Unidos en la diversidad, hacemos la diferencia

Blanquita

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)
Ernesto y Juan estaban sentados en la mesa de un café.
-No sé si te conté alguna vez….le dijo Ernesto. Mi abuelo era milico y en la dictadura mandó torturar y matar a mucha gente…A veces hasta él mismo torturó…Cuando mi viejo lo supo se fue de casa. Por eso a mí me puso el nombre “Ernesto”. Por el Ché Guevara…
-¿Y todavía vive tu abuelo?, le preguntó Juan.
– No. Ya murió. Y después que murió mi abuela el departamento quedó vacío por un tempo. Mi papá lo vendió y cuando fue a sacar los muebles encontró este cuadernito que después me dio. Tenía escrito por mi abuelo, el torturador y matador, esto.
Entre el ruido de bocinas y algunos autos que pasaban le leyó:
Su cuerpo era suave y calentito. Con sus ondulaciones y su linda colita. Por eso la llamaba Blanquita.
Cuando la ponía en mis rodillas y la acariciaba le iba diciendo Blanquita…Blanquita…Por eso después, cuando la llamaba venía corriendo. Era mimosa.
El problema era que no iba al baño para hacer pis y caca. Hacía en cualquier parte. Por eso mis padres, sobre todo mi mamá, empezaron a detestarla.
Yo trataba de explicarle, de decirle que hay algunas cosas que se hacen en el baño, pero ella parecía que no entendía.
Y me gustaba mucho dormir con ella. Sentir su cuerpito suave y calentito. Pero lamentablemente no podía nada sexual. Sus agujeritos eran muy chiquitos. Así que todo espiritual.
Y siempre le daba la comidita que a ella le gustaba: zanahorias, lechuga, zapallos y otras verduras. Pero ella iba creciendo y sus caquitas eran cada vez más grandes. En toda la casa, en casi todos lados, bolitas de caca.
Hasta que un día que volví del colegio la busqué, pero no la encontré.
No la encontré más.
Mi mamá me dijo que ya era insoportable. Caca por todos lados. Por eso se la dieron a una amiga que tenía un jardín donde ella podía vivir. Y hacer sus caquitas de conejo, que ahí serían abono para las plantas.
Así que mi conejita Blanquita nunca más…
Blanquita, mi gran amor….
– Así que parece que estaba enamorado de esa conejita. Pero me pregunto: si Blanquita hubiese pertenecido a alguien que ellos llamaban D.S., delincuentes subversivos, ¿la hubiese amado tanto?
Misterios, enigmas que nunca se podrán resolver…
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