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Aborto: sexualidad mal parida

Por Alfredo Grande  

“No me importa que la mujer tenga su día. Lo que sí me importa es que tenga su vida” (aforismo implicado)
“La Iglesia rechazó el fallo judicial que admite el aborto en caso de violación , dictado ayer por unanimidad por la Corte Suprema , en un pronunciamiento que generó fuerte repercusión en ámbitos políticos y sociales. La sentencia, anticipada ayer por LA NACION, exime de pena a una adolescente de 15 años que se sometió a un aborto luego de haber sido abusada por su padrastro en Chubut, y modifica así la jurisprudencia sobre este tema.  “No existe motivo que justifique la eliminación de una vida inocente, ni siquiera en el caso lamentable y triste de una violación”, dijo el arzobispo de Santa Fe y presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, al mostrarse sorprendido por el fallo. Por su parte, el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, afirmó que el fallo “sólo interpreta el artículo 86, inciso 2, del Código Penal, vigente desde 1921”. En virtud de la sentencia, la mujer que haya sido violada podrá solicitar el aborto, sin importar (La Nación on line 14/3/2012)”
(APe) Hace  muchos años, demasiados, cuando no era tan joven como ahora, escribí una monografía para el curso en la Escuela de Salud Pública. El tema: “Embarazo y aborto en la adolescencia: una enfermedad de transmisión sexual”. Mas allá de recordar con ternura cómo a los 23 años ya tenía pasión por los títulos, no puedo olvidar que el docente me dijo: “mejor cambiá la palabra educación sexual por instrucción sexual. No quiero problemas” Yo tampoco los quería, así que la cambié, porque temprano aprendí que debemos perder el dedo para salvar la pierna. 40 años después, que no son nada multiplicado por dos, el tema vuelve a los titulares, como siempre de la peor manera. En la triste actualidad de nuestra cultura, los grandes temas se tratan desde sus manifestaciones más aberrantes. Por ejemplo, el sistema de transporte a partir de la masacre ferroviaria de Once. La seguridad en teatros y locales bailables a partir de la masacre de Cromagnon. Sientan jurisprudencia, porque la realidad cotidiana sigue de a pie. Y como es normativa de la cultura represora, unen lo que tiene que estar separado y separan lo que tiene que estar unido. La violación es un delito que puede estar agravado por el vínculo. Pero la defensa frente a un delito no puede  en ningún caso ser considerada otro delito. La doctrina de la defensa propia es perfectamente adecuada para esta situación. El aborto no implica deseo de la mujer. Ninguna mujer se embaraza para abortar. Repito: ninguna. Por lo tanto la fecundación no deseada nada tiene que ver con una lógica maternal. Tampoco se trata de discutir cuando comienza la vida. Tema polémico pero siempre esgrimido por aquellos que confunden lo potencial con la realidad efectiva. La expresión máxima de este delirio es cuando el destructor de Río Tercero, hoy senador de la pobre Nación, decretó el “dia internacional del niño por nacer”. Algo así como que cada espermatozoide y óvulo tengan sus 24 horas de fama. Y en esto nada tiene que ver la fe ni las convicciones religiosas fundantes. Un aforismo implicado dice: “en verdad os digo que la fe es otro de los nombres del deseo”. No hay hijo sin deseo de hijo; no hay madre sin deseo de madre. En la violación esto queda en evidencia de una manera brutal. La Corte Suprema no puede convalidar la brutalidad, y más tarde que temprano -no olvidemos que no dio curso a la apelación de Romina Tejerina-, falla judicialmente. Veremos hasta dónde este fallo es un acierto. No lo es para el Ministro de Justicia, que dijo que el tema del aborto no está en la agenda del gobierno nacional. Será una agenda estéril, porque por cierto está en los úteros de las mujeres que son violadas en más de un sentido. Si pensamos la violación en una perspectiva amplificada, toda mujer que se embaraza sin desearlo es violada, justamente en lo más propio, su deseo. La sexualidad y el embarazo no son lógicas que van juntas. Los anticonceptivos separaron sexo y reproducción. Las técnicas de fertilidad asistida separaron reproducción y sexo. Por lo tanto, es imposible legislar ajustado a derecho y ajustado a deseo, si la sexualidad no ocupa el lugar fundante que le ha sido negado por las castas reaccionarias de la sociedad. La cultura represora odia la alegría, el placer, la creatividad. Odia todo aquello que le impide, o al menos le dificulta, someter, dominar, denigrar, esclavizar. La represión sexual es el fundante de toda represión posterior. En un trabajo señalo la continuidad entre “el abuso sexual del niño y el abuso político del adulto.”1  Por lo tanto, acotar el aborto a la violación es mantenerse en la concepción mas restringida, casi diría uterina, de la violación. Incluso lo violatorio queda en evidencia cuando deja su marca en la fecundación no deseada. Cuando no deja huella, la historia oficial es que la mujer siempre propicia por acción u omisión ser violada. Y esa violación es silenciada o incluso glorificada. No hace demasiado un clérigo dijo que las niñas y niños seducen a los adultos. La víctima, de acuerdo al evangelio según Boris Karloff, suplica al victimario su propia tortura. Ya no es el degradado hasta el hartazgo Síndrome de Estocolmo. Es el Síndrome de Esto es el Colmo, cuando al desamparo de la víctima, le sumamos el desamparo de culpabilizarla. Incluyendo su versión retroprogre: responsabilizarla. Aunque parezca increíble, esta culpa por desear la he observado en personas infectadas por el virus del sida, que hubieran preferido contagiarse de forma no sexual. Entonces el embarazo no deseado es la máquina de castigar preferida, la más barata, la más segura, la más permanente. Y además, la más miserable. La mujer vuelve su cuerpo contra sí misma y debe desandar en forma traumática aquello que  nunca quiso transitar. Pensemos que hasta el parto convencional era sádico (¿era sádico?); ¿qué piedad puede haber de médicos y clérigos sobre el anti parto por excelencia, o sea el aborto? El fallo de la Corte Suprema es una confesión de parte. La violación legaliza el aborto, pero cuando hablemos de violaciones tenemos que pensarlas fuera del marco jurídico. Hay violaciones culturales, económicas, políticas, afectivas. La mujer violada / violentada tiene perforada su dignidad. Y solamente desde ese lugar puede en forma inercial aceptar continuar con un embarazo que jamás deseó empezar. No se desea al hijo al parirlo. Hay parto porque antes hubo deseo de hijo. Pero la cultura represora tiene como meta final expropiarnos de nuestros deseos. Así no es la vida. ¿Cómo hacer para romper tantos mandatos y descubrir todos nuestros deseos? Dos recetas: furia para defender nuestros deseos, pero no la furia que dure un solo día. Los deseos deben ser sostenidos por varias generaciones, hasta que se hacen realidad efectiva completa. Coraje para enfrentar al cruel que nos arranca el corazón sin el cual no vivimos, parafraseando a Jose Martí. El mismo coraje de las “Católicas por el derecho a decidir”. Furia y coraje para que la sexualidad no esté mal parida nunca más.
 1 Grande, Alfredo. SEXUALIDAD REPRESORA. Topía Editorial.

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