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Categoría — Alrededor de una fogata – cuentos

Un ciudadano chileno de tres siglos

Carlos Poblete Avila, Profesor de Estado, Director Centro de Estudios Conciencia Crítica. Por estos días recientes se ha sabido por diversos medios de información, que un ciudadano chileno nacido y residente en el sur del territorio, ha cumplido 120 años de edad. El señor Celino Villanueva Jaramillo ha sido testigo en su vida hasta hoy, de tres siglos desde su nacimiento ocurrido el 25 de julio de 1896.

El caso ha sido noticia en diversas latitudes de nuestro orbe. Ello porque el sureño habitante además mantiene en plenitud sus facultades esenciales, esto es, motoras e intelectuales. Se comunica perfectamente con su entorno familiar y social. Una verdadera proeza.

La experiencia conocida señala que es posible alcanzar por la especie humana plazos de vida tan prolongados, sin dejar de considerar que se trata de un caso excepcional de longevidad en nuestro país. También se ha sabido de otros ejemplos a nivel mundial que han superado el siglo de existencia.

Al respecto existen preguntas, razones y explicaciones sobre un caso tan particular, referidas a las condiciones biológicas, genéticas, sociales y culturales que harían posible una existencia tan longeva. Nuestro residente del sur está superando en casi 40 años el promedio de esperanza de vida de un ser humano en buenas o aceptables condiciones de existencia a nivel mundial.

En la sociedad actual muchas personas abrigan la esperanza de vivir por largo tiempo, es un legítimo anhelo. Es muy cierto que en el mundo en curso la especie humana vive -o sobrevive- plazos algo mayores que en siglos pasados cuando los registros etarios en algunas latitudes no se extendían más allá de los 40 años, entonces se moría por causas naturales, por epidemias sin cura, y otras catástrofes.

Se conoció hace unos años la experiencia de habitantes también muy longevos -la mayoría sobre los 100 años- en una aldea de India. La explicación, de algún modo científica, fue que los buenos o saludables hábitos de vida de dichos seres humanos eran determinantes para lograr esas óptimas condiciones vitales. En rigor, se trataba de una aldea de campesinos, dedicados estos a diversos cultivos para su alimentación. Pero, sobre todo, tenían hábitos que consistían en recogerse al descanso en tanto la luz solar dejaba que el manto sombrío cayera sobre la faz de la tierra, e iniciaban sus diarias faenas al amanecer del nuevo día. Su alimentación principal era sobre la base del consumo de frutos secos, especialmente albaricoques, cereales y también agua.

Ojalá que tan extraordinaria y excepcional circunstancia vital de don Celino Villanueva Jaramillo acaecida en Chile no sea considerada por las Administradoras de Fondos de Pensiones, las funestas AFPs, como una justificación para prolongar por más tiempo el pago de capitalización individual y el cobro de otras leoninas comisiones en pos de las miserables pensiones que hoy se perciben.

Chile, agosto 8 de 2016.

septiembre 1, 2016   ningún comentario

Cuento japonés

Desde la copa de un árbol, dos pequeños pájaros miraban caer la nieve y conversaban. De repente, uno de los pájaros preguntó:
–¿Cuánto pesa un copo de nieve?
A lo cual el otro le respondió:
–Los copos de nieve pesan la millonésima parte de nada.
En silencio siguieron mirando cómo la nieve caía y se acumulaba.
De repente, con un fuerte ruido la rama se quebró con el peso de la nieve.
El pájaro que había preguntado sobre el peso de los copos de nieve miró a su compañera y le dijo:
–Es increíble lo que son capaces de hacer las millonésimas partes de nada cuando se juntan.

mayo 10, 2016   ningún comentario

Sucedió en un lugar remoto

Tito Alvarado

Si fuera carismático de alguna de las muchas religiones, invocaría el nombre del altísimo para asegurar que cuanto digo fue y es verdad. Esta misma certeza me indica que lo que aquí consigno no aconteció en la realidad de este mundo en el que ahora me encuentro. El conocimiento actual nos permite vislumbrar la posibilidad de que existan universos paralelos, de ser así, muchos tendrían los mismos componentes con ligeras variantes en su devenir. No sería improbable que en esos mundos paralelos los otros yo de cada cual vivieran circunstancias parecidas, pero con finales disimiles.

Yo, un día de verano, sentado en una piedra me puse a examinar los pequeños detalles que no encajaban en mi diario vivir y me sorprendió la certeza de que he visitado en varias oportunidades esos mundos paralelos. En una de esa realidades me tocó la mala fortuna de coincidir en mi oficio pero no estar en el estrellato, sino en los rincones de quienes nacieron estrellados. Creo haber vivido esa pesadilla por espacio de dos años. Ahora se me traspapelan los roles y las circunstancias. Sucede que creo conocer personas que no me conocen y de otras, que dicen conocerme, yo no guardo recuerdo alguno. Estoy en el limbo de no saber si el que era allá es el que soy aquí o si el que soy aquí es solo una pretensión de ser el que era allá, No me queda otra opción que ir con cuidado rehaciendo mi vida, a veces a los estrellones y otras a fuerza de pura sonrisa. Si expongo mi drama pasaría por loco, así es que lo sufro con la resignación del viajero que debe adaptarse a las sorpresas del viaje.

