos en cada provincia por el relevamiento que realizó Greenpeace. Para ello utilizaron imágenes obtenidas por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), que luego fueron procesadas para distinguir los distintos tipos de vegetación y finalmente comparadas y superpuestas a las imágenes de 2015 y 2016. “Lo que hacemos desde el año pasado es monitorear provincia por provincia, y vemos que la deforestación está avanzando sobre los bosques que la Ley de Bosques protege. Se está aumentando de una manera muy alta”, explicó Cruz, y denunció que existe “una clara complicidad de los funcionarios provinciales en la violación de la normativa”.

El informe señala que los bosques nativos que fueron clasificados por las provincias en las categorías “I-Rojo” y “II-Amarillo” de los Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos deben continuar en pie, ya que su desmonte “tendría un impacto ambiental significativo y afectaría seriamente a muchas comunidades”. “Permitir el desmonte en esas zonas vulnera e ignora las demandas de la sociedad”, agrega el estudio. La activista salteña indicó que la categoría I-Rojo, “integra áreas que son Parques Nacionales y Provinciales, además de bosques ribereños”. “En algunos casos se avanzó en estas zonas, en Chaco por ejemplo, en la región de transición entre Chaco Seco y la selva de la Yunga. Allí fueron desmontadas 3 mil hectáreas de manera ilegal”, detalló luego. “Donde más avanza el desmonte es en la región de Chaco Seco, en donde hay muchas especies en peligro de extinción que quedan sin su hábitat. Cuando se aniquila el bosque también se exterminan a los animales”, agregó.

Por su parte, la categoría de II-Amarillo se le asigna a las zonas “en las que viven comunidades y el desmonte puede acarrear conflictos sociales”, apuntó Cruz. El desmonte de las regiones de esta clasificación ocurre principalmente en Santiago del Estero. La activista enumeró varios ejemplos en la provincia: “Hace tres meses, y de nuevo hace una semana, el empresario y terrateniente santafesino Hugo Moschen avanzó con topadoras y abrió picadas de 30 metros de ancho en la comunidad El Retiro, sin autorización de la Dirección de Bosques de Santiago. Amenazaron con tiros al aire a los campesinos y destruyeron quebrachos, algarrobos y mistoles. Luego los campesinos pudieron frenarlos”, relató. Al caso se suman “el intento de avanzar sobre tierras en la comunidad de La Florida, en donde murió una mujer de 92 años en junio al no poder resistir un intento de desalojo”, y “otros casos de usurpación de tierras campesinas, que están en riesgo, como Zorro Huarcuna, Sol de Mayo, San José y Santo Domingo”.

Dentro de este contexto, Cruz advirtió que “el Estado nacional impulsó un proyecto de, supuestamente, ganadería sustentable. Pero de ninguna manera es sustentable porque se elimina todo el sotobosque y a la escala que se quiere hacer es irreversible”. Para finalizar el informe, Greenpeace reclama al Congreso de la Nación “la urgente sanción de una Ley de Delitos Forestales”. Al respecto, el coordinador de la campaña de Bosques de la ONG, Hernán Giardini, explicó que actualmente “se aplican multas a los infractores de la Ley de Bosques pero no son suficientes para desalentar el delito; en muchos casos es clara la complicidad de los funcionarios en la violación de la normativa legal”. Por este motivo, consideran que es necesaria “una Ley penal que sancione a los responsables de destruir los bosques nativos con penas de 2 a 10 años de prisión. Quienes destruyen los bosques no son empresarios, son delincuentes”.

 

 

septiembre 4, 2017   ningún comentario

Vindicación de Sacco y Vanzetti

Howard Zinn, La Jornada. Cincuenta años después de la ejecución de los inmigrantes italianos Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instauró un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión fue que a ninguno de estos dos hombres se les siguió un proceso justo. Esto levantó en Boston una tormenta menor. John M. Cabot, embajador estadunidense retirado, envió una carta donde declaraba su “gran indignación” y apuntaba que la sentencia de muerte fue ratificada por el gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso: el presidente Lowell, de Harvard; el presidente Stratton, del MIT, y el juez retirado Grant”.

Esos tres “distinguidos y respetados ciudadanos” fueron vistos de modo muy distinto por Heywood Broun, quien en su columna de New York World escribió inmediatamente después que los invitados distinguidos del gobernador rindieran su informe. Y decía: “No cualquier prisionero tiene a un presidente de Harvard University que le prenda el interruptor de corriente… si esto es un linchamiento, por lo menos el vendedor de pescado y su amigo el obrero podrán sentirse ungidos en el alma pues morirán a manos de hombres con trajes de etiqueta y togas académicas”. Heywood Broun, uno de los más distinguidos periodistas del siglo XX, no duró mucho como columnista de New York World.

En el 50 aniversario de la ejecución, el New York Times informó que “los planes del alcalde Beame de proclamar el martes siguiente como el ‘día de Sacco y Vanzetti’ fueron cancelados en un esfuerzo por evitar controversias, dijo un vocero de la municipalidad ayer”.

Debe haber buenas razones para que un caso de 50 años de antigüedad, hoy ya de 80 años, levante tantas emociones. Sugiero que esto ocurre porque hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena.

El caso de Sacco y Vanzetti revela, en los más descarnados términos, que las nobles palabras inscritas en los frontispicios de nuestras cortes “igualdad de justicia ante la ley”, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor de pescado y el zapatero, no lograron obtener justicia en el sistema estadunidense, porque la justicia no se imparte igual para el pobre que para el rico, para el oriundo que para el nacido en otros países, para el ortodoxo que para el radical, para el blanco o la persona de color. Y aunque la injusticia se juegue hoy de maneras más sutiles y de modos más intrincados que en las crudas circunstancias que rodearon el caso de Sacco y Vanzetti, su esencia permanece.

En su proceso la inequidad fue flagrante. Se les acusaba de robo y asesinato, pero en la cabeza y en la conducta del fiscal acusador, del juez y del jurado, lo importante de ambos era, como lo puso Upton Sinclair en su notable novela Boston, que eran wops, bachiches (es decir “italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres, radicales.

He aquí una muestra del interrogatorio policiaco.

Policía: ¿Eres ciudadano?

Sacco: No.

Policía: ¿Eres comunista?

Sacco: No.

