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Categoría — Estantería crítica – libros

Crítica literaria: “Palabras insensatas que tú comprenderás” de Salvador Compán

Francisco Vélez Nieto

“Palabras insensatas que tú comprenderás”, de Salvador Compán

Editorial Almuzara

 

Justo reconocimiento a la memoria y obra de María Lajàrraga

 

Han debido de pasar como una docena de años o así, desde que me sentí atraído por la obra narrativa de Salvador Compán. Y podría denominar aquel comienzo con el título de una sus novelas que con más satisfacción leí: Cuadernos de viaje, finalista del premio Planeta año 2000 inicio de un nuevo siglo que nos viene ofreciendo demasiados sobresaltos y vergüenzas que pueda imaginar el más atrevido imaginador, esto sin dejar a un lado esa mediocridad política y cultura de escaparate, que se cierne sobre nosotros desde las alturas y que de no detenerla, no colaborar con ella, terminara por asfixiarnos igual a una cámara de gas.

 

Pero volviendo al hilo del tema, Cuaderno de viaje se mereció el Premio Planeta, pero, los que andamos metidos en esta mundo de la literatura y sus espacios con manchas de aguas pantanosas, ya conocemos los juegos malabares de tan renombrada y poderosa protagonista en los medios impresos incluido su inmaculado diario La Razón modelos de “Reserva espiritual de Occidente” en estos tiempos donde el miedo cunde y la pobreza crece.

 

Tiempo dedicado con gusto ha sido la lectura de su más reciente novela Palabras insensatas que tú comprenderás, he repasado sus otras obras y la verdad, que aquella prosa que me atrajo desde el principio, vuelvo a encontrarla con fresca muestra de escritor sólido, de una delicadeza que va deslizado la historia que narra no para distraer al lector, sino para atraparlo con su lectura. Todo un habilidoso juego su trama entre presente y pasado dando vida a dos personajes poseedores de una emocional identidad. Dos mujeres, dueñas y protagonista de una historia, que a medida que se va desarrollando nos envuelve en un mundo literario y poético en el que se muestra tanto la honesta y comprometida entrega al oficio de escribir del escritor y ese descorrer la cortina que oculta esos espacios pantanosos que ya he señalado.

Espléndidas, tentadoras estas dos mujeres de firme vocación y capacidad literaria que fueron seducidas con malas artes, explotando sus sentimientos amorosos hasta someterlas a la servidumbre del hombre, escribir para ellos llegando al extremo en el que, pese a sus posibilidades de poder por su propia valía alcanzar la meta deseada, se ven sometidas a una odiosa marginación provocada por la manipulación de los sentimientos de aquellos con los que malvivían entregadas, que las convirtieron en juguetes rotos y marginados, que por sus semejanzas personales, dentro de ese mundo literario vivieron un tormentoso padecimiento bajo el domino de dos despiadados poseídos del cínico egoísmo de sus vergonzantes egos y ambiciones de ser. Este es el argumento de tan conmovedora realidad engarzada con la ficción. Una ficción que el buen lector puede perfectamente aceptar como realidad del oficio de escribir con transparencia y honestidad.

María Lejárraga (La Rioja 1874-Buenos Aires 1974) de familia acomodada recibió una educación que le permitió ejercer de maestra. Sus inquietudes literarias tropezaban con la sociedad en que creció, cerrada a las mujeres. En 1900 se casó con Gregorio Martínez Sierra, escritor más joven que ella, quien publicó sus obras de teatro bajo el nombre de éste. Esto sería en eclipse de muchos años para una mujer adelantada en la visión de justicia social y creativa de su tiempo que, pese a ser una feminista convencida, socialista y luchadora, aceptó vivir en estado de explotación, todo por su amor. Salvador Compán logra, asumiendo un sereno compromiso literario, recuperarla para así poder ser reconocida en el justo espacio que por valía propia siempre le debió corresponder, pero que la inmisericordia y plagio de su descarnado y seductor marido siempre ocultó.

 

Y para instaurar esa personalidad que entregó su vida en la lucha por los derechos justos de la mujer, Salvador Compán crea otra mujer, Elisa Lasarte, víctima y heroína semejante a María Lejárraga de esa explotación-marginación en el mundo de la escritura, siendo en este caso el cínico explotador un mal poeta pero hábil seductor y plagiador, experto en los manejos editoriales y de autopromoción, que con todo descaro toma lo ajeno para hacerlo pasar como creación propia hasta llegar a ser reconocido como un valioso poeta. Todo se inicia cuando Scott Cover, un profesor norteamericano afincado en un pueblo del Mediterráneo, testigo inesperado de la desagradable escena de una pareja vecina de mesa en un restaurante de playa.

 

Su intervención, es el inicio del proceso narrativo que propicia la relación entre la atrayente Luisa y el profesor y la andadura que irá descubriendo aquello que se esconde. Una enigmática experiencia de un asunto que por intuición es todo un desafío por la personalidad inquietante que muestra ella. Este son, los principios del inicio de una larga historia sobre la que se sostiene el fondo que va emergiendo a medida que la comunicación de la pareja va sacando mayor contenido, que lentamente, con toda serie de detalles, se acerca a la personalidad oculta de la gran protagonista María Lajárraga. Una historia dentro de otra historia que lucha por medio del autor y los protagonistas que maneja, en un deseo de libertad y transparencia sus propias existencias. Las razones de sus miedos y valentías y el desencanto de dos amores entregados a puros egoísmos de unos aprovechados sin la más mínima ética.

 

“Pero, señala el autor por medio de su narrador no desear, que sea más que eso. No un simple libro donde se fundan dos biografías, sino algo que refleje la resistencia de las mujeres para superar la presión ajena y la de sus propias trampas sentimentales. Por eso quiero incluir a Lajárraga en la única batalla por la igualdad que no libró, la de su marido” Creo que con estilo medido y mesurado, son caer en la trampa fácil de las defensas desaforadas del feminismo, Salvador Compán ha logrado, entre ficción y realidad, un cuadro perfecto, comprometido y reivindicador a la que una minoría, casi en silencio, nos hemos considerados solidarios y comprometidos.

abril 28, 2012   ningún comentario

Azul desierto camina con Gabriela

Las dos nuevas publicaciones de Negro sobre Blanco Editores

Norge Sánchez tiene el talento de construir una secuencia literaria a partir del cuento o la poesía, una escritura que aparentemente simula ser para niños pero termina siendo para adultos, que leen adultos pero son para niños.

Azul desierto es un poemario ilustrado, sus imágenes son alusivas al océano, dentro de su escritura nos topamos con sirenas enamorando marineros, hombres compartiendo al unísono el vaivén del barco sobre el agua con el vino y sus reflexiones, o a ese hombre luchando timón en mano con la furia oceánica. Así mismo en el poemario se da cita Moby Dick, naufragios, fantasmas marinos, arpones que vuelan en la oscura noche hacia puntos definidamente indefinidos, tesoros y lunas redondas como compañía de la noche. Es el mundo envuelto en agua, tal como el autor cubano lo ve.   [Read more →]

febrero 29, 2012   ningún comentario

Libros: una red de casas encantadas

Ana María Machado *

Yo era chica, pero no recuerdo exactamente qué edad tenía…

Sólo sé que era lo suficientemente alta como para estar de pie frente al escritorio de mi padre, apoyar los brazos encima y colocar el mentón sobre las manos. Frente a mis ojos, bien grande, había una estatuilla de bronce: un caballero muy delgado con una lanza en la mano y montado en un caballo esquelético, seguido por un burrito que cargaba a un hombrecito gordinflón con el brazo extendido y dando vivas con el sombrero.

En respuesta a mi pregunta, mi padre me los presentó:

Don Quijote y Sancho Panza.

Quise saber quiénes eran y dónde vivían. Me enteré que eran españoles y que durante siglos habían vivido en una casa encantada: un libro. Luego mi padre interrumpió su trabajo, tomó un libro enorme de la biblioteca y comenzó a mostrarme las ilustraciones mientras me contaba las aventuras de esas dos personas. En una de las ilustraciones aparecía Don Quijote rodeado de libros.

Don Quijote. Jules David (1808-1892)

¿Y quién vive dentro de esos libros? –pregunté.

De la respuesta de mi padre, comprendí que existían toda clase de libros y dentro de ellos, existían infinitas vidas. A partir de ese momento, de la mano de mis padres, empecé a conocer algunas, como las de Robinson Crusoe en su isla, Gulliver en Liliput y Robin Hood en su bosque. Luego descubrí que las princesas y las hadas, los gigantes y los genios, los reyes y las brujas, los tres chanchitos y los siete cabritos, el patito feo y el lobo feroz, todos mis viejos conocidos de los cuentos de hadas que solía escuchar, también habitaban en libros.

Cuando aprendí a leer, fui yo quien pasó a vivir en los libros. Conocí a personajes de cuentos populares de todo el mundo en colecciones que me llevaron de viaje desde China a Irlanda, desde Rusia a Grecia. Me sumergí tanto en los libros de Monteiro Lobato que podría decir que me había mudado a la Quinta del Benteveo Amarillo y que me había quedado allí. Era un territorio libre, sin fronteras.