Estoy seguro de haber leído en Educación y Lucha de clases, de Anibal Ponce, un pasaje donde él dice que en la Grecia antigua, esclavos libertos se ganaban la vida enseñando a los hijos de los esclavistas, en esa forma de ganarse el sustento eran llamados cátedras, en mi realidad actual este pasaje no existe, como tampoco existe el pasaje de La Biblia donde se asegura que la Gloria de Jehová se alejaba en la noches y diezmaba las tribus situadas en los lugares por donde pasarían los judíos al día siguiente ni tampoco existe el pasaje donde Lenin decía, al poco tiempo de tomar el poder los bolcheviques, que la única solución para salir del atraso de siglos en que se encontraba la Rusia de 1917 era la cultura, lo decía en el sentido de ampliar los horizontes culturales de la gente.

Confieso que lo que a continuación relataré puede parecer dudoso, sin embargo esto no impide que tenga al pleno convencimiento que ha sido verdad. Sucedió hace no menos de dos años en un lugar al que fui por razones de animar el trabajo cultural, pensado desde la visión del SUR, la visión de quienes no toman las decisiones que empantanan el mundo. El lugar era Guanajuato. En los detalles de la planificación de esta visita, el Dr. Demetrio Apolinar, que era el alma del asunto, sugirió, y lo tomé como una orden, que era el momento de editar un libro mío. Pero somos escritores de a pie, sin los contactos en el mundo de la edición, así es que debimos recurrir a una editorial de buró postizo y editor un tanto fru-fru. El señor de amarras se comprometía, bajo el nombre de Ediciones El Viaje, de Guadalajara, a editar un libro que tiene mi nombre, pero no recuerdo haber escrito, su nombre habla de fulgores y destellos que se desvanecen casi en el acto de ser emitidos: Reverbereos. La edición sería en una cifra no despreciable de 600 ejemplares, la mitad serían para el supuesto editor, la otra mitad para mi por intermedio de SUReditores Guajanuato. Por supuesto este trabajo era a cambio de una remuneración, que ahora se ha desvanecido. El señor editor prometió enviar los libros a la fecha en que presentaríamos Reverbereos en la ciudad hermana de Guanajuato, León de los Lares. El libro no llegó a su propia presentación, ni el editor dio señales de inteligencia. A fuerza de porfía y unos cuantos mates animando las tardes, logramos que se comprometiera a enviar cuarenta libros al hotel donde estaba yo hospedado en la ciudad Capital de Los Estados Unidos Mexicanos, el editor, ya sospechoso de otra cosa, envió cincuenta, dos años más tarde recuerda que envió cien ejemplares, el detalle que lo muestra en su pequeña dimensión de editorcillo es que los libros no tenían el ISBN, es decir no eran libros en el correcto sentido del término que nos remite a un negocio respetable. Este detalle funesto muestra que el Señor editor, un tal Marco Antonio Gabriel Vinagre, no era tal sino un simple parásito de la edición. No sería justo si no dijera que al darme cuenta de la falta del ISBN me di la tarea de revisar que tan cuidadosa era la edición. La portada no estaba mal en cuanto a calidad del cartón, pero la foto era algo difusa, lo que a mi juicio predispone al lector a leer algo que puede ser pantanoso. El libro habla de destellos, es de efectos pasajeros que dejan una huella profunda. Los versos eran largos, el editor no achicó el texto o cortó los versos como se estila en estos casos, dejó que el computador hiciera el trabajo. El resultado fue otra chambonada.

Le envíe una nota reclamándole por el asunto del no número, me dio una explicación que nada explica y me prometió los libros en regla para más adelante. Pasó el tiempo, más de un año. Sin recurrir a la desesperación ni al camino fácil del insulto le comunico que estaré en la Capital, lo invito a presentar el libro al Congreso SUR. No da señales de vida. Le envío todas las coordenadas para que esté allí y nada. No hay respuesta. Cambiando el tono, en un enésimo intento de respuesta, le digo que me debe el monto cobrado por un trabajo de chapucería y para colmo sin cumplir o mis trescientos libros en regla.

Aquí viene lo sorprendente, que me deja en el despoblado de estar frente a un inconsciente, un mentiroso profesional o un asaltante de caminos, me dice que envió los libros, supongo que los nuevos libros con el respectivo ISBN, al hotel donde él sabía estuve hospedado. Por suerte tengo una amiga, que por asuntos de su trabajo, tiene como saber si esto fue verdad o no. Radha Govinda Lila llama al hotel y averigua que allí no hay registro de nada que haya sido enviado a mi nombre. El mentado editor, que ya no es tal sino mucho menos que un simple imprentero, me dice que irá a recuperar los libros, le pido que en ese caso se comunique con mi amiga, de la cual le doy todos los datos necesarios, previo averiguar con ella si puede guardarme la invisible y errante paquete de libros.