Policía ¿Anarquista?

Sacco: No.

Policía ¿Crees en el gobierno de nosotros?

Sacco: Sí. Algunas cuestiones me gustan de modo diferente.

¿Qué tenían que ver estas cuestiones con el robo de una fábrica de zapatos en South Braintree, Massachusetts, y con los disparos que recibieron el pagador de la fábrica y un guardia?

Sacco mentía, por supuesto. No, no soy comunista. No, no soy anarquista. ¿Por qué le mintió a la policía? ¿Por qué habría de mentirle un judío a la Gestapo? ¿Por qué habría de mentir un negro en Sudáfrica a sus interrogadores? ¿Por qué necesitaba mentir un disidente en la Unión Soviética a la policía secreta? Porque saben que no existe la justicia para ellos.

¿Alguna vez ha habido justicia en el sistema estadunidense para los pobres, las personas de color, los radicales? Cuando los ocho anarquistas de Chicago fueron sentenciados a muerte en 1886 tras el motín de Haymarket (un motín policiaco, por cierto), no fue porque existiera alguna prueba de conexión entre ellos y la bomba que alguien arrojó en medio de la policía, no había ni un jirón de evidencia. Los condenaron por ser los líderes del movimiento anarquista de Chicago.

Cuando Eugene Debs y otros mil fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, ¿fue porque eran culpables de espionaje? Eso es muy dudoso. Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Cuando se emitió la sentencia de diez años para Debs, el magistrado de la Suprema Corte, Oliver Wendell Holmes, quiso dejar muy claro que Debs debía ir a prisión: Y citó un discurso de Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Holmes, muy admirado como uno de los grandes juristas liberales, dejó claro los límites del liberalismo, las fronteras que le fijaba el nacionalismo vindicativo. Después de agotadas todas las apelaciones de Sacco y Vanzetti, el caso llegó ante el propio Holmes, en la Suprema Corte, quien se rehusó a revisar el caso, y dejó que el veredicto quedara en pie.

En nuestro tiempo, Ethel y Julius Rosenberg fueron enviados a la silla eléctrica. ¿Fue porque eran culpables, más allá de cualquier duda razonable, de pasarle secretos atómicos a la Unión Soviética? ¿O fue porque eran comunistas, como dejó claro el fiscal con la aprobación del juez? ¿No fue también porque el país estaba en medio de una histeria anticomunista, cuando los comunistas tomaban el poder en China, había guerra en Corea, y el peso de todo eso había que imputárselo a dos comunistas estadunidenses?

¿Por qué fue sentenciado en California a diez años de prisión George Jackson, por un robo de 70 dólares, y luego fue asesinado a tiros por los guardias? ¿No fue porque era pobre, negro y radical?

¿Puede hoy un musulmán, en la atmósfera de “guerra contra el terror” confiar en una justicia equitativa ante la ley? ¿Por qué sacó la policía de su carro a mi vecino del piso de arriba, si no había violado ningún reglamento de tránsito y luego fue cuestionado y humillado? ¿Acaso fue porque es un brasileño de piel morena que podría parecer un musulmán de Medio Oriente?

¿Por qué los dos millones de personas en las cárceles y prisiones estadunidenses, y los seis millones que están bajo fianza, vigilancia o libertad condicional son fuera de toda proporción gente de color o pobres? Un estudio muestra que 70 por ciento de la gente que está recluida en las prisiones de Nueva York proviene de siete barrios de la ciudad conocidos como zonas de pobreza y desesperación.

La injusticia de clase corta transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia.

Pero ser pobres no fue el crimen principal de Sacco y Vanzetti. Eran italianos, inmigrantes, anarquistas. No habían pasado siquiera dos años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Habían protestado contra la guerra, se habían negado al reclutamiento. Vieron cómo crecía la histeria contra los radicales y los extranjeros, observaron las redadas que emprendían los agentes del procurador general Palmer, del Departamento de Justicia, que irrumpían en mitad de la noche a los hogares sin órdenes judiciales, mantenían a las personas incomunicada y las golpeaban con garrotes y cachiporras.

En Boston 500 fueron arrestados, los encadenaron y marcharon con ellos por las calles. Luigi Galleani, editor del periódico anarquista Cronaca Sovversiva, al cual estaban suscritos Sacco y Vanzetti, fue detenido y deportado de inmediato.

Había ocurrido algo más aterrador. Un compañero de Sacco y Vanzetti, también anarquista, un tipógrafo llamado Andrea Salsedo, que vivía en Nueva York, fue secuestrado por agentes de la FBI (uso el término “secuestrado” para describir la abducción ilegal de una persona), y se le mantuvo en las oficinas del piso 14 del Park Row Building. No se le permitió hablar con su familia, ni con sus amigos o abogados, y fue interrogado y golpeado, según otro prisionero. Durante la octava semana de su encierro, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salsedo, aplastado y desfigurado hasta quedar hecho un amasijo, fue encontrado sobre el pavimento cercano al Park Row Building, y la FBI anunció que Salsedo se había suicidado brincando de la ventana del piso 14, justo del cuarto donde lo tenían retenido. Esto ocurrió tan sólo dos días antes de que Sacco y Vanzetti fueran arrestados.

Hoy sabemos, como resultado de los informes del Congreso en 1975, de un programa de contrainteligencia de la FBI conocido como Cointelpro (Counter Intelligence Program) en el cual los agentes de dicha dependencia irrumpían en casas y oficinas, implantaban micrófonos ilegalmente, se involucraban en actos de violencia hasta el punto del asesinato y en 1969 colaboraron con la policía de Chicago en el asesinato de dos líderes de los Panteras Negras. La FBI y la CIA han violado la ley una y otra vez. No hay castigo para ellos.

Hay muy pocas razones que nos hagan tener fe en que las libertades civiles en Estados Unidos puedan protegerse en la atmósfera de histeria que siguió al 11 de septiembre de 2001 y que continúa hasta el día de hoy. En el país ha habido redadas de inmigrantes, detenciones indefinidas, deportaciones y espionaje doméstico no autorizado. En el extranjero se cometen matanzas extrajudiciales, tortura, bombardeos, guerra y ocupaciones militares.

