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Argentina: Los pibes riojanos

Carlos Del Frade (APE)

-Ahora lo que estamos buscando es recuperarle la moral a mi hijo Pablo. Mientras tanto veo cómo recupero el dinero que entregamos. Ojalá que esta gente no le haga peor a otros, que haya justicia, que pague por la estafa que hizo – dice Pablo Pizarro, desde Sañogasta, una pequeña localidad riojana muy cerca de Chilecito, uno de los epicentros de la lucha en defensa del Famatina.

Pero Pablo defiende otros recursos naturales, la suerte de los pibes que, como uno de sus hijos, son engañados con la promesa de jugar al fútbol y llegar a primera división muy lejos de sus tierras y hasta les hacen creer que estarán junto a Lionel Messi en el Barcelona.
La cancha chica del fútbol explica la cancha grande de la historia del presente, de la realidad.
Un tal Marcos Rodríguez llegó hasta aquellos parajes del noroeste argentino diciendo que representaba a la Fundación Lionel Messi y que probaba jugadores que luego integrarían los plantes de Ñuls y Renato Cesarini, de Rosario.
Como suele suceder, la promesa obtura las conciencias críticas.
Es una fenomenal herramienta política que sirve para ocultar verdaderas intenciones.
La promesa de un futuro mejor nunca pierde vigencia y sus efectos son devastadores.
Pasa en la cancha chica del fútbol, sucede en la cancha grande de la realidad.
Durante meses, casi una docena de pibes que tienen no más de diecisiete años fueron llevados a la Cuna de la Bandera previos pagos de cuotas que variaban entre los 5 mil y 20 mil pesos en concepto de mantenimiento y que pagaban sus familias.
Hasta que en enero de este año, el empresario les dice a los padres que los chicos serán llevados a River Plate pero que, como garantía, tenían que depositar otros 7 mil pesos más.
La familia de Pablo ya no tenía un peso y estaban endeudados. Su padre es monotributista y tiene empleos temporales.
Llegado ese momento, aparece un llamado de su hijo (también llamado Pablo): “Papá, no mandes más dinero. Estoy trabajando en una pizzería y me amenazan si denunciamos que vivimos en una pocilga”, le advirtió del otro lado de la línea. El lugar donde dormían era una pensión sucia y con menos con lo mínimo para calificarse como digna, ubicada en calle Tucumán al 2600, en el macrocentro rosarino.
-Está muy bajoneado, muy desilusionado. Dejó la escuela por este sueño de jugar en primera y ahora no quiere volver a jugar al fútbol. De a poquito lo vamos a recuperar entre todos. Y espero que se haga justicia para no estafen más gente – le dice Pablo Pizarro a este cronista, mientras piensa cómo empatarle al fin de mes porque debe mantener a una familia compuesta de seis hijos en total.
Así funciona el sistema a través de uno de sus principales flujos de dinero e impunidad como es el fútbol.
Explotan a los pibes, los engañan y cuentan con la complicidad de una batería de profesionales de la contabilidad y las leyes para que el negocio nunca se termine.
¿Cuántos pibes habrá en las mismas condiciones que estos chicos riojanos?
¿Cuántos empresarios futbolísticos estarán recorriendo en estos mismos momentos las distintas provincias para estafar a decenas y decenas de familias como los Pizarro?
Y detrás de esta explotación, aparece una pauta cultural que exhibe la ferocidad del capitalismo: salvarse a través de los cuerpos de los chicos y las chicas. Como futbolistas o vedettes.
La explotación del territorio más frágil que tiene el país, el cuerpo de nuestros pibes, primer y último recurso natural que también es saqueado en homenaje de los dioses que sacrifican lo humano en el altar del dinero y la promesa de un futuro mejor.
Ojalá que la denuncia de los padres riojanos funcione de manera parecida a los que pelean por el Famatina.
Que tomemos conciencia que los pibes no se tocan, que los pibes no deben ser explotados.

Para que alguna vez los ganadores, en la cancha grande de la realidad, sean las mayorías y no las minorías del privilegio.

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