Y ahí murió el asunto hasta que le vuelvo a enviar copia de la carta que le había enviado antes reclamándole el monto pagado por un trabajo no hecho o los libros. A todo esto, logré averiguar que el compromiso, de imprimir 300 libros para él, no fue cumplido, pues no está el libro en su catálogo de ventas. En suma el libro no existe más que en una realidad virtual. Su respuesta a mi carta ha sido un insulto a la inteligencia, con descaro asegura que no tiene por qué prometerme nada ¿significará esto que no respeta la palabra empeñada o es de las nefastas especies que dicen una cosa y hacen otra distinta? A mi, su descaro me suena como un preludio a la amenaza. Para mis adentros he dicho: Pobre tipo. Él no sabe es que en esa realidad de un mundo paralelo, en la ciudad de la mentada editorial hay parientes míos por una rama lejana, que están en el negocio de arreglar entuertos y producir otros. Si sabe que no es bueno para su salud seguir por el camino que ha seguido, sin embargo, contra toda lógica, persiste. No seré yo quien de la orden de darle un madrazo, pero de alguna parte le caerá la teja que lo deje en un hueco o en un estado cercano al vegetal. Esto tampoco lo sabe, soy de una estirpe de gente que tiene pocos amigos, pues estos perecen en extrañas circunstancias, a cambio de esta condena a la soledad, no tengo enemigos pues estos se entrampan en sus propios esfínteres. Como punto final he decidido borrarlo de mi recuerdo, ya los libros no interesan, el dinero lo doy por perdido, lo que él no sabe es que cada dinero que he dado por perdido se multiplica y aparece en mis arcas en un monto superior a diez, cien, mil o más veces. Yo tendré de nuevo ese dinero, él no tendrá otra oportunidad, despreció las tres que le di. Ya no hay tiempo para perderlo con la gente de la mala leche que dice una cosa y hace otra.

Pobre señorito este Marco Antonio Gabriel Vinagre, sus Ediciones El Viaje en realidad no viajan a ninguna parte, tendría que cambiarle nombre por Ediciones El Pantano o Ediciones La Trampa. Para mi consuelo me digo que en esta realidad de todos los días, no existen Marcos tan desmarcados ni ediciones tan sin la gracia plena de hacer honor a la palabra empeñada. Duro oficio el de ser escritor desconocido y más duro el confrontar parásitos, que para alimentarse, como lobos hambrientos, muerden la mano de quien los alimenta. Yo seguiré escribiendo mis fantasías y análisis de lo concreto, que se deshace en el aire, él en cambio, seguirá en su pequeño mundito de fantasía, donde lo único que está bien es lo que él hace. Aquí yo con mis ahoras y porvenires, allá él con sus lastres de querer tapar el sol con una mano. Aquí yo en las seguridades de la Luz, allá él en sus sombrías artimañas de ganarse el pan a fuerza de mentiras. Creo que lo postulan a diputado por un partido metido en la corrupción, a mi en cambio nadie me postula a nada que no sea ser la mejor versión de mi mismo.

septiembre 24, 2015   ningún comentario

Crónica de una boda anunciada: O lo que es lo mismo, a la izquierda del colibrí

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Por Giaçin Tokkanul, enviada especial. (KANULANDIA PRESS).

En el “Cerro del Estribo” y alrededores sacros, como diría Edmundo Valadez, “La Boda tiene permiso”.

Tzintzuntzan anda por esos lares y se levanta enhiesta y circular como lunas en tierra contando los días de los seres terrenos, en cada piedra, en cada aro que fue fraguado para que se diera este espiritual evento.

El alba comenzó desde la tarde anterior. Había que ir a recibir al honorable Maharaj Radhanti Swammi, en su arribo interestelar a tierras purepechas y SUReñas. Un Sur espiritual en todas sus connotaciones inundó el evento y terminó por levantarnos a caminar en la madrugada, viajando al interior de la piedra de cantera moreliana y deleitándonos con su sabiduría una explicación inmesa sobre el arte neobarroco analizando el viacrucis de la magna catedral aún a oscuras.

Amanecía y había que subirse a la nave espacial que nos llevaría a la boda poética en Tzintzuntzan… HOMENAJE A LOS CINCO ELEMENTOS DE LA NATURALEZA.

Cuando menos nos dimos cuenta, Abraham y las ánimas de un colibrí empezaron a rondar el camposanto de las hijas de la luna. La isla de Janitzio en el lado oscuro de un Morelos a poniente septentrional nos mostraba una efigie de un Morelos Becqueriano. La progenie Holwin ni se la esperaba, y el dueto Saucedo-Pineda volaba lentamente hacia el proscenio…

Luego llegó el quinto elemento en FORMA DE COLIBRÍ.

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agosto 25, 2015   ningún comentario

Las aventuras de Rogaciano

 

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Lucy Ortiz

un cuento para olvidar la amarga realidad

Entreabrió los ojos y sintió la boca amarga, el frío le calaba hasta los huesos, miró a su alrededor, los periódicos que usaba para cobijarse no estaban en su lugar. Un sobresalto producido por sus nervios terminó de despertarlo y exclamo: ¡Dios mío! me han robado, desplegó una mirada a todos lados, el cuerpo le temblaba solo de pensar que los ladrones quizás le habían puesto pistola en pecho, o en la cabeza y él ni cuenta se dio por estar pernoctando su borrachera en la esquina más concurrida por los perros de la vecindad. Qué triste, exclamó, no hay seguridad en ésta vecindad.


