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Algo huele mal en el mundo

Tito Alvarado, Montreal (Carta de marzo, 2011).  La boca de un personaje de ficción dijo en su momento “algo huele mal en Dinamarca”. Ya pasados muchos tronos y sus respectivos reyes, salvo el remanente reacio a morir que queda como un lujo imperdonable del poder, los reyes y los reinos no definen el mundo. Ahora lo define cada cual desde su acción o no acción local, aunque de momento muchos crean que el mundo lo definen los poderes del norte.

A paso lento avanza la humanidad. Tenemos el drama de ser muy efímeros: sesenta, setenta, ochenta años no son nada y para colmo muchos sufren de obnubilación cuando tocan el poder, también efímero, peor aún, o somos prisioneros de la cultura reinante y sus injustificables justificaciones o somos dueños de un ego mayor que cualquiera de nuestras mejores obras o no damos el paso de atrevernos a ir más allá de lo establecido y, con nuestros actos audaces, adelantar el futuro.

La inmensa mayoría de nosotros asumimos como natural todo aquello que no tiene nada de natural, como la pobreza, la basura acumulándose en las calles, la violencia, el robo menor y el robo mayor del que ni siquiera tenemos conciencia o las atrocidades que se comenten a diario en nombre de la libertad o la democracia. Muchos solamente ven sus intereses y otros muchos no ven más allá de sus narices. Se da lo antinatural que la verdad es ocultada sistemáticamente, que quienes tienen la potestad de velar por todos lo hacen solamente por si mismos, que muchos dicen una cosa y hacen otra muy distinta. En esta mar de aguas podridas ya no sabemos que es lo que huele mal, pues casi todo huele mal.

Vamos a la certeza de que más allá estña la acumulación de problemas, cuya solución, tantas veces postergada, ya se hace imposible. En porteño diríamos, vamos al muere.

Nuestro deber en tanto seres pensantes, es ser la crítica mortal al sistema; nuestro deber en tanto seres creadores es crearle ventanas a la vida, no para escapar al bello paisaje, sino para vernos en el drama del otro, para ver nuestro potencial humano en su natural desarrollo, para asumirnos como seres sociales y no islas autosuficientes; nuestro deber en tanto organizadores es organizar la posibilidad de la alegría para todos; nuestro deber en tanto promotores es promover la participación plena, es decir ya no ser espectadores del muere sino ser actores de la nueva vida que queremos.

Todo esto puede quedar en bellas palabras si no emprendemos la audacia de hacer las cosas de distinta manera, pues queremos resultados distintos.

Ya basta de salvar a los banqueros, salvemos la humanidad toda humanizándonos. Ya basta de mirar hacia otro lado cuando de solidaridad se trata. Ya basta de solidaridad sin mencionar y condenar a los responsables del desastre. Un maremoto (Tsunami) es una cosa, una explosión en una central nuclear es otra y tiene responsables. No se juega con la fuerza del átomo si no sabemos como manejarla y frenarla en caso de emergencia. Hoy es la emergencia y nadie sabe como frenar esa catástrofe. Para colmo, los irresponsables del poder, niegan los nefastos efectos que han de durar decenas de años. Ya basta de dejar que los señores del norte decidan nuestra suerte, ya basta de los falsos valores del consumismo, la farandula y el desprecio, ya basta de tanta joda de jodernos por nada.

O somos o perecemos, este es el drama de la hora presente y somos, con nuestro quehacer artístico, parte irrenunciable de la vida, somos con nuestra decisión de emplearnos a fondo, somos con el cerebro frío y el corazón ardiendo, somos desde el arte y la cultura por un arte y una cultura de cambio.

No son los falsos dioses del norte quienes han de decir cuanto se hace o cuando se muere en los infiernos del sur. Hubo un tiempo en que el norte era un punto geográfico, ahora el Sur está en todas partes, el norte es apenas un puñado de gente desalmada y armada con sus arsenales por miedo a la libertad. Ni sus siglas, ni sus juegos mortales, ni sus falsedades, ni sus faramallas, ni sus armas terribles, ni sus tramoyas, ni sus giras imperiales, ni sus códigos del miedo son parte de la solución. La solución somos nosotros en el arte de ser.

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1 comentario

1 patricia kozlowski procaccini { 8 noviembre 2011 - 03:22 }

Hola Tito, soy artista visual de un barrio del cono urbano bonaerense y amiga de Guillermo Busch y Gerardo Pérez.
Trabajo en una radio en Internet y quisiera hacerte un reportaje.
La radio es arinfo.com.ar, el programa es cronoscopio, y hablamos de cultura y arte. Va los miércoles de 20 a 21hs. Si te parece lo hacemos por skype o teléfono
cariños
patricia
Tal vez las cosas esten cambiando. El norte ya no goza de buena salud impune, algo deben cambiar.
Latinoamérica está funcionando como región cultural, y nosotros los artistas somos los que debemos tomar la posta.
Soy fotógrafa expuse en mi barrio y en el centro cultural de Piriápolis
Trabajo con un grupo de artistas en grupos multidisciplinares, y hemos trabajado con chicos de 15 y 16 años ha sido una experiencia enriquecedora.
Adelante los creadores músicos, artistas visuales, poetas, dramaturgos, novelistas ycualquiera con vocación

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