Marco Polo viajando. Miniatura del libro Los Viajes de Marco Polo

Con la misma facilidad pude vivir en el Mississipi con Tom y Huck, cabalgué por Francia junto a D’Artagnan, me perdí en el mercado de Bagdad con Aladino, volé a la Tierra de Nunca Jamás con Peter Pan, sobrevolé Suecia montada en un ganso con Nils, me metí por una conejera con Alicia, fui devorada por una ballena como Pinocho, perseguí a Moby Dick con el capitán Ahab, navegué por los mares con el Capitán Blood, busqué tesoros con Long John Silver, di la vuelta al mundo con Phileas Fogg, me quedé muchos años en China con Marco Polo, viví en Africa con Tarzan, en la cima de una montaña con Heidi y en una casita de la pradera con la familia Ingalls, fui una chica de la calle con Oliver Twist en Londres y con Cosette y los miserables en París, escapé de un incendio con Jane Eyre, fui a la escuela de Corazón con Enrico y Garrone, seguí a un santo varón en la India con Kim, soñé con ser escritora igual que mi querida Jo March, formé parte de los Capitanes de la Arena con Pedro Bala en las laderas de Bahia y a partir de entonces cada vez fui leyendo más libros para personas grandes.

Así de simple. Sin fronteras geográficas ni franja etaria. Sólo yendo de un lado a otro, todo vinculado en una red de casas encantadas.

Hasta que, con tantos mundos, fui construyendo los míos. Y comencé a compartir con otras personas, en los libros que escribo, todo aquello que vive dentro de mí…

* Ana Maria Machado, escritora brasileña ganadora del premio internacional Hans Christian Andersen por el conjunto de su obra literaria dirigida a los lectores infantiles y juveniles.

febrero 26, 2012   ningún comentario

El tango es un estuche

Álvaro Ojeda, Buenos Aires. El tango es un estuche. Un estuche de terciopelo, de marfil, de cartón, incluso de innoble plástico. Un estuche que lleva más de un siglo guardando tesoros, recuerdos, cosas simples.

El tango contiene a su vez melodía, danza y poesía, de modo que el estuche se ensancha o se adelgaza según el contenido que, de alguna manera, lo define.
Extraña situación que consiste en ser definido por un continente –ese estuche entre noble y vulgar- y por el contenido del mismo –también noble y vulgar- como la vida de los hombres, más grisácea que celeste, más evocada que vívida también estuche variopinto.
El estuche entonces es realista, sabio, ensimismado pero también es poético, danzarín, eufónico.
Pongamos un ejemplo.
Una calle con feria vecinal un domingo por la mañana. Puede ser en verano pero rinde más si se la recuerda o se la ve en el fin del otoño. La calle es un tajo modesto hacia el cielo repleto de edificios o hacia la infinitud del paisaje suburbano. Un cielo bajo, a veces brillante, a veces turbio, barrido por el viento pero a la vez resistente pese a las rutinarias y eólicas tropelías del sur, como si el viento quisiese que todo se definiera por esa querella fecunda entre rutinas conocidas y nuevas conductas: lo que se barre y ya estaba y lo que queda y se acumula con formas nuevas que el propio viento trae.
Almas en danza, almas en pena, la gente discurre, va y viene, observa, escucha, a veces interviene mientras el mundo de los feriantes ofrece, tienta, se deja ver. En el inicio de la feria un policía y en el fin de la misma los puestos de ropa, casi ajenos. En los muros de las casas que sufren la presencia de la feria,  mujeres y hombres viejos, bellas chiquilinas, matrimonios, niños, gritos, carreras, perros.
Como es domingo algún borracho, algunos gurises sobrevivientes de la noche anterior.
Y yo mismo allí, con mi madre primero, con mi esposa y mi hijo después y solo con mi esposa ahora. Y mi padre en casa fumando, tomando mate y escuchando la radio o viendo la televisión y mi madre y yo llegando con las bolsas no siempre repletas.
Todo detenido y todo en perpetuo movimiento, la novedad surgirá del nuevo ordenamiento de lo conocido y será siempre deslumbrante.
Luego vendrá el mediodía, el almuerzo y el atardecer triste de las ciudades, insoslayable como el crepúsculo, la pequeña muerte diaria del sol.
El que cante a estas cosas, el que logre reunirlas en algunas estrofas sencillas –que no es lo mismo que decir pueriles o vulgares- sintonizará con su pueblo y por las razones que ya sostuvo Tolstoi, pintando su aldea se convertirá en pintor universal. Sólo ha sido un buen observador, un buen conservador y un buen mezclador de lo que ya estaba junto con lo que él trae.
Como hizo el viento.
El afán del arte es la universalidad. Su manera de construirse consiste en un delicado equilibrio entre contenido y continente.
El estuche otra vez.
El arte siempre surge del pueblo y el deber del artista es conservarlo primero y sublimarlo después.
Podría decirse entonces, que el tango nunca escapa a sus circunstancias generativas y que en esa escapatoria imposible y jamás buscada, radica –de raíz, de radicalidad- su vigencia.
Hubo un poeta que lo supo.
Se llamaba Enrique Dizeo. Había nacido en Bs. As. en 1893, ciudad en la que murió en 1980. Vivió en Boedo, en Parque Patricios, en Floresta. Barrios. Sólo cursó estudios primarios pero tenía ansias de poeta. Se probó en carnaval y se topó con el tango. Escribió su primera letra de tango dentro de los cánones de la poética de Pascual Contursi y de Celedonio Flores, por eso la tituló Romántico bulincito. El título daba algún indicio: “romántico” es palabra de ensoñación y misterio, de lirismo contemplativo y de aventura amatoria. Como Dizeo participaba del habla de su pueblo, utilizó el diminutivo “bulincito” para suavizar acaso el término en lunfardo “bulín” o acaso siguiendo las enseñanzas de Contursi, que hacía del diminutivo su sello personal tomado del pueblo -como lo sigue siendo en la actualidad- y sus maneras de entre casa, de cosa modesta y querida.

Había un poeta y por lo tanto había una lectura de la realidad, una tradición a conservar y sobre todo, a enriquecer.
En 1943 la estupenda orquesta del pianista Lucio Demare graba unos versos de Dizeo que llevaban música de Arturo Gallucci –que también era letrista- cantados por el magnífico, nasal, brumoso Raúl Berón. El tango y su letra, llevan un título que es un arte poética, una proclama de escritura, una cifra de las obsesiones del poeta: Cómo se hace un tango.

¿Así que usted quiere, vieja
que empiece a contarle yo,
cómo se hace un tango, no?
le haré el gusto, si me deja.
Vaya parando la oreja
que va a hablar el que la adora
hoy, mañana, a toda hora.
Porque pa mi, donde cuadre,
usted, no es sólo mi madre,
sino mi novia, señora.

Cómo se hace un tango, dijo
oiga mamá: con dolor,
mezclao con pena de amor
que es la que sienten los hijos.
Con el pensamiento fijo
en la que estoy contemplando.
Con el que vive esperando
a la que no llega nunca
y con esa noche trunca
de los que van aflojando.

Con el fulgor que, en los ojos,
tiene la hermosa mujer
que anda con ganas de ver
al que se muere de antojos.
Con los dolientes enojos
de aquel que le falta un cobre.
Con el que piedad le sobre
pa’ la pobre flor de fango.
Con eso, así se hace un tango
con la emoción de los pobres.

1.
Algunas precisiones formales. El poema se compone de tres décimas espinelas, una forma estrófica del Siglo de Oro español creada por Vicente Espinel, poeta amigo de Cervantes, que consiste en agrupaciones de 10 versos octosílabos, con rima consonante en un esquema a-b-b-a-b-c-c-d-d-c.
Es la clásica estrofa de los payadores que ya había usado José Hernández y que seguirán usando poetas tan diferentes como Julio Herrera y Reissig, Miguel Hernández, Luis Cernuda o cantautores como Fernando Cabrera. Otra vez la sublimación y el estuche.
El pueblo acoge esta forma estrófica y la hace suya por varios motivos: es concisa y permite fabricar sentencias de variado contenido que la rima ayuda a memorizar; posee una musicalidad evidente y una métrica adecuada a la respiración del cantor o del recitador y es forma reconocible, lo que habla de un nivel envidiable en la cultura popular que reconocía y hacía suyas formas poéticas prestigiosas.
Respecto al lenguaje que utiliza Dizeo, debe recordarse la inteligente apreciación de Borges: cuando el pueblo habla de las cosas que para él son importantes, se esmera, se auto impone un léxico sonoro pero culto, y en el caso de Dizeo, la apreciación borgeana se cumple cabalmente.
El yo poético, la voz que enuncia el poema, es la de un hijo que, interpelado por su madre, explica el cómo del título. El recurso de un interpelante, en este caso la madre, proviene de la literatura gauchesca en donde casi siempre hay un oyente invocado al que se dirige el poema y proviene también de las formas orales de la poesía cantada. Dizeo en este punto transita por las veredas del Romancero español: comienzo abrupto y final trunco.
Sin embargo, es un poema con vocación de ser escuchado por un auditorio muy especial: la madre del poeta.
Como en un juego de espejos, el poeta habla sobre el método empleado por un poeta creador de un poema que está contenido en la forma musical tango -cómo se hace un tango predica el título- asumiendo que la palabra tango funciona como metonimia de letra, música y danza, lo que redondea un arte poética, así se hace un tango, así lo hago yo, de esta manera, con estos elementos.
El ambiente es de intimidad sugerida, la madre es la que interpela. El poeta dirá vieja, mamá, madre y, sugestivamente, señora, excluyendo todo tuteo cariñoso. Podemos reconocer la identificación permanente entre amor de madre y amor verdadero, desinteresado amor –incluso señalado por la hipérbole madre identificada con novia- que es un lugar común en la letrística tanguera que la recoge a su vez de la cultura popular.
El amor materno constituye para el tango –al menos en sus primeras décadas- la máxima expresión amorosa entre varón y mujer, relación amorosa materno-filial que aventaja con creces a cualquier expresión de amor de pareja.
Las raíces de esta identificación maliciosa –jamás el amor de la amada será como el amor de la madre- puede rastrearse a modo de hipótesis en cierta inflexión cristiana y católica que de alguna manera idealiza el amor maternal identificándolo con la Virgen María y su capacidad de aceptarlo todo en silencio, sacrificadamente y de paso, alejando del amor cualquier implicancia genital.
Aletea allí un prejuicio sexual bastante obvio de cuño cultural-religioso-social al que el tango no fue ajeno.
Tampoco debe olvidarse que la mujer en el tango siempre remite a la patria perdida y que siendo producto de inmigrantes –externos e internos- se idealiza en sus dos caras reconocidas: la constante maternal y la impía mujer que abandona o que expulsa.
Patria y madre, mujer y patria, tejen ese cuádruple prejuicio ahora abolido.

