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9 de abril: El asesino y la víctima

Carlos Vidales

9 DE ABRIL: EL ASESINO Y LA VÍCTIMA Cuando la muchedumbre enardecida de rabia descuartizó a Juan Roa Sierra, a la una y veinte minutos de la tarde, el líder popular Jorge Eliécer Gaitán todavía estaba vivo. Trasladado de urgencia a la Clínica Central de Bogotá, Gaitán moriría a las dos de la tarde. Su asesino ya llevaba cuarenta minutos convertido en una masa informe. Era un viernes frío, nublado, ese 9 de abril de 1948. Juan Roa Sierra era hijo de Juan Roa, cantero o picapedrero y de Encarnación Sierra, sirvienta doméstica.

Era el menor de seis hermanos y la familia, habitante del barrio Ricaurte, tuvo que soportar pobreza extrema. El padre murió de tuberculosis. La abuela materna consumió sus últimos años en una locura feroz; y uno de los hermanos, Gabriel, también enloqueció de remate. Juan trabajó primero como albañil y luego en oficios ocasionales. A comienzos de la década de 1940 manifestó simpatías por el Partido Comunista, pero pronto se le cerraron las puertas allí: sus ideas y comentarios eran provocadores y generaban desconfianza.

Se acercó entonces al liberalismo, cuyas sedes y locales visitó asiduamente hasta 1947. Allí también produjo sospechas entre quienes lo trataron. Nunca se sabía si era un provocador policial o un tonto despistado. Su concubina, María de Jesús Forero, lo llamaba “el bobo”. Después de las elecciones de marzo de 1947, dejó de ir a las reuniones liberales y se dedicó a las lecturas de la secta Rosacruz. Comenzó a “ver visiones”. Decía que “oía voces” que le daban instrucciones. Finalmente, el día 9 de abril de 1948, a la una y cuarto de la tarde, asesinó de tres balazos al más grande líder popular de la historia colombiana. Un testigo recordaría más tarde: “El hombre que yo vi asesinando al doctor Gaitán era un tipo con un rostro pálido, anguloso, algo demacrado. No se había afeitado durante dos o tres días. En sus ojos brillaba una mirada de odio. No era un ser que estuviera cumpliendo un mero encargo; no estaba pagado simplemente. Ese rostro estaba animado de una pasión feroz. Era un fanático”. La muchedumbre que lo descuartizó fue a dejar su cadáver informe tirado frente al Palacio Presidencial, porque el pueblo sabía que de allí precisamente salían las “voces” y las “instrucciones” que Juan Roa Sierra “oía” en sus trances. No era difícil saberlo: de allí salían las órdenes para asesinar liberales en todo el territorio de la república.

La víctima del crimen, Jorge Eliécer Gaitán, hijo de un librero y de una maestra de escuela, había nacido en la barrio de Las Cruces el 23 de enero de 1898. Su infancia fue marcada por la estrechez económica del hogar. En 1920 ingresó a la facultad de derecho de la Universidad Nacional, de donde saldría en 1924. Su tesis de graduación, “Las ideas socialistas en Colombia”, produjo gran controversia y se agotó en las librerías de la capital. En 1922 trabajó para la campaña del general Benjamín Herrera y en esa época trabó amistad con los más radicales miembros de la generación de “Los Nuevos”: Luis Vidales, Luis Tejada, Ricardo Rendón, José Mar, León de Greiff y muchos otros.

En 1923 fue elegido representante a la Asamblea de Cundinamarca y comenzó a perfilarse como un político preocupado por los problemas sociales. Paralelamente cosechó sus primeras victorias en el estrado judicial, como defensor, logrando que se aplicaran penas mínimas a personas que habían cometido delitos bajo la compulsión de extrema necesidad causada por la pobreza y la marginación social. Su argumentación era brillante, de lógica impecable e impresionante por su apasionado compromiso con los sufrimientos de la gente. Entre 1924 y 1928 viajó por Europa, estudió en Italia con el famoso penalista Enrico Ferri y alcanzó las más altas calificaciones y honores. Elegido representante por Cundinamarca en 1929, llevó a término el histórico debate contra el Ejército, el Gobierno y la United Fruit por la horrible masacre de las bananeras (1828), logrando el castigo de los culpables, la condena contra la empresa frutera y, en última instancia, la caída del régimen conservador. En las elecciones de 1930, que dieron el triunfo presidencial a Olaya Herrera, Gaitán ganó un asiento en el Consejo de Bogotá. Era un creador de victorias políticas: en 1931, presidente de la Cámara de Representantes; en 1932, cuando los conservadores acuñaron el término “El Negro Gaitán” para descalificarlo socialmente, él aprovechó la ocasión para afianzar su popularidad entre los pobres y para presentar a los conservadores como un partido de aristócratas; atacado por los comunistas, que lo llamaban fascista, populista y demagogo, respondió con propuestas de unidad popular, ganando aún más simpatías en la izquierda.

Gaitán era un hombre de gustos sencillos, que jugaba tejo con los amigos y frecuentaba los “almorzaderos” populares. Estaba siempre ahí, al alcance de la gente, y la gente respondía con espontáneo cariño. A fines de 1933 abandonó el Partido Liberal y fundó, junto con otros políticos del centro y de la izquierda, la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria, UNIR, como un intento de demostrar que efectivamente deseaba la unidad de las izquierdas contra la oligarquía. Saboteado por los comunistas (que en este punto se comportaron diferentemente de sus camaradas chilenos) y por los partidos tradicionales, perdió su sillón en la cámara. La UNIR fracasó. Volvió a las filas del liberalismo. En 1936 fue nombrado alcalde de Bogotá, cargo que ocupó durante ocho meses. Su gestión es la mejor que se registra en la historia de la ciudad. En 1940 asumió la cartera de Educación en el gobierno de Eduardo Santos, y en 1943 fue nombrado ministro de Trabajo.

En 1944 se lanzó a la Presidencia, pero el liberalismo se presentaba dividido, con un candidato oficial -Gabriel Turbay- y un candidato popular -Gaitán-, y a pesar de que la suma de los votos liberales fue mayor que el total de los votos conservadores, el candidato de la derecha logró la mayoría individual. Se inició el gobierno de Mariano Ospina Pérez. Pero Gaitán había obtenido más votos que el candidato oficial del liberalismo, Gabriel Turbay, y de este modo ganó la jefatura única del Partido Liberal. El régimen desató la violencia en todo el país, con masacres y asesinatos de liberales. El 7 de febrero de 1948 Gaitán dirigió la Marcha del Silencio, una protesta pacífica contra la violencia conservadora.

El caudillo popular pidió entonces al gobierno una respuesta, ante los ojos del mundo. Y la respuesta llegó el 9 de abril, a la una y cuarto de la tarde, ante los ojos del mundo. Era el mensaje de la oligarquía para el pueblo: “Ustedes no tienen derecho a tener esperanzas”.

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