Así también, el proceso contra Sacco y Vanzetti comenzó inmediatamente después del Memorial Day, año y medio después de que terminara la orgía de muerte y patriotismo que fue la Primera Guerra Mundial, mientras los periódicos seguían vibrando con el redoble de los tambores y la retórica jingoísta.

Doce días después de comenzado el juicio, la prensa informó que los cuerpos de tres soldados habían sido transferidos de los campos de batalla en Francia a la ciudad de Brockton, y que toda la población había salido a celebrar una ceremonia patriótica. Todo esto se hallaba en los periódicos que el jurado podía leer.

Sacco fue interrogado por el fiscal Katzmann:

Pregunta: ¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?

Sacco: Eso es muy difícil de expresar en una sola palabra, señor Katzmann.

Pregunta: Son dos las palabras que puede usted usar, señor Sacco, sí o no. ¿Cuál es la palabra?

Sacco: Sí.

Pregunta: Y para poder mostrarle su amor a este país, Estados Unidos de América, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera usted soldado, ¿se fue usted corriendo a México?

Al principio del juicio, el juez Thayer (que hablando con un conocido con el que jugaba al golf se refirió a los acusados como “esos anarquistas mal nacidos”) dijo al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

Las emociones evocadas por una bomba que estalló en la casa del procurador general Palmer durante el tiempo de la guerra –al igual que las emociones desatadas por la violencia del 11 de septiembre– crearon una atmósfera de ansiedad en la cual las libertades civiles se pusieron en entredicho.

Sacco y Vanzetti entendieron que cualquier argumento legal que sus abogados pudieran haber invocado no prevalecería contra la realidad de una injusticia de clase. Sacco dijo a la corte, al escuchar la sentencia: “Sé que la sentencia será entre dos clases, la de los oprimidos y la de los ricos… Es por eso que estoy aquí ahora, en el banquillo de los acusados, por pertenecer a la clase de los oprimidos”.

Tal punto de vista parece dogmático, simplista. No todas las decisiones en las cortes pueden explicarse así. Pero, a falta de una teoría que encaje en todos los casos, el punto de vista simple, fuerte de Sacco, es con seguridad una mejor guía para entender el sistema legal que aquel que asume que hay una competencia entre iguales basada en una búsqueda objetiva por averiguar la verdad.

Vanzetti sabía que los argumentos legales no los salvarían. A menos que un millón de estadunidenses se organizaran, él y su amigo Sacco morirían. Palabras no, lucha. Apelaciones no, exigencias. Peticiones al gobernador no, toma de fábricas. No se trataba de lubricar la maquinaria de un supuesto sistema legal justo para que funcionara mejor, sino de una huelga general que detuviera la maquinaria.

Tal cosa nunca ocurrió. Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago y San Francisco; también en Londres, París, Buenos Aires y Sudáfrica. No fue suficiente. La noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero un enorme contingente de policías los mantuvo alejados de la prisión. Fueron arrestados muchos manifestantes. Las ametralladoras estaban emplazadas en las azoteas y los reflectores barrían el escenario.

Una gran multitud se juntó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Unos minutos antes de la medianoche, las luces de la prisión se atenuaron en el momento en que los dos hombres fueron electrocutados. El New York World describió la escena: “La multitud respondió con un sollozo gigante. Las mujeres se desmayaron en 15 o 20 lugares. Otras, sobrecogidas, se tumbaron en las banquetas y hundieron la cabeza entre los brazos. Los hombres se apoyaban en los hombros de otros hombres y lloraban”.

Su crimen máximo era su anarquismo, una idea que aún hoy nos desconcierta como un relámpago debido a su verdad esencial: todos somos uno, las fronteras nacionales, los odios nacionales deben desaparecer, la guerra es intolerable, los frutos de la tierra deben compartirse, y mediante la lucha organizada contra la autoridad, puede advenir un mundo así.

Lo que nos llega a hoy del caso de Sacco y Vanzetti no es sólo la tragedia, también nos llega la inspiración. Su inglés no era perfecto, pero cuando hablaban se volvía una especie de poesía. Vanzetti dijo de su amigo: “Sacco es un corazón, una fe, un carácter, un hombre; un hombre que ama la naturaleza y a la humanidad. Un hombre que lo dio todo, que lo sacrifica todo a la causa de la libertad y a su amor a la humanidad: el dinero, el descanso, la ambición mundana, su propia esposa, sus niños, él mismo y su propia vida… Ah, sí, puede que sea yo más ingenioso y más parlanchín que él, pero muchas, muchas veces, al escuchar cómo resuena en su voz valerosa una fe sublime, al considerar su sacrificio supremo, al recordar su heroísmo, me he sentido pequeño, pequeño en presencia de su grandeza, y me he sentido empujado a no dejar que me invadan las lágrimas, a dominar el corazón que se me agolpa en la garganta para no llorar ante él; ante este hombre al que se le llama capo , asesino y maldito”.

Lo peor de todo es que fueran anarquistas, lo que significaba que tenían alguna loca noción de democracia plena donde no existiría la extranjería ni la pobreza, y que pensaran que sin esas provocaciones la guerra entre las naciones terminaría para siempre. Pero para que esto ocurriera los ricos debían ser combatidos y sus riquezas confiscadas. Esa idea anarquista es un crimen mucho peor que robar una nómina y por eso hasta el día de hoy Sacco y Vanzetti no pueden ser recordados sin gran ansiedad.

Sacco escribió esto a su hijo Dante: “Así que, hijo, en vez de llorar, sé fuerte, de modo que seas capaz de consolar a tu madre… llévala a una larga caminata por el campo en silencio, junten flores silvestres aquí y allá, descansen a la sombra de los árboles… pero recuerda siempre, Dante, en este juego de la felicidad no te sirvas a ti mismo únicamente… ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque son ellos tus mejores amigos… en esta lucha de vida hallarás más amor y serás amado”.

Sí, fue su anarquismo, su amor por la humanidad, lo que los condenó. Cuando Vanzetti fue arrestado, tenía en el bolsillo un volante que anunciaba una reunión que debía ocurrir cinco días más tarde. Es un volante que podría distribuirse hoy, en todo el mundo, de modo tan apropiado como el día de su arresto. Decía: “Han combatido en todas las guerras. Han trabajado para todos los capitalistas. Han recorrido todos los países. ¿Han cosechado los frutos de sus fatigas, el premio de sus victorias?