2.
Todo el texto presenta el siguiente esquema: la primera décima propone el tema, la segunda lo desarrolla incorporando los primeros 5 casos y la tercera redondea el tema aportando 4 casos más y una ratificación de las aseveraciones casuísticas, con una sentencia final contundente, conmovedora.
El poema comienza con tres versos enmarcados entre signos de interrogación. Como en los modernos reportajes la pregunta de la madre está omitida aunque se desprende de la interrogante, utilizando un recurso dramático, casi de monólogo que introduce un clima coloquial que se remata con el tópico conocido de declaración de amor filial.
El porqué de esta declaración no es sólo un asunto de época, es una estrategia de sinceridad ofrecida y asumida por el yo poético de Dizeo hacia su oyente-lector. Sólo la madre es sincera en su amor –al menos como primera proposición- y sólo es sincero el poeta cuando con ella y por ella revela su forma de trabajo, su vocación, su arte poética.
La poesía es síntesis y el tango es síntesis poética de un tema e incluso de una trama, que debe redondearse en tres minutos. En esta limitación asumida estriba el talento de Dizeo y su ofrenda a la extensión por medio de la concisión poética.
El poeta debe explicar en 30 versos la materia con la que se hace un tango y sobre todo, sus procedimientos compositivos. Acaso la guía estética de Dizeo haya sido el famoso soneto de Lope de Vega sobre la confección de un soneto. Si fue así no lo sabemos, pero el método empleado no le es ajeno al poeta, de tal suerte que el oyente-lector de la letra de Dizeo arribará en el último verso a la fórmula poética empleada con una naturalidad pasmosa.
Y por aquí asoma el gran aporte de los letristas tangueros a la literatura de su tiempo y a la literatura rioplatense: este poema habla de los secretos de cocina de la composición poética con un plus -la muestra de las obsesiones temáticas del poeta- y lo hace mientras se comunica con su pueblo deslizándole, instilándole, uno de los grandes asuntos de la literatura universal: el poeta hablando de su poesía.
El resultado sólo se logra cuando la empatía del letrista con su tiempo es total y su habilidad cosa probada.
La segunda estrofa comienza recordando la situación descripta y la pregunta materna, y como un golpe bajo lanza su primera explicación de la materia compositiva: “con dolor”.
El tango nace del dolor.
El arte nace del dolor, del no entender, del malestar asombrado ante el mundo. Y de ese dolor sublimado se obtiene el placer estético.
Todo un tratado y una declaración de principios.
El arte no es fenómeno de diversión, dice entre líneas Dizeo, aunque produzca placer.

El arte no es sólo el mecánico procedimiento de divertir a la gente con lo que la gente espera –y lo dice un letrista de carnaval como Dizeo- y tampoco es la mimesis automática en la que el propio tango cayó varias veces. Es el dolor sublimado que produce el placer del conocimiento que nace de la complejización de la realidad humana que el arte provoca. No hay explicaciones simples para el arte.
Para expresarlo el poeta emplea la preposición “con” que en las descripciones del Diccionario del uso del español de María Moliner se lleva sus buenas 10 utilizaciones posibles. Una de ellas se adecua de manera perfecta al uso que elige Dizeo: “Medio, procedimiento o instrumento y a veces, causa” y Moliner agrega que la dificultad de aplicar esta preposición en forma correcta estriba en su origen latino, en donde siempre significa “con que”.
Alguna vez se establecerá cuánto deben los poetas tangueros a la poesía erótica romana pero por ahora, basta con dejar sentado este origen y el uso como causa instrumental-procedimental de la antedicha preposición.
En el siguiente verso agrega la segunda causa: “mezclao con pena de amor” y sabiamente retorna a la condición de hijo del yo poético, “que es la que sienten los hijos”.
Debe hacerse alguna precisión retórica. Dizeo escribe “mezclao” y resulta que “mezclao” es un metaplasmo o sea una figura de dicción y en concreto una apócope, figura que consiste en la supresión de algún sonido al final de una palabra. Dizeo imita el habla común, es cierto, pero de paso mantiene la estructura silábica del verso de 8 sílabas, cosa que no ocurriría si colocara la palabra escrita de manera correcta, que es mezclado. Al oído “mezclao” preserva la métrica y la eufonía del canto, porque el vehículo de este verso es el canto, no la lectura.
Una mano que le da el poeta a los cantores.
El dolor, mezclado con la pena de amor caracteriza la vida de los hijos, permite retomar y ratificar el tema presentado en la primera décima.
El tema debe proponerse en todo el texto, así obra la literatura en general y  la poesía en particular.
Luego se inicia un procedimiento estrófico de repetición de la primera palabra que inicia cada verso -la anáfora- que consiste en colocar la preposición “con” en el primer verso mientras que en el segundo el poeta se explaya en la explicación. Las instancias están marcadas en el primer caso con un punto final en el segundo verso –“con el pensamiento fijo/ en la que estoy contemplando.”- y en el segundo caso –“con el que vive esperando…”-  por el simple procedimiento de quebrar la lectura del verso en la palabra final del mismo, quiebre acentuado además por la rima.
Hay otros dos tópicos tangueros: la espera de la que no llega nunca, alegoría del amor que no logra consumarse y el abandono de la espera por los que desertan en esa especie de acto de resistencia que puede tener ramificaciones sub temáticas: en el amor, en el juego de azar, en el acto de coraje.
Son alegorías tópicas reforzadas por metáforas: “la noche trunca”, “los que van aflojando” y la propia noche, como metáfora de la confusión, la derrota, el desánimo, acaso la noche del huerto de Getsemaní colada en la pluma del poeta, hijo sin dudas, de la intertextualidad cultural y literaria de occidente.
El arte nace del dolor.

3.
La tercera décima opera como conclusión en el esquema ya citado.
A la preposición “con” le sigue la metáfora algo ripiosa pero efectiva, del fulgor (resplandor, brillantez) de los ojos y un hipérbaton sencillo pero de efecto eficaz: “la hermosa mujer”, que logra que el adjetivo precediendo al sustantivo fije el rasgo de belleza física como esencial al tema. La mujer bella, de ojos fulgurantes, es deseada y además, desea la presencia del hombre que se muere de antojo. Y todo enmarcado por una poderosa sensación de atractivo visual, que el verbo “ver” resalta.
Tópico clásico y romántico respectivamente: los ojos que encierran la pasión amorosa, los ojos que ven y que son vistos, la reciprocidad de la visión como signo del amor.
Con eso se hace un tango.
También se hace con otros ojos, los ojos del desamparado, del marginado, del que no puede acceder a bien alguno. Dizeo coloca a continuación de la marginación económica en su enumeración casuística, la marginación de la mujer caída –otro tópico- incluso expresado por medio de una imagen recurrente: flor de fango, acaso el peaje pagado a su maestro Pascual Contursi y una metáfora que en su momento hubo de tener una brillantez poderosa, eléctrica.
También con la piedad se hace el arte y un tango.
Detalle técnico de cocina poética: esta imagen le permite incorporar a la décima la palabra tango, de contadas, limitadas rimas consonantes en idioma español.
Debe resaltarse también, la sabia mezcla de términos populares y términos cultos que permiten convivir en el mismo poema expresiones cultas como “dolientes enojos” con términos coloquiales o expresiones populares.
Es que los letristas de tango criados en el habla de las orillas, conocedores de las carencias, las miserias históricas de toda marginación social, pretendieron siempre la superación, la sublimación, la grandeza. El tango nació en las orillas, se sabe, pero sus pretensiones fueron siempre pretensiones de altura. Por eso su trayectoria fue siempre ascendente y para ascender utilizó como modelo musical y poético, lo mejor, lo que poseía más nivel, lo que el arte ya había sublimado.
Acaso a esa doble condición de barro en los pies y mirada en las nubes, y sobre todo a su necesidad de no olvidar sus orígenes y tampoco sus opciones estéticas, se refiere el poeta Enrique Dizeo en el definitorio y conmovedor verso final de la última décima: “con la emoción de los pobres”.
Sin olvidar el origen pero creciendo, incorporando para volver sobre esas obsesiones que hacen a un hombre misericordioso, a un género verdadero y al arte sublimación de la cultura.

diciembre 19, 2011   ningún comentario

Navegar Río arriba

Rodrigo Montoya Rojas, enviado por Freddy Cueto Pino, Chosica. En el centenario de José María Arguedas. De un país de hijos de españoles a otro de todas las sangres.

