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Categoría — Estantería crítica – libros

PCSur Veracruz: Presentación del libro Amor

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Foto, cortesía de Manuel Casal Gómez

Centro Cultural Atarazanas, viernes 15 de agosto, presentación del libro Amor que se atreve a decir su nombre, antología del cuento mexicano de tema gay, UV, compilado por Mario Muñoz y León Guillermo Gutiérrez. Foto de Manuel Casal Gómez: Alejandro Scwartz, Ivonne Moreno, Mario Muñoz y Jaime Velázquez.

Agosto 19, 2014   ningún comentario

“Estamos federalizando, difundiendo poesía”

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(APL) Noticiasdiaxdia en Radio es un programa conducido por Claudia Ainchil donde se entrevista a poetas de cada provincia, se les da voz. Cuentan acerca de sus creaciones, en que andan y dan un panorama de la poesía en cada lugar. Hay música, noticias culturales de las provincias que no salen en los medios. “Con el programa “Noticiasdiaxdia en Radio” estamos federalizando, difundiendo poesía”-dice la poeta Claudia Ainchil, quien junto a Maria Alejandra Figueroa, actriz que interpreta al aire los poemas de los invitados, Manolo Giménez desde Mendoza con sus análisis de libros y la productora Camila Súnico Ainchil todos los martes muestran las voces de nuestros poetas.

Cuenta Claudia Ainchil :“Siempre me pregunto cómo llegar a todas las personas… A la poesía no hay que ponerle miriñaque, o barniz. Que no sea para unos pocos, es decir que no quede encerrada en un circulo selecto. Que se abra. Que los poetas no seamos leídos solo por poetas”
“Hay muchos grupos que la están remando, lo hacen todo a pulmón, organizan encuentros donde invitan a participar, tienen en cuenta, sin favoritismos, a los creadores. Ellos realizan un trabajo social, que es difundir y dar voz. Porque muchas veces se organizan Festivales con bombos y platillos y nos encontramos con los nombres conocidos de siempre. Que bueno sería abrir convocatorias en todo el país para que puedan salir a la luz muchos poetas.”-expresa Ainchil.
Por el Programa de radio han sido entrevistados muchos poetas de todo el país, como Claudia Massin, Alejandra Correa, Fernando Toledo, Augusto Enrique Rufino, Wenceslao Maldonado, Pablo Anadon, Osvaldo Bossi, Hugo Francisco Rivella, Gustavo Tisocco, Bebe Ponti, Sergio Minore, Gabriela Bruch, Norma Segades Manias, el Gato Osses,Gabriela Rivero, Alejandro Carrizo,Gabriel Gomez Saavedra, Acción Poética Salta, Jorge Tula, Meliza Ortiz, Anibal Silvero, Edgar Morisoli entre otros.
El programa se emite los martes de 14 a 15 hs por www.conexionabierta.com.ar

AUDIO DEL PROGRAMA DE RADIO


*CLAUDIA AINCHIL *
http://ainchilclaudia-poesia.blogspot.com.ar/

Seleccionada en 1º Juegos Florales del Siglo XXI (concurso conmemorativo que se llevó a cabo en Montevideo, Uruguay con el tema 1804-2004, los versos de la Patria Grande, convocando a poetas de habla hispana y portuguesa de América, España y Portugal).Difundida en varios países.
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Libros Publicados:

COMIENZO DE COMIENZOS (1985)/ SON COSAS DE ÁNGELES (1987)/ AMORES SIN ZAPATOS (1991)/ REMOLINOS A BORDO(2003)/ REVOLUCIÓN (SECRETA) 2012/ ANTOLOGÍA POESÍA BAJO LA AUTOPISTA I (2012)/ ANTOLOGÍA POESÍA BAJO LAAUTOPISTA II (2013)/ AUTOPÍSTICAS-ANTOLOGÍA

INVISIBLE

Invisible como un invisible/Molino detenido en el tiempo/ Las ventanas semi abiertas invisibles/ Asaltadas en una décima esquina/ Por nadie/ O por alguien nadie/ No me salva la recolección de números dispersos/ Convertidos en azar/Un clandestino apogeo/ Invisible/ Ni la salvación eléctrica de manos/ Que se lavan a sí mismas/ Como Pilatos sonríe acumulando/ Buenas intenciones/ Envician el aire en la oscuridad/ Siempre invisible/ No visible incorpórea/Un hábito alojado en errores que evitan aprender/Como esos inciensos de primavera inquieta/La ausencia de olfato rasgó el sueño invisible/ El trazo se desvaneció/Hay almas raras que uno encuentra/ Se escurren dentro y disparan/ No podemos evitarlo/ Con una exhalación nos mudan/ Atrapando/Hubo signo y mensajeros?/Cuarenta y cinco minutos y el destierro/Invisible como un invisible/Asi…molida en tela de araña de un pantano visible.

Julio 16, 2014   ningún comentario

La Colosa, una muerte anunciada

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Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Acaba de pasar por imprenta el libro titulado La colosa: una muerte anunciada, cuyo subtítulo nos aclara de lleno la intencionalidad de un debate y una denuncia: Informe alternativo del proyecto de Minería de Oro de AngloGold Ashanti en Cajamarca, Tolima, Colombia. Este texto, elaborado desde una mirada académico-científica, pone al descubierto el plan bursátil más grande del país que dejará dividendos en la bolsa de valores, pero que a los tolimenses, y por extensión a los colombianos, solo nos dejará una que otra migaja repartida entre los politiqueros de turno y los avivatos de la región; mezquina fortuna cuando ponemos en riesgo nuestras reservas alimenticias y el agua tan necesaria para un siglo de sequías.

Compuesto por once capítulos, estas 174 páginas se me antojan necesarias para que los tolimenses tengamos bases suficientes para desmentir las supuestas bondades del proyecto, y desenmascarar las intenciones mercantilistas de una empresa que ya ha sido nefasta en Sudáfrica, en donde tiene a su haber demandas multimillonarias por incumplimiento a sus trabajadores y por daños colaterales causados por la minería a cielo abierto.

Del mismo modo, el libro nos ofrece datos sobre lo que denomina “El cartel de la minería”, proyecto que sin reparo alguno ha violado los Principios Constitucionales del cuidado del territorio, ha violentado las normas con el fin de favorecer el tráfico de licencias ambientales y ha contribuido a seguir corrompiendo un Estado proclive al despilfarro público. Así mismo, nos presenta un panorama documentado sobre los negativos impactos económicos, sociales y culturales que el proyecto “La colosa” nos heredará cuando levante vuelo con nuestro oro, dejando un enorme cráter que la historia no olvidará. Finalmente, el informe nos ofrece un paisaje sobre los movimientos de resistencia por defensa del territorio, del agua, de los recursos, en una sola palabra: LA VIDA.

Aunque el panorama de lucha es desigual, por la cantidad de dinero que se está usando para comprar medios de comunicación locales y nacionales, para corromper la conciencia hasta el punto de negociar LA VIDA por unas míseras monedas, es de resaltar que cada vez son más los habitantes, que viven a la sombra del gran Nevado de Tolima, quienes asumen la responsabilidad de impedir que el desastre que nos venden como desarrollo deprede nuestro mundo.

Bienvenido este libro producto del informe elaborado por BM Colombia Solidarity Compaign, y publicado por el Sello Editorial de la Universidad del Tolima, y enhorabuena dedicado a la memoria de César García, un campesino asesinado en las laderas de su territorio, quien logró trasmitirnos el amor por la tierra, valor tan alto en un mundo en decadencia.
El libro será lanzado el próximo viernes 18 de julio en el Consejo Municipal de Ibagué. Esperamos se convierta en documento de referencia para la argumentación de quienes defendemos la vida, y de lectura obligada para aquellos pocos que se dejan enamorar con espejitos de colores traídos por los nuevos colonizadores del siglo XXI.

Julio 16, 2014   1 comentario

Isaac Rosa, la ceguera elegida y la repentina claridad

Ramón Pedregal Casanova Tomado de Crónica Popular

 

El gran jefe de Washington envió palabra de que desea comprar nuestra tierra. Consideramos su oferta, sabemos que de no hacerlo así el hombre blanco puede venir con pistolas a quitárnosla. … Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solo un desierto… La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja, … Las ciudades están llenas de pánico a los ojos del piel roja. No existe un lugar pacífico en las ciudades del hombre blanco. … Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre…”

Jefe indio Seattle, Discurso dirigido al hombre blanco (1854) “Sobre Gerónimo” Manuel Sacristán.

