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Tala en Argentina, Crisis en cámara lenta

Juan Funes, tomado de Página 12. Casi la mitad del desmonte en Argentina se realiza en zonas prohibidas donde pasa no crece más el verde. Un informe de Greenpeace denuncia que la mitad del área de desmonte avanzó sobre territorios prohibidos para realizarlo.

Chaco es la provincia con mayor cantidad de hectáreas con desmonte. La superficie de bosques desmontada entre enero y junio de este año en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Formosa y Chaco superó la superficie de 45 mil hectáreas, de las cuales un 42 por ciento se produjo en regiones protegidas por la Ley de Bosques, según reveló ayer Greenpeace a través de un informe. La normativa sancionada a fines de 2007 protege a las regiones que forman parte de Parques Nacionales y Provinciales, zonas de bosques ribereños, lugares en los que habitan animales en peligro de extinción y áreas en donde viven comunidades, sobre las cuales continúa el avance del desmonte. “Lo más grave es que en ningún caso se está reforestando, por lo cual el bosque no vuelve a crecer. Se está avanzando de una manera muy alta”, advirtió en diálogo con PáginaI12 Noemí Cruz, vocera de la Campaña de Bosques de Greenpeace. Cruz aseguró, además, que desde el Estado nacional se impulsó un proyecto de ganadería que atenta contra la conservación de los bosques en la provincia de Chaco. Por todos estos motivos, según afirmó la activista, Greenpeace va a llevar al Congreso de la Nación una Ley de Delitos Forestales para frenar el desmonte.

En Chaco fueron desmontadas 17 mil hectáreas, de las cuales 10.718 mil eran bosques protegidos; en Santiago del Estero el total fue de 13.707, con 8.083 mil prohibidas; en Formosa de 7.754 hectáreas deforestadas, en 136 no estaba permitido; en tanto en Salta, de 7.009 hectáreas, 678 se desmontaron ilegalmente. Esos fueron los datos obtenidos en cada provincia por el relevamiento que realizó Greenpeace. Para ello utilizaron imágenes obtenidas por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), que luego fueron procesadas para distinguir los distintos tipos de vegetación y finalmente comparadas y superpuestas a las imágenes de 2015 y 2016. “Lo que hacemos desde el año pasado es monitorear provincia por provincia, y vemos que la deforestación está avanzando sobre los bosques que la Ley de Bosques protege. Se está aumentando de una manera muy alta”, explicó Cruz, y denunció que existe “una clara complicidad de los funcionarios provinciales en la violación de la normativa”.

El informe señala que los bosques nativos que fueron clasificados por las provincias en las categorías “I-Rojo” y “II-Amarillo” de los Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos deben continuar en pie, ya que su desmonte “tendría un impacto ambiental significativo y afectaría seriamente a muchas comunidades”. “Permitir el desmonte en esas zonas vulnera e ignora las demandas de la sociedad”, agrega el estudio. La activista salteña indicó que la categoría I-Rojo, “integra áreas que son Parques Nacionales y Provinciales, además de bosques ribereños”. “En algunos casos se avanzó en estas zonas, en Chaco por ejemplo, en la región de transición entre Chaco Seco y la selva de la Yunga. Allí fueron desmontadas 3 mil hectáreas de manera ilegal”, detalló luego. “Donde más avanza el desmonte es en la región de Chaco Seco, en donde hay muchas especies en peligro de extinción que quedan sin su hábitat. Cuando se aniquila el bosque también se exterminan a los animales”, agregó.

Por su parte, la categoría de II-Amarillo se le asigna a las zonas “en las que viven comunidades y el desmonte puede acarrear conflictos sociales”, apuntó Cruz. El desmonte de las regiones de esta clasificación ocurre principalmente en Santiago del Estero. La activista enumeró varios ejemplos en la provincia: “Hace tres meses, y de nuevo hace una semana, el empresario y terrateniente santafesino Hugo Moschen avanzó con topadoras y abrió picadas de 30 metros de ancho en la comunidad El Retiro, sin autorización de la Dirección de Bosques de Santiago. Amenazaron con tiros al aire a los campesinos y destruyeron quebrachos, algarrobos y mistoles. Luego los campesinos pudieron frenarlos”, relató. Al caso se suman “el intento de avanzar sobre tierras en la comunidad de La Florida, en donde murió una mujer de 92 años en junio al no poder resistir un intento de desalojo”, y “otros casos de usurpación de tierras campesinas, que están en riesgo, como Zorro Huarcuna, Sol de Mayo, San José y Santo Domingo”.

Dentro de este contexto, Cruz advirtió que “el Estado nacional impulsó un proyecto de, supuestamente, ganadería sustentable. Pero de ninguna manera es sustentable porque se elimina todo el sotobosque y a la escala que se quiere hacer es irreversible”. Para finalizar el informe, Greenpeace reclama al Congreso de la Nación “la urgente sanción de una Ley de Delitos Forestales”. Al respecto, el coordinador de la campaña de Bosques de la ONG, Hernán Giardini, explicó que actualmente “se aplican multas a los infractores de la Ley de Bosques pero no son suficientes para desalentar el delito; en muchos casos es clara la complicidad de los funcionarios en la violación de la normativa legal”. Por este motivo, consideran que es necesaria “una Ley penal que sancione a los responsables de destruir los bosques nativos con penas de 2 a 10 años de prisión. Quienes destruyen los bosques no son empresarios, son delincuentes”.

 

 

septiembre 4, 2017   ningún comentario

Vindicación de Sacco y Vanzetti

Howard Zinn, La Jornada. Cincuenta años después de la ejecución de los inmigrantes italianos Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instauró un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión fue que a ninguno de estos dos hombres se les siguió un proceso justo. Esto levantó en Boston una tormenta menor. John M. Cabot, embajador estadunidense retirado, envió una carta donde declaraba su “gran indignación” y apuntaba que la sentencia de muerte fue ratificada por el gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso: el presidente Lowell, de Harvard; el presidente Stratton, del MIT, y el juez retirado Grant”.

Esos tres “distinguidos y respetados ciudadanos” fueron vistos de modo muy distinto por Heywood Broun, quien en su columna de New York World escribió inmediatamente después que los invitados distinguidos del gobernador rindieran su informe. Y decía: “No cualquier prisionero tiene a un presidente de Harvard University que le prenda el interruptor de corriente… si esto es un linchamiento, por lo menos el vendedor de pescado y su amigo el obrero podrán sentirse ungidos en el alma pues morirán a manos de hombres con trajes de etiqueta y togas académicas”. Heywood Broun, uno de los más distinguidos periodistas del siglo XX, no duró mucho como columnista de New York World.

En el 50 aniversario de la ejecución, el New York Times informó que “los planes del alcalde Beame de proclamar el martes siguiente como el ‘día de Sacco y Vanzetti’ fueron cancelados en un esfuerzo por evitar controversias, dijo un vocero de la municipalidad ayer”.

Debe haber buenas razones para que un caso de 50 años de antigüedad, hoy ya de 80 años, levante tantas emociones. Sugiero que esto ocurre porque hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena.