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraquchas, con lágrimas, amor, o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos, nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblos de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montaña donde la pestilencia del mal no llegue jamás- Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino”.

(José María Arguedas, Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción. Ediciones Salqantay. 1962. Lima).

Nació en Andahuaylas un día como hoy, en 1911. Vivió allí sólo tres años. Al perder a su madre, Victoria Altamirano, él y su hermano Arístides fueron llevados por su padre -Víctor Manuel, un abogado cusqueño- a San Juan de Lucanas. Como hijastros de doña Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco tuvieron una niñez difícil, tanto por la dureza de ella como por la constante ausencia del padre. En la cocina de la casa, doña Cayetana le dio la ternura que le hacía falta y en las tierras lucaninas de músicos, danzantes y comuneros que trabajaban felices en sus faenas, aprendió a cantar, a enamorar en quechua y también a admirar la fuerza de los comuneros, siempre compitiendo entre ellos para arar más profundamente la tierra, limpiar una acequia, bailar en la fiesta del agua o en su apoyo a los danzantes de tijeras preferidos.

Hizo sus estudios de secundaria en colegios diferentes en Ica, Yauyos, Abancay y Huancayo. En 1931, ingresó a San Marcos para estudiar educación, siendo al mismo tiempo empleado de correos. Se decidió a escribir y contar lo que era el mundo andino luego de leer lo que jueces y literatos escribían sin conocer la realidad, ni sentirla. Imaginemos la furia que sintió cuando López Albújar contaba que los llamados indios no querían a sus mujeres e hijos y preferían a sus animales. En los cuentos de su primer libro, “Agua” (1935) presentó, desde dentro de la cultura quechua, el gravísimo conflicto entre señores e indios, con una poesía y ternura extraordinarias. Su relato Warma kuyay (amor de adolescente) es, tal vez, el mejor.

San Marcos lo acercó al debate político de entonces. Como simpatizante del Partido Comunista tuvo un breve momento de participación política organizada, pronto abandonó la célula cuando su jefe le reprochó emborracharse con los indios y acompañar a los danzantes de tijeras, antes que cumplir con sus tareas revolucionarias. Cuando le dijeron que los comunistas solo tendrían derecho a la alegría después de la victoria, sintiéndose empequeñecido (chintirukuspa, en quechua) pidió salir de la reunión por un momento y no volvió más. En 1937, por asistir a un mítin de solidaridad con los republicanos españoles, fue apresado en la puerta de la casona de San Marcos y encerrado en “El sexto”, la dura cárcel limeña, en la que conoció de cerca el conflicto político entre apristas y comunistas, costeños y serranos, entre la ciudad y el campo. Allí, le sirvieron de consuelo las canciones quechuas aprendidas en Puquio y San Juan, reunidas y traducidas después en un precioso librito “Canto quechua” (1938). Más tarde, en su novela “El sexto”, JMA vuelve sobre los conflictos políticos, particularmente entre apristas y comunistas. Ya casado con Celia Bustamante, para recuperarse de su quebrantada salud siguió el consejo médico de volver a los Andes y emprendió el camino de profesor de lengua y literatura en el colegio Pumacahua de Sicuani. Vivió feliz el reencuentro con las piedras trabajadas como si fueran de barro, la luz y belleza del Cusco, el descubrimiento de las danzas, cantos y cuentos de sus estudiantes, de la voz maravillosa de Carmen Taripha, la cocinera del padre Jorge C. Lira en la parroquia de Calca, y los primeros estudios de folklore en el departamento de Antropología de la Universidad San Antonio Abad, con Efraín Morote Best y Josafat Roel Pineda. Estando en Cusco escribió artículos que se publicaron en el diario “La prensa” Buenos Aires, reunidos luego en el libro “Señores e indios”, publicado en Cuba por Ángel Rama. En ese fértil período escribió la novela “Yawar Fiesta” (1941) para presentar el mundo de señores indios en la provincia de Lucanas, particularmente en Puquio, a través de los toreros profesionales y los capeadores o jugadores andinos con los toros. Enriquecido con esa experiencia cusqueña, JMA tomó la decisión de estudiar Antropología en San Marcos.

Luego de publicar el relato “Diamantes y pedernales” (1954) y de concluir sus estudios de Antropología, volvió a Puquio en 1955 junto con Josafat Roel Pineda y el sociólogo francés Francois Bourricaud e hizo un trabajo de campo que le sirvió para escribir el libro “Puquio: una cultura en proceso de cambio”. En ese viaje, él y Josafat Roel recogieron una segunda versión del mito de “Inka Ri”, luego que el propio Roel y el antropólogo Oscar Núñez del Prado, lo oyeran por primera vez, algunos meses antes, a los K`eros del Cusco.

En 1959, la editorial Losada de Buenos Aires publicó su novela “Los Ríos profundos”. El éxito fue inmediato, lo situó entre los mejores escritores peruanos y le abrió las puertas para viajar invitado a diversos países. En la ficción, el niño Ernesto recrea una relación de amor y admiración con su padre, siempre ausente, gracias a un diálogo mágico a través de la voz de un trompo (el zumbayllu), los ríos y los vientos, y trata de un conflicto serio entre señores y siervos debido al monopolio de la sal.- No conozco en Perú una prosa con más ternura que la de esa novela.

En 1958, JMA pidió a la Unesco una beca para viajar a España y tratar de responder a la pregunta cuánto de España hay en las comunidades peruanas. Nunca antes antropólogo latino americano alguno había formulado un plan de trabajo como ese. Su libro “Las comunidades de España y Perú”, fue su tesis de doctorado en San Marcos en 1963, después de haber publicado en 1962 su cuento “La agonía de Rasu Ñiti”, un relato precioso sobre la vida y muerte de un danzante de tijeras, y su poema “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki”, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción). En 1963, su amigo Paco Miró Quesada, ministro de Educación en el primer gobierno de Belaunde, creó para él “La casa de la Cultura”. Dejó ahí su huella en la revista “Cultura y Pueblo”, en la presentación múltiple y constante de la música, canto y danzas indígenas, principalmente andinas, en los mejores teatros de Lima y en el registro de artistas andinos como el primer reconocimiento oficial de su historia. El 1964, publicó su novela “Todas las sangres”.

Después de su tesis de doctorado JMA debió haber sido nombrado con todo derecho profesor de antropología a tiempo completo en San Marcos, pero no fue así. Amigos del Departamento de Humanidades de la Universidad Agraria le ofrecieron un puesto que sería el último. La tesis doctoral y la novela “Todas las sangres”, dejaron a JMA agotado, con pocos ánimos para seguir. Un viaje de algunas semanas a Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y varios viajes a Chile para recuperar su debilitada salud, marcan el momento de la larga crisis final. Su depresión, compañera constante desde su primera infancia, lo condujo en 1966 a un fallido intento de suicidio en el Museo de la Cultura peruana, del que era director.

Con un nuevo amor y un segundo matrimonio, Sybila Arredondo, hizo varios viajes a Santiago para ver a la psiquiatra Lola Hoffman. Su consejo de escribir para no morir lo embarcó en su último proyecto literario y póstuma novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Si en “Todas las sangres” intentó una visión global del país, con la historia de los zorros asumió el desafío de ver el país dentro del capitalismo global en la media en que Chimbote era el puerto mayor de Perú, convertido en primer exportador de harina de pescado en el mundo. Dos mil años después del encuentro de los zorros yungas de abajo y andinos de arriba en el Pariaqaqa, nevado de la sierra de Lima -tomado del relato “Dioses y hombres de Huarochirí” que él tradujo del quechua- JMA los reunió por segunda vez en Chimbote para tratar de entender la historia contemporánea, al mismo tiempo que en sus “Diarios” iba contando cuán cerca estaba ya de acertar en su decisión de pegarse un tiro, y cuáles eran y habían sido sus convicciones literarias y políticas más importantes en el país que le tocó vivir.

A fines de noviembre de 1969, el tiro que se dio cerca de su oficina en la Universidad Agraria fue definitivo. Unos días después, murió. En los 42 años transcurridos y ahora, en el primer centenario de su nacimiento, JMA es un héroe cultural, un escritor de primera línea y uno de los cimientos firmes para pensar el futuro del país. Miles de jóvenes en todas partes lo toman como un ícono y mentor de lo bueno y mejor que tiene nuestro pueblo aunque estoy seguro que muchos de ellos y ellas lo han leído poco o nada. Lo que importa es lo que saben de él por sus frases que circulan como claves para entender el país. En particular una: “Todas las sangres”, que quiere decir, todas las lenguas y culturas, todos los rasgos biológicos existentes en la Costa, los Andes y la Amazonía; todas las naciones que existen escondidas y sometidas a una, la occidental criolla que se siente y define como única. La visión uni-cultural del Perú criollo oficial desde 1821 hasta ahora, expuesta en el ideal del Estado nación de un estado, una nación, un territorio, una lengua, una religión, importado de Europa y Estados Unidos, está en abierta contradicción con la realidad heterogénea y maravillosa del país, de una decena de culturas y por lo menos 50 lenguas, lo que se llama ahora diversidad cultural o multi culturalidad.