Isaac Rosa, uno de los mejores escritores de la narrativa española, autor de novelas, relatos, ensayos y obras de teatro. Entre las novelas yo destacaría “El vano ayer”, por la que le dieron en Venezuela el Premio Rómulo Gallegos. Además, otros como el del Ojo Crítico y el Premio de Andalucía de la Crítica, que se tradujo al cine con el título “La vida en rojo”. Después, publicó “El país del miedo”, considerada como la mejor novela del año 2008. “La mano invisible”, , novela sobre la precariedad en el trabajo, la desregulación y la deshumanización laboral a que nos ha llevado el sistema capitalista; fue publicada en 2011.

Ahora, tenemos “La habitación oscura”, en la que se pregunta a quien lee sobre sus condicionantes y su concepto de libertad, cuestionándonos la forma y el contenido del sistema que vive de lo banal, del vacío, donde ni la memoria, en cualquiera de sus aspectos, ni la perspectiva cuentan, donde tan sólo el espejismo del momento en que el sistema parecía “un mundo feliz”, el conjunto de la vida convertida en un cuarto oscuro, habitación a la que se invita a entrar, invitando a entrar en bandeja para … ya implicados, conducir tu disposición. Y es que la mayor manifestación de poder es aquella que lo implanta sin que nadie se de cuenta, vendría a decir Maquiavelo.

Isaac Rosa nos muestra por qué y cómo no se nota que, creyéndonos más libres para hacer algo fuera de lo común, -sexo como otra forma de acumulación de objetos, movimientos de dinero y prestamos y dependencias, la espiral que hipoteca la vida y que aparentando escapatoria atrapa y condena más y más en cada movimiento realizado- se pierden todas las protecciones y todas las posibilidades de mejora. Y, llegado el momento, cuando los dueños del sistema de producción quieren recoger dividendos al final del engaño, se nos echa encima, o nos encontramos por sorpresa, con el aparato de fuerza del sistema capitalista, se hace la luz en la habitación oscura.

Parece una exageración, dos cortinas, pero solo así estamos seguros de que no se filtra ni una aguja de claridad cada vez que alguien entra o sale de la habitación oscura”, nos dice Isaac Rosa al poco de comenzar. Donde te parece que eres más libre es donde el sistema te tiene más preso. Y eres más preso cuando no ves. Estás controlado, tu asimilación al, y dependencia del sistema de consumo absurdo te aísla, te individualiza y te hace entonces una presa fácil. ¿Recuerdas “Pinocho” y el pasaje en el que tras engañar a todos los chicos, con Pinocho entre ellos, los ponen a trabajar como pobres burros haciéndoles creer que no tienen ninguna posibilidad de salvación?. Han conseguido engañarte.

No te quedes ahí. Vamos, entra, ya estamos todos.” Son las primeras palabras que Isaac Rosa ha escrito en su novela, y resultan una invitación tan significativa en la literatura y en el contenido de su novela que con ellas quedamos encerrados, hasta comprobar, al final, que nos hemos introducido en los condicionantes que no tienen vuelta.

Máximo Gorki cuenta en “Mis Universidades”, (por cierto, en la última edición hay un prólogo mentiroso sobre la vida del gran escritor soviético) pues cuenta Gorki que fue un policía el que mejor le explicó cómo establecía el Zar, el rey, su poder, cómo actuaba, cómo aprisionaba hasta el último de sus siervos: El Zar es una araña (viene a decir) que suelta su hilo y con el va envolviendo a todos sus súbditos, desde sus generales, pasando por los cargos políticos y los encargados de las direcciones económicas, a los comerciantes y hasta el último empleado trabajador. Así, con ese hilo invisible, tiene a todos envueltos. Es la hipoteca social.

En “La habitación oscura” Isaac Rosa nos muestra a un grupo de conocidos que estando en una fiesta en la que se produce un apagón, se va la luz, se mezclan sexualmente. Para cuando ha vuelto la luz han incubado el deseo de que se produzca otro apagón en la próxima reunión. Acabarán cerrando una habitación para dejarla a oscuras por completo, motivo por el que ponen dos cortinas  espaciadas entre si a la entrada, con la finalidad de impedir el paso de cualquier claridad. La ceguera elegida no dejara de mostrarnos que el grupo está formado por individualidades aisladas, y que en lo que les ocurre, nos ocurre, hay un alimentador de la corrupción y la irresponsabilidad, que desde el más alto puesto de dominación social se nos va soltando, pasando por todas las áreas de poder, hasta el empleado de banca que vende las preferentes, el vendedor de pisos, el de coches, el vendedor de consumo absurdo, haciendo un tumor maligno del ego con la acumulación por la acumulación, un tumor que se genera hasta en el último de los siervos del sistema, un tumor social que produce ceguera, que sólo se te quitará, si no antes, cuando sientas cómo te cae todo el aparato de fuerza del sistema encima, entonces verás que ha vaciado tu vida.

El arco trazado por Isaac Rosa, desde la entrega a la banalidad del consumo como liberación personal, hasta la ruina que se hace insalvable, desde el cierre de las dos cortinas del comienzo hasta cuando se abren las cortinas al final, nos pide respuestas. “Llegará un momento en que la habitación oscura tampoco sea suficiente, que ni siquiera ahí dentro estaréis a salvo, se acabará resquebrajando y por las grietas se escapará la oscuridad; pero no lo veis porque todavía no tenéis suficiente miedo, aún confiáis en que esto sea solo un paréntesis, una mala temporada, que al final habrá un día en que os despertaréis y los periódicos titularán que la guerra ha acabado, la crisis ha acabado, y lo celebraremos abrazándonos en las plazas mientras llueve confeti, y entonces volveréis al mismo sitio donde estabais cuando todo empezó, y podréis retomar desde ahí la vida detenida, recuperar lo perdido, todo lo que esperabais y ahora no llega, y por eso os escondéis: no para que no os vean sino para no ver, para no actuar, para dejar pasar ese tiempo hasta que todo se arregle; por eso tampoco queréis pelear, elegís ser inofensivos, protestar pero sin romper nada, moviendo las manitas al aire y bailando en las sucursales bancarias, porque creéis que romper algo pondría en riesgo ese día en que todo vuelva a ser como antes, y mientras tanto seguimos perdiendo batallas, replegándonos mientras ellos avanza.” Quien lea se deslizará por una cuesta encontrado de frente contradicciones internas y externas que abren todas las cortinas.

En el primer capítulo tenemos además encuentros con formas literarias que hemos conocido en obras geniales. Isaac Rosa cuenta hacia atrás: Hemos visto la fórmula en “Viaje a la semilla”, de Carpentier; pasajes de “Matadero Cinco”; de “Las trece rosas”, de Ferrero; de Galdós en “Las tormentas del 48”; de “La flecha en el tiempo”, de Martin Amis,…Hay sonidos que, desde el fondo de la narración, nos traen algo del genial cuento de Cortázar “Casa tomada”, todas son narraciones magníficas, y esta de Isaac Rosa también.

La trampa del que llamamos liberalismo ha conseguido, con la colaboración extraordinaria de muchos, desideologizar a las clases trabajadoras y hacerlas creer que la lucha de clases era cosa del pasado y se estaba en el mejor de los mundos posibles, pero llega el final para quienes fueron engañados, para quienes han caído en la trampa, tan disimulada, después de haber actuado como propagandistas y defensores de quienes se han hecho los amos de todo lo habido: “Cuando la linterna desbarate la oscuridad nos dibujará como una multitud rendida, … , ya no hay tiempo, la claridad empuja por los laterales del cortinaje, espera a que lo descorran como un telón final, no te muevas, aguarda a que llegue la luz.”

Recuerden las palabras del Jefe indio Seattle en su discurso dirigido al hombre blanco, las palabras que figuran al principio de esta nota.

