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Busco palabras (a 36 años del golpe que enlutó a mi tierra)

Nechi Dorado

Busco palabras que agiten el recuerdo pero no las encuentro. ¡Ha sido tanto el dolor, tanto el espanto, tantas las lágrimas que perduran en el tiempo ajado en estos treinta y seis años sin los nuestros!
Luego que treinta mil rosas rojas quedaran clavadas para siempre en la columna vertebral del viento y el aroma de mi tierra.
Cuando la noche fue muerte.
Cuando el silencio mataba y se miraba a otro lado.
Cuando los bebés nacían huérfanos con padres.
Quisiera apuntalar las columnas de esa historia que no debió parirse en ningún tiempo ni lugar y sin embargo nació y fue acunada por las voces del odio con cantos de cobardes.
La historia que antes de morir dejó regados miles de pétalos de amor, en el camino hirviente de la memoria activa, junto a las pieles de serpiente que mudaron los asesinos de todos mis hermanos.
Busco palabras en los canteros muertos y no aparecen, en esta tarde de llovizna intermitente, pero el recuerdo sabe convertirse en lágrimas y deja que vuelvan a escucharse los gorjeos que ayer hablaran de un mundo diferente y hoy le despojan el silencio a los secretos.
Busco palabras y un eco me responde que no hacen falta adornos, que sobra la retórica, que basta con aguzar nuestros sentidos y lanzar al aire burbujas de memoria.
Siento más cerca el eco que nace  desde adentro de cada lágrima del alma; tomo una, la acaricio, le hablo, la beso tiernamente antes de unirme a los gorjeos de esas aves arrancadas de mi tierra y que me dicen que ya no busque palabras, que es suficiente con decir esta tarde de marzo:
COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS, PRESENTES!
Y mi lágrima responde: ¡AHORA Y SIEMPRE!
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