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Abortar a Túpac Amaru

Por Carlos del Frade
Miércoles, 22 de Febrero de 2012 08:21
CAndido-Portinari-12(APe).- El presente peruano está cargado del pasado abierto del estado incaico y también del legado rebelde y revolucionario de Tupac Amaru.
Las minorías dominantes en esta parte del planeta resuelven esa presencia de la historia por partida doble condenando las antiguas formas de vida a piezas de museo o rutas turísticas y, por otro lado, construyen olvido y castigan a los que todavía hoy pueden continuar con la lucha por la dignidad de aquel grito libertario.
El turismo y los museos forman parte de una estrategia económica, el permanente castigo a los descendientes de los que siguieron al revolucionario, en cambio, parece ser una política de estado que muchos gobernantes, en mayor o menor medida, practican a menudo.
La rebelión de Túpac Amaru levantó a decenas de miles de integrantes de los pueblos originarios no solamente contra los españoles sino también contra aquellos criollos que también disfrutaban de los beneficios que les deparaba la explotación de sus compatriotas.
Por eso el recuerdo de Túpac Amaru está prohibido. Pero como la memoria se filtra, entonces, es preferible mutilar a los que pueden repetir la osadía.
La noticia revela esas prácticas de las clases dominantes.
El gobierno de Alberto Fujimori, en 1996, aplicó un programa de “planificación familiar” que consistió en la esterilización de unas 300 mil mujeres, según la actual administración nacional.
En 2009 habían prescriptos esos delitos, según entendió una parte de la justicia siempre proclive a seguir repitiendo los mandatos de las minorías.
Pero ante la insistencia de las víctimas y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el caso será reabierto y enmarcado como un delito de lesa humanidad.
Algunos testimonios revelan la ferocidad del “programa”: “Me metieron en un cuarto con otras mujeres. Escuché a un gritar mucho, la cortaron en carne viva, hasta que se desmayó. Intenté escapar, pero la puerta tenía candado. Entonces me agarraron y llevaron a una sala. Les dije que yo no quería operarme, que luego no serviría para nada. Ellos me decían: “No es nada” y me tumbaron”, declaró Micaela Supa.
Por su parte, Hilaria, dijo que “los médicos iban a las casas y les decían a las mujeres que tenían que hacerse controlar, que el presidente les iba a dar comida mensual, a pagar la educación. Si se negaban, las amenazaban y hasta las secuestraban”.
La administración de Fujimori fue muchas veces presentada como una de las mejores discípulas de los ordenamientos políticos y económicos del mundo desarrollado. Quizás haya sido verdad.
Porque el desarrollo de ese mundo se basó en la explotación de millones de seres humanos del sur del planeta, de América, Africa, India y Oceanía.
Algunos opinan que “este podría ser uno de los peores programas de esterilización forzadas dispuesto por un gobierno desde que se tiene noticias. Estos programas comenzaron a funcionar a fines del siglo XIX, con el objetivo de reducir la cantidad de personas de determinados sectores, casi siempre marginales”.
Fujimori, por ahora, no fue investigado por este plan genocida, discriminatorio y racista. ¿Qué dirán los médicos y demás profesionales que llevaron adelante estas prácticas?. ¿Qué dirán los colegios de ética de esas beneméritas actividades humanas de todo el continente?
Casi 300 mil mujeres peruanas empobrecidas, herederas de los que pelearon junto a Tupac Amaru, fueron esterilizadas por un gobierno democrático que, fiel al mandato de las minorías gobernantes de la región, decidieron abortar los potenciales nuevos revolucionarios. La implacable lógica del sistema.

Fuente de datos: Diario Clarín 19-02-12
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