 

Marzo 17, 2014   ningún comentario

Hablar de literatura en medio del derrumbe

David Becerra Tomado de El diario.es Probablemente el lector se sorprenda al encontrar en el catálogo de la colección Qué hacemos un título que gira en torno a la literatura, a su problematización, a su función ideológica. No es el único: también nosotros recibimos el encargo con cierta extrañeza. La relación de títulos que engrosan la colección abordan temas urgentes, sirven para organizar la resistencia, para combatir el miedo y para hacer frente al peligro que supone la política de corte neoliberal que está ocasionando la pérdida de derechos a la ciudadanía –en estricto: la clase trabajadora– que costaron años y luchas conquistar.

 

La colección Qué hacemos plantea la necesidad de construir una alternativa y, en consecuencia, se pregunta qué hacer con los bancos, con la deuda, con la educación, con el trabajo, con la memoria histórica, con el medio ambiente. Son temas que nos preocupan a diario, pues son cuestiones básicas para nuestro porvenir. Pero ¿y la literatura? ¿Es necesario preguntarnos, con la que está cayendo, qué hacemos con la literatura? ¿Hablar de literatura en estos tiempos de resistencia y lucha no es una pérdida de tiempo, incluso una distracción a la hora de afrontar las cuestiones verdaderamente importantes? ¿No constituye, incluso, una obscenidad perdernos por las nubes de lo literario cuando el enemigo quiere acabar con nosotros? ¿Acaso estamos preocupándonos por las rosas cuando apenas tenemos pan? No. Porque cuando hablamos de literatura, estamos hablando de otra cosa.

 

Hablar de literatura mientras la ciudad se derrumba es, en sí mismo, un acto de desobediencia. Llevábamos demasiado tiempo acostumbrados a ir a remolque de la agenda marcada por el poder. Parecía como si no estuviéramos dispuestos a golpear, solamente a cubrirnos la cara o la entrepierna si acaso al poder se le ocurría golpear primero. Y siempre golpeaba. Ha llegado la hora de dar un paso al frente, de pasar al contraataque, de que seamos nosotros los que pongamos sobre la mesa los temas que hay que discutir. Y la literatura es uno de ellos.

 

Pero ¿cómo abordar este tema, tan aparentemente abstracto y alejado de lo real? Existían dos caminos. El primero consistía en tratar la literatura como una mercancía –¿acaso es otra cosa?–, como un objeto con valor de cambio insertado en la sociedad de mercado y, a partir de ahí, examinar el modo en que se distribuyen los excedentes que genera la industria literaria; evidenciar con datos cómo la decisión entre lo que se publica y lo que no cada vez se concentra en menos manos: mostrar que en 1984 cerca del 50% de lo que se publicaba en España lo controlaba el 3,5% de las editoriales, y que en 1998, de los 425.000 millones de pesetas que facturaba el sector editorial, 115.000 millones pertenecían al Grupo Planeta.

Acercarnos de este modo a la literatura nos permitiría también reflexionar sobre la denominada piratería –si bien afecta sobre todo a la industria audiovisual, también empieza a abrirse el debate en el ámbito de la literatura–, para preguntarnos quién es realmente el enemigo: ¿el lector que comete un delito por leernos o el editor que extrae la plusvalía de nuestro trabajo? No hubiera sido una mala pregunta para abrir el debate.

 

Era, sin duda, una buena manera de enfocar el tema. Y, en parte, este Qué hacemos con la literatura se detiene a analizar este fenómeno. Pero consideramos asimismo que antes de plantearnos la nacionalización de los medios de producción de las palabras –tema sobre el que será necesario volver– resultaba imprescindible acercarnos a la literatura como discurso. Max Aub, en su extraordinaria novela Campo abierto, publicada en 1951 como segunda entrega de la serie sobre la Guerra Civil española titulada Laberinto mágico, retrata una escena en la que se debate, en plena guerra, la pertinencia de socializar el Teatro Eslava de Madrid.

 

En la discusión se plantea la necesidad de socializar el teatro, entendiendo dicha socialización como la expropiación a sus antiguos dueños de ese espacio formado por escena y butacas (el espacio físico “teatro”); pero, se rebate, la socialización será estéril si en el nuevo teatro socializado se sigue representando el mismo teatro que antes, el llamado teatro burgués, por lo que se concluye que el proyecto teatral revolucionario lo que deberá «socializar es “el” teatro». Esto es, el teatro no como espacio, sino como discurso. Porque, en efecto, lo que hay que socializar es el discurso para producir un discurso radicalmente otro.

 

Para hacer de la literatura un discurso otro, que contribuya a la transformación social, es previamente necesario desembarazarse de las nociones idealistas y neohumanistas, dominantes hoy, que hacen de lo literario un discurso puro y autónomo, inocente, capaz de transcender las tensiones históricas en que los textos se inscriben. Todos empezamos a leer con el discurso humanista en el inconsciente: empezamos a leer creyendo encontrar en la literatura un modelo de vida, una respuesta a todas nuestras preguntas, para divertirnos y para sumergirnos en otros mundos y para conocer lo que no vivimos, pensando que la lectura nos hará mejores personas, más cultas y educadas, incluso más libres y felices.

Claro que esta interpretación de la literatura es asimismo histórica: en un mundo post-religioso como el capitalista, donde todas las respuestas ya no están previamente escritas ni se resuelven por medio de una revelación o acto de fe, la explicación del mundo hay que buscarla en otro lado. En este sentido, Terry Eagleton señala en El acontecimiento de la literatura que cuando la religión ha fracasado y ya no nos sirve para explicar el mundo, ésta es reemplazada por el arte o la literatura.

 

Es en este momento histórico cuando nace la concepción de lo literario como un discurso que, con una misteriosa autonomía, es capaz de interpretar el mundo, de darnos las respuestas que necesitamos, de salvarnos de los peligros de representar este mundo hostil e incomprensible. En este sentido, no es casualidad que el crítico de la New criticism I.A. Richards dijera que “la poesía es capaz de salvarnos”. La concepción dominante de la literatura nos habla, en efecto, de la literatura como una religión desplazada.

 

Tenemos una fe ciega en la literatura. Creemos que la literatura nos salvará, pero rara vez la literatura ha salvado a alguien o nos ha salvado de nada; ni siquiera nos ha dado una respuesta que nos permitiera ser más libres o vivir más felices. Al contrario, la literatura no es un camino ni hacia la libertad ni hacia la felicidad; más bien es un camino hacia la ilusión. Es cierto que la literatura, como el conocimiento en su conjunto, puede conducirnos a la desilusión, esto es, puede oponerse a la ilusión que la ideología dominante construye. Sin embargo, lo habitual es que la literatura, más que como oposición, funcione como elemento de reconocimiento ideológico que facilita nuestra inserción en el sistema, enmascarando con un discurso aparentemente autónomo y puro el funcionamiento del capitalismo.

 

Y de esto se trata cuando nos preguntamos Qué hacemos con la literatura: de romper con el discurso dominante, de enfrentarnos a la noción de literatura que se nos impone, de arrancarle el velo de idealismo que nos impide verle al texto literario su rostro histórico. Se trata de problematizar la literatura como discurso, reflexionando acerca de nuestra experiencia como lectores, pero también de explorar nuevas vías para la producción de un discurso literario disidente que nos permita abrir grietas en el capitalismo, para tumbarlo y para construir una sociedad libre de explotación. Porque, en definitiva, es de lo que se trata.