En “Todas las sangres”, la novela más importante del país, JMA inventa y deja las bases de solución de un gran conflicto entre el capitalismo y el mundo andino, pone en discusión la noción de patria y crea un personaje como Demetrio Rendón Willka, un indio que sabe leer y escribir, que tiene experiencia obrera y sindical, que no cree en Dios, no reniega ni siente vergüenza de su condición de indio, se identifica plenamente con el espíritu colectivo de las comunidades, disfruta con el trabajo-fiesta de la faena y que tiene la prudencia de los grandes sabios andinos, que habla con la fuerza de la naturaleza, que no tiene rabia, pero que quiere cambiar el mundo para que el Perú sea una patria para todos sus hijos y no sólo para los criollos. Quienes criticaron la novela esperaban que JMA reprodujera en la ficción la realidad de entonces y como no conocían a ningún Demetrio Rendón Willka o a ningún capitalista nacional o patriótico, dijeron que la novela tenía graves problemas. Ahora que la Constitución de 2008 sostiene que Bolivia es un país plurinacional y los pueblos indígenas tienen sus derechos colectivos e individuales asegurados, el sueño arguediano cobra una fuerza mayor. ¿No hay acaso un vínculo posible entre Demetrio Rendón Willka y Alberto Pizango? Falta que la cultura se vuelva política, es decir, que no defendamos únicamente el canto, la danza y la música sino que, además, los pueblos indígenas tengan directa participación en el poder del país, de modo organizado y autónomo. En abril, o mayo próximo, volveré sobre la importancia literaria y política de Arguedas en mi libro “Cien años del Perú y de Arguedas”.

febrero 12, 2011   ningún comentario

Miguel Hernández y la República, 80 aniversario, dos fuerzas transformadoras

Ramón Pedregal Casanova. Tomado de Rebelión. Cuántos grandes personajes de la cultura o han sido del pueblo trabajador o hecho el viaje hasta la conciencia del pueblo trabajador. Han cuestionado la norma tradicional. La realidad les ha cambiado y ellos o ellas han podido cambiar algo en la cultura de su tiempo y añadir al saber de las mayorías sociales. La cultura mentecata, la de gomina, pata negra y exclusividad, no modifica nada, repite, distrae y se encoge en la minoría que rechaza la señal de las clases oprimidas que buscan nuevas metas. Centenarios y más centenarios ¿pero cuál es la palabra de las personas celebradas? El tiempo de las personas celebradas que empleaban el lenguaje de la burguesía revolucionaria ya pasó, no es nuestro tiempo, no es esa la cultura que nos pertenece. La cultura de los tiempos que vivimos solo será nuestra, solo estará viva si ésta se plantea la vida de la sociedad en que vivimos en toda la magnitud de su contradicción principal, y en todas sus contradicciones colaterales provocadas por la ola del grupo burgués y aristocrático que conforma el núcleo real de poder, y protege sus intereses, poniendo al pueblo trabajador precio a la baja en el vaivén financiero que le sostiene. A cada sistema de producción le corresponde un sistema, un modelo cultural. La cultura que se nos vende, he dicho que se nos vende, es mercantilización de las ideas conservadoras, que enferma a quien la sigue puesto que le deja inerme para acercarse a un arte que le modifique y que le impulse, que modifique el entorno y genere un espíritu crítico, consciente de aspirar a la conciencia del pueblo trabajador. Hoy por hoy esa alternativa se encuentra combatida muy eficazmente por la burguesía, aunque se ve obligada en ciertas ocasiones ha comerse algún sapo e intentar, después, quitarle el fondo para dar la impresión de que no hay nada más allá de su norma.

Centenarios y más centenarios ¿pero cuál es la palabra de las personas celebradas? Ha pasado el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Quienes le han buscado, quienes han batallado por él han puesto a Miguel en toda su extensión y han mostrado su vida en continuo crecimiento en pos del objetivo transformador personal y social: defender la causa republicana, acabar con el atraso y la corrupción monárquica, impulsar al pueblo a construir una sociedad justa, y por tanto una sociedad en la que el capitalismo y la cultura capitalista, el mercantilismo del trabajo y las ideas no sean más que un residuo de la sociedad anterior. Miguel Hernández era republicano y comunista, lo que quiere decir antimonárquico y anticapitalista. Su historia, desarrollo social y personal, lucha política, actividad poética y militar, derrota y asesinato, la recorremos en “Miguel Hernández. La voz de la herida”, nos metemos en Miguel Hernández entero. En unos días conmemoramos el 80 aniversario de la República, y Miguel es su emblema irrefutable.

La República, cercada y sin oportunidades, y su hijo Miguel Hernández, el pueblo trabajador, evolucionaron juntos. La República se hundía con la derecha y se superaba con la izquierda. Y Miguel tenía sus crisis y la realidad social le hacía más consciente. Un punto de inflexión le vendrá dado el 6 de Enero de 1936 como consecuencia de la detención que sufrió por la guardia civil en San Fernando de Henares (Madrid) y el maltrato que le propinaron en el cuartel. Enterado Pablo Neruda emprende una protesta colectiva de los intelectuales, la protesta alcanza la calle y los represores se ven obligados a dejarle libre. La enseñanza completa le lleva a afiliarse al PCE diciendo a Alberti y a María Teresa León: “Estoy con vosotros. Lo he comprendido todo”. De ahí al golpe militar los compañeros de la monarquía destronada salieron a asesinar para subir por la escala del terror hasta lo que harían el 17-18 de Julio: Jiménez de Asua, vicepresidente de las Cortes, socialista: asesinado. Manuel Pedregal, magistrado que había condenado a José Antonio Primo de Ribera: asesinado. Faraudo, capitán de la Guardia de Asalto: asesinado. Capitán Castillo: asesinado. Juanita Rico, de las Juventudes Socialistas: asesinada. Joaquín de Grado, Secretario de la Juventud Comunista Madrileña: asesinado. Atentado a la Casa del Pueblo. Atentado a Largo Caballero en su domicilio. Atentado contra la tribuna presidencial en la celebración del 14 de Abril. Atentado contra el abogado republicano Eduardo Ortega y Gasset. … Los corruptos que habían sido defenestrados, los explotadores del pueblo trabajador, los antirrepublicanos, querían volver para continuar poseyéndolo todo, negando al pueblo y enriqueciéndose a su costa. El golpe militar pondrá al pueblo en la defensa de la República, y Miguel Hernández, con pala, fusil y versos, la defiende. Tras su viaje a la URSS en Septiembre de 1937, acompañando a la representación española en el V festival de Teatro Soviético declara a la Gaceta de Moscu: “He venido al la URSS directamente desde el frente y al regresar a España volveré a las trincheras. Allí está mi puesto, allí está el lugar de cada español honrado, que no de palabra, sino de hechos, que se esfuerza por ver a su patria y a todo el mundo libre del fascismo”.

Perdida la guerra y pasando de cárcel en cárcel conocerá en la de Palencia a Melquesidez, dirigente comunista que estuvo 24 años encarcelado, de quien pronto saldrá su libro “Una odisea en Alemania”. En las cárceles se ocupó de enseñar a sus compañeros, los animaba, repartía todo lo que le llegaba; Melque cuenta que Neruda le enviaba por mediación de otras personas 50 pesetas, y Miguel, conforme le eran entregadas en vales de la cárcel, las daba para la caja común; Melque añade que Miguel nunca tuvo nada suyo. Su compromiso político en la cárcel queda recogido en el libro “Miguel Hernández. La voz herida” cuando José María de Cossio, Dionisio Ridruejo y Ernesto Giménez Caballero van a verle a la cárcel de Ocaña para plantearle que si reniega de su ideología y se cambia de chaqueta, si se pasa al fascismo, será indultado. Los anteriormente amigos le empujan a la traición, entonces “… Miguel cogió del brazo a Giménez Caballero, le llevó hasta la ventana que daba al patio de la prisión –coincidiendo con la hora de paseo de los presos- y le dijo: “Mira, Ernesto, estos son mis camaradas, con ellos he luchado, con ellos sufro la derrota, y con ellos me quedo, porque sin ellos no soy nada”. El franquismo quería tener de su parte una pieza de la cultura tan importante como Miguel Hernández, el poeta revolucionario, el poeta del pueblo, pero al no conseguir su objetivo y no poderle fusilar por la imagen internacional que ya tenía optó por dejarle morir de tuberculosis.

En el libro le vemos cambiar, construirse, vemos su amor, el hijo muerto, el que sobrevivió, sus estancias en Madrid y Orihuela, la sociedad en marcha en la que se hizo. Toda la ayuda de Josefina, comida, medicamentos, atenciones, no pudieron romper el camino que sus asesinos le habían trazado: “Miguel morirá a no ser que le internen en el sanatorio de Porta Coeli de Valencia, reservado a los pacientes que proceden del bando fascista”. Le trasladan a Port-Coeli cuando ya no hay solución posible. Una semana más tarde, el 28 de Marzo de 1942, murió Miguel Hernández. Ha pasado el Centenario sigamos homenajeando a Miguel y tomando su palabra como la fuerza que sintetiza experiencias.

Título: Miguel Hernández. La voz herida.

Autores: David Becerra Mayor y Antonio J. Antón Fernández.

Editorial: El Páramo.

Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, editado por Fundación Domingo Malagón y Asociación Foro por la Memoria (asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es)

febrero 7, 2011   ningún comentario

Las tendencias dentro de la literatura en la actualidad en el campo de las vanguardias

José Pablo Quevedo, Embajador de Poetas del Mundo en Alemania

La poesía es la Flor siempreviva, cuyos colorido y pétalos vitales miden la jardinería del tiempo. Cada pétalo es epocal, transitorio, pero lo mejor de su perfume se queda absoluto. Ella es silenciosa pero sensible, y la advertimos cuando hay un anuncio de cambio de una a otra estación (AR) (1).

Las tendencias literarias, en sus expresiones, emergen de la diversidad de las contradicciones sociales, sean estas globales como singulares, y ellas tienen dentro de los diversos movimientos de la actualidad una influencia decisiva para el comportamiento de sus actores como creadores en cuanto a sus realizaciones individuales.

La diversidad de temas, también nos indica una diversidad de reflexiones sobre los mismos. Y muchas veces la elección del tema en lo que va del momento actual -siempre cambiante -es una decisión de algo que es trascendente frente a la totalidad de los problemas que nos rodean, como por ejemplo, lo relacionado con la paz y contra la violencia, algo sentido y anhelado por sus protagonistas, como Carlos Martín Valenzuela Quintanar nos escribe: Que los sueños nos permitan crecer. /Que la vida, nos enseñe a vivir. /Que la sencillez sea el camino para andar. /Que el amor, sea río fértil. /Que la armonía sea reflejo de los ojos. /Que las manos, lleven calidez al ser. /Que los corazones se llenen de alegría. /Que al fin logremos entender el idioma de nuestra madre tierra…(2)

El poeta, a veces, necesita relacionar estos dos campos de la creación en un nexo más universal, pero al mismo tiempo le entrega su propio matíz personal.

Por eso, considero, que la literatura y la poesía de nuestra época tienen que abrir con las vanguardias las instancias de reflexión y de trabajo genuino frente los problemas transcendentales de nuestro tiempo, pues la realidad convulsionada, en estas formas verosímiles, sobrepasa muchas veces todo lo que nos parece inverosímil o lo creado por fantasía.

Y, como nos damos cuenta, la realidad mexicana con sus olas de violencia nos impacta, nos afecta – tal como hoy en día se da en sus nuevas facetas-, pues esa realidad no lo habíamos contado en nuestros pensamientos. Y quién iba a pensar y siquiera imaginar que un país que se mide de igual a igual con los países ricos y que culturalmente es abundante en todo tipo de tradiciones y de generosidad para sus vecinos y lleno de solidaridad para el mundo se vea así afectado por la corrupción, las drogas, las mafias, los paramilitares, la muerte en miles de casos, la inseguridad y hasta la pobreza.

O como también escribe Zaida Cristina, denunciando la violencia de su país, en México, en el poema LLANTO POR MARISELA ESCOBAR: Hoy mi Patria se quiebra y desmorona, /su gloria es la transa y la maldad, /sus aguas son fango salitroso /y nuestro alimento rastrojo sin sabor./ Me dueles hasta el alma ¡Patria mía! La que un día fuiste doncella casta, /raptada por Velarde, por Pellicer cantada, /hoy, cual doliente fantasma, desgreñada /gimes por tus hijas, impunemente masacradas. /Patria, vendida, violada y traicionada. (3)

El papel que en la sociedad debe de jugar la intelectualidad y los poetas es importante para el esclarecimiento y para hacer un llamado a la consciencia histórica frente a los mejores designios de nuestros pueblos, pero esa consciencia – como me escribe Carlos Martín Valenzuela Quintanar: “no debe estar alertagada ni mucho menos pasiva, debe actuar pero con inteligencia con las armas del saber, de la exigencia a sus derechos pero lo más importante “unida”, sola será una voz sin eco, como un grito en lo más lejano de un desierto.”

En Isla Negra, edición poesía rompe silencio de septiembre de 2010*, se reproduce una selección de poetas internacionales que nos invitan a hacer una reflexión contra la violencia en este hermano país, y que de cierta manera también en otro grupo de países latinoamericanos y de África.

Los testimonios de los poetas son elocuentes como lo muestra el poeta salvadoreño David Escobar Galindo en su poema Duelo ceremonial por la violencia III: Húndete en la ceniza, perra de hielo, /Que te trague la noche, que te corrompa /La oscuridad; nosotros, hombres de lágrimas, /Maldecimos tu paso por nuestras horas…Ah si el violento asume la ley del aire, /Si aprieta en hierro impuro vidas y haciendas, /Si desala sus pozos de hambre sin dueño, /Si desenfunda el cáncer de su inconsciencia… (4)

La mexicana Lina Zerón en su poesía social concreta Un gran país, demuestra lo polarizado de las contradicciones sociales existentes y que alcanzan los niveles de una situación existencial muy cruda, y ella en sus relaciones y nexos los anima, los hace centrífugos: Vivo en un país tan grande que todo queda lejos /la educación, /la comida, /la vivienda. /Tan extenso es mi país /que la justicia no alcanza para todos.

Pero también la poeta de Xalapa, en Veracruz, Angélica González Macías, en su poema Amor de patria, intenta buscar esa defición de lo que es ella, precisamente, en la hora actual de la identificación existencial de los hombres. Los versos limpios, anhelantes y cargados de ternura, van descubriendo ese cuerpo y espíritu infinito, histórico pero fundamental que transcribe lo que los hombres de abajo sienten, y que no se hallan en los torsos o las definiciones de las historias engañosas -como se ha hecho la historia de los vencedores-. La poeta invierte y contradice la imaginación que la ha fecundado de otra manera, ella invoca ese cuerpo de la patria, como el cuerpo de un amante y lo viste de realidad y le da sus pertenencias en esta hora necesaria. Su sensualismo emerge pleno y vital dentro y fuera de ese cuerpo inagotable:

La patria es como el amor, tan inasible /Nace que nace por boca, boca que agarra los labios /Besa que besa los ojos, dedos, narices y manos/ La patria es soñar despierto, garabateando las horas /la patria te lleva encima, te lleva dentro, tan sola /la patria es ésa que aún, no ha salido de los sueños /la patria es la que hace manos, y hace tripas el cerebro /la niña que vive en ojos, y rebota en el recuerdo /la niña es esta nación, que se ha volado de incendios /es sirena imaginada, que se asolea los lamentos /patria que se inventa sola, con cascabeles al cuello /es dama de trapo y fuego, de miel y espinas por dentro /la patria, patria de ojos, papel de luna por dentro /la patria de los Velarde, indescubierta por cierto /la ráfaga de la patria, patria no estás y te encuentro
/ésa la del nombre verde, y el espíritu sangriento /el imperio cabalgando sobre los dientes de un perro /patria del papel de china, del papel de tu esqueleto /carta en la mano que dice: /No te he buscado y te encuentro.

En la musicalidad y el propio acento del soneto México de mi vida, ve la mexicana Griselda Álvarez Ponce de León a su país personalizado en un niño, el niño que también muestra su orfandad, la esencia del marginalizado dentro de la miseria material del drama diario:

Yo te miro en un niño de la calle, /cofre arriba limpiando un parabrisa /con la carita ayuna de sonrisa, /(ni una razón a que la risa estalle). /El vidrio diáfano “¡qué no se raye!”. /Mientras el porvenir del sin camisa: /violado por cualquiera, droga, prisa, /ganador de la vida en bocacalle. /Oscura piel de mugre sin aseo, /mirada con dureza que me embiste, /un sólido rencor que deletreo, /huesos al aire, niño que resiste. /Y ahí, aún en pie, ahí te veo /México de mi vida, imagen triste.

En su poema Del fuego, acaso, lo que Blanca Luz Pulido nos descubre con su simbolismo cálido, a veces escéptico, entre el fuego y el viento, entre lo que es llama vital y la que se apaga, entre lo que nace y lo que muere, entre lo que se forma y se desforma, lo que se oye de cerca y a la distancia, entre lo que se conoce y nos perturba, entre lo que se desea y no se encuentra, entre lo que se intuye y la espera, esos vasos comunicantes de lo que es lineal y lo que es circular con los acontecimientos perturbadores.
El fuego y el viento son confluencias que se atraen en la voz de la poeta mexicana, uno forma al otro, ellos son constantes como la existencia y el drama que la habita.

/Toda la noche vi crecer el fuego /y no pude tocarlo /ni sumarme a su encuentro luminoso.
/Toda la noche supe de su danza /de su comercio con el viento /y no quise sumarme a su llegada /ni celebrar su magnífico retorno. /El fuego es la renuncia de las cosas /a su aspecto tenaz, a su dibujo. /Toda la noche vi crecer el fuego /y no conocí su voz /ni apuré su llama. /Y aquí estoy.