El caso de Sacco y Vanzetti revela, en los más descarnados términos, que las nobles palabras inscritas en los frontispicios de nuestras cortes “igualdad de justicia ante la ley”, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor de pescado y el zapatero, no lograron obtener justicia en el sistema estadunidense, porque la justicia no se imparte igual para el pobre que para el rico, para el oriundo que para el nacido en otros países, para el ortodoxo que para el radical, para el blanco o la persona de color. Y aunque la injusticia se juegue hoy de maneras más sutiles y de modos más intrincados que en las crudas circunstancias que rodearon el caso de Sacco y Vanzetti, su esencia permanece.

En su proceso la inequidad fue flagrante. Se les acusaba de robo y asesinato, pero en la cabeza y en la conducta del fiscal acusador, del juez y del jurado, lo importante de ambos era, como lo puso Upton Sinclair en su notable novela Boston, que eran wops, bachiches (es decir “italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres, radicales.

He aquí una muestra del interrogatorio policiaco.

Policía: ¿Eres ciudadano?

Sacco: No.

Policía: ¿Eres comunista?

Sacco: No.

Policía ¿Anarquista?

Sacco: No.

Policía ¿Crees en el gobierno de nosotros?

Sacco: Sí. Algunas cuestiones me gustan de modo diferente.

¿Qué tenían que ver estas cuestiones con el robo de una fábrica de zapatos en South Braintree, Massachusetts, y con los disparos que recibieron el pagador de la fábrica y un guardia?

Sacco mentía, por supuesto. No, no soy comunista. No, no soy anarquista. ¿Por qué le mintió a la policía? ¿Por qué habría de mentirle un judío a la Gestapo? ¿Por qué habría de mentir un negro en Sudáfrica a sus interrogadores? ¿Por qué necesitaba mentir un disidente en la Unión Soviética a la policía secreta? Porque saben que no existe la justicia para ellos.

¿Alguna vez ha habido justicia en el sistema estadunidense para los pobres, las personas de color, los radicales? Cuando los ocho anarquistas de Chicago fueron sentenciados a muerte en 1886 tras el motín de Haymarket (un motín policiaco, por cierto), no fue porque existiera alguna prueba de conexión entre ellos y la bomba que alguien arrojó en medio de la policía, no había ni un jirón de evidencia. Los condenaron por ser los líderes del movimiento anarquista de Chicago.

Cuando Eugene Debs y otros mil fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, ¿fue porque eran culpables de espionaje? Eso es muy dudoso. Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Cuando se emitió la sentencia de diez años para Debs, el magistrado de la Suprema Corte, Oliver Wendell Holmes, quiso dejar muy claro que Debs debía ir a prisión: Y citó un discurso de Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Holmes, muy admirado como uno de los grandes juristas liberales, dejó claro los límites del liberalismo, las fronteras que le fijaba el nacionalismo vindicativo. Después de agotadas todas las apelaciones de Sacco y Vanzetti, el caso llegó ante el propio Holmes, en la Suprema Corte, quien se rehusó a revisar el caso, y dejó que el veredicto quedara en pie.

En nuestro tiempo, Ethel y Julius Rosenberg fueron enviados a la silla eléctrica. ¿Fue porque eran culpables, más allá de cualquier duda razonable, de pasarle secretos atómicos a la Unión Soviética? ¿O fue porque eran comunistas, como dejó claro el fiscal con la aprobación del juez? ¿No fue también porque el país estaba en medio de una histeria anticomunista, cuando los comunistas tomaban el poder en China, había guerra en Corea, y el peso de todo eso había que imputárselo a dos comunistas estadunidenses?

¿Por qué fue sentenciado en California a diez años de prisión George Jackson, por un robo de 70 dólares, y luego fue asesinado a tiros por los guardias? ¿No fue porque era pobre, negro y radical?

¿Puede hoy un musulmán, en la atmósfera de “guerra contra el terror” confiar en una justicia equitativa ante la ley? ¿Por qué sacó la policía de su carro a mi vecino del piso de arriba, si no había violado ningún reglamento de tránsito y luego fue cuestionado y humillado? ¿Acaso fue porque es un brasileño de piel morena que podría parecer un musulmán de Medio Oriente?

¿Por qué los dos millones de personas en las cárceles y prisiones estadunidenses, y los seis millones que están bajo fianza, vigilancia o libertad condicional son fuera de toda proporción gente de color o pobres? Un estudio muestra que 70 por ciento de la gente que está recluida en las prisiones de Nueva York proviene de siete barrios de la ciudad conocidos como zonas de pobreza y desesperación.

La injusticia de clase corta transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia.

Pero ser pobres no fue el crimen principal de Sacco y Vanzetti. Eran italianos, inmigrantes, anarquistas. No habían pasado siquiera dos años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Habían protestado contra la guerra, se habían negado al reclutamiento. Vieron cómo crecía la histeria contra los radicales y los extranjeros, observaron las redadas que emprendían los agentes del procurador general Palmer, del Departamento de Justicia, que irrumpían en mitad de la noche a los hogares sin órdenes judiciales, mantenían a las personas incomunicada y las golpeaban con garrotes y cachiporras.

En Boston 500 fueron arrestados, los encadenaron y marcharon con ellos por las calles. Luigi Galleani, editor del periódico anarquista Cronaca Sovversiva, al cual estaban suscritos Sacco y Vanzetti, fue detenido y deportado de inmediato.

Había ocurrido algo más aterrador. Un compañero de Sacco y Vanzetti, también anarquista, un tipógrafo llamado Andrea Salsedo, que vivía en Nueva York, fue secuestrado por agentes de la FBI (uso el término “secuestrado” para describir la abducción ilegal de una persona), y se le mantuvo en las oficinas del piso 14 del Park Row Building. No se le permitió hablar con su familia, ni con sus amigos o abogados, y fue interrogado y golpeado, según otro prisionero. Durante la octava semana de su encierro, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salsedo, aplastado y desfigurado hasta quedar hecho un amasijo, fue encontrado sobre el pavimento cercano al Park Row Building, y la FBI anunció que Salsedo se había suicidado brincando de la ventana del piso 14, justo del cuarto donde lo tenían retenido. Esto ocurrió tan sólo dos días antes de que Sacco y Vanzetti fueran arrestados.

Hoy sabemos, como resultado de los informes del Congreso en 1975, de un programa de contrainteligencia de la FBI conocido como Cointelpro (Counter Intelligence Program) en el cual los agentes de dicha dependencia irrumpían en casas y oficinas, implantaban micrófonos ilegalmente, se involucraban en actos de violencia hasta el punto del asesinato y en 1969 colaboraron con la policía de Chicago en el asesinato de dos líderes de los Panteras Negras. La FBI y la CIA han violado la ley una y otra vez. No hay castigo para ellos.

Hay muy pocas razones que nos hagan tener fe en que las libertades civiles en Estados Unidos puedan protegerse en la atmósfera de histeria que siguió al 11 de septiembre de 2001 y que continúa hasta el día de hoy. En el país ha habido redadas de inmigrantes, detenciones indefinidas, deportaciones y espionaje doméstico no autorizado. En el extranjero se cometen matanzas extrajudiciales, tortura, bombardeos, guerra y ocupaciones militares.

Así también, el proceso contra Sacco y Vanzetti comenzó inmediatamente después del Memorial Day, año y medio después de que terminara la orgía de muerte y patriotismo que fue la Primera Guerra Mundial, mientras los periódicos seguían vibrando con el redoble de los tambores y la retórica jingoísta.