En otras ocasiones se había quedado a la orilla de las carreteras solitarias y por gracia de Dios nada malo le había ocurrido. Se sentó medio encorvado, con el presentimiento de haber perdido sus pertenencias, alargó el brazo, alcanzó la bolsa negra de plástico, metió la mano apresuradamente y suspiro tranquilo. Las colillas de cigarro que había recogido el día anterior allí estaban intactas, más los pedazos de pan duro que los pájaros le habían compartido. Al correr la mano hacia la derecha tropezó con el envase de la última cerveza que había saboreado la noche anterior y dijo bendito sea Dios. Le pidió perdón a su Dios por haber dudado de su protección ya que en su compañía, se quedaba en cualquier esquina donde lo sorprendía la noche, donde el efecto del alcohol ya no le permitía caminar. Esa noche para Rogaciano resultaba especial porque había alcanzado a llegar a la vecindad de su origen, lo extraño seguía siendo el que sus sabanas o sus periódicos estaban lejos de su cuerpo, además rasgados y arrastrados hasta la orilla del muro que hacia contención hacia la barranca. Entonces hizo memoria se arrulló con otros andrajos que colgaban del extremo del muro al cual estaba arrimado y siguió pensando ¡Será qué me asaltaron los malandros! ¡De milagro no me mataron! Dijo sintiendo una gran satisfacción que le dibujo una sonrisa en sus mellados labios, recordó que la noche anterior cuando pasó por casa de doña Carmen, estaban de fiesta y le había regalado un platito con sopa de pescado y entonces recordó todo: una gran parte de la sopa se había caído a su alrededor, mojando las hojas de periódico que usaba para cubrirse del frío. Suspiró contento porque dedujo que cuando los perros hacían su ronda de rutina siempre pasaban echándole sus narizazos y como ya lo conocían lo dejaban dormir tranquilo, pero esta vez el olor de la sopa les había llamado la atención y se llevaron los periódicos para olerlos profundamente y que el olor peculiar del pescado no se revolviera con el desagradable olor natural de Rogaciano. Esta última definición no le fue muy grata. Pensar que hasta los perros se sentían aludidos con su olor. Se le subió lo Rogaciano, haciendo un gesto de repudio, como diciendo ¡Que poca madre de estos pinches perros! cabrones, cada día los entiendo menos, son fichitas que huelen de todo, Y qué ondas conmigo? ¡Hijos de su puta! Satisfecho se paró con el fin de empezar la faena, la búsqueda de la vida. De nuevo el recuerdo de doña Carmen, llegó a su memoria y sin ningún esfuerzo se acordó que la noche anterior estaban tomando cervezas. Eran casi las diez de la mañana, se asomó por la ventana de la casa de Doña Carmen y vio que no había nadie hizo un gesto de tristeza mientras pensaba, a un lado de la mesa estaban los envases, tenía miedo primero porque aun borrachito él, era honrado. Echó un rondín por la otra salida, igual no había nadie, el problema era que necesitaba sacar la mercancía. Miró con recelo hacia todos lados y un mal pensamiento se le metió en el cerebro impregnado de la resaca del alcohol, subió al murito que daba hacia la ventana del baño, volvió a mirar hacia dentro donde se encontraba el objetivo y sentía que no era correcto robar, pero no había otra opción, su trabajo era un poco arriesgado después de la reflexión, salto decidido empujando cuidadosamente la ventana, hizo el espacio que necesitaba para colarse, hasta escuchó una voz que le gritó: Rogaciano Tijeraaaaaaaa. Se sintió pecador pero no desistió de la idea de entrar a robar los envases, murmurando: ¡Que Dios me perdone! entró, en la mesa estaba un fajo de dólares americanos, frente al espejo en un clavito colgaban dos cadenas de oro y allí tirados en el lavamanos unos lentes Ray Van y hasta una parcial con dos dientes de oro. Le echó una miradita furtiva a todo y rápidamente colocó los envases de cerveza en una bolsa plástica color negro y salió por el mismo lugar por dónde había entrado, desgraciadamente un perrito que dormía en la esquina de la acera abrió los ojos justo cuando Rogaciano colgaba de la ventana y ponía el pie sobre el muro para bajar ya con la mercancía en su poder. El perrito se dio cuenta que ese hombre había entrado a robar o pretendía entrar a la casa de su vecina, el perrito mixto de chihuahua o pequeñito por desnutrición se sentía responsable de cuidar en la vecindad. Y decidió ladrar con fuerza, era el acuerdo entre perros, cuando había algún problema de seguridad ladraban fuerte, significaba la voz de alarma o señal de emergencia para juntarse todos y hacerle frente a cualquier situación que afectara algún vecino. En segundos todos acudieron al llamado, llegaron corriendo como rayos saltaron hacia donde se encontraba Rogaciano. Esté al verse amenazado se tiró del murito y corrió en estampida, los perros se hicieron bola y formando una X, se dieron la vuelta y tomaron en dirección a donde Rogaciano corría para no ser atrapado, como por arte de magia cada segundo aparecían más perros que se sumaban a la persecución, hasta una perra flaca con dos perritos colgados en las tetas salió en chinga detrás del sujeto, que ya no sabía qué hacer. Corrió hacia la casa de don Sebastián, allí había un arbolito en el patio, se abrazó al arbolito y braseando logró subir un poco, los perros se arremolinaron al pie del árbol y empezaron a ladrar en forma desesperada ya ni ladraban, solo se escuchaba como una sirena. Aauuuuuuuu. Los perros más grandes saltaban rosando con sus filosos dientes los andrajos que colgaban del pantalón de Rogaciano, y como son astutos casi articulaban palabras. Un perro subió en la espalda del otro y alcanzaron su presa lo tomaron de los pantalones y se colgaron jalándole hacia abajo hasta que Rogaciano ya no pudo detenerse y cayó al suelo. Al caer se creyó hombre muerto, volvió a escuchar su nombre como si la muerte lo llamara, Rogaciano Tijeraaaaa. Los perros al darse cuenta que se trataba del borrachito de la vecindad solo lo babosearon y lo dejaron, pues ellos lo conocían bien que no era mala gente. Para ese momento ya venían todos los vecinos con machetes, hachas, cuchillos, pistolas, cacerolas, bates, ondillas, y todo lo que les fue posible, el comisario del pueblito aledaño que por desgracia andaba rondando por esa zona fue el que lo atrapó. Entre fuertes amenazas y hasta golpes, le exigió que entregara la bolsa, a lo que Rogaciano contesto: ¡Eso nunca!, La exigencia de que entregara la bolsa de plástico, se volvió una obsesión, todos gritaban: que entregue la bolsa. A lo que Rogaciano respondía: “Primero Muerto”.

