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«Pedro Páramo» (1955) de Juan Rulfo

José María del Rey Morató. Esta obra es la única novela que escribió el mexicano Juan Rulfo (1917-1986). Todo lo que se cuenta ocurre en medio del calor y la lluvia, granados, correcaminos, papalotes y zopilotes, maíz y saponarias: por aquí o por allá andan y hablan las ánimas de los que habitaron el pueblo de Comala. «…Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.»

La historia camina sobre las noventa y cuatro páginas de la edición de Seix Barral (Barcelona, 1985). El protagonista Juan Preciado tiene a su cargo una parte del relato: «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo». Pedro Páramo fue hombre de muchas mujeres por derechas o por izquierdas, y padre de unos cuantos hijos, a todos los cuales, eso sí, llevó a bautizar. Dueño de enormes tierras ganaderas cuya propiedad obtuvo de buena o mala manera. Generoso en comprar voluntades y adhesiones con sus monedas de oro. Mañoso, voluntarista, manipulador, mal administrador.

Las revoluciones mexicanas son el contexto de algunas acciones de Pedro Páramo. Un día de tal vienen y le dicen:

–Como usté ve, nos hemos levantado en armas.

–¿Y?

–Y eso es todo. ¿Le parece poco?

–¿Pero por qué lo han hecho?

–Pos porque otros lo han hecho también. ¿No lo sabe usté? Aguárdenos tantito a que nos lleguen instrucciones y entonces le averiguaremos la causa. Por lo pronto ya estamos aquí.»

Y eso que pasó con los vecinos que se fueron con los «villistas», se repitió cuando otros siguieron a los «carrancistas» y es seguro que de nuevo sucedió cuando el padre Rentería –el cura de Comala–, se levantó en armas y también arrastró gente…

La historia, en parte, se cuenta en tercera persona: «Fulgor Sedano sintió el olor de la tierra y se asomó a ver cómo la lluvia desfloraba los surcos». También rescata algún monólogo interior de Pedro Páramo: «… cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana». El argumento va y viene entre las posibilidades que abre la presencia de varias perspectivas personales y la narración no es lineal. El relato, además, en vez de ocupar capítulos, viaja en cincuenta y siete apartados de extensión variable: pueden ser tres líneas, pueden ser tres páginas.

Esta novela ayuda a desentrañar curiosidades de alguna mentalidad latinoamericana y a entender la presencia de las ánimas, sus secretos y complicidades en las decisiones de los familiares y compatriotas vivos. Vale la pena, porque esta corta novela es una gran creación de la narrativa latinoamericana.

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