Doce días después de comenzado el juicio, la prensa informó que los cuerpos de tres soldados habían sido transferidos de los campos de batalla en Francia a la ciudad de Brockton, y que toda la población había salido a celebrar una ceremonia patriótica. Todo esto se hallaba en los periódicos que el jurado podía leer.

Sacco fue interrogado por el fiscal Katzmann:

Pregunta: ¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?

Sacco: Eso es muy difícil de expresar en una sola palabra, señor Katzmann.

Pregunta: Son dos las palabras que puede usted usar, señor Sacco, sí o no. ¿Cuál es la palabra?

Sacco: Sí.

Pregunta: Y para poder mostrarle su amor a este país, Estados Unidos de América, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera usted soldado, ¿se fue usted corriendo a México?

Al principio del juicio, el juez Thayer (que hablando con un conocido con el que jugaba al golf se refirió a los acusados como “esos anarquistas mal nacidos”) dijo al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

Las emociones evocadas por una bomba que estalló en la casa del procurador general Palmer durante el tiempo de la guerra –al igual que las emociones desatadas por la violencia del 11 de septiembre– crearon una atmósfera de ansiedad en la cual las libertades civiles se pusieron en entredicho.

Sacco y Vanzetti entendieron que cualquier argumento legal que sus abogados pudieran haber invocado no prevalecería contra la realidad de una injusticia de clase. Sacco dijo a la corte, al escuchar la sentencia: “Sé que la sentencia será entre dos clases, la de los oprimidos y la de los ricos… Es por eso que estoy aquí ahora, en el banquillo de los acusados, por pertenecer a la clase de los oprimidos”.

Tal punto de vista parece dogmático, simplista. No todas las decisiones en las cortes pueden explicarse así. Pero, a falta de una teoría que encaje en todos los casos, el punto de vista simple, fuerte de Sacco, es con seguridad una mejor guía para entender el sistema legal que aquel que asume que hay una competencia entre iguales basada en una búsqueda objetiva por averiguar la verdad.

Vanzetti sabía que los argumentos legales no los salvarían. A menos que un millón de estadunidenses se organizaran, él y su amigo Sacco morirían. Palabras no, lucha. Apelaciones no, exigencias. Peticiones al gobernador no, toma de fábricas. No se trataba de lubricar la maquinaria de un supuesto sistema legal justo para que funcionara mejor, sino de una huelga general que detuviera la maquinaria.

Tal cosa nunca ocurrió. Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago y San Francisco; también en Londres, París, Buenos Aires y Sudáfrica. No fue suficiente. La noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero un enorme contingente de policías los mantuvo alejados de la prisión. Fueron arrestados muchos manifestantes. Las ametralladoras estaban emplazadas en las azoteas y los reflectores barrían el escenario.

Una gran multitud se juntó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Unos minutos antes de la medianoche, las luces de la prisión se atenuaron en el momento en que los dos hombres fueron electrocutados. El New York World describió la escena: “La multitud respondió con un sollozo gigante. Las mujeres se desmayaron en 15 o 20 lugares. Otras, sobrecogidas, se tumbaron en las banquetas y hundieron la cabeza entre los brazos. Los hombres se apoyaban en los hombros de otros hombres y lloraban”.

Su crimen máximo era su anarquismo, una idea que aún hoy nos desconcierta como un relámpago debido a su verdad esencial: todos somos uno, las fronteras nacionales, los odios nacionales deben desaparecer, la guerra es intolerable, los frutos de la tierra deben compartirse, y mediante la lucha organizada contra la autoridad, puede advenir un mundo así.

Lo que nos llega a hoy del caso de Sacco y Vanzetti no es sólo la tragedia, también nos llega la inspiración. Su inglés no era perfecto, pero cuando hablaban se volvía una especie de poesía. Vanzetti dijo de su amigo: “Sacco es un corazón, una fe, un carácter, un hombre; un hombre que ama la naturaleza y a la humanidad. Un hombre que lo dio todo, que lo sacrifica todo a la causa de la libertad y a su amor a la humanidad: el dinero, el descanso, la ambición mundana, su propia esposa, sus niños, él mismo y su propia vida… Ah, sí, puede que sea yo más ingenioso y más parlanchín que él, pero muchas, muchas veces, al escuchar cómo resuena en su voz valerosa una fe sublime, al considerar su sacrificio supremo, al recordar su heroísmo, me he sentido pequeño, pequeño en presencia de su grandeza, y me he sentido empujado a no dejar que me invadan las lágrimas, a dominar el corazón que se me agolpa en la garganta para no llorar ante él; ante este hombre al que se le llama capo , asesino y maldito”.

Lo peor de todo es que fueran anarquistas, lo que significaba que tenían alguna loca noción de democracia plena donde no existiría la extranjería ni la pobreza, y que pensaran que sin esas provocaciones la guerra entre las naciones terminaría para siempre. Pero para que esto ocurriera los ricos debían ser combatidos y sus riquezas confiscadas. Esa idea anarquista es un crimen mucho peor que robar una nómina y por eso hasta el día de hoy Sacco y Vanzetti no pueden ser recordados sin gran ansiedad.

Sacco escribió esto a su hijo Dante: “Así que, hijo, en vez de llorar, sé fuerte, de modo que seas capaz de consolar a tu madre… llévala a una larga caminata por el campo en silencio, junten flores silvestres aquí y allá, descansen a la sombra de los árboles… pero recuerda siempre, Dante, en este juego de la felicidad no te sirvas a ti mismo únicamente… ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque son ellos tus mejores amigos… en esta lucha de vida hallarás más amor y serás amado”.

Sí, fue su anarquismo, su amor por la humanidad, lo que los condenó. Cuando Vanzetti fue arrestado, tenía en el bolsillo un volante que anunciaba una reunión que debía ocurrir cinco días más tarde. Es un volante que podría distribuirse hoy, en todo el mundo, de modo tan apropiado como el día de su arresto. Decía: “Han combatido en todas las guerras. Han trabajado para todos los capitalistas. Han recorrido todos los países. ¿Han cosechado los frutos de sus fatigas, el premio de sus victorias?

¿Acaso el pasado les da consuelo? ¿El presente les sonríe? ¿El futuro les promete cualquier cosa? ¿Han encontrado un pedazo de tierra donde puedan vivir como seres humanos y morir como seres humanos?

Sobre esas cuestiones, sobre estos argumentos de la lucha por la existencia, Bartolomeo Vanzetti hablará en esa reunión”.

Ese encuentro nunca tuvo lugar. Pero su espíritu existe hoy en la gente que cree y que ama y que lucha en todo el mundo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Tomado del nuevo libro de Howard Zinn: A Power Governments Cannot Suppress, City Lights Books, San Francisco, 2007. Este libro será publicado en fecha próxima por La Jornada.

agosto 30, 2017   ningún comentario

Guerra psicológica en Venezuela

Marcelo Colussi tomado de Rebelión. Venezuela está en guerra. Hace largo tiempo que lo está, pero en estos últimos meses todo indica que esa guerra entró en una fase nueva. Para quienes la provocan, pareciera que apuestan a que este sea el momento final de ese enfrentamiento. Es decir: una guerra que tiene que tener un desenlace; y como en toda guerra, uno de los bandos en pugna debe alzarse vencedor, pero para el caso –según lo que se desprende de los actuales acontecimientos– aplastando al derrotado, no negociando sino neutralizándolo totalmente, no dejando espacio para la reacción.