¿Acaso el pasado les da consuelo? ¿El presente les sonríe? ¿El futuro les promete cualquier cosa? ¿Han encontrado un pedazo de tierra donde puedan vivir como seres humanos y morir como seres humanos?

Sobre esas cuestiones, sobre estos argumentos de la lucha por la existencia, Bartolomeo Vanzetti hablará en esa reunión”.

Ese encuentro nunca tuvo lugar. Pero su espíritu existe hoy en la gente que cree y que ama y que lucha en todo el mundo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Tomado del nuevo libro de Howard Zinn: A Power Governments Cannot Suppress, City Lights Books, San Francisco, 2007. Este libro será publicado en fecha próxima por La Jornada.

agosto 30, 2017   ningún comentario

Guerra psicológica en Venezuela

Marcelo Colussi tomado de Rebelión. Venezuela está en guerra. Hace largo tiempo que lo está, pero en estos últimos meses todo indica que esa guerra entró en una fase nueva. Para quienes la provocan, pareciera que apuestan a que este sea el momento final de ese enfrentamiento. Es decir: una guerra que tiene que tener un desenlace; y como en toda guerra, uno de los bandos en pugna debe alzarse vencedor, pero para el caso –según lo que se desprende de los actuales acontecimientos– aplastando al derrotado, no negociando sino neutralizándolo totalmente, no dejando espacio para la reacción.

Donde hay balas sobran las palabras”, pudo leerse alguna vez en una pinta callejera anónima cuando el inicio de una dictadura sangrienta, una más de tantas que poblaron la región latinoamericana. Cuando se pasa de las palabras, los símbolos, la búsqueda de consenso, al hecho concreto (las balas, la violencia descarnada, la intervención armada y sanguinaria), lo único que cuenta es la fuerza bruta. En Venezuela pareciera que se va hacia esto.

Ahora bien: llegar al uso de la fuerza bruta, al menos en términos de las dinámicas socio-políticas, no es algo sencillo, requiere de preparaciones. Las guerras no surgen por generación espontánea. Son posibles, sin dudas, (“la violencia es la partera de la humanidad”, dijo Marx) pero las poblaciones, o las fuerzas armadas, no hacen uso de la violencia solo por un presunto “espíritu agresivo” siempre listo a entrar en acción: es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones. Solo porque sí (salvo un caso de trastorno mental: un psicótico o un psicópata por ejemplo) nadie mata a su vecino. La moral social, la culpa se impone. Los llamados “normales” (aquellos que estructuralmente somos neuróticos) nos regimos por normas de convivencia; las podemos transgredir circunstancialmente, pero en términos generales las respetamos. El respeto a la norma nos contiene.

¿Cómo es posible que alguien mate a otro ser humano? Hay que despersonalizar a esa víctima: hay que transformarla en un “enemigo”, una cosa sin valor, un “malo de la película”. Solo así alguien “normal” puede saltar una regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como “peligro”, un “enemigo” deshumanizado (sin nombre, sin historia, sin sentimientos), pudiéndole quitar la vida sin culpa. Cuando en la guerra se mata a otro, nadie se siente un asesino: en todo caso, en nombre de determinados ideales (defensa de la patria, causa justiciera, etc.), cualquiera, dadas las circunstancias, puede empuñar un arma y aniquilar a otro ser humano. Más aún: la guerra premia a quien más “enemigos” mata. Se es un héroe de la patria, se le condecora; de ahí que, terminada la guerra, es tan difícil hacer ese pasaje hacia un nuevo mundo de legalidad y respeto al otro donde, si se mata, se es un delincuente1.

Para que haya violencia física desatada, organizada, planificada sistemáticamente (para que haya balas, en otros términos), es necesario preparar las condiciones que permitan no ver al otro como un ser humano sino como un “enemigo”, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna. Para lograr eso existen las llamadas operaciones psicológicas (guerra de cuarta generación, como se le ha dado en llamar recientemente). En otros términos: la Psicología, en tanto ciencia, a favor de un proyecto de dominación (lo que la transforma en mera tecnología ideologizada, en práctica vasalla al servicio del poder, quitándole su pretendida seriedad científica).

Una masa perpetuamente balanceándose al borde de la inconsciencia, pronta a ceder a todas las sugestiones, poseyendo toda la violencia de sentimiento propia de los seres que no pueden apelar a la influencia de la razón, desprovista de toda facultad crítica, no puede ser más que excesivamente crédula”2, anunciaba a inicios del siglo XX el iniciador de la Psicología de las multitudes, el francés Gustave Le Bon. A partir de esos fenómenos, los años posteriores nos fueron confrontando con la aplicación práctica de esos principios. Así, el Ministro de Comunicaciones del régimen nazi, el alemán Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna, pudo decir: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (…) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”3. En otros términos, su famosa frase que lo resume: “Miente, miente, miente, que algo queda”.

Esa suerte de “psicología”, si así puede llamársele, esa técnica de manipulación, esa herramienta diabólica al servicio de la dominación y la explotación, dio como resultado una “ingeniería humana” dedicada al control social de grandes mayorías. De esa cuenta, un ideólogo de la derecha conservadora estadounidense, el polaco-norteamericano Zbigniew Brzezinsky, lo dijo magníficamente: “En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”4

Las guerras se preparan. En Venezuela, hoy día se está preparando una guerra; o más aún: ya está en curso una guerra, de momento mediático-psicológica, preparándose condiciones para –muy probablemente– una posterior intervención armada.

¿Por qué esta guerra? La misma no se puede entender solo por causas endógenas: debe verse en el marco de lo que significa ese país y el papel jugado globalmente por la principal potencia capitalista mundial: Estados Unidos. Lo que mueve todo esto es la afanosa, imperiosa necesidad de la gran potencia por el petróleo.

Las reservas de oro negro que tiene Venezuela aseguran un aprovisionamiento para la economía estadounidense para todo lo que resta del presente siglo, considerando aún el aumento geométrico de la demanda. Eso es vital para el funcionamiento de la primera economía capitalista (el petróleo mueve el mundo), y vital para las grandes multinacionales petroleras que lucran con ese negocio, estadounidenses principalmente, y también europeas. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, Global Policy Forum).