David Becerra es coordinador del libro Qué hacemos con la literatura, escrito junto a Raquel Arias, Julio Rodríguez Puértolas y Marta Sanz. Más información, en la web de la colección: www.quehacemos.org

Fuente: http://www.eldiario.es/quehacemos/Que_hacemos_con_la_literatura_6_194290588.html

 

 

Noviembre 18, 2013   ningún comentario

Los límites del crecimiento, ayer y hoy

Carmelo Ruiz Marrero ALAI AMLATINA, 08/11/2013.- En 1972 un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, dirigido por Dennis y Donella Meadows y comisionado por el Club de Roma (1), estudió la interacción del crecimiento poblacional y económico con los recursos finitos del planeta empleando una herramienta entonces novedosa: modelaje por computadora. Utilizando los más poderosos ordenadores de la época, Meadows et al, manejaron grandes cantidades de cifras de variables como población humana, crecimiento industrial, producción de alimentos y contaminación ambiental, al igual que constantes, como los recursos naturales no renovables y los límites de los ecosistemas del planeta (2). Los resultados del estudio fueron estremecedores: si las tasas de crecimiento económico y de uso de recursos naturales continuaban, habría un catastrófico colapso ambiental y económico en algún momento en el siglo 21.
El estudio y sus conclusiones fueron publicados en el libro Los Límites del Crecimiento, que a menudo se le llama El Informe del Club de Roma. En las cuatro décadas tras su publicación, Los Límites del Crecimiento ha vendido 12 millones de copias y ha sido traducido a 37 idiomas. Es el libro de tema ambiental más vendido de todos los tiempos (3). A lo largo de los años ha sido objeto de apasionada discusión, elogios al igual que críticas. A los 20 años los autores revisitaron su estudio y lo actualizaron en un libro titulado Más Allá de los Límites. Luego en 2004 publicaron una edición actualizada en conmemoración de los 30 años de la publicación original.
Los Límites del Crecimiento no pudo haber salido en un mejor momento, pues el principio de la década de 1970 fue un periodo crucial en el desarrollo del ecologismo moderno. Precursores del campo de la economía ecológica como Herman Daly, Kenneth Boulding y Nicolás Georgescu-Roegen estaban entonces publicando varios de sus más importantes trabajos. En 1971 el biólogo Barry Commoner publicó el valioso libro ambiental The Closing Circle, mientras que el ecólogo Howard T. Odum, pionero de la ecología de sistemas y de la teoría general de sistemas, publicaba el igualmente importante texto Energy, Power and Society. Murray Bookchin publicaba para entonces sus ensayos teóricos y polémicos en los que combinaba la crítica social, el ecologismo, la militancia anticapitalista y el anarquismo, sobre los cuales erigió los fundamentos de la ecología social. Sus ideas llevarían a la fundación del Instituto de Ecología Social en Estados Unidos en 1974.
En junio de 1972, justo después de la publicación de Los Límites del Crecimiento, tomó lugar en Suecia la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Ambiente Humano, referida a menudo como la Conferencia de Estocolmo. Fue el primer evento de la ONU dedicado a la problemática ambiental, y llevó a la creación del Programa Ambiental de la ONU (PNUMA).
También ese mes, se organizó en Paris un debate público sobre crecimiento económico vs. decrecimiento, presidido por el presidente de la Comisión Europea, Sicco Mansholt, y el eco-filósofo Andre Gorz, quien alegadamente fue la primera persona en utilizar el término “decroissance”. Mansholt se había tornado en contra del crecimiento económico tras leer Los Límites del Crecimiento. El evento, organizado por el periódico Nouvel Observateur y al cual asistieron unas tres mil personas, contó también con la participación del sociólogo y teórico alemán Herbert Marcuse, el filósofo francés Edgar Morin y el ecologista inglés Edward Goldsmith, publicador de la revista The Ecologist.
Según el ecologista catalán Joan Martínez Alier:
“No se habló todavía de cambio climático pero sí de la escasez de recursos, y además se discutió sobre el aumento de la población, los absurdos de la contabilidad macroeconómica del PIB, la felicidad, el capitalismo, el socialismo, el militarismo, la tecnología y la complejidad.” (4)
El evento había sido provocado principalmente por una carta que envió Mansholt tras leer el Informe del Club de Roma, a Franco Malfatti, entonces presidente de la Comisión Europea, puesto que Mansholt estaba por asumir próximamente. La carta tenía un contenido ecologista radical que sería considerado controversial aún hoy día. Dice Martínez Alier:
“Mansholt se pronunció (en la carta) muy claramente por un socialismo democrático planificado a escala europea. Tuvo propuestas directamente dirigidas contra las ganancias capitalistas, al suprimir la amortización acelerada de bienes de capital que se deduce de los impuestos (y que infla las ganancias) y al protestar contra la obsolescencia de los bienes de consumo duradero. Propuso introducir la certificación de productos reciclables que tendrían desgravaciones fiscales. Un arancel europeo a las importaciones protegería esos productos reciclables certificados pues en caso contrario la competencia internacional impediría esa producción menos dañina. Era partidario de prohibir la producción de muchos productos no esenciales.”
A los temas tratados en la carta de Mansholt, Morin y Gorz añadieron varios elementos en el foro ese día de 1972, incluyendo el carácter de clase del movimiento ecologista, la crítica a la modernidad cartesiana y el rol cada vez más importante de las complejidades e incertidumbres. Los participantes también sumaron a los planteamientos de Mansholt críticas al militarismo, específicamente denunciando la guerra de Vietnam, y las pruebas nucleares francesas en el océano Pacífico.

El economista Georgescu-Roegen, uno de los más importantes precursores de la economía ecológica, escribió a los Meadows felicitándoles por su trabajo, pero también advirtiéndoles que la gran mayoría de los economistas, casados intelectual y profesionalmente con la idea de crecimiento eterno, les atacarían. Efectivamente, su advertencia fue acertada. En la sección literaria del periódico New York Times, tres economistas tildaron Los Límites del Crecimiento de “vacío” y “engañoso”, “Menos que seudociencia y poco más que ficción polémica”. Y en un editorial, el semanario Newsweek lo clasificó como “disparate irresponsable” (5).

Mientras que el repudio de economistas fue casi unánime, el informe fue acogido y celebrado por el ecologismo. "Hace 30 años era fácil para los críticos despachar los límites al crecimiento”, dijo el influyente ecologista Lester Brown, fundador del Instituto Worldwatch, al leer la edición del 30 aniversario. “Pero en el mundo de hoy, con sus pescaderías colapsando, bosques encogiéndose, mantos freáticos bajando, arrecifes de coral muriendo, desiertos expandiéndose, suelos erosionándose, temperaturas subiendo y especies desapareciendo, ya no es tan fácil hacerlo. Estamos todos endeudados con (el equipo que escribió Los Límites del Crecimiento) por recordarnos de nuevo que el tiempo se nos está acabando” (6). El informe también ha sido elogiado por otros ecologistas de reconocimiento mundial, como el activista y autor Bill McKibben, Amory Lovins, gurú de las energías renovables, y Herman Daly, quien fue economista de alto rango del Banco Mundial y ahora aboga por una economía estacionaria de cero crecimiento (strady state economy), y muchos más. A pesar de su talante tecnocrático y apolítico, el libro también ha recibido el reconocimiento y respeto de ecologistas progresistas.
Las defensas y ataques al Informe del Club de Roma continuaron por años y décadas, y aún hoy el libro deja de qué hablar.
Como ven, la propuesta decrecentista no tiene nada de nuevo. Y hoy es más vigente que nunca ahora que los pronósticos de los efectos del calentamiento global lucen cada vez más fúnebres, que las compañías de energía se embarcan en proyectos demenciales para extraer combustibles fósiles mediante técnicas insólitas como el infame fraqueo (fractura hidráulica), y que el bando progresista latinoamericano ofrece como alternativa al status quo neoliberal un progresismo desarrollista basado en un extractivismo suicida (7).
El decir que no hay alternativas viables al crecimiento económico y las políticas extractivistas no es más que un lloriqueo. En todas partes del mundo hay movimientos alternativos y nuevas configuraciones sociales que no se cansan de mostrarnos el camino a futuros alternos (así mismo, en plural), nuevos pensamientos y nuevas formas de acción. A estas alturas, sólo hacen falta ojos para ver.

Notas
1) El Club de Roma es una organización privada y exclusiva fundada en la Accademia dei Lincei en Italia en 1968, compuesta por líderes empresariales, científicos, economistas, funcionarios de Naciones Unidas, y figuras políticas de alto nivel, incluyendo jefes de estado pasados y actuales. Según su página web, se dedica a estudiar los problemas más apremiantes de la humanidad y formular escenarios alternativos para enfrentarlos. Sus miembros más notables han incluido a Mikhail Gorbachev y Vaclav Havel.