La voz de poeta mexicano Jaime Torres Bodet (1902-1972), anteriormente reflejó también el momento como hoy otras generaciones lo repiten de manera diferente. Su poema Civilización alcanza en su voz expansiva los rasgos más realistas e impresionantes que superan a cualquier fantasía o el invento de una realidad, y cuya singularidad penetró hasta las mismas esencias globales contemporáneas : Un hombre muere en mí siempre que un hombre /muere en cualquier lugar, asesinado /por el miedo y la prisa de otros hombres…(5)

O como también en una trasmutación de muchos de los siglos de subsesión histórica y de colapsos sociales extremos fue recepcionada en forma genial por el poeta peruano César Vallejo en su poema Los nueves monstruos: I, desgraciadamente, /el dolor crece en el mundo a cada rato, /crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, /y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces / y la condición del martirio, carnívora voraz, /es el dolor dos veces /y la función de la yerba purísima, el dolor /dos veces /y el bien de sér, dolernos doblemente. /Jamás, hombres humanos, /hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, /en el vaso, en la carnicería, en la arimética! / Jamás tánto cariño doloroso, /jamás tan cerca arremetió lo lejos, /jamás el fuego nunca / jugó mejor su rol de frío muerto! …(6)

Las tendencias en el Arte y la Literatura se desarrollan a medida que estas contradicciones sociales se establecen en las reflexiones de la intelectualidad, y esa intelectualidad las alumbra con las propias emociones de nuestro tiempo repetitivo pero diferenciado.

Las generaciónes actuales son contrarias al pasado conservador hecho tiempo de una subsesión histórica y guiadas por las clases que solamente han mutado en su dominio -como nuevos virreyes sin corona-, pero que siguen determinando el tiempo actual. Ellas son conscientes, que donde no prevalece lo verdadero, se levanta el sueño de la pura fantasía, que va y que viene con sus diversiones, sin reflexión alguna, pero que disloca la realidad o la ignora totalmente.
El camino de la fantasía no debe de trasgredir la regla en la cual solamente priman la individualidad ajena al prójimo y a su tiempo. La fantasía no se debe de convertir en un perturbador de su tiempo, sino con su mismo tiempo saberse medir y alcanzar su propia dimensión en la dimensión humana (AR). Ya como hemos visto, durante la Edad Media, muchos cientos de novelas de caballería llenaron sus espacios, pero la gran mayoría no han prevalecido en el tiempo como ha sido el inmortal “Don Quijote”.

Si es verdad que aquí la poesía cumple su función social y es reflejo y la expresión de una consciencia crítica de su tiempo – el calalizador de una sociedad-, entonces, los mismos intelectuales tendrían que reaccionar ya no desde sus propios escritorios (RGC), sino con el empuje y la razón sobre los mismos efectos negativos de la misma sociedad; pues ante el hecho histórico descubierto y trasmitido en sus metáforas, ya no hay que responder de qué lado el dado del destino siempre nos empujará al abismo, sino con el mismo poema en la mano pero con la iniciativa del cambio, confrontar al mismo destino con una iniciativa organizada. Pues como vemos, el poeta también es el inspirador social intelectual, es el testigo y el actor de su tiempo, él que despierta nuevas ideas de renovación y superación.
La comunicación nos globaliza, ella nos ha traído toda una serie de temas nuevos, que también se comparten y se confrontan en los escenarios mundiales, y ellos mismos los vemos en los diversos movimientos internacionales que se han formado y que desde hace un buen tiempo vienen irrumpiendo con sus publicaciones, y que con sus programas y praxis son ya una fuerza establecida frente a los acontecimientos mundiales. Por ello, también consideramos, que no hay una posibilidad del cambio social frente a lo establecido sin el fundamento de una cultura que contenga en lo esencial una estrategia de un manejo político y la praxis del cambio.

Bernau, enero de 2011

enero 26, 2011   ningún comentario

Miguel Hernández, destino y poesía

Delfina Acosta, ABC COLOR, Asunción, Paraguay. Hay un libro escrito en el año 1959 por Elvio Romero sobre la gran figura del poeta español Miguel Hernández. Ahora ha sido reeditado por Servilibro. Este texto, que es un verdadero clásico, entra en las vida, en los detalles, aun los más nimios del gran poeta nacido en Orihuela, España. Nos cuenta que su infancia fue penosa. El padre era un pastor de ovejas. Hernández, que estudió solamente hasta el segundo grado, se hace pastor como su padre. Todo le es privado, escamoteado. La rabia y la impaciencia de su rudo progenitor, que le propina a menudo golpes en la cabeza, habrían de influir definitivamente en la existencia, en la salud del poeta, que sufre a menudo de espantosas cefaleas. Gracia, milagro, ganas tremendas de liberarse de ese exterior tan elemental y rudo de Orihuela, llevan al joven pastor de ovejas a leer todo cuanto cae en sus manos. El Quijote, de Cervantes, le inspira. Igual cosa ocurre con las infinitas novelas de Pérez Escrich y la prosa de Gabriel y Galán. Miró le lleva a explorar los laberintos del idioma.

Pero luego vendrían los sonetos de Garcilaso y San Juan de la Cruz y el resplandor y la simetría total del gran Lope de Vega. En poco tiempo nuestro Miguel de Hernández habría de convertirse en el gran sonetista que Miró aplaude.

Deja Orihuela y se dirige a Madrid. Quiere cumplir su sueño de publicar, de darse a conocer como el gran poeta que sabe que es. De a poco va dejando sus fantasías y creencias católicas porque se va internando en el mundo de los pisoteados, de los gremialistas ultrajados en sus derechos, de los pobres. Es un rebelde. Un revolucionario. La revolución española es su mejor verso, pues toma la forma de su bandera y de la razón de su inspiración. Miguel Hernández es un hombre inquieto. Le cuesta ser feliz y eso tiene su precio. Hay una gota que cae de su costado melancólico y va quebrándole el alma día tras día. El amor llega a su existencia con el nombre de Josefina Manresa. A quien todo se le ha quitado en la niñez golpe a golpe, todo se le da, también, en el cariño de esa mujer que habría de ser la madre de sus hijos. Miguel Hernández le escribe hermosas poesías que retratan aquel amor singular. La revolución y las pesquisas avanzan a la par. Muere joven en una prisión. Su destino era brillar y caer del cielo como una estrella. En abril el general Franco declara concluida la guerra. Miguel intenta escaparse a Portugal, pero se lo impide la policía portuguesa y es entregado a la Guardia Civil fronteriza. Tras su paso por Huelva y Sevilla, en la prisión de Torrijos en Madrid, compone las famosas “Nanas de la cebolla”. Puesto, inesperadamente, en libertad, es detenido de nuevo en Orihuela. En 1940 se le traslada a la prisión de la plaza de Conde de Toreno en Madrid. Es condenado a la pena de muerte. Entre hemorragias, toses, presa de una tuberculosis pulmonar crónica, el gran poeta muere a los treinta y dos años de edad. 1910-1942, dos fechas que resumen tan corta vida.



enero 19, 2011   ningún comentario

«Pedro Páramo» (1955) de Juan Rulfo

José María del Rey Morató. Esta obra es la única novela que escribió el mexicano Juan Rulfo (1917-1986). Todo lo que se cuenta ocurre en medio del calor y la lluvia, granados, correcaminos, papalotes y zopilotes, maíz y saponarias: por aquí o por allá andan y hablan las ánimas de los que habitaron el pueblo de Comala. «…Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.»

La historia camina sobre las noventa y cuatro páginas de la edición de Seix Barral (Barcelona, 1985). El protagonista Juan Preciado tiene a su cargo una parte del relato: «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo». Pedro Páramo fue hombre de muchas mujeres por derechas o por izquierdas, y padre de unos cuantos hijos, a todos los cuales, eso sí, llevó a bautizar. Dueño de enormes tierras ganaderas cuya propiedad obtuvo de buena o mala manera. Generoso en comprar voluntades y adhesiones con sus monedas de oro. Mañoso, voluntarista, manipulador, mal administrador.

Las revoluciones mexicanas son el contexto de algunas acciones de Pedro Páramo. Un día de tal vienen y le dicen:

–Como usté ve, nos hemos levantado en armas.

–¿Y?

–Y eso es todo. ¿Le parece poco?

–¿Pero por qué lo han hecho?

–Pos porque otros lo han hecho también. ¿No lo sabe usté? Aguárdenos tantito a que nos lleguen instrucciones y entonces le averiguaremos la causa. Por lo pronto ya estamos aquí.»

Y eso que pasó con los vecinos que se fueron con los «villistas», se repitió cuando otros siguieron a los «carrancistas» y es seguro que de nuevo sucedió cuando el padre Rentería –el cura de Comala–, se levantó en armas y también arrastró gente…

La historia, en parte, se cuenta en tercera persona: «Fulgor Sedano sintió el olor de la tierra y se asomó a ver cómo la lluvia desfloraba los surcos». También rescata algún monólogo interior de Pedro Páramo: «… cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana». El argumento va y viene entre las posibilidades que abre la presencia de varias perspectivas personales y la narración no es lineal. El relato, además, en vez de ocupar capítulos, viaja en cincuenta y siete apartados de extensión variable: pueden ser tres líneas, pueden ser tres páginas.

Esta novela ayuda a desentrañar curiosidades de alguna mentalidad latinoamericana y a entender la presencia de las ánimas, sus secretos y complicidades en las decisiones de los familiares y compatriotas vivos. Vale la pena, porque esta corta novela es una gran creación de la narrativa latinoamericana.

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El arte revolucionario fuera del marco de la ideología dominante

Alberto Miranda, tomado de Rebelión

La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado” Arthur Rimbaud

El hombre de la camisa amarilla emerge de la muchedumbre y, a viva voz, sus versos alcanzan como un látigo hasta al último de los obreros agolpados en la puerta de una fábrica de Moscú.

yo reclamo un hueco entre las filas de los obreros y campesinos más pobres. Y si usted piensa que todo consiste en saber utilizar palabras ajenas, entonces, camaradas, aquí tienen mi pluma, y escriban ustedes cuanto quieran.(1)

Los trabajadores lo escuchan, algunos se burlan de él; “¿quién es ese futurista que se viste como un campesino?” pregunta alguien. Pero nadie responde.