Dicho más claramente aún: la guerra que se libra en Venezuela es la guerra de unos grandes pulpos comerciales que no quieren perder un hiper rentable negocio que les asegurará miles de millones de dólares por muchas décadas. Guerra que se articula, igualmente, con una derecha nacional que fue siempre la burocracia administradora y testaferra de esas compañías, y que ahora, con la Revolución Bolivariana en curso, se encuentra desplazada.

Ahora bien: no se puede invadir Venezuela de un día para otro. Hay que crear el clima para que el gobierno nacionalista/socialista actual (iniciado por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro) se aleje del poder. Hasta ahora, todas las maniobras desplegadas (por el gobierno de Estados Unidos, por la derecha vernácula, por el coro conservador que acompaña esas iniciativas a lo largo del mundo) fracasaron. Pero la guerra iniciada a principios de este año parece que está logrando otros resultados. Es más que probable que el Departamento de Estado, en Washington, ya tenga trazados todos los planes que seguirán, con sus distintas variantes. Todo indica que lo que se viene puede ser mortal para el proceso bolivariano. Van por la cabeza de Maduro, van por terminar de una buena vez con todo ese proceso, van por las inconmensurables reservas de la franja del Orinoco. Lo que comenzó es una brutal guerra psicológico-mediática. Steven Metz dice sin ambages en qué consiste la misma: “Generalmente busca generar un impacto psicológico de magnitud, tal como un shock o una confusión, que afecte la iniciativa, la libertad de acción o los deseos del oponente; requiere una evaluación previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tácticas, armas o tecnologías innovadoras y no tradicionales”5. Hace meses que esto se viene haciendo en Venezuela.

Seguramente las actuales acciones están preparando la nueva fase: la necesidad de intervención de una fuerza militar internacional, probablemente de la OEA, quizá de la ONU, que intente “reinstalar la democracia perdida”. La avanzada mediática a que asistimos, que ya lleva meses, ha ido creando la matriz necesaria. La prensa, que ya no es el cuarto poder , que ya subió de categoría (pues es quien fija realmente la agenda político-cultural, las prioridades, la que moldea la bendita “opinión pública”), viene presentando la situación venezolana como un caos, un desastre generalizado donde se combinan escasez económica, crisis política y, más recientemente, virtual guerra civil, ya con alrededor de 50 muertos. “Venezuela se enfrenta ahora a la inestabilidad económica, social y política significativa debido a la rampante violencia, la delincuencia y la pobreza, la inflación galopante, la grave escasez de alimentos, medicinas y electricidad”, anunciaba el general John Kelly ante el Comité Senatorial de Servicios Armados del Congreso el 12 de marzo de 2015. Un año después, el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur, informaba en Washington que “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”. ¿Guión ya establecido?

En el Documento “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, de inicios del 2016 –guión de la novela ya escrita– puede leerse como algunas de las acciones a seguir: “(…) c) Aislamiento internacional y descalificación como sistema democrático, ya que no respeta la autonomía y la separación de poderes. d) Generación de un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”.

La crisis de escasez está generada por la especulación y el mercado negro implementados por el mismo empresariado local; la crisis política es una artera maniobra de las fuerzas políticas de derecha, nucleadas en la Mesa de la Unidad Democrática –MUD–, financiadas y teledirigidas por la Casa Blanca; y la virtual situación de guerra civil es un escenario fabricado por bandas de matones a sueldo y francotiradores que aterrorizan a la población. La imagen que todo ello posibilita ir creando, interna e internacionalmente, es de desastre humanitario, de ríos de sangre, de situación de ingobernabilidad absoluta.

La situación no es ingobernable, pero esa guerra psicológica lleva a que lo sea. Las muertes de personas –entre ellos, un joven chavista linchado por hordas antichavistas–, la quema de unidades de transporte, los ataques a edificios gubernamentales, son reales, sin duda. Su magnificación, la forma en que se presentan, los artificios que logran las tomas televisivas que muestran “cientos y cientos de miles de personas hastiadas del régimen castro-comunista del dictador Maduro” han logrado disociar/esquizofrenizar la opinión pública global (la venezolana en principio, la planetaria luego), para pedir a gritos una “solución”.

La población, como siempre, queda en el medio, víctima de esa manipulación. Lo que decía Goebbels hace casi 100 años, o lo que la Psicología de las Multitudes ya entreveía en los albores del siglo XX (“las masas son increíblemente manipulables, las masas se mueven por sentimientos primitivos”) permite crear las condiciones para que las multinacionales roben una vez más un petróleo que no les pertenece (tal como hicieron y siguen haciendo en Medio Oriente o en el África).

¿Qué sigue ahora en la Revolución Bolivariana de Venezuela? Todos los indicios muestran que el plan de la Casa Blanca sigue los patrones de lo hecho ya en Irak o en Libia, donde se “inventaron” guerras civiles que permitieron derrocar a los “dictadores” correspondientes: Saddam Hussein y Mohamed Khadafi. La guerra psicológica prepara el escenario para, luego, derrocar al gobernante de turno utilizando la fuerza bruta (“donde hay balas sobran las palabras”). Los fantasmas de la Guerra Fría se siguen agitando igual que hace 60 años, y lamentablemente, la población sigue “comprando esos espejitos de colores”.

Como campo popular, oponer otra guerra psicológica de igual cuño es imposible (y éticamente despreciable). La prensa veraz –que por supuesto existe– no puede ante esa prensa comercial mundial que “miente, miente, miente” porque sabe que “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. Quizá, como decía aquella pinta de ese país latinoamericano, se acabó el tiempo de las palabras y es hora de las acciones. ¡Organización popular! ¡Fuerzas armadas fieles a la revolución y población preparada para hacer frente a lo que venga! Tal vez no hay otra alternativa. Si no, el precio a pagar puede ser muy alto.

mmcolussi@gmail.com

https://www.facebook.com/marcelo.colussi.33

1Terminada la guerra volvió el soldado a casa. Pero no tenía ni un mendrugo. Vio a alguien con un pan, y lo mató. ¡No debes matar!, dijo el juez. ¿Por qué no?, preguntó el soldado”, elocuente poema de Wolfgang Borchet.

2 Le Bon, G. (2004) “Psicología de las masas. Estudio sobre Psicología de las multitudes”. Buenos Aires: La Editorial Virtual.