Donde hay balas sobran las palabras”, pudo leerse alguna vez en una pinta callejera anónima cuando el inicio de una dictadura sangrienta, una más de tantas que poblaron la región latinoamericana. Cuando se pasa de las palabras, los símbolos, la búsqueda de consenso, al hecho concreto (las balas, la violencia descarnada, la intervención armada y sanguinaria), lo único que cuenta es la fuerza bruta. En Venezuela pareciera que se va hacia esto.

Ahora bien: llegar al uso de la fuerza bruta, al menos en términos de las dinámicas socio-políticas, no es algo sencillo, requiere de preparaciones. Las guerras no surgen por generación espontánea. Son posibles, sin dudas, (“la violencia es la partera de la humanidad”, dijo Marx) pero las poblaciones, o las fuerzas armadas, no hacen uso de la violencia solo por un presunto “espíritu agresivo” siempre listo a entrar en acción: es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones. Solo porque sí (salvo un caso de trastorno mental: un psicótico o un psicópata por ejemplo) nadie mata a su vecino. La moral social, la culpa se impone. Los llamados “normales” (aquellos que estructuralmente somos neuróticos) nos regimos por normas de convivencia; las podemos transgredir circunstancialmente, pero en términos generales las respetamos. El respeto a la norma nos contiene.

¿Cómo es posible que alguien mate a otro ser humano? Hay que despersonalizar a esa víctima: hay que transformarla en un “enemigo”, una cosa sin valor, un “malo de la película”. Solo así alguien “normal” puede saltar una regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como “peligro”, un “enemigo” deshumanizado (sin nombre, sin historia, sin sentimientos), pudiéndole quitar la vida sin culpa. Cuando en la guerra se mata a otro, nadie se siente un asesino: en todo caso, en nombre de determinados ideales (defensa de la patria, causa justiciera, etc.), cualquiera, dadas las circunstancias, puede empuñar un arma y aniquilar a otro ser humano. Más aún: la guerra premia a quien más “enemigos” mata. Se es un héroe de la patria, se le condecora; de ahí que, terminada la guerra, es tan difícil hacer ese pasaje hacia un nuevo mundo de legalidad y respeto al otro donde, si se mata, se es un delincuente1.

Para que haya violencia física desatada, organizada, planificada sistemáticamente (para que haya balas, en otros términos), es necesario preparar las condiciones que permitan no ver al otro como un ser humano sino como un “enemigo”, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna. Para lograr eso existen las llamadas operaciones psicológicas (guerra de cuarta generación, como se le ha dado en llamar recientemente). En otros términos: la Psicología, en tanto ciencia, a favor de un proyecto de dominación (lo que la transforma en mera tecnología ideologizada, en práctica vasalla al servicio del poder, quitándole su pretendida seriedad científica).

Una masa perpetuamente balanceándose al borde de la inconsciencia, pronta a ceder a todas las sugestiones, poseyendo toda la violencia de sentimiento propia de los seres que no pueden apelar a la influencia de la razón, desprovista de toda facultad crítica, no puede ser más que excesivamente crédula”2, anunciaba a inicios del siglo XX el iniciador de la Psicología de las multitudes, el francés Gustave Le Bon. A partir de esos fenómenos, los años posteriores nos fueron confrontando con la aplicación práctica de esos principios. Así, el Ministro de Comunicaciones del régimen nazi, el alemán Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna, pudo decir: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (…) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”3. En otros términos, su famosa frase que lo resume: “Miente, miente, miente, que algo queda”.

Esa suerte de “psicología”, si así puede llamársele, esa técnica de manipulación, esa herramienta diabólica al servicio de la dominación y la explotación, dio como resultado una “ingeniería humana” dedicada al control social de grandes mayorías. De esa cuenta, un ideólogo de la derecha conservadora estadounidense, el polaco-norteamericano Zbigniew Brzezinsky, lo dijo magníficamente: “En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”4

Las guerras se preparan. En Venezuela, hoy día se está preparando una guerra; o más aún: ya está en curso una guerra, de momento mediático-psicológica, preparándose condiciones para –muy probablemente– una posterior intervención armada.

¿Por qué esta guerra? La misma no se puede entender solo por causas endógenas: debe verse en el marco de lo que significa ese país y el papel jugado globalmente por la principal potencia capitalista mundial: Estados Unidos. Lo que mueve todo esto es la afanosa, imperiosa necesidad de la gran potencia por el petróleo.

Las reservas de oro negro que tiene Venezuela aseguran un aprovisionamiento para la economía estadounidense para todo lo que resta del presente siglo, considerando aún el aumento geométrico de la demanda. Eso es vital para el funcionamiento de la primera economía capitalista (el petróleo mueve el mundo), y vital para las grandes multinacionales petroleras que lucran con ese negocio, estadounidenses principalmente, y también europeas. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, Global Policy Forum).

Dicho más claramente aún: la guerra que se libra en Venezuela es la guerra de unos grandes pulpos comerciales que no quieren perder un hiper rentable negocio que les asegurará miles de millones de dólares por muchas décadas. Guerra que se articula, igualmente, con una derecha nacional que fue siempre la burocracia administradora y testaferra de esas compañías, y que ahora, con la Revolución Bolivariana en curso, se encuentra desplazada.

Ahora bien: no se puede invadir Venezuela de un día para otro. Hay que crear el clima para que el gobierno nacionalista/socialista actual (iniciado por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro) se aleje del poder. Hasta ahora, todas las maniobras desplegadas (por el gobierno de Estados Unidos, por la derecha vernácula, por el coro conservador que acompaña esas iniciativas a lo largo del mundo) fracasaron. Pero la guerra iniciada a principios de este año parece que está logrando otros resultados. Es más que probable que el Departamento de Estado, en Washington, ya tenga trazados todos los planes que seguirán, con sus distintas variantes. Todo indica que lo que se viene puede ser mortal para el proceso bolivariano. Van por la cabeza de Maduro, van por terminar de una buena vez con todo ese proceso, van por las inconmensurables reservas de la franja del Orinoco. Lo que comenzó es una brutal guerra psicológico-mediática. Steven Metz dice sin ambages en qué consiste la misma: “Generalmente busca generar un impacto psicológico de magnitud, tal como un shock o una confusión, que afecte la iniciativa, la libertad de acción o los deseos del oponente; requiere una evaluación previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tácticas, armas o tecnologías innovadoras y no tradicionales”5. Hace meses que esto se viene haciendo en Venezuela.

Seguramente las actuales acciones están preparando la nueva fase: la necesidad de intervención de una fuerza militar internacional, probablemente de la OEA, quizá de la ONU, que intente “reinstalar la democracia perdida”. La avanzada mediática a que asistimos, que ya lleva meses, ha ido creando la matriz necesaria. La prensa, que ya no es el cuarto poder , que ya subió de categoría (pues es quien fija realmente la agenda político-cultural, las prioridades, la que moldea la bendita “opinión pública”), viene presentando la situación venezolana como un caos, un desastre generalizado donde se combinan escasez económica, crisis política y, más recientemente, virtual guerra civil, ya con alrededor de 50 muertos. “Venezuela se enfrenta ahora a la inestabilidad económica, social y política significativa debido a la rampante violencia, la delincuencia y la pobreza, la inflación galopante, la grave escasez de alimentos, medicinas y electricidad”, anunciaba el general John Kelly ante el Comité Senatorial de Servicios Armados del Congreso el 12 de marzo de 2015. Un año después, el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur, informaba en Washington que “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”. ¿Guión ya establecido?