Otros gritaban hay que torturarlo; póngale un torniquete, dijo una señora que quizás había sido policía. La capucha; dijo un señor mal encarado. Una bolsa con cal, gritó otro, hay que colgarlo de los testículos, decían. Mientras tanto otro grupo investigaba en que casa se había metido a robar Rogaciano. La ventana del baño de la casa de Doña Carmen, estaba abierta entonces definieron que de allí extrajo el botín. Doña Carmen en ese momento regresaba de hacer sus compras. Todos gritaron Doña Carmen, en su honorable casa se introdujo un individuo sospechoso que por su apariencia es ladrón y extrajo una extraña bolsa negra que se niega a entregarla al comisario. Todos trataban de hacerse sentir como los más habilidosos y educados para que los aglutinados en el zafarrancho los respetaran. 
Doña Carmen recordó el dinero, las cadenas de oro de su hijo, los lentes; en fin todas las cosas de valor, jadeante entró y buscó desesperadamente. Todo estaba en su lugar excepto los envases de cerveza. Doña Carmen sospechó que Rogaciano era el que había entrado para recoger los envases de cerveza que ella siempre le daba después de las fiestas, al darse cuenta que se rumoraba que lo iban a ejecutar, salió corriendo porque se decía que lo iban a colgar de los testículos, en efecto, Rogaciano ya tenía una soga al cuello y una cuerda que pendía de los testículos, su bolsita negra muy bien agarrada en su mano derecha, solo se esperaba la voz de mando de doña Carmen para ejecutarlo. Doña Carmen gritó, aterrorizada porque se iba a perpetrar una muerte injusta como tantas ¡Lo que tiene Rogaciano en la bolsa son envases de cerveza!

marzo 4, 2015   1 comentario

La envidia es mala consejera

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Lucy Ortiz

Tiky, alegre saltaba, corría cuando Denise, su madre, regresaba de trabajar, se le colgaba del pecho. Mientras le daba besos en la frente. Denise respondía con halagos y caricias, Magi medio tosca y con el fin de interponerse al cariño que su madre le profesaba a su hermana, se acercaba con lágrimas en los ojos y entre fingidos sollozos le estampaba un beso en la mejilla a Denise, y como sabrán Magi era reacia para lavarse los dientes, los besos le apestaban; áh; pero era sutil, sentimental, estaba vigilante de todo; se daba cuenta que todos rehuían a sus caricias y más a sus besos, cosa que la incomodaba, le causaba dolor y odio creía que la despreciaban, se sentía sola.


Los celos eran evidentes en Magi que veía a Tiky, alegre su imagen menudita, graciosa y cada vez que cantaba o hablaba le celebraban con caricias y se mostraban felices sus padres y amigos. Magi trataba de llamar la atención muchas veces hacía locuras para impresionarles, cantaba sus tonadas exageradamente fuertes, a cada estrofa añadía un final espeluznante, usando un sonido único, que resultaba bastante Norteño: Auuuuuuuuuaaaa, hasta con una lánguida punta al final. 

Desgraciadamente cada vez que cantaba se escandalizaban los vecinos, llegaban furiosos a exigirles que la callaran. Era frustrante para Magi que se sentía inferior; mostraba una enorme tristeza pero era notable que dentro de ella deambulara un mal sentimiento, “la envidia”, en ciertos gestos que ya no podía controlar dejaba al descubierto el odio hacia Tiky, en ocasiones se refugiaba en el rincón más alejado para meditar, mientras Tiky, inocente, seguía cantando alegre, sacudiendo sus vestiduras ignorando el sentimiento de Magi. Hasta que un día Magi, puso en marcha un plan macabro, destructor, para que le dieran más atención. Ignoraba que las querían a las dos por igual, la diferencia era que Tiky cantaba lindo, su vestidura por naturaleza era hermosa, con un color verde vivo y puntos amarillos, su boca chiquita y graciosa, un poquito puntiaguda cuando comía se veía como si estuviera colando los alimentos, toda ella era graciosa y sabía hablar. Mientras Magi, usaba un vestido negro, sus ojos siempre estaban ligeramente llorosos, le gustaba arrastrarse en el suelo, su boca era ordinaria, cuando comía hacia ruido feo, de manera tosca, pero la amaban cosa que no logro entender que con todos sus defectos era tan querida como la más bonita del universo. La resentida Magi, seguía madurando su plan, pensando en deshacerse de Tiky; juntas jugaban, casi siempre estaban solas. Sus padres trabajaban, Sergio era un apuesto negociante y Denise una elegante aeromoza, trabajaban mucho, razón por la cual casi nunca estaban en casa, un día que Tiky cariñosamente se acercó a Magi, ésta ya estaba decidida y le asestó una terrible mordida, la arrastró por el suelo rasgándole su vestido y su cuerpo, lanzándole las más duras amenazas, de tal manera que de esa golpiza e costó reponerse, le dejó las piernas semidesnudas, cuando Denise regreso de su trabajo casi se muere del susto, se preguntaba, ¡Oh Dios! ¿Qué ha pasado?