3 Goebbels, J. En un artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.

4 Brzezinsky, Z. (1968). The Technetronic Society. En Encounter, Vol. XXX, No. 1 (Enero).

5 Metz, S. En Bartolomé, M. (S/F) “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y justicia”.

agosto 30, 2017   ningún comentario

Acción por el Agua

Proyecto Cultural SUR Vancouver celebra el IV Aniversario del Monumento Latinoamericano Sopa Sur, representación Cultural de la comunidad Latinoamericana en Vancouver.

Invitamos a la comunidad para que juntos presentemos una declaración a nuestra madre vida, “El Agua.”

Promotores y defensores de la idea de que el agua y la cultura son elementos indispensables. El agua es el único recurso natural que se halla presente en todos los aspectos de la civilización humana y de la vida en general.

Es un intento por salvaguardar el preciado líquido, esta será la primera acción Pc-sur en Vancouver BC, Canadá.

Domingo 30 de julio Hora 1:30 PM, en el Seaforth Peace Park: 1620 Chestnut St, Vancouver, BC

Recomendación: llevar una botella de agua cada uno, para hacer un brindis con Agua y por el Agua.

Frente al Monumento Latino, representación latina en esta hermosa tierra, haremos una oración al Agua, que es nuestra vida, cada uno dará testimonio de lo que significa el agua en lo personal, y en si, para la humanidad.

Los testimonios serán grabados y enviados a las redes sociales, así como a diversos organismos de derechos humanos.

La acción tendrá una duración de dos horas, pueden leer Poesía, llevar guitarras y cantar.

julio 15, 2017   ningún comentario

Homenaje a Rogelia Cruz en La Casona

Colectivo Cultural Pie de Lana tiene el agrado de invitar al  Conversatorio sobre el libro “Guatemala: El Martirio de una Reina y la guerra de la vergüenza”, obra que trata sobre Rogelia Cruz Martínez. El evento se realizará en Centro Cultural La Casona, 3ª. calle 3-59 zona 1, Barrio de la Recolección, ciudad de Guatemala, el miércoles 19 de julio de 2017, a partir de las 6:30 p.m. Admisión gratuita.

La actividad consistirá en un conversatorio sobre el libro, en el que participarán: el escritor Juan Francisco Sagüí Argueta; el licenciado en historia y antropólogo, Mauricio Chaulón Velez; y, la participación de la autora del libro, Marta G. González Molina. Adicionalmente, se proyectará un audiovisual y una intervención musical a cargo de El Cosmonauta. Habrá letras, mensajes de conciencia y poesía, a cargo de Alberto Linares, Rafael Vergara, Leonardo de Leon, José Arevalo, Kelvin Dominguez, Daniel Ruiz, Sosa y Ulices Martinez teniendo como tema central a Rogelia Cruz.

Colectivo Cultural Pie de lana es una asociación no lucrativa cuyo objetivo es realizar actividades culturales que contribuyan a recuperar los espacios públicos de los barrios antiguos del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.

Rogelia Cruz Martínez, nació en 1940 y siendo estudiante de Arquitectura en la Universidad de San Carlos de Guatemala, fue electa para representar a Guatemala en el concurso de Miss Universo realizado en 1959. Fue militante de la organización Juventud Patriótica del Trabajo (JPT), organización de juventud del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). El 11 de enero de 1968, su cadáver fue encontrado desnudo y con evidencias de haber sufrido tortura, en la cercanía de Escuintla, Guatemala. El asesinato de Cruz Martínez resonó en el mundo entero y dio lugar a una serie de asesinatos de represalia entre las fuerzas guerrilleras y el ejercito de Guatemala.

julio 14, 2017   ningún comentario

Festival Internacional Palabra en el Mundo 2017 en la Escuela Secundaria Técnica 128, de Morelia.

Antolín Orozco Luviano. Morelia. El Festival Internacional Palabra en el Mundo (FIP) tuvo una mañana alegre y luminosa en el patio central de la Secundaria Técnica 128, de Morelia. Mesas de lectura de poesía; interpretaciones de guitarra, violín y canto; así como danzas, tendedero poético alusivo a la paz y un torito de petate, fueron expresiones artísticas que presentaron jóvenes estudiantes.

El FIP, que se lleva a cabo en diferentes ciudades del mundo en el mes de mayo, es promovido por el Proyecto Cultural Sur, que en el ámbito internacional preside el poeta Tito Alvarado, y en México lo representa Radha Govinda Lila, presidenta nacional del PCSUR.

En la Secundaria Técnica 128, de Morelia, el festival fue organizado el 23 de mayo por la maestra Evelia Flores Ríos, coordinadora Académica, con apoyo y participación de directivos, maestros y alumnos de esa escuela.

Fue una alegre fiesta juvenil de la cultura, en la que estuvo presente la comunidad escolar de 633 alumnos, con su entusiasmo, con su inquietud y con su aplauso. La sensibilidad de los jóvenes estudiantes se expresó en la danza, en la música y el canto, en las mesas de lectura, en el tendedero poético donde con imágenes, versos y reflexiones dieron con ingenio un mensaje de paz.

Participaron en el programa 90 alumnos, hombres y mujeres, de primero, segundo y tercer grado de secundaria. Las mesas de lectura fueron coordinadas por las maestras de Español; y las presentaciones de danza, canto, guitarra, violín y el Torito de petate, fueron coordinadas por las maestras de Artes. El festival mostró que en la EST 128 hay talento y sensibilidad artística de alumnos y maestros.

Entre los asistentes estuvieron los maestros Jefes de Enseñanza, Marla Mejía y Miguel Guerrero; la maestra Xóchitl Ruiz González, quien laboró en esta escuela y ahora es diputada local en el Congreso de Michoacán y se desempeña como presidenta de la Comisión de Educación.

Asistió también un reportero de medios de comunicación, quien entrevistó a la maestra y poeta Evelia Flores sobre este evento cultural en la Secundaria Técnica 128, donde en años anteriores ya se ha llevado a cabo este festival, promovido por Evelia Flores, autora de los poemarios “Ritual del paraíso” y “Luz en las sendas”.

El director de la escuela, Leobardo Tovar Rodríguez, reconoció el trabajo coordinado de maestros y alumnos en la organización de este evento. Y la maestra Evelia Flores agradeció el apoyo de directivos y maestros para llevar a cabo en esta institución la XI edición del Festival Internacional Palabra en el Mundo.