En el Documento “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, de inicios del 2016 –guión de la novela ya escrita– puede leerse como algunas de las acciones a seguir: “(…) c) Aislamiento internacional y descalificación como sistema democrático, ya que no respeta la autonomía y la separación de poderes. d) Generación de un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”.

La crisis de escasez está generada por la especulación y el mercado negro implementados por el mismo empresariado local; la crisis política es una artera maniobra de las fuerzas políticas de derecha, nucleadas en la Mesa de la Unidad Democrática –MUD–, financiadas y teledirigidas por la Casa Blanca; y la virtual situación de guerra civil es un escenario fabricado por bandas de matones a sueldo y francotiradores que aterrorizan a la población. La imagen que todo ello posibilita ir creando, interna e internacionalmente, es de desastre humanitario, de ríos de sangre, de situación de ingobernabilidad absoluta.

La situación no es ingobernable, pero esa guerra psicológica lleva a que lo sea. Las muertes de personas –entre ellos, un joven chavista linchado por hordas antichavistas–, la quema de unidades de transporte, los ataques a edificios gubernamentales, son reales, sin duda. Su magnificación, la forma en que se presentan, los artificios que logran las tomas televisivas que muestran “cientos y cientos de miles de personas hastiadas del régimen castro-comunista del dictador Maduro” han logrado disociar/esquizofrenizar la opinión pública global (la venezolana en principio, la planetaria luego), para pedir a gritos una “solución”.

La población, como siempre, queda en el medio, víctima de esa manipulación. Lo que decía Goebbels hace casi 100 años, o lo que la Psicología de las Multitudes ya entreveía en los albores del siglo XX (“las masas son increíblemente manipulables, las masas se mueven por sentimientos primitivos”) permite crear las condiciones para que las multinacionales roben una vez más un petróleo que no les pertenece (tal como hicieron y siguen haciendo en Medio Oriente o en el África).

¿Qué sigue ahora en la Revolución Bolivariana de Venezuela? Todos los indicios muestran que el plan de la Casa Blanca sigue los patrones de lo hecho ya en Irak o en Libia, donde se “inventaron” guerras civiles que permitieron derrocar a los “dictadores” correspondientes: Saddam Hussein y Mohamed Khadafi. La guerra psicológica prepara el escenario para, luego, derrocar al gobernante de turno utilizando la fuerza bruta (“donde hay balas sobran las palabras”). Los fantasmas de la Guerra Fría se siguen agitando igual que hace 60 años, y lamentablemente, la población sigue “comprando esos espejitos de colores”.

Como campo popular, oponer otra guerra psicológica de igual cuño es imposible (y éticamente despreciable). La prensa veraz –que por supuesto existe– no puede ante esa prensa comercial mundial que “miente, miente, miente” porque sabe que “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. Quizá, como decía aquella pinta de ese país latinoamericano, se acabó el tiempo de las palabras y es hora de las acciones. ¡Organización popular! ¡Fuerzas armadas fieles a la revolución y población preparada para hacer frente a lo que venga! Tal vez no hay otra alternativa. Si no, el precio a pagar puede ser muy alto.

mmcolussi@gmail.com

https://www.facebook.com/marcelo.colussi.33

1Terminada la guerra volvió el soldado a casa. Pero no tenía ni un mendrugo. Vio a alguien con un pan, y lo mató. ¡No debes matar!, dijo el juez. ¿Por qué no?, preguntó el soldado”, elocuente poema de Wolfgang Borchet.

2 Le Bon, G. (2004) “Psicología de las masas. Estudio sobre Psicología de las multitudes”. Buenos Aires: La Editorial Virtual.

3 Goebbels, J. En un artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.

4 Brzezinsky, Z. (1968). The Technetronic Society. En Encounter, Vol. XXX, No. 1 (Enero).

5 Metz, S. En Bartolomé, M. (S/F) “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y justicia”.

agosto 30, 2017   ningún comentario

Acción por el Agua

Proyecto Cultural SUR Vancouver celebra el IV Aniversario del Monumento Latinoamericano Sopa Sur, representación Cultural de la comunidad Latinoamericana en Vancouver.

Invitamos a la comunidad para que juntos presentemos una declaración a nuestra madre vida, “El Agua.”

Promotores y defensores de la idea de que el agua y la cultura son elementos indispensables. El agua es el único recurso natural que se halla presente en todos los aspectos de la civilización humana y de la vida en general.

Es un intento por salvaguardar el preciado líquido, esta será la primera acción Pc-sur en Vancouver BC, Canadá.

Domingo 30 de julio Hora 1:30 PM, en el Seaforth Peace Park: 1620 Chestnut St, Vancouver, BC

Recomendación: llevar una botella de agua cada uno, para hacer un brindis con Agua y por el Agua.

Frente al Monumento Latino, representación latina en esta hermosa tierra, haremos una oración al Agua, que es nuestra vida, cada uno dará testimonio de lo que significa el agua en lo personal, y en si, para la humanidad.

Los testimonios serán grabados y enviados a las redes sociales, así como a diversos organismos de derechos humanos.

La acción tendrá una duración de dos horas, pueden leer Poesía, llevar guitarras y cantar.

julio 15, 2017   ningún comentario

Homenaje a Rogelia Cruz en La Casona

Colectivo Cultural Pie de Lana tiene el agrado de invitar al  Conversatorio sobre el libro “Guatemala: El Martirio de una Reina y la guerra de la vergüenza”, obra que trata sobre Rogelia Cruz Martínez. El evento se realizará en Centro Cultural La Casona, 3ª. calle 3-59 zona 1, Barrio de la Recolección, ciudad de Guatemala, el miércoles 19 de julio de 2017, a partir de las 6:30 p.m. Admisión gratuita.

La actividad consistirá en un conversatorio sobre el libro, en el que participarán: el escritor Juan Francisco Sagüí Argueta; el licenciado en historia y antropólogo, Mauricio Chaulón Velez; y, la participación de la autora del libro, Marta G. González Molina. Adicionalmente, se proyectará un audiovisual y una intervención musical a cargo de El Cosmonauta. Habrá letras, mensajes de conciencia y poesía, a cargo de Alberto Linares, Rafael Vergara, Leonardo de Leon, José Arevalo, Kelvin Dominguez, Daniel Ruiz, Sosa y Ulices Martinez teniendo como tema central a Rogelia Cruz.

Colectivo Cultural Pie de lana es una asociación no lucrativa cuyo objetivo es realizar actividades culturales que contribuyan a recuperar los espacios públicos de los barrios antiguos del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.