Nadie dijo nada, Magi, estaba contenta y tranquila, mientras Tiky ya no canto ni le hizo caricias como todos los días a Denise, su madre. Magi, se dio cuenta que su plan era funcional, que las cosas estaban cambiando sin importarle el dolor de la inocente Tiky su hermana. El problema de seguridad se agravó para Tiky, que tenía terrible miedo quedarse a solas con Magi, mostraba una desesperación ilimitada cuando veía que todos salían.
Hasta que un día Denise decidió investigar qué pasaba con sus pequeñas, se despidió de Magi, tomó su paquetera, que siempre llevaba consigo, se refugió en un lugar donde no podía ser vista por ellas. Tiky en cuanto quedo a solas con Magi, corrió enloquecida subió a lo más alto que le fue posible y se alojó en un lugar donde Magi no la viera, pero esta Magi era astuta, se dio mañas y la encontró, en cuanto pudo la sacó del refugio y la tiró por el suelo, Tiky gritaba aterrada ante la furiosa hermana que la perseguía, en el afán de defenderse se introdujo debajo del sofá donde la malvada no podía entrar, Denise alarmada se hizo presente justo cuando Magi, mostrando sus ferrosos dientes, gruñía y luchaba por sacar a Tiky para estrangularla.

Denise gritaba ¡No entiendo! qué pasa Magi, porque ese odioso comportamiento, la única razón que tienes para sentirte mal con Tiky, es la diferencia física y sus virtudes, pero ella no es culpable de que tú seas diferente, mi esposo y yo decidimos tener dos criaturas de diferente especies para llenarles de amor sin importar los colores ni habilidades, tú no puedes castigar a una inocente sólo porque tú tienes complejo de inferioridad, si sabes bien que tú eres parte de este grupo familiar, habitante de este planeta, Tiky es tu hermana. A los seres no se les puede castigar por los dones que nuestra madre naturaleza os haya dado. Magi, estaba avergonzada pero no desistía de su agresión en contra de Tiky y más aún hoy que se dio cuenta que su plan funcionaba, que había despertado el terror en todos los habitantes de la casa, Tiky yacía moribunda en los brazos de Denise, que la revisaba cuidadosamente, Tiky tenía golpes en todo el cuerpo, mordiscos y arañazos, que Magi le había asestado por la terrible envidia que la corroía. Al darse cuenta de lo delicado del caso, la pareja acordó no dejarlas solas puesto que la envidia es tan dañina que puede llevar a los seres a cometer el peor de los crímenes,. Con este razonamiento la buena pareja se turnaba para vigilar a las pequeñas, un día, en un pequeño descuido, no se dieron cuenta Tiky desapareció.

La familia se puso muy triste, la buscaron todo ese medio día en el jardín, en los árboles aledaños, donde los vecinos, cada vez que escuchaban cantos melodiosos de pericos pensaban que era Tiky, cayó la noche, la pareja amenazando a Magi con un severo castigo dieron por inútil la búsqueda. Se durmieron sin cenar, cansados y tristes, entre lágrimas y sollozos recordaban las caricias de su querida Tiky que era parte valiosa de la familia, de igual manera sentían cariño por Magi, aún que fuese mala, al parecer ya no era solo negra de color sino de corazón por su actitud hacia Tiky, a la cual había arrastrado a la desesperación al grado de que Tiky ya había tomado la decisión de cuidarse porque le parecía que era pecado que su propia familia la asesinara; al día siguiente Denise abrió el refrigerador en busca de algo para desayunar aun sin apetito, consternados por la desaparición de Tiky, más al mover de sitio un paquete de verdura se encontró a su amada Tiky con el cuello tieso y la cabeza hundida entre las verduras Denise grito: Hay mi periquita.

La Magi ladraba elevando el hocico, una mirada ardiente de desprecio la cubrió para siempre.

marzo 4, 2015   ningún comentario

Las lágrimas de la luna

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(nos la acerca la compañera Guillermina Azocar)

Leyenda Mapuche

Un día, Nguenechén, señor del Universo, ordenó que Antú (dios del Sol) y Puyén (diosa de la luna) se conviertiesen en marido y mujer y gobernaran la Tierra en su nombre.

A partir de ese momento, el Sol y la Luna recorrieron el espacio juntos, derramando luz y dones sobre todos los hombres. Con el paso del tiempo. Antú se volvió menos cariñoso y paciente. Puyén no tardó en hacerle sentir su queja y él, por toda respuesta le dio una terrible bofetada.