Con la participación del tradicional Torito de petate, que los mismos alumnos construyeron, concluyó el festival con la música alegre y el baile espontáneo de alumnos y maestros que no se quedaron con las ganas de entrarle al ruedo.

De esta manera finalizó el festival y en el ambiente emotivo quedó el comentario que oí esa mañana: “Este festival de Palabra en el Mundo debería organizarse en todas las escuelas”.

junio 24, 2017   ningún comentario

Guerra psicológica en Venezuela

Marcelo Colussi tomado de Rebelión Venezuela está en guerra. Hace largo tiempo que lo está, pero en estos últimos meses todo indica que esa guerra entró en una fase nueva. Para quienes la provocan, pareciera que apuestan a que este sea el momento final de ese enfrentamiento. Es decir: una guerra que tiene que tener un desenlace; y como en toda guerra, uno de los bandos en pugna debe alzarse vencedor, pero para el caso –según lo que se desprende de los actuales acontecimientos– aplastando al derrotado, no negociando sino neutralizándolo totalmente, no dejando espacio para la reacción.

Donde hay balas sobran las palabras”, pudo leerse alguna vez en una pinta callejera anónima cuando el inicio de una dictadura sangrienta, una más de tantas que poblaron la región latinoamericana. Cuando se pasa de las palabras, los símbolos, la búsqueda de consenso, al hecho concreto (las balas, la violencia descarnada, la intervención armada y sanguinaria), lo único que cuenta es la fuerza bruta. En Venezuela pareciera que se va hacia esto.

Ahora bien: llegar al uso de la fuerza bruta, al menos en términos de las dinámicas socio-políticas, no es algo sencillo, requiere de preparaciones. Las guerras no surgen por generación espontánea. Son posibles, sin dudas, (“la violencia es la partera de la humanidad”, dijo Marx) pero las poblaciones, o las fuerzas armadas, no hacen uso de la violencia solo por un presunto “espíritu agresivo” siempre listo a entrar en acción: es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones. Solo porque sí (salvo un caso de trastorno mental: un psicótico o un psicópata por ejemplo) nadie mata a su vecino. La moral social, la culpa se impone. Los llamados “normales” (aquellos que estructuralmente somos neuróticos) nos regimos por normas de convivencia; las podemos transgredir circunstancialmente, pero en términos generales las respetamos. El respeto a la norma nos contiene.

¿Cómo es posible que alguien mate a otro ser humano? Hay que despersonalizar a esa víctima: hay que transformarla en un “enemigo”, una cosa sin valor, un “malo de la película”. Solo así alguien “normal” puede saltar una regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como “peligro”, un “enemigo” deshumanizado (sin nombre, sin historia, sin sentimientos), pudiéndole quitar la vida sin culpa. Cuando en la guerra se mata a otro, nadie se siente un asesino: en todo caso, en nombre de determinados ideales (defensa de la patria, causa justiciera, etc.), cualquiera, dadas las circunstancias, puede empuñar un arma y aniquilar a otro ser humano. Más aún: la guerra premia a quien más “enemigos” mata. Se es un héroe de la patria, se le condecora; de ahí que, terminada la guerra, es tan difícil hacer ese pasaje hacia un nuevo mundo de legalidad y respeto al otro donde, si se mata, se es un delincuente1.

Para que haya violencia física desatada, organizada, planificada sistemáticamente (para que haya balas, en otros términos), es necesario preparar las condiciones que permitan no ver al otro como un ser humano sino como un “enemigo”, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna. Para lograr eso existen las llamadas operaciones psicológicas (guerra de cuarta generación, como se le ha dado en llamar recientemente). En otros términos: la Psicología, en tanto ciencia, a favor de un proyecto de dominación (lo que la transforma en mera tecnología ideologizada, en práctica vasalla al servicio del poder, quitándole su pretendida seriedad científica).

Una masa perpetuamente balanceándose al borde de la inconsciencia, pronta a ceder a todas las sugestiones, poseyendo toda la violencia de sentimiento propia de los seres que no pueden apelar a la influencia de la razón, desprovista de toda facultad crítica, no puede ser más que excesivamente crédula”2, anunciaba a inicios del siglo XX el iniciador de la Psicología de las multitudes, el francés Gustave Le Bon. A partir de esos fenómenos, los años posteriores nos fueron confrontando con la aplicación práctica de esos principios. Así, el Ministro de Comunicaciones del régimen nazi, el alemán Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna, pudo decir: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (…) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”3. En otros términos, su famosa frase que lo resume: “Miente, miente, miente, que algo queda”.

Esa suerte de “psicología”, si así puede llamársele, esa técnica de manipulación, esa herramienta diabólica al servicio de la dominación y la explotación, dio como resultado una “ingeniería humana” dedicada al control social de grandes mayorías. De esa cuenta, un ideólogo de la derecha conservadora estadounidense, el polaco-norteamericano Zbigniew Brzezinsky, lo dijo magníficamente: “En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”4

Las guerras se preparan. En Venezuela, hoy día se está preparando una guerra; o más aún: ya está en curso una guerra, de momento mediático-psicológica, preparándose condiciones para –muy probablemente– una posterior intervención armada.

¿Por qué esta guerra? La misma no se puede entender solo por causas endógenas: debe verse en el marco de lo que significa ese país y el papel jugado globalmente por la principal potencia capitalista mundial: Estados Unidos. Lo que mueve todo esto es la afanosa, imperiosa necesidad de la gran potencia por el petróleo.

Las reservas de oro negro que tiene Venezuela aseguran un aprovisionamiento para la economía estadounidense para todo lo que resta del presente siglo, considerando aún el aumento geométrico de la demanda. Eso es vital para el funcionamiento de la primera economía capitalista (el petróleo mueve el mundo), y vital para las grandes multinacionales petroleras que lucran con ese negocio, estadounidenses principalmente, y también europeas. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, Global Policy Forum).

Dicho más claramente aún: la guerra que se libra en Venezuela es la guerra de unos grandes pulpos comerciales que no quieren perder un hiper rentable negocio que les asegurará miles de millones de dólares por muchas décadas. Guerra que se articula, igualmente, con una derecha nacional que fue siempre la burocracia administradora y testaferra de esas compañías, y que ahora, con la Revolución Bolivariana en curso, se encuentra desplazada.