Rogelia Cruz Martínez, nació en 1940 y siendo estudiante de Arquitectura en la Universidad de San Carlos de Guatemala, fue electa para representar a Guatemala en el concurso de Miss Universo realizado en 1959. Fue militante de la organización Juventud Patriótica del Trabajo (JPT), organización de juventud del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). El 11 de enero de 1968, su cadáver fue encontrado desnudo y con evidencias de haber sufrido tortura, en la cercanía de Escuintla, Guatemala. El asesinato de Cruz Martínez resonó en el mundo entero y dio lugar a una serie de asesinatos de represalia entre las fuerzas guerrilleras y el ejercito de Guatemala.

julio 14, 2017   ningún comentario

Festival Internacional Palabra en el Mundo 2017 en la Escuela Secundaria Técnica 128, de Morelia.

Antolín Orozco Luviano. Morelia. El Festival Internacional Palabra en el Mundo (FIP) tuvo una mañana alegre y luminosa en el patio central de la Secundaria Técnica 128, de Morelia. Mesas de lectura de poesía; interpretaciones de guitarra, violín y canto; así como danzas, tendedero poético alusivo a la paz y un torito de petate, fueron expresiones artísticas que presentaron jóvenes estudiantes.

El FIP, que se lleva a cabo en diferentes ciudades del mundo en el mes de mayo, es promovido por el Proyecto Cultural Sur, que en el ámbito internacional preside el poeta Tito Alvarado, y en México lo representa Radha Govinda Lila, presidenta nacional del PCSUR.

En la Secundaria Técnica 128, de Morelia, el festival fue organizado el 23 de mayo por la maestra Evelia Flores Ríos, coordinadora Académica, con apoyo y participación de directivos, maestros y alumnos de esa escuela.

Fue una alegre fiesta juvenil de la cultura, en la que estuvo presente la comunidad escolar de 633 alumnos, con su entusiasmo, con su inquietud y con su aplauso. La sensibilidad de los jóvenes estudiantes se expresó en la danza, en la música y el canto, en las mesas de lectura, en el tendedero poético donde con imágenes, versos y reflexiones dieron con ingenio un mensaje de paz.

Participaron en el programa 90 alumnos, hombres y mujeres, de primero, segundo y tercer grado de secundaria. Las mesas de lectura fueron coordinadas por las maestras de Español; y las presentaciones de danza, canto, guitarra, violín y el Torito de petate, fueron coordinadas por las maestras de Artes. El festival mostró que en la EST 128 hay talento y sensibilidad artística de alumnos y maestros.

Entre los asistentes estuvieron los maestros Jefes de Enseñanza, Marla Mejía y Miguel Guerrero; la maestra Xóchitl Ruiz González, quien laboró en esta escuela y ahora es diputada local en el Congreso de Michoacán y se desempeña como presidenta de la Comisión de Educación.

Asistió también un reportero de medios de comunicación, quien entrevistó a la maestra y poeta Evelia Flores sobre este evento cultural en la Secundaria Técnica 128, donde en años anteriores ya se ha llevado a cabo este festival, promovido por Evelia Flores, autora de los poemarios “Ritual del paraíso” y “Luz en las sendas”.

El director de la escuela, Leobardo Tovar Rodríguez, reconoció el trabajo coordinado de maestros y alumnos en la organización de este evento. Y la maestra Evelia Flores agradeció el apoyo de directivos y maestros para llevar a cabo en esta institución la XI edición del Festival Internacional Palabra en el Mundo.

Con la participación del tradicional Torito de petate, que los mismos alumnos construyeron, concluyó el festival con la música alegre y el baile espontáneo de alumnos y maestros que no se quedaron con las ganas de entrarle al ruedo.

De esta manera finalizó el festival y en el ambiente emotivo quedó el comentario que oí esa mañana: “Este festival de Palabra en el Mundo debería organizarse en todas las escuelas”.

junio 24, 2017   ningún comentario

Guerra psicológica en Venezuela

Marcelo Colussi tomado de Rebelión Venezuela está en guerra. Hace largo tiempo que lo está, pero en estos últimos meses todo indica que esa guerra entró en una fase nueva. Para quienes la provocan, pareciera que apuestan a que este sea el momento final de ese enfrentamiento. Es decir: una guerra que tiene que tener un desenlace; y como en toda guerra, uno de los bandos en pugna debe alzarse vencedor, pero para el caso –según lo que se desprende de los actuales acontecimientos– aplastando al derrotado, no negociando sino neutralizándolo totalmente, no dejando espacio para la reacción.

Donde hay balas sobran las palabras”, pudo leerse alguna vez en una pinta callejera anónima cuando el inicio de una dictadura sangrienta, una más de tantas que poblaron la región latinoamericana. Cuando se pasa de las palabras, los símbolos, la búsqueda de consenso, al hecho concreto (las balas, la violencia descarnada, la intervención armada y sanguinaria), lo único que cuenta es la fuerza bruta. En Venezuela pareciera que se va hacia esto.

Ahora bien: llegar al uso de la fuerza bruta, al menos en términos de las dinámicas socio-políticas, no es algo sencillo, requiere de preparaciones. Las guerras no surgen por generación espontánea. Son posibles, sin dudas, (“la violencia es la partera de la humanidad”, dijo Marx) pero las poblaciones, o las fuerzas armadas, no hacen uso de la violencia solo por un presunto “espíritu agresivo” siempre listo a entrar en acción: es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones. Solo porque sí (salvo un caso de trastorno mental: un psicótico o un psicópata por ejemplo) nadie mata a su vecino. La moral social, la culpa se impone. Los llamados “normales” (aquellos que estructuralmente somos neuróticos) nos regimos por normas de convivencia; las podemos transgredir circunstancialmente, pero en términos generales las respetamos. El respeto a la norma nos contiene.

¿Cómo es posible que alguien mate a otro ser humano? Hay que despersonalizar a esa víctima: hay que transformarla en un “enemigo”, una cosa sin valor, un “malo de la película”. Solo así alguien “normal” puede saltar una regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como “peligro”, un “enemigo” deshumanizado (sin nombre, sin historia, sin sentimientos), pudiéndole quitar la vida sin culpa. Cuando en la guerra se mata a otro, nadie se siente un asesino: en todo caso, en nombre de determinados ideales (defensa de la patria, causa justiciera, etc.), cualquiera, dadas las circunstancias, puede empuñar un arma y aniquilar a otro ser humano. Más aún: la guerra premia a quien más “enemigos” mata. Se es un héroe de la patria, se le condecora; de ahí que, terminada la guerra, es tan difícil hacer ese pasaje hacia un nuevo mundo de legalidad y respeto al otro donde, si se mata, se es un delincuente1.

Para que haya violencia física desatada, organizada, planificada sistemáticamente (para que haya balas, en otros términos), es necesario preparar las condiciones que permitan no ver al otro como un ser humano sino como un “enemigo”, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna. Para lograr eso existen las llamadas operaciones psicológicas (guerra de cuarta generación, como se le ha dado en llamar recientemente). En otros términos: la Psicología, en tanto ciencia, a favor de un proyecto de dominación (lo que la transforma en mera tecnología ideologizada, en práctica vasalla al servicio del poder, quitándole su pretendida seriedad científica).