2) El equipo de los Meadows desarrolló el programa de simulación World3, el cual era una versión avanzada de World2, programa creado por Jay W. Forrester, ingeniero decomputadoras especializado en teoría de sistemas. Forrester fundó la disciplina de dinámica de sistemas, la cual analiza el comportamiento de sistemas complejos mediante modelos matemáticos. Aplicó la dinámica de sistemas a ciclos económicos industriales en su libro Industrial Dynamics, y luego aplicó su modelo a los problemas sociales y la planificación urbana en su libro Urban Dynamics.
A fines de la década de 1960, Forrester le comunicó a los líderes del recién fundado Club de Roma su interés en aplicar la dinámica de sistemas para analizar los problemas de la sustentabilidad ecológica a nivel global. Tras el Club de Roma expresar interés en su propuesta, Forrester escribió el programa de simulación mundial World2, y en 1971 publicó el libro World Dynamics, en el que expresa sus preocupaciones acerca del crecimiento económico ilimitado dentro de un sistema limitado, como lo es nuestro planeta.

3) Christian Parenti “'The Limits to Growth': A Book That Launched a Movement: This mega-bestseller has been attacked repeatedly since its publication forty years ago, but its warnings about the climate were alarmingly prescient” The Nation, diciembre 24 2012.
http://www.thenation.com/article/171610/limits-growth-book-launched-movement#

4) Joan Martínez Alier “Macroeconomía ecológica, metabolismo social y justicia ambiental” Revista de Historia Actual, Vol. 9, Núm. 9 (2011)

5) Parenti.

6) Lester Brown.
http://www.chelseagreen.com/bookstore/item/limits_to_growth:paperback/praise/

7) Carmelo Ruiz Marrero “El Nuevo progresismo Latinoamericano y el extractivismo del siglo XXI” CIP Americas Policy Program, 31 de enero 2011
http://www.cipamericas.org/es/archives/3913; Ruiz Marrero “Gobiernos progresistas siguen apostando al extractivismo” Monitor de Energía y Ambiente de América Latina, 17 de octubre 2010
http://energyandenvironmentmonitor.blogspot.com/2010/10/gobiernos-progresistas-siguen-apostando.html;
http://carmeloruiz.blogspot.com/search/label/Extractivismo

- Ruiz Marrero es autor, periodista investigativo y educador ambiental puertorriqueño. Es catedrático del Instituto de Ecología Social
(http://www.social-ecology.org/) y editor del boletín bilingüe Monitor de Energía y Ambiente de América Latina
(http://energyandenvironmentmonitor.blogspot.com/).

 

Noviembre 11, 2013   ningún comentario

La dura tarea de escribir y quedarse en el limbo de la no publicación

Tito Alvarado

En un pequeño mundo de siete mil millones de seres humanos o al menos con apariencia de ser seres humanos, hay de todo lo que la mente humana pueda imaginar: buenos hijos que matan a sus padres, políticos y burócratas que entran en las redes de la corrupción, seres dedicados a los calvarios del alma, le arruinan la vida a sus clientes, asesinos en serie que reciben el premio Nobel de la Paz. Como no todo es negro ni todo es blanco, también se dan esos personajes que iluminan el espacio que ocupan o mueven fibras de humanidad en la gente, son los menos, pero son los más necesarios.

Si se nos ocurriera, en los márgenes de la cantidad de siete mil millones de gentes, mirar el mundo en cifras, pudiéramos decir que en este mismo momento hay más de diez millones de parejas haciendo el amor, fácilmente una cifra situada en los cien millones está aplastando a otros muchos, sea como atraco a mano armada, como pelea callejera, como arranque de furia y como algo más perverso y es la sistemática manera de aplastarte en el trabajo con los golpes bajos de hacerte producir a un ritmo animal por una paga de sobre vivencia. Podemos seguir enumerando posibilidades, en un cuento de nunca acabar, y con seguridad tendríamos varios cientos de miles haciendo lo mismo. Entre tanta gente que hay, algunas personas estarán haciendo aquello que rompe la capacidad de imaginar.

Entre los diez mil escritores desconocidos que se requieren para que uno tenga fama y viva de su trabajo, como mínimo habrá mil que están en la tarea de publicar su último libro y si lo extrapolamos a los siete mil escritores y escritoras que triunfan hay setenta millones en el más absoluto anonimato, siete millones de ellos en este preciso instante están buscando un editor o inventando la forma de hacer llegar su trabajo a un lector, invento que la más de las veces se queda en sueño apachurrado por la cruda realidad

Publicar un libro requiere la coincidencia mágica de tres vectores que casi siempre transcurren paralelos: el haber escrito un libro con una cierta calidad literaria, tener, el autor, los contactos necesarios con una editorial o mejor aún, tener un agente literario y que el libro escrito sea publicable según la discutible opinión del editor. El primer vector resulta casi como arañar un vidrio, si es verdad que en literatura no hay nada escrito, también debiera ser verdad que en la viña del señor hay de todo. De los cientos de miles de libros que se publican, una mayoría es prescindible, tal o cual libro fue publicado por una apuesta al futuro, donde el saber no es más que una creencia, un gusto, efímero parecer subjetivo, pues eso tan recurrido de la calidad literaria es un terreno de arenas movedizas, donde se empantanan los mejores lectores. El segundo vector nos indica que si cuentas con el pedigrí de la cuna o te haces a las patadas un espacio y entras al limbo o te sacas la lotería de encontrar un agente que se ocupe de aceitar la máquina a cambio de una comisión, lograrás que una editorial te lea y eso te acerca un milímetro más a la ansiada publicación. El tercer vector, tiene una relación con el primero en lo referente a eso ambiguo llamado calidad literaria o criterio del editor, la más pura subjetividad para definir quien entra al limbo o quien queda en el infierno del rechazo. Ha ocurrido que autores hoy famosos fueron rechazados no en una sino en varias editoriales, pero peor aún también ocurre que se publican obras que ni de cerca ni de lejos tienen la aureola bendita de la calidad literaria. La más de las veces el futuro libro vale más o vale menos por asuntos externos al valor literario intrínseco en la obra. Un editor no es más que un ser humano con un cierto conocimiento y unos ciertos gustos, lo cual significa que puede acertar o equivocarse como cualquier lector frente a una copa de vino.

Si nos guiamos por los principios de la mecánica cuántica, hay tantas probabilidades de que una pelota atraviese una muralla como de que un escritor publique su obra a la primera tentativa. Y sin embargo la pelota atravesó el muro, pudiera decirse, pues a veces ocurre lo que a todas luces parecía imposible.

El peor de todos los escenarios es haber escrito un libro, de calidad, y no tener editor ni saber si el libro merece ser publicado. En esto de merecer nos encontramos frente a las leyes del mercado, pues editar libros es un negocio y para que lo sea debe el rentista-editor asegurar que su inversión tendrá réditos. De los cientos de miles de libros que se publican cada mes, hay una cuota superior escritos pero que nunca tendrán la forma de libros ni llegarán a ese ansiado y mítico público. Esto no significaría nada si no pudiéramos imaginar la Biblioteca de Alejandría ardiendo, setecientos mil pergaminos consumidos por el fuego, cientos y hasta miles de años de conocimiento perdidos bajo las llamas. Un libro que no se publica es una posibilidad perdida, un libro que arde antes de ser libro. ¿cuántas Bibliotecas de Alejandría arden cada año?

En mi calidad de lector he tenido la fortuna de leer muchos libros posibles, que jamás vieron ojos de editor. Digamos, por ejemplo, el libro La segunda venida de Cristo, su autor fue C. Inostroza, más considerado loco que escritor. El libro merecía la gracia de ser publicado, antes el autor debía revisarlo y pulirlo, sacándole los ripios del mal gusto y la fijación sórdida por el sexo, consejo que Inostroza se empecinaba en no escuchar, grave error de ego. El tema era reflejo de una imaginación tan portentosa como enferma. La segunda vez que Cristo venía a la tierra era mujer y negra y llegaba a una villa miseria en algún punto indefinido del Buenos Aires que Inostroza tenía en su cabeza. El resto es una trama de hechos sorprendentes sacados de la realidad. Mi conclusión es que los lectores hubieran disfrutado un libro de aventuras y cuestionamientos de lo establecido por los poderes y a la vez hubieran proyectado en su mente visiones diversas del terror que significa vivir al margen de la vida.