Ahora bien: no se puede invadir Venezuela de un día para otro. Hay que crear el clima para que el gobierno nacionalista/socialista actual (iniciado por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro) se aleje del poder. Hasta ahora, todas las maniobras desplegadas (por el gobierno de Estados Unidos, por la derecha vernácula, por el coro conservador que acompaña esas iniciativas a lo largo del mundo) fracasaron. Pero la guerra iniciada a principios de este año parece que está logrando otros resultados. Es más que probable que el Departamento de Estado, en Washington, ya tenga trazados todos los planes que seguirán, con sus distintas variantes. Todo indica que lo que se viene puede ser mortal para el proceso bolivariano. Van por la cabeza de Maduro, van por terminar de una buena vez con todo ese proceso, van por las inconmensurables reservas de la franja del Orinoco. Lo que comenzó es una brutal guerra psicológico-mediática. Steven Metz dice sin ambages en qué consiste la misma: “Generalmente busca generar un impacto psicológico de magnitud, tal como un shock o una confusión, que afecte la iniciativa, la libertad de acción o los deseos del oponente; requiere una evaluación previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tácticas, armas o tecnologías innovadoras y no tradicionales”5. Hace meses que esto se viene haciendo en Venezuela.

Seguramente las actuales acciones están preparando la nueva fase: la necesidad de intervención de una fuerza militar internacional, probablemente de la OEA, quizá de la ONU, que intente “reinstalar la democracia perdida”. La avanzada mediática a que asistimos, que ya lleva meses, ha ido creando la matriz necesaria. La prensa, que ya no es el cuarto poder , que ya subió de categoría (pues es quien fija realmente la agenda político-cultural, las prioridades, la que moldea la bendita “opinión pública”), viene presentando la situación venezolana como un caos, un desastre generalizado donde se combinan escasez económica, crisis política y, más recientemente, virtual guerra civil, ya con alrededor de 50 muertos. “Venezuela se enfrenta ahora a la inestabilidad económica, social y política significativa debido a la rampante violencia, la delincuencia y la pobreza, la inflación galopante, la grave escasez de alimentos, medicinas y electricidad”, anunciaba el general John Kelly ante el Comité Senatorial de Servicios Armados del Congreso el 12 de marzo de 2015. Un año después, el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur, informaba en Washington que “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”. ¿Guión ya establecido?

En el Documento “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, de inicios del 2016 –guión de la novela ya escrita– puede leerse como algunas de las acciones a seguir: “(…) c) Aislamiento internacional y descalificación como sistema democrático, ya que no respeta la autonomía y la separación de poderes. d) Generación de un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”.

La crisis de escasez está generada por la especulación y el mercado negro implementados por el mismo empresariado local; la crisis política es una artera maniobra de las fuerzas políticas de derecha, nucleadas en la Mesa de la Unidad Democrática –MUD–, financiadas y teledirigidas por la Casa Blanca; y la virtual situación de guerra civil es un escenario fabricado por bandas de matones a sueldo y francotiradores que aterrorizan a la población. La imagen que todo ello posibilita ir creando, interna e internacionalmente, es de desastre humanitario, de ríos de sangre, de situación de ingobernabilidad absoluta.

La situación no es ingobernable, pero esa guerra psicológica lleva a que lo sea. Las muertes de personas –entre ellos, un joven chavista linchado por hordas antichavistas–, la quema de unidades de transporte, los ataques a edificios gubernamentales, son reales, sin duda. Su magnificación, la forma en que se presentan, los artificios que logran las tomas televisivas que muestran “cientos y cientos de miles de personas hastiadas del régimen castro-comunista del dictador Maduro” han logrado disociar/esquizofrenizar la opinión pública global (la venezolana en principio, la planetaria luego), para pedir a gritos una “solución”.

La población, como siempre, queda en el medio, víctima de esa manipulación. Lo que decía Goebbels hace casi 100 años, o lo que la Psicología de las Multitudes ya entreveía en los albores del siglo XX (“las masas son increíblemente manipulables, las masas se mueven por sentimientos primitivos”) permite crear las condiciones para que las multinacionales roben una vez más un petróleo que no les pertenece (tal como hicieron y siguen haciendo en Medio Oriente o en el África).

¿Qué sigue ahora en la Revolución Bolivariana de Venezuela? Todos los indicios muestran que el plan de la Casa Blanca sigue los patrones de lo hecho ya en Irak o en Libia, donde se “inventaron” guerras civiles que permitieron derrocar a los “dictadores” correspondientes: Saddam Hussein y Mohamed Khadafi. La guerra psicológica prepara el escenario para, luego, derrocar al gobernante de turno utilizando la fuerza bruta (“donde hay balas sobran las palabras”). Los fantasmas de la Guerra Fría se siguen agitando igual que hace 60 años, y lamentablemente, la población sigue “comprando esos espejitos de colores”.

Como campo popular, oponer otra guerra psicológica de igual cuño es imposible (y éticamente despreciable). La prensa veraz –que por supuesto existe– no puede ante esa prensa comercial mundial que “miente, miente, miente” porque sabe que “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. Quizá, como decía aquella pinta de ese país latinoamericano, se acabó el tiempo de las palabras y es hora de las acciones. ¡Organización popular! ¡Fuerzas armadas fieles a la revolución y población preparada para hacer frente a lo que venga! Tal vez no hay otra alternativa. Si no, el precio a pagar puede ser muy alto.

mmcolussi@gmail.com

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1Terminada la guerra volvió el soldado a casa. Pero no tenía ni un mendrugo. Vio a alguien con un pan, y lo mató. ¡No debes matar!, dijo el juez. ¿Por qué no?, preguntó el soldado”, elocuente poema de Wolfgang Borchet.

2 Le Bon, G. (2004) “Psicología de las masas. Estudio sobre Psicología de las multitudes”. Buenos Aires: La Editorial Virtual.

3 Goebbels, J. En un artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.

4 Brzezinsky, Z. (1968). The Technetronic Society. En Encounter, Vol. XXX, No. 1 (Enero).

5 Metz, S. En Bartolomé, M. (S/F) “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y justicia”.

junio 23, 2017   ningún comentario