Una masa perpetuamente balanceándose al borde de la inconsciencia, pronta a ceder a todas las sugestiones, poseyendo toda la violencia de sentimiento propia de los seres que no pueden apelar a la influencia de la razón, desprovista de toda facultad crítica, no puede ser más que excesivamente crédula”2, anunciaba a inicios del siglo XX el iniciador de la Psicología de las multitudes, el francés Gustave Le Bon. A partir de esos fenómenos, los años posteriores nos fueron confrontando con la aplicación práctica de esos principios. Así, el Ministro de Comunicaciones del régimen nazi, el alemán Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna, pudo decir: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (…) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”3. En otros términos, su famosa frase que lo resume: “Miente, miente, miente, que algo queda”.

Esa suerte de “psicología”, si así puede llamársele, esa técnica de manipulación, esa herramienta diabólica al servicio de la dominación y la explotación, dio como resultado una “ingeniería humana” dedicada al control social de grandes mayorías. De esa cuenta, un ideólogo de la derecha conservadora estadounidense, el polaco-norteamericano Zbigniew Brzezinsky, lo dijo magníficamente: “En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”4

Las guerras se preparan. En Venezuela, hoy día se está preparando una guerra; o más aún: ya está en curso una guerra, de momento mediático-psicológica, preparándose condiciones para –muy probablemente– una posterior intervención armada.

¿Por qué esta guerra? La misma no se puede entender solo por causas endógenas: debe verse en el marco de lo que significa ese país y el papel jugado globalmente por la principal potencia capitalista mundial: Estados Unidos. Lo que mueve todo esto es la afanosa, imperiosa necesidad de la gran potencia por el petróleo.

Las reservas de oro negro que tiene Venezuela aseguran un aprovisionamiento para la economía estadounidense para todo lo que resta del presente siglo, considerando aún el aumento geométrico de la demanda. Eso es vital para el funcionamiento de la primera economía capitalista (el petróleo mueve el mundo), y vital para las grandes multinacionales petroleras que lucran con ese negocio, estadounidenses principalmente, y también europeas. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, Global Policy Forum).

Dicho más claramente aún: la guerra que se libra en Venezuela es la guerra de unos grandes pulpos comerciales que no quieren perder un hiper rentable negocio que les asegurará miles de millones de dólares por muchas décadas. Guerra que se articula, igualmente, con una derecha nacional que fue siempre la burocracia administradora y testaferra de esas compañías, y que ahora, con la Revolución Bolivariana en curso, se encuentra desplazada.

Ahora bien: no se puede invadir Venezuela de un día para otro. Hay que crear el clima para que el gobierno nacionalista/socialista actual (iniciado por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro) se aleje del poder. Hasta ahora, todas las maniobras desplegadas (por el gobierno de Estados Unidos, por la derecha vernácula, por el coro conservador que acompaña esas iniciativas a lo largo del mundo) fracasaron. Pero la guerra iniciada a principios de este año parece que está logrando otros resultados. Es más que probable que el Departamento de Estado, en Washington, ya tenga trazados todos los planes que seguirán, con sus distintas variantes. Todo indica que lo que se viene puede ser mortal para el proceso bolivariano. Van por la cabeza de Maduro, van por terminar de una buena vez con todo ese proceso, van por las inconmensurables reservas de la franja del Orinoco. Lo que comenzó es una brutal guerra psicológico-mediática. Steven Metz dice sin ambages en qué consiste la misma: “Generalmente busca generar un impacto psicológico de magnitud, tal como un shock o una confusión, que afecte la iniciativa, la libertad de acción o los deseos del oponente; requiere una evaluación previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tácticas, armas o tecnologías innovadoras y no tradicionales”5. Hace meses que esto se viene haciendo en Venezuela.

Seguramente las actuales acciones están preparando la nueva fase: la necesidad de intervención de una fuerza militar internacional, probablemente de la OEA, quizá de la ONU, que intente “reinstalar la democracia perdida”. La avanzada mediática a que asistimos, que ya lleva meses, ha ido creando la matriz necesaria. La prensa, que ya no es el cuarto poder , que ya subió de categoría (pues es quien fija realmente la agenda político-cultural, las prioridades, la que moldea la bendita “opinión pública”), viene presentando la situación venezolana como un caos, un desastre generalizado donde se combinan escasez económica, crisis política y, más recientemente, virtual guerra civil, ya con alrededor de 50 muertos. “Venezuela se enfrenta ahora a la inestabilidad económica, social y política significativa debido a la rampante violencia, la delincuencia y la pobreza, la inflación galopante, la grave escasez de alimentos, medicinas y electricidad”, anunciaba el general John Kelly ante el Comité Senatorial de Servicios Armados del Congreso el 12 de marzo de 2015. Un año después, el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur, informaba en Washington que “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”. ¿Guión ya establecido?

En el Documento “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, de inicios del 2016 –guión de la novela ya escrita– puede leerse como algunas de las acciones a seguir: “(…) c) Aislamiento internacional y descalificación como sistema democrático, ya que no respeta la autonomía y la separación de poderes. d) Generación de un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”.

La crisis de escasez está generada por la especulación y el mercado negro implementados por el mismo empresariado local; la crisis política es una artera maniobra de las fuerzas políticas de derecha, nucleadas en la Mesa de la Unidad Democrática –MUD–, financiadas y teledirigidas por la Casa Blanca; y la virtual situación de guerra civil es un escenario fabricado por bandas de matones a sueldo y francotiradores que aterrorizan a la población. La imagen que todo ello posibilita ir creando, interna e internacionalmente, es de desastre humanitario, de ríos de sangre, de situación de ingobernabilidad absoluta.

La situación no es ingobernable, pero esa guerra psicológica lleva a que lo sea. Las muertes de personas –entre ellos, un joven chavista linchado por hordas antichavistas–, la quema de unidades de transporte, los ataques a edificios gubernamentales, son reales, sin duda. Su magnificación, la forma en que se presentan, los artificios que logran las tomas televisivas que muestran “cientos y cientos de miles de personas hastiadas del régimen castro-comunista del dictador Maduro” han logrado disociar/esquizofrenizar la opinión pública global (la venezolana en principio, la planetaria luego), para pedir a gritos una “solución”.

La población, como siempre, queda en el medio, víctima de esa manipulación. Lo que decía Goebbels hace casi 100 años, o lo que la Psicología de las Multitudes ya entreveía en los albores del siglo XX (“las masas son increíblemente manipulables, las masas se mueven por sentimientos primitivos”) permite crear las condiciones para que las multinacionales roben una vez más un petróleo que no les pertenece (tal como hicieron y siguen haciendo en Medio Oriente o en el África).

¿Qué sigue ahora en la Revolución Bolivariana de Venezuela? Todos los indicios muestran que el plan de la Casa Blanca sigue los patrones de lo hecho ya en Irak o en Libia, donde se “inventaron” guerras civiles que permitieron derrocar a los “dictadores” correspondientes: Saddam Hussein y Mohamed Khadafi. La guerra psicológica prepara el escenario para, luego, derrocar al gobernante de turno utilizando la fuerza bruta (“donde hay balas sobran las palabras”). Los fantasmas de la Guerra Fría se siguen agitando igual que hace 60 años, y lamentablemente, la población sigue “comprando esos espejitos de colores”.