Ya la sombra de la camisa amarilla(2) envolvía en 1915 una obsesión y una pregunta: Ser entendido por el obrero y hacerle entender el lugar necesario del poeta entre sus filas. La confianza en un lenguaje nuevo, revelador, distinto a la voz del siglo XIX, choca con la incertidumbre de que los destinatarios reconozcan este nuevo lenguaje. Así, los artistas se cerraban en la élite o elegían un arte “socialista”, que implicaba aceptar el realismo decimonónico a ultranza. Maiakovski era pintor, guionista, escritor, actor, pero sobre todo poeta. Poeta y revolucionario. Su arte era el que “no será entendido por el pueblo” le repitieron los miembros de la burocracia revolucionaria. Su obsesión, insisto, era ser entendido por un obrero.

¿Qué sitio ha de ocupar la poesía entre las filas obreras? La respuesta, que asedió a Maiakovski y durante tanto tiempo han querido ocultarnos, es clara. La poesía es y debe ser ideología, y en cuanto a ideología, arma revolucionaria.

Cuando leemos una obra, un artículo, un poema, impera la tendencia a pensar que su valor literario está por encima de cualquier concepto ideológico, cuando el hecho de preguntarse si la literatura es ideología es semejante a preguntarse si la literatura sirve para algo más que traducir o reflejar el sistema hegemónico.

Ha estado a veces al servicio de causas revolucionarias, en todas las formas literarias: Los versos de Maiakovski y la literatura de Dostoyevski y Tolstoi precedieron (y de alguna manera anunciaron) la revolución Rusa de 1917. Su expresión artística esencial fue el cine. El movimiento al cual pertenecieron entre otros Eisenstein, Kulechov, Pudovkin y Vertov constituyó una de las principales vertientes creadoras del lenguaje cinematográfico universal; la poesía de Walt Whitman fue una oda a la igualdad del hombre y la mujer, la fraternidad y la democracia; la novela “las uvas de la ira” de John Steinbeck, tuvo como tema principal la explotación laboral y la inmigración.

Pero muchas más veces ha estado al servicio de lo existente, ha sido secuestrada por el capitalismo para alimentar al negocio burgués. Un ejemplo clave es la obra de Vargas Llosa, al que dediqué un artículo recientemente felicitándole por su condecoración.

Si el capitalismo hablara, le habría dicho a Vargas Llosa: Amigo mío, ya que en su día defendiste la literatura como una forma de insurrección permanente, y hoy has recapacitado y te encuentras fielmente a mi servicio, convendría que escribieras una novela sobre una dictadura latinoamericana antigua, de la que ya se hayan cerrado las heridas, distanciándola lo más posible de la actuación de Estados Unidos. Podrías también hacer de un personaje cercano a Trujillo, alguno especialmente indigno, por ejemplo el jefe de la policía política, máximo torturador, un simpatizante de Fidel Castro. Ya sabemos que ese tipo formó parte de una operación encubierta de la CIA contra Fidel Castro, pero no te preocupes, el asunto no es demasiado conocido, nadie se fijará. Y acuérdate de sobrecargar la novela con violencia, agresiones físicas, asesinatos, violaciones, represión sexual, homosexualidad… Ya sabes, el morbo y sensacionalismo llevados al extremo, la reducción de la condición humana a un puñado de pasiones y traumas incontrolables. No se te ocurra mostrar en la novela inteligencia, capacidad de elección, profundidad en los personajes, o movimientos de insurrección. Con esta fórmula y grandes medios de promoción en America Latina, que yo te proporcionaré, “La fiesta del chivo” será todo un éxito de ventas y recibirá esas amables críticas que engañan diciendo “aunque no estemos de acuerdo con la ideología de Vargas Llosa, es un gran escritor y llega hasta el fondo del alma humana”.

Como decía Bertolt Brecht,”los artistas del realismo socialista tratan la realidad desde el punto de vista de la población trabajadora y de los intelectuales aliados a ella y en favor del socialismo” e irremediablemente, los escritores del realismo capitalista ven la realidad desde el punto de vista de la burguesía y de los intelectuales que están a favor del sistema capitalista. Su literatura ha dividido lo público y lo privado, como si esa división pudiera hacerse real. La mayor parte de su trama está concentrada en la esfera de lo privado: secretos familiares, pasiones escondidas, asesinatos, y si en algún momento se abordan cuestiones públicas es para privatizarlas como hace Vargas Llosa con la política de Trujillo, o con las historias sobre la guerra civil española donde el núcleo argumental se reduce a actos privados de amor u odio. Como apuntaba con acierto mi admirado amigo Felipe Alcaraz en una entrevista sobre su última novela, La conjura de los poetas: “La literatura se convierte en una gran resaca comercial, y se disparan los lobbys, el control de los premios, el reino del best seller (…)”. Una “sociedad literaria” de la que, dice, se apartó Javier Egea incapaz de soportarla; como ejemplo de poeta materialista dignamente alejado de esa hegemonía capitalista de los valores culturales.

Maiakovski, que en tantas ocasiones se había elevado delante de una multitud que lo escuchaba, se apuntó en la sien, y por un agujero del bolsillo se derramó el verso que le quedaba. Pero aún pervive su certeza de que el único camino para crear literatura socialista bajo el yugo del capitalismo es hacer una escritura hacia la revolución. Que cuestione la idea de literatura tradicional y no acepte circunscribirse solo a la tradición hegemónica. La de tantos escritores en la sombra que hoy no escriben “buenos” libros, tan “buenos” para que la noble Academia, sobra decir independiente y objetiva se vea obligada a reconocerlo, y el noble Mercado, sobre decir libre y sin dueños, se vea obligado a reconocerlo, y la noble autonomía de la literatura, sobre decirlo, desvinculada de intereses, incapaz de fomentar un tipo de narraciones y dejar fuera otras, se vea obligada a admitirlo. La literatura comprometida de muchos que renunciaron a su prestigio, a un lugar entre los galardoneados, a ofertas económicas y glamour por hacer una literatura tal vez en exceso didáctica, acaso ingenua, quizá demasiado sencilla, tal vez de una grandeza que aún no hemos comprendido, y que merece todo nuestro respeto.

En 1853 José Martí, (poeta que dio nombre al primer colectivo de la Juventud Comunista que algunos fundamos hace ya cerca de una década) escribió un poema que comenzaba diciendo “dos patrias tengo yo: Cuba y la noche. ¿O son una las dos?”, La noche no es la misma para quienes viven a costa de otros y para quienes son obligados a vivir para otros. No se trata de una limitación, el esclavo no debería desear ser el amo, sino ser un hombre libre, y el escritor revolucionario no debería desear escribir grandes novelas al gusto de la literatura imperante, sino poner en duda los parámetros que limitan el ingreso en esa alta literatura y su existencia misma. De las palabras de Martí surgió la opción de convertir la noche del oprimido en hogar propio, como si ella fuera el único recinto admisible y poder construir desde la misma discursos a favor de una cultura obrera, o campesina, o una cultura colonizada sin cuestionar cuanto de heredado, impuesto, mutilado había en esa cultura y en la literatura circunscrita a unos límites que tampoco eran suyos.

Tolstoi decía que el arte comienza cuando una persona expresa un sentimiento a través de ciertas indicaciones externas “con el objeto de unir a otro u otros en el mismo sentimiento”, y así la literatura puede ser un medio para proclamar esos sentimientos que piensan, representan y transmiten otro modo de vida. Una rebeldía colectiva que se niega a pactar con la injusticia del explotador. Literatura para terminar con la propiedad privada y el Estado burgués, desterrar la miseria, el hambre, la ignorancia. Literatura revolucionaria que impulse términos nuevos del espíritu y de las armas obreras, para girar, como dijo Maiakovski, las ruedas del molino con el torrente de las palabras.

¿Quién es más aquí? ¿El poeta o el técnico que procura a los hombres tantas ventajas prácticas? Los dos. Los corazones son también motores. El alma es también fuerza motriz. Somos iguales. Camaradas de la clase trabajadora. Proletarios del cuerpo y del espíritu. Solamente unidos solamente juntos podremos engalanar el universo, acelerar el ritmo de su marcha. ante una oleada de palabras, levantemos un dique. ¡Manos a la obra! ¡Al trabajo, nuevo y vivo! Y a los que discursean que se les mande al molino. ¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas! (3)

(El arte no es un reflejo de la realidad, si no un martillo que se golpea a sí mismo, Vladimir Maiakovski)

(1) Conversación con el Inspector Fiscal sobre poesía, Maiakovski, Rusia, 1893.

(2) “Mientras sus compañeros futuristas vestían glamorosos trajes, la blusa amarilla, remedo de la vestimenta del obrero ruso, era la prenda habitual de Maiakovski. Como Einstein, a quien admiraba, para no tener que elegir qué ponerse, compró en serie las camisas.” José Hesse, Vladimir Maiakovski, Editorial Epesa, Madrid, 1971.

(3) El poeta es un obrero. Vladimir Maiakovski. 1918.

Blog del autor: http://albertomiranda.net/?p=233

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