Entonces la luna lloró desconsoladamente, y tan ardientes fueron sus lágrimas que al caer sobre la tierra, se convirtieron en las infinitas vetas de plata que el pueblo mapuche no tardó en conservar transformadas en hermosas joyas consagradas a la Madre Luna.

Desde entonces, el matrimonio de dioses no volvió a compartir el cielo. Por eso Antú alumbra la Tierra durante el día, en tanto que Puyén sólo se deja ver en la noche, cuando su esposo descansa y ella puede pasearse a gusto iluminando ríos y montañas.

Su rostro muestra todavía las cicatrices de aquellos golpes y el copioso llanto de aquél día, convertido en plata, es para los mapuches el símbolo femenino por excelencia.

Fuente: Sacerdotisa de Fuego.( Cronicas de la tierra sin mal )

marzo 4, 2015   ningún comentario

Muerte

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Susana Ríos

Me pongo a pensar si era necesario que vinieras a buscarme ahora. Será que te has dado cuenta que la tristeza me ha quitado las fuerzas y la soledad se apodera de mi sin lograr salir de este pozo que estoy entrando donde la oscuridad se adueña de las alegrías.

Ya no escucho el sonido de las olas ni percibo la brisa fresca sobre mi piel.
Nada siento en esta tarde de finales cortos. Es como si mi alma se elevara y mi cuerpo comenzara a flotar como hoja de otoño que logra mantenerse solo por unos minutos, antes de caer vencida, seca y sin vida.

No quiero entregarme a vos, pero estoy tan débil y vacía que mi ser ya no puede luchar para quedarse.
La angustia cierra la garganta para no gritar por esta despedida que oculto. Con tus ojos vacíos me miras mientras tomas mi mano y me arrastrar indefectiblemente hacia lo desconocido de donde no volveré jamás.

febrero 14, 2015   ningún comentario

Mis muertes que no fueron

guerra nechi las muertes que...

Nechi Dorado

Ilustración: “Guerra” de la artista visual argentina Beatriz Palmieri

Cuántas veces me morí, me sentí suicidada. Me imaginé gen recesivo, Diana cazadora sin flecha, Juana de Arco sin espada, Alfonsina sin mar, Cibeles sin leones. Yo sin mí. Siendo tantas para terminar siendo ninguna.

Comencé a morirme de a ratos, como dije, suicidada. Me moría de día y revivía de noche, cuando todos dormían y podía desplegarme tal como creía ser: rebelde, puro impulso, paridora de alegrías y enterradora de angustias. Llanto y risa, mariposa y ancla; una cosa de carnehuesoarteriasvenassangrehumores, siempre viva aunque no lo consiguiera del todo.

Me suicidaba al despuntar el día; a veces se puede pasar la vida muriendo por momentos, respirando sin oxígeno, mirando sin ver y escuchando aún con los oídos perforados por el estampido del silencio, que asesina sin necesidad de uranio ni plutonio.

Fui sintiéndome, en este trajinar descolocado, como un ente sin rostro trepando como un mono por las aristas de la vida, siendo todo y siendo nada. Apenas durando en la tremenda telaraña donde quedan atrapadas las ilusiones.

Aprendí a tomar lecciones de acerbidad eliminándolas al pretender elaborar la tesis final. Aprendí a subir escaleras apareciendo en el suelo sin caer y asimilé que la luz a veces enceguece tanto que termina dejándonos sin la posibilidad real de observar.

Traté de andar despejando mis tinieblas y me metí de lleno entre la bruma, tantas veces, que ya ni pude contarlas.

Asistí a mis propias exequias y me alegré en cada resurrección, nunca bendita (mucho menos bendecida) más bien terrena, afirmada en una nube con rueditas que me va acercando a la estación que quiero.

Y así espero seguir en este trajinar dentro del caos donde…

¡Donde me parece descolocado hablar de mí cuando hay tanto por decir de nosotros y yo aquí, perdiendo el tiempo en esta divagación ego centrista!

¡Hay otra realidad colectiva fuera de esta que soy y de lo que creo sentir! ¡Hay otra sustantividad que está más allá de donde copulan fronteras de la muerte en serio, del descarne verdadero, donde no soy protagonista sino simple testigo involuntario y puedo ver que huestes de algún infierno trastocado se abalanzan sobre tantos, inseminando el virus más peligroso que no tiene origen en el África olvidada hasta por la historia corriente!

¡En esta realidad tan ajena como propia, genocida: Acomete la estrella de seis puntas clavándose en los intestinos de niños cuya “arma letal” fue la sonrisa, fiel compañera de la alegría irrespetuosa de vivir sin obtener permiso para ello!

¡Asola el norte feroz sobre ¿cuántos pueblos?! ¡La estatua prostituta yergue su antorcha símbolo del incendio del mundo y tiene hambre de guerra, de vísceras, de sangre coagulada, de tendones y músculos! ¡Tiene hambre de niños y de viejos, de recursos no propios sino adquiridos a fuerza de terror y llanto!

¡Tiene espanto en sus ojos de cemento bilioso descompuesto y está dispuesta a saciarlo como sea!

¡Irrumpe la ambición más descarnada por encima de la lógica irreversible volviendo loco al mundo que se parte, se incinera, se desgaja; se ahoga como se ahoga el niño por nacer en la placenta desprendida antes de tiempo!