Otro libro inconcluso, que llegó a mis ojos y leí con placer mientras disfrutaba una pizza en uno de los tantos restaurantes de la calle Corrientes, relataba una historia en una Guatemala acosada por los sátrapas que allí hacen su agosto cada día del año. Su autor, G. Ardila, era un señor que jugaba a ser humilde y hacía pesado el tratar con él. Su novela inédita tenía indudables méritos y los defectos de quien no tiene seguridad en lo suyo. Son los ripios de palabras puestas en lugar equivocado, repetidas o faltas menores que se pudieran arreglar si el autor se atreviera a considerarse escritor. Me pidió, entre remilgos y pesadeces de quien posa de humilde, que leyera su novela. Me entregó dos que tenía foliadas en un solo paquete. La portada era la invitación perfecta a no leer, debí armarme de infinita paciencia y omitir la desagradable sensación de tocar grasa cuando puse mis manos en ese plástico delgado y transparente que servía de protección y acumulador, para mayor mal, había algunas páginas al revés. Francamente un desastre, en cambio la narrativa tenía fuerza y la trama era verosímil. Los lectores de este libro hubieran sufrido siguiendo la tragedia de sus personajes y aquilatado la conducta de los mismos como un ejemplo de lo que se pudiera imitar y lo que se debiera combatir, aún cuando su autor no estaba situado en las lides sociales, la trama de su novela no escapaba a la tragedia de su país natal.

Lamentable que estos escritores de talento no hayan aprendido que en esto de la literatura no hay nada escrito ni se les haya cruzado por su cabeza que los pobres, sean trabajadores a sueldo fijo o escritores en el sueño de ser publicados, no tienen ninguna puerta abierta. Ante la puerta cerrada no queda otra alternativa que la fuerza de la unión con los otros, en un amplio río que riegue los valles de la mente y le abra ventanas a la vida. Ellos vivieron los trabajos de poner en papel su imaginación, sintieron aquel deleite de soñar con su publicación, pero no lograron abrir a costa de insistencia, contactos, agentes o patadas, la puerta de alguna editorial. Quizá nunca supieron de las cifras del desprecio ni se enteraron de las leyes que rigen el mercado del libro. Sufrieron en silencio la última descarga, la de la desilusión y tiraron su obra al pozo del olvido.

Agosto 22, 2013   ningún comentario

Jayne Cortez o la poesía de los pueblos que encuentran su voz

Por Angye Gaona

Celebramos la poesía de Jayne Cortez, hoy 8 de marzo, a dos meses de su muerte en Nueva York, repasando algunos hechos de su vida y aludiendo a su legado poético.

La voz erguida de mujer negra que no elude las circunstancias sociales en las que se levanta, hace imposible diferenciar en Jayne Cortez su historia literaria de su vida dedicada a la actividad por la dignidad de las mujeres y de los afroamericanos. Junto a ella y en su momento, las mujeres negras norteamericanas despertaron a la creación y al canto, llamando a las cosas por su crudo nombre cotidiano. Asumieron una estética de la rabia y del rechazo a la opresión, valiéndose de los excesos en el lenguaje y de la pérdida total del pudor en el poema.

Siendo este un tiempo de guerra para Joanne

ella hizo lo que un ministerio de defensa haría

en tiempos de guerra

y cuando el chupameados-huelemierda policía dijo:

voy a hacer que prefieras haber estado muerta puta negra

ven aquí

Joanne le clavó un pica-hielo en

el pecho del perverso SWAT fornicador de su madre

sí en el cuello grasoso de ese policía racista

Joanne ejecutó la danza de los pica-hielos y una vez más

de costa a costa

de casa a casa

celebramos el día del puerco violador muerto

¿y qué otra mierda se supone que deberíamos hacer?

Hacer poesía para una mujer negra en el siglo XX fue un ejercicio de fuerza más que de contemplación. No se arranca una mordaza de siglos con delicadeza.

La activación de una voz poética como instrumento musical sucedió en los poetas de esta generación del Movimiento de las Artes Negras con su sede en Norteamérica, años 60. Ellos incorporaron el subgénero del  Spoken word que apropia el componente rítmico y escénico característico del canto, haciendo prevalecer la oralidad en el poema. Jayne se acompaña de  una banda de Jazz, fundada junto a su hijo, el baterista Denardo Coleman, y crea piezas de poesía inseparables de la música, poesía-jazz, con todo la apasionante sinestesia que el hecho suscita.

http://www.youtube.com/watch?v=G6bKgljhvR0

Si la pasión en la poesía de Jayne está alimentada por la discriminación racial y sexual, no dejan de encontrarse en su poesía profundas vetas de ternura. La sublevación y el erotismo se confirman inseparables. En poemas como Chocolate, las series de sentido se tejen a través de una cadencia que lleva a pensar si hubo alguna vez, acaso, algo negro y sublevado que no fuera dulce: Chococolate /dicen que por tu cuerno abierto lleno de danzantes /llega la risa. Una relación directa queda sellada entre lo universalmente erótico y lo universal revolucionario.

A diferencia de otras creadoras como Nina Simone que decidieron salir de Estados Unidos para escapar a las arbitrariedades y discriminaciones de disqueras y editoriales, Jayne implementó la alternativa de fundar medios propios. Es así como parte de sus 12 libros de poemas publicados y las 9 grabaciones de su poesía-jazz se hicieron posibles a través de Bola Press, su propia editorial.

En 1991, junto a la escritora Ama Ata Aidoo (Ghana), fundó la Organización de Mujeres Escritoras de África, para crear caminos de confluencia y conocimiento entre las africanas y las afroamericanas. No se sabe si es la organización de las mujeres tan precisa para la emancipación del ser humano en general la que se vuelve poesía-jazz, un subgénero de irresistible belleza, en Jayne Cortez o si sucede el fenómeno contrario:

http://www.youtube.com/watch?v=G6bKgljhvR0

La poeta estuvo en Colombia en 2009, participando en el Festival Internacional de Poesía de Medellín. La página del Festival reproduce sus poemas en el siguiente enlace. Allí también puede encontrarse la magnífica antología de poetas de los cinco continentes que han llegado hasta Medellín en 22 años de Festival.

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/84_85/cortez.html

Siguiendo el enlace a continuación se encuentra una grabación de Jayne Cortez leyendo en Medellín: “Encuentra tu propia voz y úsala. Usa tu propia voz y encuéntrala”, dice:

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=g8BwkXaim44

La voz de Jayne Cortez permanecerá con su preciso encanto y vigorosa composición afirmando las posiciones en el campo de batalla espiritual por la dignidad del ser humano entero. En general, las letras y la música de raíz africana difícilmente desconocen o desfallecen ante la adversidad, antes bien, se elevan como protagonistas de la contradicción activa e inspirada que funda el movimiento espiritual y material, dotando a los pueblos de motivos.

Marzo 11, 2013   ningún comentario

La palabra devagar

 Roberto Cabrera

Algo así como una divagación lenta y sin detenciones excesivamente largas, que impidan el apalancamiento creativo. Ya ocurrió tiempo atrás que la creación en Canarias daba saltos y trompicones, apareciendo y desapareciendo, en palabras del inolvidable Francisco Pimentel, como unos ojos del Guadiana.

Dicen que en Latinoamérica no es así, que la cultura tiene marcha constante, una velocidad de crucero. Todo lo contrario que a este lado del atlántico.

Quizá por esa búsqueda del tiempo perdido que decía Proust, hay quienes se arrojan a la pasión creativa, con decisión y empuje insospechado, viviendo el día a día de poemas y rosas, de canciones y happenings, resultándoles todo una oportunidad para lanzar al aire su incontenible energía como dardos de inquietud y necesidad que descomprimen un aliento insobornable ya y decisivo. Un ansia de ruptura con los impuestos tempos de silencio.

No es momento de considerar si hay o no una línea de continuidad o ruptura con las creaciones del final del siglo ya pasado o de la primera década ya traspasada del siglo XXI. En el caso que nos ocupa y tratando de ser preciso, me atrevería a formular que se trata de un retorno irrevocable marcando una ruta, un norte, que esperanzados deseamos que sea de innovación, fertilidad y que de respuesta a cuantas inquietudes la sociedad demanda. Y si la sociedad da la espalda también para eso hay que estar preparado. Vivir en soledad, a veces sin poder compartir, sufrir las animadversión, el ostracismo. La historia de la literatura así lo confirma. Adelantarse a una época se paga caro. La palabra devagar es el pretexto para devanar la madeja que quedó atrás, sin continuidad, perdida en el laberinto, metáfora que tanto gusta a este autor. Es la madeja del olvido de nombres y autores cruciales, verdaderos impulsores del devenir literario de unas ínsulas alejadas en cierta forma por fortuna, del declive y la decadencia y abiertas a otros horizontes con los que Antonio Arroyo ha logrado conectarlas.