Como campo popular, oponer otra guerra psicológica de igual cuño es imposible (y éticamente despreciable). La prensa veraz –que por supuesto existe– no puede ante esa prensa comercial mundial que “miente, miente, miente” porque sabe que “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. Quizá, como decía aquella pinta de ese país latinoamericano, se acabó el tiempo de las palabras y es hora de las acciones. ¡Organización popular! ¡Fuerzas armadas fieles a la revolución y población preparada para hacer frente a lo que venga! Tal vez no hay otra alternativa. Si no, el precio a pagar puede ser muy alto.

mmcolussi@gmail.com

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1Terminada la guerra volvió el soldado a casa. Pero no tenía ni un mendrugo. Vio a alguien con un pan, y lo mató. ¡No debes matar!, dijo el juez. ¿Por qué no?, preguntó el soldado”, elocuente poema de Wolfgang Borchet.

2 Le Bon, G. (2004) “Psicología de las masas. Estudio sobre Psicología de las multitudes”. Buenos Aires: La Editorial Virtual.

3 Goebbels, J. En un artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.

4 Brzezinsky, Z. (1968). The Technetronic Society. En Encounter, Vol. XXX, No. 1 (Enero).

5 Metz, S. En Bartolomé, M. (S/F) “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y justicia”.

junio 23, 2017   ningún comentario

Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Javier Tolcachier (Argentina) Publicado el 19 Junio, 2017 , en Iniciativas El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

Migrantes, desplazados, refugiados,

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[1]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

Un mundo de personas en movimiento

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[2] Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior.  El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[3]El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

Migrar es un derecho humano

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aún atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

La nación humana universal[4]

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

Notas:

[1] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/doc [Accesado el 17 Junio 2017]

[2] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/develo

[3] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR)

[4] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004)

junio 23, 2017   ningún comentario

Stella Maris Descansa

Nos escribe una Sobrina de Stella Maris (Salinas, Uruguay) y nos comunica lo irremediable:

Estimados, soy la sobrina de Stella. Me gustaría comentarles que falleció en la madrugada de hoy (20 de junio, 2017), la estaremos velando en Abate esta mañana de 10:30 a 14:30. Saludos.

Lo siento profundamente, en febrero estuvimos con ella y con Silvia Cesin en casa de Rafael Pineda. conversando las cosas que nos unen. Desde ese encuentro hasta hoy han pasado apenas cuatro meses y algunos días. En este período breve se puso en marcha algo de lo conversado y nos quedan otros para más adelante, ella ya no está y sin embargo seguirá en nosotros en la acción poética, en la idea de cambiar la vida, en el diseño de lo, para muchos, imposible, en la poesía, en la vida que continua.

Ruego a quienes estén cerca coordinen para estar presentes con nuestro sentido pésame. Estando uno, estamos todos.

Con pesar

Tito Alvarado, Morin Heights, Canadá

 

Nuestras más sentidas condolencias desde Proyecto Sur España. .. Acompañamos a la familia en éstos momentos.

Ivonne Sánchez Barea, Granada, España

 

Mi más sentido pésame desde Chillán, Chile…

Verónica Quezada Varas, Chillán, Chile

 

Mi pesar y todo mi apoyo a la familia y amigos

un abrazo grande

Antonino, Madrid, España

 

Me sumo al dolor ante una perdida tan sensible.

Un abrazo. Daer Pozo, Buenaventura, Cuba

 

Casi nunca estamos preparados para estas despedidas, más sin embargo no podemos evitarlo, en este momento creo que toda palabra es pequeña comparado con el inmenso dolor de perder un miembro de la familia, un amigo, un hermano una fuerza que nos ayudaba a empujar este barco de la unidad de sueños, en la tarea de hacerlos realidad.

Desde Vancouver Canadá vaya para Stella, un fuerte abrazo, un adiós sin despedida, una lágrima en rogación porque no te vayas, porque tú estás presente en nuestro que hacer.

Y a sus familiares nuestro más sentido pésame.

Pidiéndole al universo les cubra con su amor y les de la fuerza necesaria para soportar este dolor.

Por Pc-surv

Lucy Ortiz

 

¡Abrazo fuerte!, ¡con Dios!

Blanca Estela Báez Peña, Salamanca, México

 

Mi pésame, y un cordial abrazo.

Daniel de Culla, Santa Pola, España

 

Mi sentido pésame para la familia, los amigos y los compañeros de letras.

Silvia Osorio Hernández, Santiago, Chile

 

Unidos en el pesar.

“…Cuando se rompe el brazo que alza una tea,
La luz es la que sufre, porque se apaga.” Pedro B. Palacios (Almafuerte)

Juan Manuel Avellaneda, Buenos Aires, Argentina

 

Lo siento mucho.

Hilda Augusta Shiavoni, Inri, Argentina

 

Mis sinceras condolencias!

Marlene Denis, Barcelona, España

 

Pero por dios, no lo puedo creer. Estoy acongojada.

Alejandra Zarhi, Santiago, Chile

 

Sade Surbonaerense:

Lamentamos profundamente el fallecimiento de Stella. Enviamos muestras condolencias a familiares y amigos.

Marta de Arrieta, Avellaneda, Argentina

Presidente

 

Dejar la vida, familia, amigos, siempre será muy doloroso.
Con mis oraciones, acompaño a todos los que amaron y tuvieron la oportunidad de convivir con Stella Maris.

Con ustedes, muy cerca.
Leticia Garriga, Baja California, México

 

Mis sinceras condolencias a la familia de Stella Maris, Q.E.P.D.

Anatolio S. Navarro E. Florianópolis, Brasil

 

Que descanse en paz y nos guíe a los que recorremos esta senda.

María Rosa Rzzepka, Florencio Varela, Argentina

 

junio 22, 2017   ningún comentario

Un mayo por la Paz

Saludo a los dos mil eventos del Festival Internacional de Poesía Palabra en el mundo, aconteciendo en cuarenta países.

Hay palabras con un significado indestructible, hay otras tan llevadas y tríadas, que del uso pasan al abuso y pierden su valor. El detalle es que somos nosotros quienes les damos valor a las palabras. En realidad el hecho es más profundo, no hay humanidad al margen de las palabras ni hay palabra al margen del ser humano.

Nuestra percepción de la realidad se mueve en la noción que tengamos del espacio tiempo, podemos estar de acuerdo o podemos estar en desacuerdo, los hechos siguen un curso, a veces contrario a la inteligencia.

Ahora, como nunca antes, estamos al borde de un cataclismo, puede un día amanecer la novedad de que han explotado bombas cien veces superiores a las que la inconsciencia dejó caer en Hiroshima y Nagasaki. Algo así afectaría a todas las formas de vida en el planeta, por otro lado vivimos, como si nada, las consecuencias de nuestra intervención malsana en el medio ambiente.

No es con poemas que cambiaremos el mundo, pero sin poesía el cambio necesario no es posible. Puestos en el dilema de la vida o la muerte, nosotros personas de sentimiento y palabra, optamos por la vida, entonces démonos un mayo para situarnos en este espacio – tiempo y decir lo profundo que nos conmueve, que las palabras, expresando voluntad, sean superiores a los hechos de muerte, que reverdezca el mundo como forma de poesía de La Tierra para asegurar la vida.

¡Un mayo de poesía como gesto universal por la Paz!

Tito Alvarado

Gabriel Impaglione

Carolina Orozco

mayo 3, 2017   ningún comentario