¡Y yo aquí, irresponsablemente, contando de mis muertes que no fueron, de mis estúpidos suicidios, de mis yo sin mí, de esas tantas sin llegar a ser ninguna!

¡Y yo aquí, perdiendo un tiempo de oro que no vuelve, describiendo mis sentires con tanta cosa para hablar que no alcanzarían las vidas de cien mil gatos para describir con la ecuanimidad que corresponde!

¡Y me avergüenzo!

 

 

 

febrero 13, 2015   ningún comentario

Ella cree y no cree

mi pequeño colibri

Nechi Dorado

Ilustración: “Colibrí”, obra de la artista visual argentina Beatriz Palmieri

Ella va por la vida con paso cansado arrastrando penas y alegrías, portando como autodefensa permanente una sola arma bien cargada, prolijamente controlada como para que nunca falle si hace falta: su sonrisa.

Ella cree que hay castigos y no juicios pero no cree en dioses ni en demonios aunque crea que algo, más allá de lo tangible, puede andar circundando cada momento que transcurre mientras el tren de la vida tritura guijarros con dirección efectiva entre las vías.

Ella sabe que hay gente que se viste con piel de cordero pero es lobo feroz. Y sabe que existen flores y también plantas carnívoras pero no cree que devoren hombres, sino insectos.

Cree en entelequias pero no cree en perfecciones aunque jamás profundizó en esquemas filosóficos.

Ella cree que hay noche y que hay día, que hay luna, hay sol y que hay estrellas. Que hay amor y que hay odio, que hay bien y hay mal. Que hay sinceridad e hipocresía.

Ella no cree que lo blanco siempre es bueno o que lo negro, indefectiblemente, es malo; ella no cree en estigmatizaciones aunque sabe muy bien que sí, existen.

Ella anda sola aunque a su lado caminen montones de personas, siendo esa soledad su amiga inseparable por esas cosas tan extrañas de los andares. No acostumbra pedir, rogar y mucho menos suplicar, trata de ser racionalmente irracional, o quizás, irracionalmente racional aunque en realidad cree que no lo ha logrado, todavía.

Podrá parecer extraña, misteriosa, trashumante, pero yo miro sus ojos y leo en ellos como quien dirige su mirada a un libro abierto. Y conozco su pena, la última, la más desgarradora entre otras no menos desgarrantes. La que le permitió deducir, sin tanto esfuerzo, que una gran pena arruina, muchas veces, a la más bella alegría. Lo aprendió como quien asimila una lección dictada a cachetazos un día en que frente al mar se le ocurrió contarme que ella cree y no cree cuando se trata de diferenciar a la vida de la muerte.

Me contó que hubo una vez en la que un pequeño colibrí le susurró al oído antes de emprender un viaje hacia la nada.

-Mi pequeño colibrí, me dijo ella:

-Fue una mañana de aquellas que uno no quisiera sufrir de ningún modo. Quedó como tatuada a fuego sobre los jirones de un alma incinerada, que era mía.

-Fue una mañana de esas en las que como frente al golpe artero de

un hachazo, se derrumbaron esperanzas amasadas.

-Mi pequeño colibrí alzó su vuelo incierto, no se, rumbo a cualquier

estrella de fuego. Voló con la fuerza de un águila imparable

rumbo a algún pozo insondable que no estaba abierto, en mis sueños.

-Ni imaginado siquiera. Y siguió contándome:

-Mi pequeño colibrí alzó su vuelo confundido entre nunca de olvidos y siempre de recuerdos. Y ya no pude verlo, ¡tan alto que voló y yo lo esperaba con mis brazos abiertos, ensayando caricias para darle, ni bien llegara a este mundo tan complejo!

-No me dejó mecerlo. Tampoco pude cantarle alguna nana tal como hiciera mi abuela cuando me acunaba entre sus brazos tiernos.

-Mi pequeño colibrí alzó algún vuelo dislocado, errante, abandonado

de mi mano, en la que hoy falta la suya.

-Y yo, -¡tan fuerte yo, según me creen! No fui capaz de seguir ese vuelo, tan solo quedé observándolo de lejos, paralizada, inmóvil, enredada en una nube de pánico asfixiante.

-Y él, tan pequeño, indefenso, solitario, pudo cargar en su piquito de oro

un trozo del alma rota, que era mía.

-¡Tan solo estaba mi pequeño colibrí! ¡Tan solo estaba! que alzó su vuelo eterno sin darme tiempo, siquiera, para entregarle un beso. Apenas pude bañarlo con mi llanto.

-Se alejó dejándome los ojos oxidados, el corazón sangrando casi yermo y esta tristeza infinita que no cesa, anclada en mis sentidos.

-Por eso creo y no creo, dijo ella, porque no encuentro explicación cuando de los ojos brotan lágrimas y alguien dice que apenas si son pruebas a las que debés aceptar, ser sometido.

-Es entonces, amiga mía, continuó diciendo, cuando tu alter ego se formula mil preguntas que nadie habrá de poder responder de ningún modo. Sin embargo, pese a todo, sigo creyendo que es ilusorio que los conejos vivan en el estómago de las galeras. Pero no creo que el sol pretenda clandestinizar a gritos a la luna.

 

 

 

 

 

febrero 13, 2015   ningún comentario