Rumania, México, Chile o Argentina han tenido noticia de lo que se cuece en las Islas Canarias, gracias a la paciencia y el buen hacer de escritores como él, que han ido poniendo el acento en ese espacio común que la propia globalización persiste en reservar a los grandes centros culturales «Kulturkreise».

El libro trata de suplir la escasez de crítica de debe conllevar la buena línea de editoriales que en el paroxismo de la edición podrían saturar el espectro lector y hacerlo retirarse al limbo de los best sellers, ediciones escolares deleznables y toda una ristra de novedades imposible de contrastar, degustar, exprimir y valorar.

Cuando dejé caer en sus manos el libro que con celo escribió Joaquín Rivero en los cincuenta y que se negara a publicar el ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, sabía que Antonio Arroyo iba a reaccionar de una forma inteligente. La literatura Canaria como acertadamente afirma el analista Amadou Ndoye, no empieza con gaceta de arte, ni con el parnasianismo, ni con Tomás Morales, ni con Fetasa, ni con la narrativa del boom, tampoco con la generación del silencio, ni ahora con la llamada generación XXI. Es un continuum y como tal zigzaguea como serpiente engullendo corrientes visibles, generaciones y nombres solitarios. Algunos absorbidos para ser presentados en la península como monos de feria, que luego serán enterrados en el olvido, otros abducidos, coronados y más tarde relegados al silencio. Ya esa experiencia la padecieron poetas como Verdugo o Alonso Quesada. Lo intentó nuestro amigo Juan José Delgado con su idea de interacción con las regiones españolas. Pero nada de eso resultó. Porque el escritor insular necesita sólo ser reconocido, leído y valorado por su propio pueblo para ser universal.

Hoy se abre un espacio diferente. Makaronesia, Norte de África, América, África Occidental, Europa y la paciente labor de los que van en esa dirección más temprano que tarde tendrán su recompensa si su pueblo los acompaña. Modelos importados, reiteración de fórmulas. No hay modelos ni fórmulas que valgan, La literatura universal está al alcance de cualquiera. No así el imaginario original hecho de raíces, de alambiques históricos, de hablas y jergas que está en el epicentro del trabajo creativo y tiene que aflorar y aflora ya en mucho de los nuestros. Inmerso en esa fronda Antonio Arroyo recrea sus primeros pasos sobre los adoquines de su bella ciudad, sube a los alminares de La Laguna, se desplaza a la tumba de Miguel Hernández en Orihuela. Vuelve a Las Palmas, ciudad cosmopolita y de poetas que cantan al mar. Oye la música Kabilia, se hermana con los poetas de Santiago de Chile, escucha a los mapuches y toma el mate en Buenos Aires. En México se solidariza con las mujeres de Ciudad Juárez. Y hoy regresa a Santa Cruz, la legendaria plaza que soñara conquistar Sir Horace Nelson.

La urbe inglesa también, donde se gestó el episodio de una modernidad insoslayable. Y se hace un silencio y se escucha un eco de pasos en callejas y puentes, hasta que el mar de fondo traza una luz azul oscuro y vuelve a oírse la música del puerto. Con la madrugada sale de puntillas como un padre que colocara los reyes magos a sus hijos. A cada uno un recuerdo imborrable, de su niñez, de su infancia, de su madurez, no importa, no es un hurto, es encender la luz de los corazones que enmudecieron por caprichosos designios y que el necesita que sigan irradiando calor y alumbrando un sendero que llegue a Santa Bárbara, a la isla baja, a la Caldera, a los pueblos recónditos de El Hierro. Caminos iluminados por la plata luna y oro literario en los bolsillos. Poco importa que se lleve un noray en su maleta o que amarre tu buey en las estrellas. Tampoco que se bañe con teresa en un balneario o que vuelva a cometer el crimen de Espinosa. Un arroyo de palabras, un naciente de luces y misterios se enrosca a un bailadero de brujas para sacar a flote la oración inimaginable, la que irrumpe de otra boca certera y durmiente. La bella frase de la desnuda poesía.

Aún a sabiendas de que uno puede ser un aventurero de la palabra, de la poesía, ha tenido la certeza natural de poder entender de primera mano los fenómenos de la creación, de la improvisación. Eso que parece ser tanto cuesta a los teóricos, a quienes no son actores, ni músicos o simplemente creadores. Y si este libro trata de algo, es precisamente de librarse de la pesada losa del racionalismo, del determinismo, para caer en brazos de un azar liberador. En él coexisten como el propio autor revela en su prólogo, la vida, el amor, el dolor o las anécdotas.

Eso sí, el discurso precisa de unos puntos de referencia que aunque aleatorios quizá hasta arbitrarios, no son desde luego un totum revolutum. Qué hace si no una cita del más controvertido filosofo de la escuela de Frankfurt, Walter Benjamin u otra de Jorge Rodríguez Padrón tras el epígrafe Le Canarien. Las ideas de este crítico insular acompañarán al autor a través de todas las páginas del libro.

No sé si Danielle Sotto apareció muerta en su casa en posición fetal o si se abalanzó desde una azotea al vacío, tampoco afirmaría que el método Fischer fuera una liberación surrealista propiamente dicha, porque creo que esa es otra historia. Quizá algo más que un suicidio en la carretera desolación.

La historia de la crítica ha sido en muchos casos la de la incapacidad para la palabra alerta, el sentimiento y el riesgo. La incapacidad de pasear entre las musas; y eso hay que cambiarlo como propone Antonio Arroyo, que en el caso de Manuel Verdugo, ha seguido la pista de lo que él llama uranismo, esa corriente clásica de admiración del cuerpo masculino. Cómo renunciar al legado de este poeta nuestro que aparte de que beba en las fuentes mismas del parnasianismo francés, bohemio, anticlerical y antifranquista.

Olvido de raíces coloquiales, pérdida de naturalidad. Toda esta idea se verbaliza en la expresión: “hacia el paisaje interiorizado” que ha movido las últimas tendencias de muchas poéticas latinoamericanas, y que con frecuencia no ha sido escuchada por algunos de nuestros poetas, que todavía hoy pretenden desde su alminar profesoral, enseñarnos cuál es el verdadero sentido de la poesía.

Las influencias devienen en consecuencias es otra de las formulaciones que emplea en su crítica creativa. La poesía es la habitación del poeta. Lo que interesa es el sentido, no la representación. Buscar en los márgenes. La poesía revoluciona el lenguaje, la realidad, las metáforas, detiene el tiempo. Por ello ataca al crítico funcionario frente al crítico revolucionario. Descomposición, desmantelamiento del sistema estético imperante, diseminando las estructuras y entrecruzándolas tal como propone Derridá. El habla frente a la lengua, la praxis frente a la teoría.

En Foucault encontramos esta anti-ciencia que pone en práctica Antonio Arroyo y sus consecuencias son “la insurrección de los saberes sometidos” y el acoplamiento de los conocimientos eruditos y las memorias locales. De ahí el carácter genealógico que imprime a este libro. Encontrar tras estos olvidos interesados el cómo se han reforzado las relaciones de poder. Un ataque a aquellos valores triunfantes, de éxito con el fin de invertir la concreta relación de fuerzas en el actual panorama cultural y social. Es el caracol devagando como poeta con su habitación a cuestas y su estela de palabras.

De ahí también su esfuerzo en presentar la poesía más como una herramienta para ser utilizada que como código que habrán de interpretar los expertos. Buscando líneas de fuga que desemboquen, en palabras del filósofo Deleuze, en una “utopía de la inmanencia”. Interés que se despliega hallando relaciones de interdependencia con otros lenguajes como la pintura, la música o el arte culinario en este libro.

No puedo obviar, ni escamotear al público que esta obra toca directamente una parte muy sensible de mi memoria personal. Desde la bicicleta adormecida en casa de la poeta Olga Rivero que espera a los músicos y que abre el texto dedicado a la ciudad de La Laguna, hasta textos como Maresía del gato, que fueron precisamente leídos en esta misma sala con motivo de la presentación de un título propio y en la misma colección. Apuntes para una reflexión etnomusicológica quizá puso en la ruta a Antonio Arroyo hacia una disciplina cuya relación con la oralidad y por tanto con el coloquialismo que tanto admiraba nuestro Isaac de Vega, muestra bien a las claras la importancia y la impronta que aporta la música en tantos terrenos artísticos y de tantos territorios relacionados con Canarias: Cuba, Texas, Luisiana, Uruguay, Kabilia y el Noroeste de África en su conjunto, donde por suerte tuve ocasión de hacer música, interactuar y dar continuidad, a mi modesta forma de ver, a ese puente y plataforma que como bien cita, son nuestras islas.

Asimismo y como consecuencia tengo que nombrar a otro de los músicos que fue protagonista de aquella aventura. La poeta Olga Luis Rivero. El autor le dedica al menos dos textos referidos a dos de sus libros: Los sentidos de Gran Rojo y El Enero. Del primero de ellos, una antología vertida al alemán viene a decir que el gran acierto de su expresión está en el dominio de una lengua que acota el ojo para darle rienda suelta y absoluta al resto de los sentidos, después de repasar Las lunas del jaguar, En la ola de zarzas gemas y Verano.

En El Enero pasea por las tres partes del poemario: La encantación, La edad del árbol y Oído en caracolas. De su primera parte habla del balbuceo, de la primera caricia materna y de las palabras que no conocen abstracción, esa operación del entendimiento de la que ya Aristóteles habla para diferenciarla de la participación platónica. “Esas palabras con connotaciones animistas”, dice Antonio Arroyo.

De La edad del árbol muestra un paisaje de sueños concéntricos que viajan y giran en torno a un vórtice donde un buque fantasma transporta a arquitectos de la literatura canaria como Isaac de Vega, Rafael Arozarena o Emeterio Gutiérrez Albelo; “donde el verso transcurre como un río del tiempo”. El Enero desemboca su riada poética en Oído en caracolas, nos dice, “como si todo el libro quedara ahí no ya para ser leído si no para ser escuchado como un mar que nos susurra al oído desde un bucio imaginario”.

Como digo todo el volumen que presenta Antonio Arroyo es un cuaderno de bitácoras que en esta navegación creacional nos hace pormenorizar cada uno de los puertos que nuestra literatura insular va visitando, avituallándose de nuevos descubrimientos, de avatares de significativa importancia, como una travesía que llegará sin duda surcando otros mares a archipiélagos lejanos y a continentes, para mostrar lo genuino de unos creadores que han dado forma antes y ahora a un mapa, a una cartografía que se muestra en gran y oportuno momento de forma, inmersos en la aventura de lograr la sonora, indeleble imagen de su genuina identidad plural, entregando para ello sus vidas al manejo del timón y el velamen del arte y la poesía.

Desde luego que me siento impelido, me siento como obligado a dar la talla, a estar a la altura. Todo relacionado por cierto, con la medida, con tocar techo. Pero ¿cómo trazar este mapa de resonancias, de choques elásticos cuyos vectores o partículas se mueven de un lado a otro, incitándose mutuamente a hacer novela a filosofar, a crear un lenguaje que confronta la lírica con la ética; que se desmelenan en los textos que tienen a la música como hilo conductor, pero también en otros donde acusa de la desazón por la pérdida de la amistad a la hoguera de las vanidades?

En la parte final de esta obra, se adereza una mezcla de verduras, se continúa con el mojo, y se termina en los postres con el conocido Príncipe Alberto, donde homenajea a su tía Matilde Arroyo, quien recibiera el premio y la medalla al mérito de la alta repostería del azúcar. Entre estos relatos culinarios aflora un narrador neófito, que surte textos entre las notas de Coltrane y los efluvios digestivos producto de enyesques desatados.

Hay una frase de Pedro García Cabrera que ha resultado crucial en esta etapa ensayística de nuestro autor: “sin bien saberlo haciéndolo bien” Se trata de esa inconsciencia creacional, ese desenvolvimiento del lado derecho del cerebro, ese dejar libre el fluido y sobre todo los complejos ante estros adocenados y cátedros domadores de la lengua viva. Los que pretender mirar por encima del hombro a quienes de forma liberal no han querido saber de prebendas académicas, ni de beneficios militantes. Los que han tratado de ahogar el libre albedrío, zancadillear, olvidar intencionadamente, acuartelar acólitos, empapelar con oropeles, a los que en realidad no necesitaban sus elogios. Los honores y la fama no dependen de nosotros, sino de quienes los otorgan. Conviene no olvidar que la felicidad verdadera radica más en esta actividad poética que en otros equívocos bocados de la vida.

La Palabra devagar / Antonio Arroyo Silva / ed. Idea-Aguere

25 de enero de 2013

Enero 31, 2013   1 comentario

Cómo escribir un Ensayo

Anónimo

El género que hoy se conoce con el nombre de Ensayo es una modalidad literaria escrita en prosa, tiene por misión dar una opinión fundamentada, en el decir de muchos analistas se encuentra a medio camino entre la producción artística y el tratado científico.
El término procede de la obra de Montaigne Essais de Messire Michel, seigneur de Montaigne, publicada en 1580. Con el término “Essais” quería decir que su libro exponía experiencias. Eran, efectivamente, 94 capítulos en que el autor trataba de sí mismo, de sus puntos de vista personales ante temas variadísimos: la amistad, los libros, la naturaleza humana.

Hoy el ensayo sirve para analizar aquellos aspectos y problemas que la sociedad tiene, el ensayista ofrece una reflexión documentada sobre los mismos. Es un género muy ligado a las circunstancias de un momento histórico, y por tanto, acusa los cambios y alteraciones de cada época.

Se trata de un escrito en el que el autor presenta, a ser posible con originalidad, un tema cualquiera, destinado a lectores no especializados. Puede ser muy breve, o constar de varias páginas. Cualquier tema puede ser objeto de un ensayo. El tono adoptado puede ser serio, pero también humorístico y hasta satírico. Sus canales ordinarios de difusión son la prensa y el libro.

Se trata de un género híbrido en el que se desarrolla el análisis de datos, hechos e informaciones objetivas tratados de un modo personal desde una perspectiva subjetiva. La combinación de objetivismo y subjetivismo es una de las características más destacadas.El ensayista expone y argumenta de un modo personal. En el ensayo, por cuanto no se dirige a lectores especializados, emplea un lenguaje animado de imágenes y recursos. Quienes lo cultivan suelen prestar una especial atención a la forma. Muchas veces el ensayista sacrifica el rigor científico y la exhaustividad para dar al texto un aire más ameno y dinámico y promover así su difusión.
El ensayo se apoya básicamente en dos modos de discurso: la argumentación y la exposición. De todas formas no renuncia a otras formas expresivas como el diálogo, la descripción o la narración.

En resumen, el ensayo es un género que…

  • Suele abordar temas humanísticos, filosóficos, sociológicos, históricos y científicos (variedad temática)

  • No tiene una estructura predeterminada (estructura libre)

  • Expone y se valora un tema (enfoque subjetivo)

  • Es breve y debidamente documentado

Consta de 3 partes:

INTRODUCCIÓN: En esta fase del ensayo se puede comenzar con una pregunta, alguna reflexión o estadísticas que presenten el tema que el autor pretende desarrollar. También se deben anotar las razones por las cuales se considera importante saber más al respecto. Sin extenderse, estaría bien si se expusiera de una vez el punto de vista que se tiene, así el lector sabrá la postura que habrá durante todo el texto.

DESARROLLO: En este período se desarrollan las ideas que se expusieron a groso modo en la introducción. Se recomienda dividir las ideas por párrafos para facilitar la lectura y poder organizarse mejor.

CONCLUSIÓN: comprende una comprobación de la idea que se expuso en la introducción. Digamos que es una idea un poco más profunda que la introducción, pues se supone que hemos reflexionado durante todo el proceso. Se puede finalizar con una opinión del escritor.

Noviembre 1, 2012   ningún comentario